ACERCAMIENTO A LA TEORÍA ANDALUSÍ DEL AMOR Y SUS RAMIFICACIONES EN LA LITERATURA CRISTIANA CASTELLANA

Sobre la teoría del amor en Al-Ándalus hay una obra que podemos considerar fundamental, tal libro es El collar de la paloma (Tawq al-Hamâma) de Ibn Hazm. Según Corbin (1994:208) esta obra puede considerarse como “un diario de su experiencia vital, donde revela, entre otras cosas, una herida hasta entonces guardada en secreto; su amor juvenil por la hija adoptiva de sus padres” p 208. Puede considerarse la obra como una manifestación del platonismo islámico cuyos precedentes se pueden encontrar en Muhammad Ibn Dâwûd Ispahânî (Kitab al-Zohra), del cual posiblemente Ibn Hazm poseía un ejemplar en su biblioteca de Játiva, incluso hay una referencia a él en su obra. Voy a utilizar esta obra como base para analizar más que las influencias, los puntos en común entre la teoría amorosa de este autor cordobés con otras manifestaciones literarias no islámicas; A. R. Nykl respecto a esta tema ha explicado que hay una “estrecha semejanza entre la teoría del amor de Ibn Hazm y ciertas ideas que aparecen en la Gaya Ciencia de Guillermo IX de Aquitania y, en general, hasta la cruzada contra los albigenses en los principales temas del repertorio de los trovadores” (Cit. por Corbin 1994).

Mi idea es hacer referencia exclusivamente a lo que podríamos denominar amor humano frente al amor divino, entre ambos hay una diferencia radical, la visión mística del segundo, aunque sería discutible la no existencia de esa actitud mística en las manifestaciones de amor humano que en muchas ocasiones llevan al arrobamiento que está muy cerca del éxtasis. Esto lo verían muy bien los místicos españoles del siglo XVI, fundamentalmente san Juan de la Cruz con su lenguaje profano para explicar una teoría amorosa que sin poseer las claves muy bien podría ser experimentada como una poesía erótica cuando nada más lejano de su voluntad como podemos observar por las glosas que el propio Juan de la Cruz hace de su poesía donde ya queda totalmente clara esa interpretación de la lírica de tipo tradicional en la que hay una voz femenina que va buscando a su enamorado (tipo de expresión que por otra parte enlazaría muy claramente con las primeras manifestaciones de la lírica hispano-árabe tradicional, las jarchas).

La visión mística fundamentada en una experiencia profana del amor ya venía haciéndose desde el momento en que Garcilaso de la Vega con su poesía de contenido claramente neoplatónico, fue vertido a la visión divina por Sebastián de Córdoba.

Los elementos similares entre la teoría amorosa que presenta Ibn Hazm en El collar de la paloma y algunos rasgos de la literatura hispánica son evidentes. De momento hablo de elementos similares puesto que el hecho de demostrar que haya una influencia desde Al-Ándalus al Languedoc (por lo que a la teoría del amor cortés se refiere) todavía no está suficientemente demostrada, no hay unos claros elementos de juicio.

Algunos capítulos de El collar de la paloma me parecen especialmente importantes para tal fin; los temas a los que esos capítulos hacen alusión son los siguientes: El enamoramiento de oídas. El enamoramiento por una sola mirada. Sobre el mensajero. Sobre el secreto. El amigo favorable. El espía. El calumniador.

El amor de oídas

Es un factor fundamental en la teoría del amor cortés, estipulada en Andreas Capellanus (De amore) pero también presente a la vez en manifestaciones poéticas. Un ejemplo fundamental sería el del trovador Jaufré Rudel, enamorado de oídas de una dama, sin haberla visto en ningún momento, sin embargo la convierte en su impulso vital, de manera que inicia una larga peregrinación en su busca. “Jaufré Rudel de Blaya fue muy gentil hombre, príncipe de Blaya. Se enamoró de la condesa de Trípoli, sin verla, por lo bien que hablaban de ella los peregrinos que volvían de Antioquía. Hizo por ella muchos versos, con buenas melodías y palabras sencillas. Con el deseo de verla se hizo cruzado y embarcó, enfermando en la nave; fue llevado a un hostal de Trípoli, como muerto. Se lo hicieron saber a la condesa que fue a verlo al lecho y lo tomó entre sus brazos. Jaufré se dio cuenta de que era la condesa y al instante recobró el oído y la respiración y alabó a Dios por haberle mantenido la vida hasta que pudo verla; así murió entre sus brazos. La condesa lo hizo enterrar con gran honra en la casa del Temple; después, el mismo día, se hizo monja por el dolor que tuvo con su muerte” (Alvar 1987:93).

Este elemento del enamoramiento de oídas pasará a ser uno de los tópicos fundamentales en los libros de caballerías del XVI. Voy a citar un caso concreto, el Clarián de Landanís. En esta obra como es normal en todo libro de caballerías se comienza presentando a los padres del futuro héroe. Aunque en estos padres hay un cúmulo de perfecciones quien las va a condensar todas en sí mismo va a ser el héroe que dé título a la obra. Respecto a la plasmación del amor en don Clarián de Landanís hay un elemento importante, su padre se enamoró a primera vista, enamoramiento que supone un claro enlace con las corrientes de tipo neoplatónico que estaban de moda en la época renacentistas, me estoy refiriendo a la importancia que tenía la mirada tanto como transmisora de sentimientos como espejo del alma sin embargo el héroe que es la culminación de las perfecciones que en sus padres estaban en potencia se enamora de oídas.

El caso es que el amor de oídas supone una perfección prácticamente total pues implica entrar en contacto con la mitad de la esfera que en el mundo de las ideas formaba una totalidad con la propia (explicación que Ibn Hazm utiliza en su obra a la hora de explicar la esencia y el motivo del amor), un conocimiento en el que sólo entra en juego el espíritu sutil, sin que se plantee la necesidad de ver a la persona, el hecho de encontrarse físicamente con aquella a la que se ama simplemente es un dejar manifiesto el sentimiento que ha surgido previamente. En los libros de caballerías es así, el sentimiento amoroso surgido por el sentido del oído (considerado más perfecto que otros en la teoría neoplatónica) se reafirma en el primer encuentro visual, de hecho así sucede en el Clarián y en contraposición del amor que experimenta el héroe, el enamoramiento de su padre que se produce a primera vista.

Ibn Hazm señala en su obra que los enamoramientos surgidos de tal manera pueden verse abocados al fracaso en el momento en que el enamorado ve a su amada, cosa que en ningún momento se manifiesta en la tradición cortés y caballeresca. Mohammad Ibn Dâwûd Ispahânî en un fragmento de su Kitâb al Zohra se refiere al mito platónico de El Banquete. Ibn Hazm hace referencia a éste en su obra, “algunos adeptos de la Filosofía pensaron que Dios creó cada espíritu dándole una forma esférica; después los dividió en dos partes, colocando cada mitad en un cuerpo”  (Cit. por Corbin 1994:208).

El enamoramiento por una sola mirada

El capítulo V de El collar de la paloma, “Sobre quien se enamora por una sola mirada” me parece uno de los más preciosos de todo el libro fundamentalmente por esa historia basada en la vida del poeta Yusuf Ibn Harum al Ramádi, que paseando por Córdoba se enamora a primera vista de una esclava, Emilio García Gómez tiene unos calificativos muy claros respecto a esta historia breve.

Volviendo al ejemplo de los libros de caballerías, son muchos los casos en los cuales se produce un enamoramiento a primera vista, encontramos un ejemplo muy claro en el caso de Perión, padre de Amadís de Gaula, el cual se enamora por una sola mirada y un contacto físico que lo único que hace es reafirmar la pasión que ha surgido por esa mirada; también es el tipo de manifestación amorosa que se plantea en el caso de Lantedón, padre de don Clarián de Landanís.

Este tipo de enamoramiento podría estar relacionado con la teoría renacentista según la cual de los ojos parten unas saetas que se clavan en aquel que siente el amor, por otra parte esto no está muy lejano a lo que estudian ciertos tratados de fascinología del siglo XV, uno de ellos el de Enrique de Villena, que en muchos casos lo único que hacen es repetir lo ya dicho en otros tratados de fascinología y magia escritos en Al-Ándalus.

Sobre el mensajero

El mensajero es aquel que actúa de intermediario entre los amantes. Es extraño que se admita como tal a un hombre, pues normalmente es un papel adjudicado a las mujeres, claro que habría que contemplar la existencia de una figura como la del casamentero en una cultura en la que no es posible el encuentro y conocimiento libre entre individuos de sexo diferente, a no ser que estos sean consecuencia de unos lazos familiares directos.

Arcipreste de Hita escribió en su Libro de buen amor un texto muy claro al respecto del uso de un mensajero alcahuete. (vv 112-ss)

E yo, como estava solo, sin compañía,
cobdiçiava tener lo que otro para sí tenía:
puse el ojo en otra, non santa mas sentía;
yo cruiziava por ella, otro la avié valdía.
E porque yo non podía con ella ansí fablar,
puse por mi mensajero, coidando recabdar,
a un mi conpañero, sópome el clavo echar:
él comió la vianda e a mí fazié rumiar.

Precisamente este mensajero utilizado por Arcipreste es un personaje que incumple una de las normas fundamentales que según Ibn Hazm ha de cumplir todo mensajero, la lealtad hacia aquel al que sirve.

Tal experiencia negativa le sugiere a Arcipreste de Hita una trova cazurra que seguramente es uno de los fragmentos más frescos de todo su obra

Mis ojos non verán luz,
pues perdido he a Cruz.
Cruz cruzada, panadera,
tomé por entendedera,
tomé senda por carrera
como […] andaluz.
coidando que la avría
díxielo a Ferrand Garçía
que troxiése la pletesía
e fuese pleités e duz.
Díxome que-l plazía de grado,
e fízose de la Cruz privado:
a mí dio rumiar salvado,
él comió el pan más duz.
Prometiól por mi consejo
trigo que tenía añejo
e presentól un conejo,
el traidor falso, marfuz.
¡Dios confonda mensajero
tan presto e tan ligero!
¡No medre Dios tal conejero
que la caça ansí aduz!

Esta experiencia con el mensajero le hará pensar que es mejor utilizar a una mujer para sus fines; en este momento es cuando nace uno de los arquetipos de la literatura española, en el texto de Juan Ruíz se llama Trotaconventos, anuncio de la posterior Celestina.

Ibn Hazm en el presente capítulo sobre el mensajero también tiene palabras respecto a la utilización de mujeres con tal finalidad: “Las personas más empleadas por los amantes para comunicarse con los que aman son, o bien criados en quien nadie para mientes y que no despiertan recelos, por su poca edad, por lo desastrado de su porte o por la zafiedad pintada en su rostro, o bien, por el contrario personas respetables y fuera de toda sospecha por la piedad que aparentan o por la avanzada edad a que han llegado. ¡Cuántas hay así entre las mujeres! Sobre todo las que llevan báculo, rosarios y los dos vestidos encarnados. Yo me acuerdo que en Córdoba las mujeres honradas se guardaban de las que tenían estos atributos dondequiera que las veían. También suelen ser empleadas las personas que tienen oficio que suponen trato con las gentes, como son, entre mujeres, los de curandera, aplicadora de ventosas, vendedora ambulante, corredora de objetos, peinadora, plañidera, cantora, echadora de cartas, maestra de canto, mandadera, hilandera, tejedora y otros menesteres análogos. Por último también suelen ser empleadas las personas que tienen parentesco con aquel a quien son enviadas, que, por esta razón, no se retrae de ellas. Por estos procedimientos, ¡cuántas personas inabordables se han tornado blandas; cuántas ariscas, afables!”(El collar de la paloma. pp 144-145). Posteriormente Ibn Hazm afirma en el capítulo dedicado al amigo que “y así, verás que las mujeres honestas, entradas en años y alejadas ya de los deseos de los hombres, nada hacen con mayor gusto, ni tienen por más acepto, que esforzarse por casar las huérfanas y por prestar a las novias menesterosas sus propias ropas y alhajas” (p. 166).

De este texto nos interesa fundamentalmente por la importancia que va a tener en la posterior creación del personaje de Celestina el fragmento donde se señalan las profesiones a las que se dedican estas mujeres que hacen de la tercería un arte, “curandera, aplicadora de ventosas, vendedora ambulante, corredora de objetos, echadora de cartas, hilandera y tejedora”. Son oficios que van a estar muy relacionados con Celestina, la bruja que entiende de bebedizos y hechizos utilizados para encantar a su víctima, de hecho recordemos cómo consigue introducirse en casa de Melibea, ha tomado una guedeja de lana y la ha hechizado, de manera que Melibea cae en las redes tendidas para beneficio de Calisto (amante que por otra parte está en el ángulo opuesto al tipo de amador que defiende Ibn Hazm en su obra, puesto que lo único que busca es una satisfacción sexual sin que medie apenas un sentimiento amoroso profundo).

Podríamos buscar en el texto más elementos similares y desde luego no se puede dudar que estos existan, de hecho Celestina viste hábitos relacionándose de este modo con el mundo de la piedad religiosa, cosa que también manifiesta Ibn Hazm. En el mismo nombre de la alcahueta creada, aunque quizá habría que decir tomada en un primer esquema de la literatura andalusí y de una realidad histórica (al menos así la muestra Ibn Hazm), se señala la presencia del elemento religioso, Trotaconventos, la que recorre lugares de monjas, claro que sin ninguna connotación piadosa sino simplemente para conseguir amantes para aquellos que contratan su servicio entre aquellas mujeres que en muchos casos están enclaustradas contra su voluntad.

El personaje de Trotaconventos con su manifestación posterior en Celestina dará lugar a uno de los géneros originales de la literatura española y a la vez de los que más seguidores han tenido, de hecho a lo largo del siglo XVI está en auge el género denominado celestinesco en el cual el mundo que rodeaba a las alcahuetas, así como alguna de sus ocupaciones aparecen magistralmente trazados, tal es el caso de La Lozana andaluza, conocedora de todo tipo de remedios cosméticos y médicos contra las enfermedades de transmisión sexual.

En la plasmación de este personaje hay un rasgo que puede llamarnos la atención. Arcipreste de Hita considera a Trotaconventos como un factor positivo, de hecho basta leer el ataque feroz que escribe contra la muerte cuando le arrebata a aquella que le había ayudado en la consecución de sus amores; sin embargo en Fernando de Rojas esta consideración positiva de la alcahueta desaparece totalmente, basta con fijarse en como la obra muestra una clara tendencia moral, casi todos los que han estado relacionados con los oscuros tejemanejes de la tercera resultan muertos, así como ella misma. Bajo este desarrollo tan contrapuesto al que presenta el Arcipreste de Hita, cabe pensar que hay una advertencia dirigida a aquellos que para conseguir, más que amores, un trato sexual, utilicen tal tipo de mensajeras, curiosamente Ibn Hazm advierte contra esas mujeres de las que ha hablado: “Si no fuera para llamar la atención sobre ellas, no las hubiera mencionado. Lo he hecho para que nadie pare mientes en ellas ni ponga en ellas la menor confianza. Dichoso el que escarmienta en cabeza ajena. Y que Dios corra sobre nosotros y sobre todos los musulmanes su velo protector y no aparte de ninguno la sombra de su salvación” (El collar de la paloma, p. 145).

El amor cortés

Hay bastantes elementos en el texto de Ibn Hazm que posteriormente pasarán a manifestarse en la teoría del amor cortés. El motivo de estas similitudes no está nada claro, parece que la teoría del amor andalusí era conocida en las cortes provenzales, hay algunas relaciones de parentesco por matrimonio entre Al-Ándalus y el Languedoc, claro que también puede considerarse como una coincidencia entre dos ramas diferenciadas de un mismo árbol que sería el platonismo, de todas maneras hacer elucubraciones sobre esto no es el motivo del presente trabajo pero sí dejar constancia de estos elementos similares.

Ya hemos hablado del amor de oídas y como éste se muestra en algunos trovadores occitanos de los cuales pasaría a los trovadores galaico portugueses y castellanos del siglo XV y de ahí a la poesía renacentistas y posiblemente a los libros de caballerías del XVI como ya he dicho.

Estos elementos podrían extraerse de lo que llamaremos teoría del amor cortés, codificada por Andreas Capellanus, pero a la vez también presente en la poesía trovadoresca. Existen varios tipos en el mundo que rodea al comportamiento amoroso cortesano. El amador que por otra parte recorre varios escalones amorosos en sus relaciones con la amada. Fenhedor, el tímido, no se atreve a dar a conocer su amor hacia la dama aunque está muy claro que lo siente. Pregador, ya se dirige a la dama aunque ésta no le responde. Entendedor, la dama lo admite como enamorado poético. Drutz, la dama admite mantener relaciones sexuales con el amante.

En la teoría estos eran los distintos escalones, por supuesto no siempre se cumplían y en muchos casos los poetas amantes no eran tan castos como quieren dar a entender en sus composiciones, sin embargo esto no implica el negar la existencia de tal tipo de amor en la teoría. Los dos primeros grados, fenhedor y pregador podrían ser asimilados al amor Udri del que habla Emilio García Gómez en la introducción a su versión de El collar de la paloma, un amor que se contenta exclusivamente en la contemplación y que en el caso del amor beduino conducía inexorablemente a la muerte.

El segundo tipo fundamental para la teoría amorosa trovadoresca es la mujer, ésta ha de ser casada, téngase en cuenta a este respecto que en la Edad Media sólo la mujer casada era la que tenía una entidad jurídica, cosa absolutamente necesaria pues la relación amorosa se concebía como una relación vasallática y el poeta no podía enajenar su libertad ante alguien que ni siquiera poseía una entidad libre jurídicamente planteada. C.S. Lewis en Alegoría del amor, explica el nacimiento de la teoría del amor cortés como una necesidad que siente el doncel secundón de una familia, criándose en el castillo de un señor feudal más elevado en la pirámide social, necesidad de buscar un matrimonio o un amor que le haga medrar y ¿a quién mejor dirigir su amor sino hacia la señora del castillo, esposa de su señor? Claro que está explicación podría ser interpretada de muy variadas maneras.

El tercer tipo sería el marido celoso denominado en lengua d’oc como Gilós, por supuesto que existe ya que la mujer ha de ser casada como ya hemos dicho. La existencia de éste supondría uno de los elementos que han convertido a la poesía trovadoresca en una de las más refinadas. El enamorado ha de dar rienda suelta a sus sentimientos mediante la poesía pero a la vez ha de ocultar el nombre de su amada, en este sentido encontramos una relación con Ibn Hazm para el cual el secreto es uno de los elementos importantes del amor. A este respecto Ibn Hazm coloca una poesía en el texto cuya belleza de conceptos me impulsa a ponerla aquí.

“Las gentes saben que soy un mancebo enamorado;
que estoy triste y afligido; pero ¿por quién?
Cuando ven cómo me hallo, se cercioran;
pero si indagan se pierden en conjeturas.
Mi amor es como un escrito cuyo trazo es firme,
pero que se resiste a la interpretación;
o como la voz de la paloma en el boscaje,
que repite su canción de rama en rama
y cuyo murmullo deleita nuestros oídos,
pero cuyo sentido es enigmático y oscuro.
Me dicen: <-¡Por Dios! Dinos el nombre de aquel
cuyo amor alejó de ti el sueño tranquilo>.
Pero nunca. Antes de que logren lo que desean
habría de perder la razón y afrontaría cualquier desventura.
Siempre estarán en la desazón de la duda,
tomando la sospecha como certidumbre y la certidumbre
como sospecha” (El collar de la paloma, p.148).

Y finalmente encontramos al personaje negativo cuyo cometido es el ataque a los amantes, el lissongier como es denominado en la teoría provenzal, el espía del marido, aquel que impide los encuentros amorosos. Curiosamente Ibn Hazm coloca la categoría del espía inmediatamente después a la del amigo favorable. Señala varios tipos de espía a los cuales considera como seres totalmente dañinos para el amor: “Otro de los infortunios que acaecen en amor es el del espía, el cual es como una fiebre oculta, o una pleuresía crónica, o un pensamiento que derriba por tierra” (El collar de la paloma, p.168).

El amigo favorable

A continuación voy a tratar el tema del amigo favorable, categoría representada por Ibn Hazm que sin embargo no aparece en la teoría del amor cortés, pero sí en la cuentística en la que el tema de la amistad cobra gran importancia. Lacarra (1979) considera que el tema de la amistad es uno de los fundamentales en la cuentística española de los orígenes. En casi todas las aseveraciones que en los cuentos se hacen respecto a la amistad se considera ésta como el mayor tesoro que puede conseguir el hombre: “El hombre como el libro, consta de una corteza y un meollo, una cobertura externa que cierra el paso a un mundo interior; amigo será aquel que tenga acceso a ese interior. El principal rasgo de amistad consiste, pues, en conocer la poridat que todo hombre guarda en su corazón. Los textos didácticos recogen un conjunto de advertencias en torno a ese desvelamiento que tan funestas consecuencias puede tener si no se lleva a cabo con las debidas precauciones” (Lacarra 1979:143).

Para Ibn Hazm uno de los elementos fundamentales del amor es que el que ama tenga un buen amigo que ayude en todo momento.

Enumera en el capítulo “Sobre el amigo favorable” (pp 164-ss) las características que ha de presentar un buen amigo: Que sepa salir de los apuros y se mantenga inalterable ante ellos. Claro entendimiento y lengua aguda. Reposado y muy entendido. Poco dado a llevar la contraria y mucho a ayudar. Colmado de paciencia e indulgente con las importunidades. Aunado con su amigo. Buen cumplidor de los juramentos de la amistad. Razonable para amoldarse a las cosas. De natural loable. Incapaz de injusticia. Presto a la asistencia. Aborrecedor de todo desabrimiento. Fácil de abordar. Desprovisto de perversidad. De ideas sutiles. Conocedor de las debilidades humanas. De buenas costumbres. De ilustre cuna. Guardador del secreto. Piadoso. Leal. No traicionero. De alma generosa. De fina sensibilidad. De intuición certera. De auxilio garantizado. De honor perfecto. De lealtad notoria. De moderación evidente. De temperamento constante. Pródigo en dar consejos. De afecto acreditado. Fácil de convencer. De rectas creencias. De lenguaje sincero. De espíritu vivo. Casto de un modo natural. De brazos abiertos y holgado pecho. Tolerante. Amigo de los puros afectos. Incapaz de desvío.

La función fundamental del amigo habrá de ser la de hacer compañía al enamorado en los momentos en que éste se encuentre especialmente congojoso. “Si consigues echarle las manos encima, apriétalas sobre él como se enrosca una sierpe, retenlo con ellas como el avaro su dinero y consérvalo aun a costa de toda tu hacienda, pues con él se hace perfecta la alegría, se ahuyentan las tristezas, se acorta el tiempo, mejoran las circunstancias y nadie dejará de obtener de quien reúna estas condiciones una excelente ayuda y una avisada opinión” (El collar de la paloma, p. 165).

Un amante al que le falten amigos, bien porque no ha encontrado uno con las cualidades que anteriormente se han enumerado o bien porque ha sido traicionado anteriormente por alguno, sólo le queda el remedio de la soledad y el apartamiento, cuenta “sus cuitas al aire y habla al suelo y en ello encuentra solaz, como el enfermo con sus ayes y el triste con sus suspiros”.

En el Libro del cavallero Zifar aparecen algunos ejemplos respecto a la amistad. “De los enxemplos que dixo el cavallero Zifar a su muger para induzirla a guardar secreto; y el primero es del medio amigo” (pp 81-ss). Un hombre bueno y rico tenía un hijo al cual adoctrina para que ante todo se procurase un amigo o al menos un medio amigo. Los amigos son de tres maneras: 1.- Los amigos de enfinta “e estos son los que no guardan a su amigo synon demientra pueden fazer su pro con él”. 2.- Los medio amigos. “son los que se paran por el amigo a peligro que non paresçe, mas es en dubda sy será o non”. 3.- Amigos enteros. Aquellos que son capaces de morir por un amigo para que éste siga viviendo y no reciba daño. Alfonso X en la Partida IV, título XXVII, Ley IV dice “Aristotiles que fizo departimiento naturalmientre en todas las cosas de este mundo, dixo que eran tres maneras de amistad: la primera es de natural; la segunda es la que home ha con su amigo por uso de luengo tiempo por bondat que ha en él; la terçera es la que ha home con otro por algunt pro o por algunt placer que ha dél o espera haber” (Cit. por Lacarra 1979:145). La división entre amistad perfecta, interesada y placentera procede del libro VIII de la Ética a Nicómaco. Esta clasificación tripartita, en el Calila se convierte en bipartita, la amistad pura y la amistad de conveniencia.

Después de escuchar estos consejos, el hijo va por la ciudad en busca de amigos. Muchos van tras él puesto que su padre lo provee bastante bien. Diez años después el padre le pregunta que cuántos amigos había ganado, a lo cual el hijo responde que más de cien. El hijo se enfrenta con otro joven de la ciudad de manera que ve peligrar su vida. El padre lo envía a las afueras y consigue calmar los ánimos, tras ello manda matar un cerdo, le corta la cabeza y los pies y lo guarda en un saco. Cuando el hijo regresa a la ciudad el padre le dice que ha matado a aquel con el que había peleado puesto que no había llegado a un acuerdo; el cuerpo que tiene en el saco es el de la víctima. Es el momento de probar a sus amigos, pues necesita ocultar el cuerpo; va de casa en casa sin que ninguno de los aparentes amigos del hijo le ayude hasta que van a ver al medio amigo del padre, el cual sin dudarlo guarda el cuerpo. Cuando el hijo regresa a casa su padre le da instrucciones para que al día siguiente vaya a ver a este amigo y le diga que cocine aquel cuerpo que hay en el saco, puesto que la mejor venganza contra el enemigo es comerse su cuerpo. Padre e hijo van a la casa del medio amigo. El hijo no se atreve a comer aquello pero cuando le dicen que la carne del enemigo es similar a la del cerdo, la prueba y le gusta hasta el extremo de decir: “Padre señor, vos e vuestro amigo bien me avedes encarniçado en carnes de enemigo; e cierto cred que pues las carnes del enemigo así saben, non puede escapar el otro mío enemigo que era con este cuando me dixo la sobervia, quel no mate e quel non coma muy de grado; ca nunca comí carne que tan bien me sopiese como ésta” (p 84). Ante el miedo de convertir al hijo en un caníbal el padre le cuenta la verdad, puesto que todo ha sido una historia que ha forjado para demostrarle cuan falsos eran los aparentes amigos que seguían al hijo.

Rasgo importante de la amistad es que el hijo puede heredar las amistades del padre de lo cual el cuento que acabamos de resumir es un claro ejemplo, así lo hace notar Lacarra (1979).

“Del otro enxemplo que dixo el cavallero Zifar a su muger de commo se provó el otro amigo”. El padre del ejemplo anterior relata a su hijo otro cuento para mostrarle qué es un amigo entero, no puede demostrárselo en la práctica puesto que ello supone el dar la vida por otro.

En tierras del Corán se va a desarrollar este ejemplo que posiblemente esté extraído de algún texto de la tradición musulmana dado el ambiente en el que se va a desarrollar. En una ciudad se criaron dos mozos que eran muy amigos. “Onde dize el sabio que entre los amigos uno deve ser el querer e uno el non querer en las cosas buenas y onestas” (p 85). La fórmula “dize el sabio” o su similar “palabra es del sabio” proceden del árabe siendo abundantes en las obras que son traducción de esta lengua.

Uno de los amigos decidió partir al extranjero en busca de fortuna mientras el otro se queda en la ciudad puesto que sus padres ya eran de buena situación económica. Este segundo llega a la pobreza más absoluta tras la muerte de sus padres puesto que no sabía tomar buenos consejeros. Va en busca de su amigo enriquecido el cual le da hospitalidad. El amigo rico pierde a su mujer antes de haber tenido ningún hijo, un vecino le envía a una hija todavía pequeña para que se críe en su casa y llegado el momento la tome por mujer. El amigo pobre se enamora de la doncella pero considerando que si dice algo atenta contra la lealtad que debe a su amigo se calla. El amor en silencio acaba produciendo la enfermedad. Numerosos son los físicos que visitan al enfermo sin descubrir la causa de su malestar. Algo similar ocurrirá en el Libro de Apolonio. La enfermedad de amor, denominada héreos es bastante común en la literatura medieval e incluso renacentista, encontramos ejemplos que llegan a convertirse en estereotipos en la novela sentimental y a dejar su huella en las penas amorosas que sufren los caballeros andantes de los libros de caballerías del siglo XVI, también podemos hacer mención a la situación en la que se encuentra Calisto antes de entrar en contacto con Celestina y comenzar a encontrar remedio a su cuita amorosa provocada por el rechazo de Melibea.

Puesto que la única solución para el mal del amigo es conseguir el amor de la doncella, el dueño de ésta cuando se entera decide entregársela con una dote nada despreciable lo cual le permitirá volver a su tierra, aunque el amigo rico deberá quedar donde vive e incluso enfrentarse a los miembros de la familia de la doncella puesto que no ha cumplido aquello que había prometido. La doncella confiesa que siente lo mismo por aquel que la ama. Ambos se casan y se van a su tierra. La familia de la doncella, que es muy poderosa, mueve guerra contra el amigo rico causándole la ruina total lo cual le impulsa a ir en busca de su compañero de niñez, tiene que hacer el camino a pie solicitando limosna y viéndose despreciado. La alusión que se hace a este hecho de la limosna así como el lugar en el que se desarrolla esta peregrinación nos sitúan junto a la afirmación del comienzo del cuento (“en tierras del Corán”) en una tradición que posiblemente sea islámica; respecto a la limosna porque como es sabido es una de las reglas fundamentales en el Islam y respecto a la geografía el texto dice “çerca de aquel lugar do quiso Abraham sacrificar a su fijo”.

Cuando este amigo peregrino llega a la ciudad de su niñez encuentra que la puerta ya ha sido cerrada, de manera que aguantando su hambre se va a una ermita cercana y allí duerme. Por la mañana en aquel lugar se comete un asesinato. Acusan al peregrino al cual encuentran durmiendo. Los jueces le preguntan si él fue el asesino, a lo cual responde afirmativamente puesto que tantas han sido las penurias sufridas en su peregrinación que ha decidido perder la vida sin oponer resistencia aunque por supuesto es inocente.

El amigo al que había venido a buscar se entera de todo y para salvar la vida de su amigo se autoinculpa. Los jueces considerando que ambos eran cómplices en el asesinato ordenan ajusticiarlos juntos. El verdadero asesino ve todo esto y el remordimiento hace presa en él, así como el miedo por el castigo que le sobrevendrá en la otra vida, de manera que decide confesar pues no quiere cargar con la muerte de dos inocentes. El emperador quiere que se le explique todo, así uno tras otro van contando lo que sucedió de manera que al final el emperador los perdona a todos.

De este cuento el padre que lo narra a su hijo saca la enseñanza sobre los tres modos de amigos que existen: “Puedes entender que ay tres maneras de amigos: ca la una es el que quiere ser amigo del cuerpo e non del alma e la otra es el que quiere ser amigo del alma e non del cuerpo, e la otra el que quiere ser amigo del cuerpo e del alma, así commo este preso postrimero, que fue amigo de su alma e de su cuerpo, dando buen enxiemplo de sí e non queriendo que su alma fuese perdida por escusar el martirio del cuerpo” (p 91).

Bibliografía

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Alvar, Carlos (1987); Poesía de trovadores, trouvéres y Minnesinger. Antología. Edición Bilingüe. Madrid. Alianza.

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Blecua, José Manuel (ed.) (1985); Don Juan Manuel, El conde Lucanor o libro de los enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio. Madrid. Castalia.

Corbín, Henry (1994); Historia de la filosofía islámica. Madrid. Trotta.

González, Cristina (ed.) (1983); Libro del caballero Zifar. Madrid. Cátedra.

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Lacarra, Mª Jesús (1979); Cuentística medieval en España. Los orígenes. Zaragoza. Departamento de Literatura Española de la Universidad.

Lacarra, Mª Jesús (ed.) (1989); Sendebar. Madrid. Cátedra.

Lacarra, Mª Jesús et Cacho Blecua Juan M.  (ed.) (1991); Calila y Dimna. Madrid. Castalia.

Severin, Dorothy S. (ed.) (1991); Fernando de Rojas, La Celestina. Madrid. Cátedra.

Walker, Roger M. (1974); Tradition and tecnique in “El libro del cavallero Zifar”. Londres. Tamesis.

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Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera", "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera", La gran conquista de ultramar, versión modernizada en cuatro volúmenes.
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