BARBARROJA

Una película de Akira Kurosawa

Dedicado a todos aquellos que, en silencio, transmiten su más profundo conocimiento

La película Barbarroja (Akahige, 1965) de Akira Kurosawa está basada en una colección de relatos de Shugoro Yamamoto (1903-1967). La historia se desarrolla en el Japón de finales del período Tokugawa, en el siglo XIX; su protagonista es un joven destinado a un hospital dirigido por el doctor Kyojo Niide, conocido como Barbarroja. Se relata aquí el proceso de aprendizaje de las verdades de la vida de Yasumoto, el cual regresa a Edo (Tokio) después de varios años de estudios en Nagasaki donde ha podido entrar en contacto con las técnicas médicas modernas occidentales.

La soberbia del joven que se sabe poseedor de unos conocimientos privilegiados, el desengaño amoroso que ha sufrido y la ambición que le lleva a querer una ocupación junto a los poderosos, todo ello, le lleva, en un principio, a despreciar el puesto que le ha sido designado. Sin embargo, el médico que dirige el hospital, cuyos principales pacientes viven en la más absoluta miseria, va a cambiar radicalmente el modo de ver la vida del joven Yasumoto. En este sentido, esta película de Akira Kurosawa se inscribe en una de las líneas argumentarles que caracterizan su filmografía: el aprendizaje para la vida, la búsqueda de la sinceridad y el progresivo acercamiento a la humanización de la persona en su faceta profesional; habría que recordar al respecto filmes como Sugata Sanshiro (1943), Perro rabioso (1949), Vivir (1952), Los siete samuráis (1954) y Sanjuro (1962).

Barbarroja marca una inflexión en la producción artística de Akira Kurosawa. En primer lugar, porque es la última película en la que el director recurre al actor Toshiro Mifune. En segundo, puesto que señala el final de su etapa estética de utilización del blanco y negro. Quizá habría que considerar que Barbarroja, desde lo visual y lo sentimental es uno de los puntos culminantes de la carrera del cineasta japonés, aunque esta discusión no tiene sentido a la hora de valorar uno más en una lista de filmes tan espectaculares como Los siete samuráis, Perro Rabioso, Yojimbo, Ran, Dersu Uzala, Los sueños, Trono de sangre, La fortaleza escondida, Rashomon…

Lo que sí que es cierto, es que Barbarroja alcanza lo más profundo del espectador, y buena parte de responsabilidad de esta sentimentalidad radica en una de las bases que caracterizan la estética de la cultura japonesa: el mono-no-aware; ¿En qué consiste?, la belleza que reside en la tristeza, pero no en un dolor vacío sino en la contemplación de la caducidad, la imperfección, la desgracia; no con una finalidad depresiva, pesimista, sádica o masoquista morbosa, sino como una provocación de nostalgia que lleva al compromiso hacia aquello efímero y profundamente humano que se contempla. Este es uno de los valores definidores de la cinematografía japonesa en general y de Akira Kurosawa en particular, baste recordar los títulos antes mencionados.

El principio de mono-no-aware se aleja de toda expresión controlada, del romanticismo más ñoño o de la crueldad más gratuita. De aquí esa tensión que se produce entre la tristeza de lo que sucede y el comportamiento del verdadero protagonista de Barbarroja, el doctor Niide, interpretado por un Toshiro Mifune que alcanza, en esta película, uno de sus puntos álgidos. Tensión que va a culminar en esa escena turbulenta que es el enfrentamiento de Niide con los proxenetas en el Barrio de prostitución, escena, por otra parte, coreografiada con el cuidado de un kata de Jiu-jitsu o de Aikido.

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ALFONSO EL BATALLADOR POR ANDALUCÍA

CAMPAÑA MILITAR DE ALFONSO EL BATALLADOR

Aunque siempre que se trata de Cruzada se piensa en las que se desarrollaron para intentar arrebatar a los musulmanes el control de la Tierra Santa de los cristianos, las primeras cruzadas que se desarrollan como tales, es decir como un grupo de guerreros organizados en nombre de una idea religiosa para luchar contra representantes de otra, suceden en Aragón, en la época de Sancho Ramírez; de hecho gracias a ésta, predicada desde Roma, se conquista Barbastro en 1064, aunque al poco la ciudad volvería ser reconquistada por los musulmanes. Hay que tener en cuenta que estos enfrentamientos tienen plena razón de ser, y a la vez sirven como ensayo, en tierras hispánicas, donde reinos cristianos y Al Andalus estaban afrontados. En 1073 se lleva a cabo una segunda cruzada en tierras aragonesas, en este caso al mando del conde Ebles de Roucy.

Este dato es importante, aunque esté eclipsado por el recuerdo de las Cruzadas en Oriente; explica el afán conquistador del rey aragonés Alfonso I el Batallador, pues el espíritu de cruzada es el motor espiritual de sus empresas guerreras, tanto así que en su testamento dejará escrito que quiere que su reino se entregue a las Órdenes Militares.

Numerosas son las campañas que Alfonso I organiza a lo largo de su vida; incluso antes de reinar, pues acompaña a su medio hermano, Pedro I, a Valencia, en ayuda del Cid Campeador, sitiado por los almorávides. No hemos de dejar de lado esta cuestión pues sirve para ubicar en su contexto la operación por Andalucía que ha de desarrollarse después de conquistada la ciudad y reino de Zaragoza. La algarada hacia Valencia implica que Alfonso y sus nobles conocían la tierras de Levante, por las que habrán de avanzar hacia Granada; por otra parte sabe las tácticas militares de los almorávides contra los cuales se desarrollan los principales momentos bélicos de Alfonso el Batallador: la conquista de Zaragoza en 1118; la batalla de Cutanda en Junio de 1120, y la batalla en la que los almorávides son derrotados por el ejército aragonés por segunda vez entre Cabra y Puente Genil (en la actual provincia de Córdoba).

No trataremos ahora de la conquista de Zaragoza, pero sí mencionamos Cutanda, quizá menos conocida. Se desarrolló a doce kilómetros al este de Calamocha (Teruel). En esta batalla participó como cruzado el Duque de Aquitania, Guillermo IX, el célebre trovador, uno de los ejemplos máximos de fusión del ideal guerrero medieval con la poesía.

A lo largo de la Edad Media hay relaciones entre los mozárabes andaluces con el reino de Aragón, así, por ejemplo, en 1084, los restos de San Indalecio, primer obispo de Urci (junto a Almería) son trasladados a San Juan de la Peña. También se producen frecuentes inmigraciones de mozárabes al reino de Aragón, de hecho hay que tener en cuenta que la situación de los cristianos en Al-Andalus, empeoró con la llegada a la Península de los Almorávides. Los mozárabes de la zona de Granada y de las Alpujarras (según las fuentes árabes de la época) pidieron en repetidas ocasiones, ayuda al rey de Aragón, a la vez que ofrecían su ayuda como combatientes y describían las riquezas de las tierras del Sur.

Así se describe la campaña en la Historia de San Juan de la Peña

CAPÍTULO XXV “DE OTRAS VICTORIAS QUE ALCANZÓ EL EMPERADOR DON ALONSO CONTRA INFIELES, SALIÉNDOLOS A BUSCAR FUERA DE SUS PROPIOS REINOS”

Entró el Rey don Alonso, en año 24 ó 23 según otros, por las [tierras de Valencia], sugetas al Rey Lobo. Hízole cruel guerra, mandándole talar y quemar las vegas, y pueblos que se le defendían. Llegó desta suerte hasta el río Xúcar sin que señalen las historias que se apoderasse. Passó de la otra parte del río y también se escrive que taló su vega y en particular la de la ciudad de Denia de que tuvo notable sentimiento aquel Rey Moro, sin hallarse con fuerças para poderlo remediar. Passose al Reyno de Murcia, que también era suyo, y tras él fue el Rey victorioso, talando y quemado, para acrecentar más su sentimiento y obligarlo a venir a las manos porque en batalla campal esperava averlo a las suyas y ocuparle fácilmente el Reyno en fuerça de la victoria. Pero el Rey Lobo, o por no hallarse prevenido de sus gentes, o porque le pareció mejor consejo dar lugar a don Alonso, que passava victorioso haziendo lo que la tempestad furiosa, que aunque el rato que dura tala y destruye todo lo que encuentra, pero pássase aquel rigor, luego sucede bonanza, y cielo alegre. Ganó en esta ocasión el Rey, a la ciudad de Murcia, con otros muchos pueblos.

Por estar aquello tan lexos, y no ir el Rey, con intentos de conquistar, sino de castigar aquellos nuevos Reyes, passó adelante con su exército a la ciudad de Almería, que era una de las principales, con que se alçó su enemigo Abengumeda, donde le hizo diferentes daños. Según las memorias que refiere Çurita, en esta ocasión, mandó el Emperador assentar su Real sobre Alcaraz, al pie de una montaña, y allí tuvo las fiestas de Navidad de Christo Señor Nuestro, si bien el año es diferente. Yo hallo esta misma relación en la historia antigua de San Juan de la Peña, y no llama a este lugar sino Alcázar.

Prosiguió de allí con su exército, hasta entrar por el reyno de Granada, y discurriendo por el Andaluzía (talando y quemando las vegas y campos como lo avía hecho por los Reynos de Valencia y Murcia) llegó a poner cerco a la gran ciudad de Córdova. Algunos dizen que el Rey Moro sin aguardar batalla se la rindió.

Pero conforme a lo que escriven Çurita y otros muchos autores, el Moro, aviendo juntado toda la mayor fuerça de la Morisma de aquellas provincias, peleó con los nuestros, en un lugar llamado Arinçol, donde quedó vencido con muerte de muy gran número de los suyos.

Los Anales antiguos de Castilla escriven una notable batalla, digna de memoria que dio el Rey don alonso junto a Aranzuel, y que en ella quedaron onze Reyes Moros vencidos.”

Según las distintas fuentes la organización del ejército de Alfonso el Batallador varía entre los 4000 caballeros escogidos y los 5000 caballeros acompañados de 15000 infantes, un ejército nada desdeñable para la época, desde luego. Entre los cruzados se encontraba Gastón de Bearn, el cual también acudió a la conquista en 1118 de Zaragoza.

Las intenciones de Alfonso el Batallador era, por un lado, y esta era la excusa, ayudar a los mozárabes granadinos; la segundo, fundar un principado cristiano en el centro de Al-Andalus, a manera de los que se desarrollaron con los Principados Cristianos en Tierra Santa de Oriente.

Alfonso el Batallador abandona Aragón a finales de septiembre de 1125 y el 20 de octubre se encuentra en Valencia; en ese momento se descubre cuál es la auténtica intención de su campaña. En Valencia se producen pequeñas escaramuzas contra la guarnición almorávide al mando de Ben Warqa; en ese momento se le unen cristianos mozárabes del reino de Valencia. Días después se ataca sin éxito la ciudad de Alzira y el 31 de octubre Denia, con la correspondiente tala de campos. Sigue el avance hacia Játiva-Peña Cadiella, una plaza sumamente importante desde la época del Cid; Murcia, Vera, Almanzora, Purchena, Tíjola, donde el ejército se detiene durante ocho días, para después intentar tomar la ciudad de Baza.

Al llegar a Guadix se produce un primer ataque y dos acampamientos del Real, el primero en Graena y el segundo en Alcázar. El segundo ataque supuso permanecer sitiando la ciudad durante un mes; allí transcurrió la navidad de 1125. Desde Guadix se envían mensajeros a los mozárabes de la zona. El objetivo de Alfonso el Batallador se hace más evidente todavía. De Guadix, el ejército sigue avanzando hacia Diezma, hasta llegar a Granada, gobernada por el almorávide Abu-l-Tahir.

El caudillo de los mozárabes granadinos, Ibn al-Qalas, no puede contener a sus hombres y estos se suman al ejército del Batallador; exagerando, evidentemente, las cifras, los cronistas árabes afirman que la hueste cristiana estaba formada por 50000 hombres.

Abu-l-Tahir pide refuerzos a África, a Murcia y Valencia; se envían numerosos refuerzos. Al saber de la incursión de Alfonso el Batallador, desde Sevilla parte hacia Granada un ejército al mando de Abu Bakr, hijo del Emir de los musulmanes. Cuando llega a Granada este ejército es demasiado tarde, pues los cristianos ya están rumbo a Córdoba. También llegan refuerzos africanos desde Mequinez, al mando de Abu Halfs ben Tuzyin, desde Fez, con Inalu al-Lamtuni, el cual será nombrado gobernador de Granada.

Alfonso El Batallador, Zaragoza

Cuando Alfonso el Batallador llega ante las murallas de Granada el 7 de enero de 1126 cunde el pánico en la ciudad; acampa en la aldea de Nivar. Intensas lluvias y hielo marcan los diez días durante los cuales aguardan a que los mozárabes de la ciudad abran sus puertas, pero lo más que llegan a hacer es suministrar víveres al ejército aragonés, que ha de soportar continuos ataques de la caballería musulmana. La ciudad de Granada no capitula, de hecho Ibn-l-Qalas, al verse reforzado se niega a entregarla. Según Orderic Vital unos 10000 mozárabes se unen al ejército de Alfonso.

Los cristianos van a permanecer durante bastante tiempo por los dominios granadinos, causando todo el daño posible; posteriormente siguen su marcha: Maracena, Pinos Puente, Assica (Las Angosturas y Río Frío), Luque.

Un pensamiento ocupa la mente de Alfonso el Batallador, entrar en la ciudad de Córdoba.

Baena, Espejo, Cabra, Lucena. Entre Lucena y Puente Genil se produce la batalla de Arnison, Arinzol, Aranzuel, Anzur o Anzul, de todos estos modos es citada en las crónicas.

Esta batalla sucede el 10 de marzo de 1126, a tres leguas (unos 16,5 kilómetros) de Lucena, en el término de Puente Genil. De madrugada se produce el ataque de los musulmanes, de un modo desordenado y esparcidos por el campo de batalla, consiguen llegar a entrar en el campamento de los cristianos. A medio día, Alfonso viste su armadura y organiza el ejército en cuatro escuadrones, estrategia que le dará la victoria. A la puesta del sol, Abul-l-Tahir ordena levantar sus tiendas; traslada su posición desde una hondonada a una colina. Los combatientes cristianos se desmoralizan, pues se produce una situación de desventaja al estar el ejército de los musulmanes en una posición más elevada, así que comienzan a retirarse. Ahora, bien, ya de anochecida, con el temor vencido, las tropas de Alfonso el Batallador entran en el campamento musulmán y consiguen la victoria.

El regreso, viendo lo desmesurado de su empresa, aunque perfectamente podría haber conquistado la ciudad de Córdoba, mantenerla habría sido harina de otro costal, Alfonso el Batallador ordena el repliegue: Alpujarras-Río Guadalfeo, Motril, Salobreña, Velez Málaga, Mar Mediterráneo, Dilar, a una legua de Granada, nuevamente Granada –obsérvese el paseo casi triunfal del Batallador por tierras de Al-Andalus-, Alhendin, Alicun de Ortega, Guadix, donde se produce un ataque de los musulmanes y muere uno de los principales capitanes aragoneses, causa por la cual es descrita como una victoria para los almorávides. Baza, Llano de Caravaca, Peña Cadiella, Játiva, Zaragoza.

Se ha fracasado en el intento de crear un principado cristiano en Granada. Se ha fracasado en la conquista de Granada. Alfonso, confiando en el importante apoyo desde el interior de Granada por parte de los mozárabes no había organizado su ejército con vistas a la conquista de la ciudad por sitio. Esta es la razón por la cual ninguna ciudad fue conquistada; sin embargo, la única ocasión en la que se produce una auténtica batalla campal y medianamente organizada, el triunfo es para las tropas aragonesas.

La retirada se produce en situaciones penosas, continuos ataques de los ejércitos africanos; a las tropas se unen abundantes contingentes de mozárabes no combatientes, que temen por la venganza de los almorávides; muchos de ellos serán llevados como repobladores a las tierras recién conquistadas por Alfonso el Batallador. A ello hay que unir que se produce hambre y peste entre la hueste cristiana.

El ejército regresa a tierras aragonesas en junio de 1126. A su llegada, el rey se preocupa especialmente por los mozárabes que le habían acompañado: no serían siervos de ningún noble, ni ellos ni sus descendientes, dependerían directamente de la Justicia Real y quedaban exentos de ciertos impuestos.

Bibliografía
1.- LACARRA, José Mª. (1978), Alfonso el Batallador, Zaragoza, Guara.
2.-HISTORIA DE LA FUNDACIÓN y antigüedades de San Juan de la Peña y de los Reyes de Sobrarbe, Aragón y Navarra que dieron principio a su Real Casa y procuraron sus acrecentamientos, hasta que se unió el Principado de Cataluña, con el Reino de Aragón. Edición facsímil de 1620, ordenada por el Abad de San Juan de la Peña Juan Briz Martínez, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1998.
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Imaginación aplicada a la adivinación

EL TAROT DE LOS ILUMINADORES DE LA EDAD MEDIA
OSWALD WIRTH
(Fragmento)

El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de RoccaneraCuando la leyenda representa a la Humanidad como caída desde un estado original de iluminación natural, parece que se está haciendo referencia al instinto que ayuda a los animales. La Naturaleza cuida de las criaturas vivas que la obedecen pasivamente y ella les permite llevar a cabo, sin errores, las acciones que demanda su plan vital. Mientras permanezcan obedientes a sus impulsos, los animales disfrutan de privilegios que están perdidos para la criatura que decide dirigir su vida según su propio juicio. Tan pronto como la razón, mientras que todavía es débil, asume la dirección del individuo, hay una revolución contra el orden de las cosas natural y primigenio. La razón enturbia la lucidez del instinto, este es el estado de caída de la criatura que, sin embargo, tiene una razón que es imperfecta.

Se nos impone un aprendizaje lleno de dificultades, porque la razón se desarrolla sólo en detrimento del instinto, y este instinto pierde su claridad cuando se enfrenta al triunfo de la completa claridad de la razón que hay en nosotros. Un periodo de angustia llega en el tiempo que hay entre el reinado del instinto y el de la razón pura. La transición podría ser dolorosa si no fuese por una facultad que ni es del instinto ni de la razón, aunque parece haberse situado entre ambas. Aparece con el amanecer de la inteligencia; su luz difusa nos da diversión antes que instrucción. Las imágenes la muestran como incoherente, pero fascinante y da lugar al desarrollo de ideas. Esta facultad es la imaginación.

Representación del Yin y YangDebemos tener cuidado de no rechazarla. Fue situada en una posición de honor miles de años antes de la civilización griega. A ella le debemos todo conocimiento humano fundamental y el concepto original de las religiones y de las ciencias; porque todo germen de luz que trae una semilla de claridad al cerebro humano fue recibido por la intuición de los seres humanos primitivos y humildes.

Al abandonar el dominio del instinto, ciertamente no pensamos en preguntarnos acerca de cuestiones filosóficas, cuando no afrontamos ante el espectáculo de la Naturaleza, sufrimos y cedemos a las impresiones, sin razonar sobre ellas. Así los objetos aplican un poder de sugestión sobre nuestra imaginación sin posibilidad de contrastarla. De ello, deriva nuestra extraordinaria “facultad de imaginación” que nos sorprende cuando la observamos en niños o en individuos a los que les ha sido posible conservar algo del niño que eran. Este tipo de consciencia era la que pertenecía a la humanidad en sus tiempos más tempranos y de ella quedan restos todavía en los pueblos menos civilizados de la actualidad. Fue definida por su falta de capacidad para formular ideas claras y precisas. Hablando con propiedad, el hombre primitivo no hablaba, soñaba. Rebelde ante cualquier esfuerzo intelectual, es receptivo, un agente pasivo en relación a lo que alcanza a su mente. Su percepción es abierta y toma como verdad todo lo que llega hasta él, cosa que es sumamente peligrosa pues abandonada a sí misma, la imaginación se complace en la extravagancia; así pues podría no ser sabio entregar a la imaginación el poder de arbitrar nuestras decisiones.

Algunas naciones cuya civilización nos maravilla, sin embargo, han escuchado a la imaginación cuando consultaban a los oráculos y rendían la debida reverencia a los colegios de adivinos que eran los encargados de interpretar los oráculos. En los más antiguos principios de los agrupamientos en forma de sociedad, nos encontramos, no con filósofos, sino con humildes brujos-sacerdotes, antecesores de los adoradores de imágenes de nuestras tribus salvajes. Con una fe instintiva que era absoluta, la autoridad de los sujetos de mentes abiertas llegó a ser dominante; alcanzaron, de una manera bastante natural, el puesto de Reyes-Sacerdotes, como los primeros soberanos en la historia de Egipto y Mesopotamia. Su poder fue ejercido en el nombre de la divinidad que manifestaba su voluntad por la intercesión de los adivinos. A juzgar por su perduración, este régimen no causó más abusos que otros que le sucedieron. Los celtas no tuvieron quejas contra los druidas y más de una monarquía laica hizo desear el regreso de los gobiernos teocráticos ya pasados de la Antigüedad.

Portada Libro El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media

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La Sacerdotisa

EL TAROT DE LOS ILUMINADORES DE LA EDAD MEDIA
OSWALD WIRTH
(Fragmento)

La Sacerdotisa. El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de RoccaneraLa personificación de la causa inicial de toda acción, el Mago (arcano I) se mueve rápido y no descansa, por ello es representado de pie; en este sentido se opone a la Sacerdotisa (arcano II) que está sentada, sin movimiento y en calma, impenetrable y hierática. Ella es la sacerdotisa del misterio, Isis, la diosa de la noche profunda; sin su ayuda, el espíritu humano no podría penetrar en la oscuridad. Su mano derecha sujeta entreabierto el libro de los secretos que nadie puede tomarlo de ella a menos que la Sacerdotisa le entregue las llaves que porta en su mano izquierda. De esas llaves que abren los aspectos ocultos de las cosas (esoterismo) una es de oro y está relacionada con el sol (la palabra, la razón) y la otra es de plata, y tiene su afinidad con la luna (imaginación, lucidez intuitiva). Esto significa que se deben unir la lógica estricta y la capacidad dulce de impresionarse, si uno aspira a las cosas divinas que permanecen ocultas, al conocimiento que la Naturaleza esconde para la gran mayoría de nosotros.la sacerdotisa, El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media, Antonio Joaquín GonzálezLa adivinación en la Sacerdotisa inspira; aplica el discernimiento a la realidad que se esconde detrás del velo de lo que es aparente para nuestros sentidos. Para la persona intuitiva, favorecida por Isis, los fenómenos son un espejismo que, por los impedimentos de la mirada fisiológica, estimulan la visión de la mente.

Al abandonar la Unidad de la cual todo emerge (arcano I) llegamos a la esfera de lo Binario o de la diferenciación; es el patio de entrada al Templo de Salomón, en él se alzan las dos columnas de Jakin y Boaz entre las cuales está entronizada la Sacerdotisa, delante de un velo con iridiscentes dobleces que enmascaran la entrada al Santuario.

De las dos columnas, una es roja, la otra azul. La primera corresponde al Fuego (vitalidad, devorador ardiente, actividad masculina, sulfuro de los alquimistas ); la segunda se relaciona con el Aire (la respiración que da la vida, la sensibilidad femenina, el mercurio de los sabios). Toda creación florece desde esta dualidad fundamental: Padre-Madre, Sujeto-Objeto, Creador-Creación, Dios-Naturaleza, Osiris-Isis…

La orgullosa fachada del templo simboliza, en su totalidad, toda revelación fenoménica, la objetividad en sus infinitas variedades de aspectos que a cada uno de nosotros le está permitido ver. La cortina que ha de levantarse para poder entrar en el recinto sagrado es la pantalla en la que las vívidas imágenes del pensamiento son proyectadas. Las percibimos en el resplandor de un material con millares de matices, cuyos pliegues ondulados por la brisa, tanto que no podemos agarrar sus contornos bordados en continuo movimiento. Estas imágenes fascinan al visionario que le gusta leer en la luz astral como las Pitonisas. Esta “Luz”, por la cual los ocultistas juran, es comparable a la bruma fosforescente que envuelve al planeta y remueve la imaginación de sujetos lúcidos. Ha sido simbolizada por la serpiente Python a quien Apolo (la Razón) atraviesa con sus flechas. Si él se muestra digno por sí mismo, la gran sacerdotisa descorrerá para él un segundo velo para permitirle leer en su cara y especialmente en sus ojos. Aquel en el que la diosa confía no será engañado por ningún espejismo, porque poseerá el secreto de las cosas, por el hecho de que ha practicando en “imaginar correctamente”. El verdadero iniciado no se detendrá en estas pequeñas distracciones en el umbral que para él no es otra cosa más que “la mera insignificancia de una puerta”.

El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera

Portada Libro El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media

La enseñanza de la Sacerdotisa está, de hecho, basada en la imaginación, como la luna creciente sobre la parte superior de su tocado así nos muestra. Este tocado está rodeado por dos diademas que tienen engarzadas piedras preciosas. La diadema que toca la frente alude a la Filosofía Oculta y a las sutiles doctrinas del Hermetismo; la otra, más estrecha y situada más arriba es el emblema de la Gnosis, confianza en la sabiduría, fruto de las más altas formas de pensamiento.

La Sacerdotisa de los misterios está vestida en azul oscuro, pero una luminosa estola blanca cruza sobre su pecho. Ésta forma una cruz; en cada uno de los brazos de ella se marca una segunda cruz. Este modelo sugiere el poder de la revelación que hace claro lo oculto, gracias a la luz que emana del conflicto de los dos elementos opuestos. La cruz oblicua X (cruce de espadas) simboliza un encuentro hostil, un choque del que pueden saltar chispas; en oposición a la cruz recta +, que es indicadora de unión fértil, matrimonio o conexión.

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TRATADO DE LA REINTEGRACIÓN

MARTINES DE PASQUALLY
PRESENCIA DEL MODELO DE CRISTO A LO LARGO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

Cristo Catedral de Barcelona

Pero no es solamente en la venida de Enoc, cuyo modelo comencé a explicar, donde encontramos pruebas de la presencia de Cristo entre los hijos de Dios. Abel fue el modelo de los seres menores predestinados para ser una manifestación de la Justicia divina, también fue un verdadero modelo del Mesías. Reconocemos esa verdad por las operaciones de todos los seres menores elegidos que ejercieron sus potencias y sus virtudes espirituales entre los hombres de los siglos pasados y que, también, las realizan entre los hombres de hoy. Esos seres menores elegidos desde Abel y Enoc son: Noé, Melquisedec, José, Moisés, David, Salomón, Zorobabel y el Mesías. Todos ellos fueron predestinados para la manifestación de la Gloria divina, realizan el número denario espiritual divino, del cual proviene toda cosa, tanto espiritual como material como explicaré más adelante cuando hable de los modelos y de las épocas sucedidas al cuerpo general y al particular, también cuando trate de los seres menores a los que acabo de mencionar.

Como resultado, con esas explicaciones os podréis convencer de la verdad de lo que digo, por la igualdad, por la similitud y por la relación de las operaciones de esos seres menores con las operaciones de Abel, lo que os hará saber claramente que Abel fue la verdadera representación de las operaciones de Cristo, así como visteis que Caín representa verdaderamente las operaciones del príncipe de los demonios.

Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera. Edición de Antonio Joaquín González. Kindle-Amazon

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ASESINATO DE ABEL

TRATADO DE LA REINTEGRACIÓN
MARTINES DE PASQUALLY

Museo de Bellas Artes de Lyon

Después de esa ceremonia, Abel se presentó ante su hermano Caín y este le hizo muchos reproches. Abel los recibió con candor y humildad y, seguidamente, respondió a Caín: “No es contra mí, ni contra nuestro padre temporal contra los que debes revolverte, es contra ti mismo y contra aquel que en este momento te dirige contra quien debes combatir, pues te diré que vienes de realizar un culto falso e impío ante el Eterno. La fuerza de tu crimen supera al crimen de Adán: ofreciste a tu dios de oscuridad un holocausto que no está ni a tu disposición ni a la de él, hiciste erróneamente derramar la sangre del justo para justificar la de los culpables”. Abel fue después a buscar a Adán y le contó todo lo que pasó y esto afligió mucho a este padre infeliz y le hizo caer en una profunda consternación.

El primer entierro de la humanidad. Museo de Bellas Artes de Lyon

Abel, mientras, trató de consolar a Adán y le preguntó respecto a su tristeza y abatimiento, pero Adán no respondió nada. Parecía que adivinaba lo que iba a suceder a su hijo amado y no se lo osaba decir. Abel tranquilizó a Adán respecto a todas sus inquietudes y le dijo en tono firme: “Padre mío, lo que es decretado por el Creador en vuestro favor y en el de tu descendencia tendrá lugar, sea para bien, sea para mal, pues la Creación general que ves no es otra cosa sino un lugar que el Eterno reservó para convertir en obra la manifestación de su omnipotencia, para su gran gloria. Por lo tanto, padre mío, es en tu descendencia corporal en la que el Creador habrá de colocar sujetos convenientes que sean los verdaderos instrumentos de los que Él se servirá para el triunfo de su justicia, para el beneficio de los buenos y vergüenza de los malos. Es inútil para el hombre ir contra aquello que ha sido decidido por el Creador a favor o en contra de su criatura espiritual”. Adán pareció calmarse y, dirigiéndose al Creador, le dijo: “¡Oh, Eterno! ¡Que aquello que es concebido por tu pensamiento y por tu voluntad sea cumplido por tu fiel servidor, padre de las multitudes de naciones que habitarán y actuarán en tu círculo universal! ¡Amén!” Después, Adán y Abel fueron a visitar a Caín, el cual se encontró con ellos en compañía de sus dos hermanas. Cuando estuvieron juntos, esas hijas abrazaron al padre y Caín abrazó a su hermano Abel, mas en este abrazo, Caín dio a Abel tres golpes con un instrumento de madera hecho en forma de puñal. El primer golpe perforó su garganta, el segundo traspasó su corazón y el tercero se hendió en sus entrañas. Este asesinato sucedió en presencia de Adán, sin que este infeliz padre lo percibiese. Pero en cuanto fue cometido el asesinato, Adán sintió una conmoción terrible. Las dos hermanas de Caín y de Abel sintieron una conmoción semejante, a causa de la impresión cayeron hacia atrás mientras exclamaban “¡Nuestro conciliador, Señor, nos ha sido sustraído por la maldad del impío, reclamamos vuestra justicia y a ti sólo entregamos nuestra venganza!”. Ved con qué artificio los sujetos al demonio se disimulan a los ojos de la criatura a través de palabras espirituales y loables en apariencia. Esa conmoción, por otra parte, muy natural en los tres personajes mencionados y basada en la simpatía de los sentidos de materia, provenía, además de otra causa, así como el abatimiento que aconteció a los tres personajes. Provenía de la visión que tuvieron, en naturaleza efectiva, del menor y del mayor ser espiritual de Abel y de que no lo pudieron soportar sin caer en desfallecimiento. Adán fue el primero en levantarse e ir, en compañía del menor y del mayor espiritual de Abel, al encuentro de Eva a la cual contó todo lo que el Creador les exigiera para su entera reconciliación: que sus crímenes debían ser expiados por el sacrificio de su hijo Abel y que, así, todo estaba consumado.

Terror de Caín. Notre Dame de Fourviere, Lyon.

Os dejo meditar sobre cuál ha debido de ser el dolor de ese infeliz padre y el de su compañera. ¿No son esos los famosos espinos que iban a traspasar el corazón de Adán? ¿No es ese el funesto espino producido por la primera tierra creada por la prevaricación de Adán? Fue, por lo tanto, Eva la que produjo en Caín el instrumento del flagelo del infeliz Adán, al haber concebido con Adán mediante una operación de confusión de acuerdo con lo que el número dos, 2, nos anuncia y que yo voy a detallar aquí con sinceridad.

Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera. Edición de Antonio Joaquín González. Kindle-Amazon

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Planteamientos filosóficos

EL TAROT DE LOS ILUMINADORES DE LA EDAD MEDIA
OSWALD WIRTH
(Fragmento)

El Tarot de los Iluminadores e la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera¿Hasta qué punto hablar de Ocultismo implica tratar de Filosofía?

A lo largo de la Historia de la Filosofía una de las preocupaciones fundamentales del pensamiento es lo trascendental o la indagación en torno a qué es el alma, entendiendo que el ser humano, y la creación, son algo que van más allá de lo meramente físico. Desde el punto de vista del ocultismo, Guaita en La serpiente del Génesis explica este proceso de la creación desde el inicio del Evangelio de san Juan, con la presencia del Verbum divino que es trasunto del gran Adán, del Adán Kadmon de los cabalistas, del Zohar, el Verbo Absoluto o el Cristo Glorioso, así, escribe: “Dios no ha creado al hombre individual, sólo ha hecho esta individuación posible. El individuo se ha creado a sí mismo. El alma ha descendido pues del cielo, y se ha encarnado en la ciega materia. Desde ese momento muere como esencia espiritual, más aún, se duerme en un sueño más o menos profundo. En ella, la materia vela al espíritu, y Lamartine era profeta sin saberlo al decir: <el hombre es un dios caído que recuerda los cielos>”.

Culturalmente, la época histórica que le tocó vivir a Oswald Wirth es de confluencia de tres movimientos que marcarán el pensamiento occidental desde la segunda mitad del siglo XIX: la recuperación de un misticismo que hereda el saber hermético procedente de la Antigüedad; el racionalismo y el existencialismo cuyas primeras manifestaciones hay que situar a finales del siglo XIX, continuador del pensamiento de autores como Schopenhauer o Kierkegaard. A diferencia del ocultismo, los otros dos –Racionalismo y Existencialismo- se mueven en el territorio de la existencia contemplada como algo lógico y físico que se extiende en dos dimensiones: la espacial y la temporal. Ambos son fronteras que marcan un paisaje tan angosto para el ser humano que ha de buscar algo que va más allá; y es ahí donde nos encontramos con la fantasía, la imaginación y la intuición que, como señala Wirth en El tarot de los iluminadores de la Edad Media, es el primer acercamiento que el homínido tiene a la esencia que ha de separarle del resto de los seres vivos. Se hace necesario cruzar las fronteras de un espacio tan estrecho pues, de otra manera, el único resultado va a ser la angustia o el asco ante la nimiedad del ser humano, de la realidad toda, que es falsa.

tabla numericaPor lo que respecta al Racionalismo, que se arroga con el derecho a ser la plena expresión del hecho diferenciador de la especie humana, no deja de ser una construcción tan relativa como puede ser la creación de un mundo fantástico, por mucho que se cubra de la pátina de lo lógico. Los modelos cambiantes de la ciencia que se fundamentan en la racionalidad materialista son un claro ejemplo de cómo tales edificios lógicos no alcanzan la categoría de lo absoluto. Oswald Wirth compartió su tiempo con uno de los mayores revolucionarios en lo que respecta a la contemplación del mundo: la primera teoría de la Relatividad de Albert Einstein es de 1905; con ella se abre la puerta que ha de comunicar la existencia con la trascendencia.

Las diferentes fases del desarrollo de la racionalidad humana generan argumentos que, además de su mero interés histórico, no dejan de tener un valor que los aproxima a la ficción más fantástica. Recordemos al respecto las biografías medievales de Alejandro Magno (el Libro de Alexandre, por ejemplo, o el Pseudo-Calístenes si retrocedemos un poco más en el tiempo); el gran conquistador decidió cruzar las fronteras de un poder que se basa exclusivamente en la dominación de territorios; quiere alcanzar el poder supremo que es el saber y para ello va a viajar a unos dominios inexplorados mediante unos medios tan fantásticos como los que muchos siglos después utilizarían autores como Julio Verne o Emilio Salgari, adelantando procedimientos tecnológicos que serían desarrollados a principios del siglo XX. Esta es la ficción del desarrollo racional y cientifista. Su evolución, especialmente a partir del último cuarto del siglo XX se aproxima a cierta explicaciones que muy bien podrían ser comparadas a ciertas cosmogonías mitológicas o a ciertas explicaciones del universo desde lo geométrico (el punto vibracional que genera la totalidad es un paradigma muy del gusto de la filosofía ocultista y de la ciencia que establece el Génesis en la teoría de la explosión y expansión que habrá de concluir en una nueva condensación de la materia).

Desde el momento en que Oswald Wirth escoge el título de su obra, El tarot de los iluminadores de la Edad Media, acorde al objeto que se propone estudiar, se está situando en un panorama ajeno a los adelantos de la ciencia positiva y del racionalismo, aunque él mismo confiesa que va a utilizar los hallazgos de la Arqueología para asentar con más firmeza los valores del libro más antiguo de la humanidad. El tarot, tal y como lo presenta Wirth hunde sus raíces en una época anterior a lo racional según el paradigma definido en la Edad Moderna, y en un ámbito social alejado del averroísmo, del aristotelismo o del tomismo medievales –como se guste-, un ámbito en el que se prefiere la cábala, el hermetismo, la astrología, de la Gnosis, que es un conocimiento intuitivo, irracional y místico, desde el simbolismo que, en definitiva, pretende alcanzar un universo que no puede ser cuantificado ni cualificado desde una taxonomia plenamente lógica; esa misma lógica que, desde dentro, Einstein desmonta, recuperando el mundo libre –que no relativo- ejemplificado en El Loco y El Mago, principio y final del tarot; con esta afirmación situamos la baraja como más meditativa que adivinatoria –pues nada puede negar el libre albedrío del hombre- en el ámbito interior más puro que es el del símbolo.

La serpiente del génesis. El tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de RoccaneraA muy grandes rasgos, desde luego, hay que considerar que la base del pensamiento filosófico –lo anterior sería la religión y el mito- sobre la que se asienta el ocultismo es Platón, sobre todo desde las lecturas que de su obra realiza la corriente neoplatónica. Esta escuela llegará con fuerza al Renacimiento y originará un pensamiento trascendental que está representado en autores como Marsilio Ficino, Pico de la Mirandola, Giordano Bruno, Cornelius Agrippa. Este esquema del mundo, que admite un universo que no es físico, aunque, a la vez se aleja de la ortodoxia de las creencias establecidas, pervive hasta el siglo XVIII. La época de las luces pretende explicar la existencia desde la razón, cosa que no es óbice para que la postura deísta permita el desarrollo de movimientos que son tanto de ilustración como de iluminación mística y teúrgica. Ahí, en el siglo XVIII nos vamos a encontrar con figuras como Martines de Pasqually y su Tratado de la Reintegración, origen de una orden tan mistérica como la de los Elus Coens, los Sacerdotes Elegidos, para mantener el culto que respeta el valor de la creación como expresión desde la emanación del Uno. La influencia de Martines de Pasqually marca el desarrollo de la filosofía mística de Louis Claude de Saint-Martin, origen del Martinismo; y a Willermoz, uno de los principales reformadores de la Masonería. Tanto uno como otro van a marcar directamente el desarrollo de los movimientos ocultistas del siglo XIX, bien desde la prolongación del Martinismo de Papus, la Francmasonería y la orden de la RosaCruz Cabalística. En todos ellos nos encontramos con nombres que aparecen frecuentemente a lo largo de esta exposición. El estudio, así sea mínimamente, de las corrientes antiguas de pensamiento se hace necesario a la hora de interpretar el pensamiento de los ocultistas de la época contemporánea, lo explica perfectamente Lepage (1988) en estas palabras: “no hay soluciones nuevas en el dominio de la metafísica, sino el reconocimiento de las viejas ideas con las que, después de su encarnación en la materia, el espíritu del hombre apacigua sus angustias”.

Un momento sumamente significativo se produce en la época medieval, aparente ruptura con el pensamiento griego, aparente porque el mundo de lo trascendental sigue siendo lo que da sentido a la existencia humana y a la creación en general. Cambian los nombres y los cultos o la lógica pero pervive esa consideración de lo humano como algo que va más allá de lo puramente físico.

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LA CAÍDA

TRATADO DE LA REINTEGRACIÓN
MARTINES DE PASQUALLY

La caída. Tratado de la Reintegración. Traducción de Hugo de Roccanera. Edición Antonio Joaquín González

La caída de Luzbel. Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina. Museo del Prado

Adán, pues, actuó conforme al pensamiento demoníaco, realizando una cuarta operación en la cual usó de todas las palabras de poder que el Creador le transmitiera para sus tres primeras operaciones, aunque había rechazado enteramente el ceremonial de estas mismas operaciones. Hizo uso, por sus preferencias, del ceremonial que el demonio le insinúo, tanto como del plan que de él recibió para atacar la inmutabilidad del Creador. Adán repitió aquellas que los primeros espíritus perversos habían pensado realizar para transformarse en creadores, en detrimento de las leyes que el Eterno les prescribiera para que les sirvieran de límite en sus operaciones espirituales divinas. Esos primeros espíritus no debían concebir ni entender nada sobre la acción de crear, simplemente debían seguir siendo nada más que criaturas de poder. Adán no debía tener más aspiraciones que ellos respecto a esa ambición de crear seres espirituales que le fuera sugerida por el demonio.

Vimos que tan pronto como esos demonios, o espíritus perversos, concibieron actuar según su voluntad de emanación, semejante a la que el Creador había realizado, fueron arrojados en lugares de oscuridad por una duración inconmensurable de tiempo, por la voluntad inmutable del Creador.

Notre Dame de Fourviere. Lyon. Expulsión de Adán y Eva del Paraíso

Esa caída y ese castigo nos demuestran que el Creador no ignora ni el pensamiento ni la voluntad de su creación. Ese pensamiento y esa voluntad, buenos o malos, son sentidos directamente por el Creador, que los acoge o los rechaza. Sería, por lo tanto, un error decir que el mal viene del Creador, con el pretexto de que todo emana de Él. Del Creador sale todo ser espiritual, bueno, santo y perfecto, ningún mal es ni puede ser emanado de él. Pero si me preguntareis de dónde, entonces, emanó el mal, diré que el mal es generado por el espíritu y no creado. La creación pertenece exclusivamente al Creador y no a la criatura. Los pensamientos malos son generados por el espíritu malo, como los pensamientos buenos son generados por el espíritu bueno; cabe al hombre el rechazar los primeros y acoger los segundos como corresponde a su libre albedrío, el cual le da derecho a querer las recompensas de sus buenas obras, aunque también lo puede hacer permanecer por un tiempo infinito en la privación de su derecho espiritual. El mal, repito, no tiene su origen en el Creador ni en ninguna de sus criaturas particulares. Este viene únicamente del pensamiento del espíritu que se opone a las leyes, a los preceptos y mandamientos del Eterno, pensamiento éste que el Eterno no puede cambiar en ese espíritu sin destruir su libertad y su existencia particular, tal y como ha sido dicho más arriba. Por otra parte, no se debe pensar que el espíritu que generó el mal sea el propio mal, porque si los demonios mudasen su voluntad, su acción cambiaría también, y, a partir de ese momento, no habría ningún mal en toda la extensión de este universo. Diréis que esto no puede suceder, pues Dios, al ser inmutable en sus decretos, condenó a la prisión eterna a los que originaron el mal. Responderé que es verdad que el Creador condenó a los adeptos del mal a una prisión y a un castigo infinitos. Mas haré ver que, en medio de la manifestación de la justicia del Creador sobre la criatura, Él se llamó a sí mismo Padre de Misericordia ilimitada de esa misma criatura. Hablaré más ampliamente de esa misericordia divina en otra parte.

Tratado de la ReintegraciónVuelvo nuevamente a la generación del mal, ocasionada por la voluntad mala del espíritu, y diré que la generación mala del espíritu, siendo tan solamente el pensamiento malo, es llamada espiritualmente como inteligencia mala, del mismo modo que la generación del pensamiento bueno es llamada inteligencia buena. Es por esos tipos de intelectos que los espíritus buenos y malos se comunican al hombre y le hacen conservar una determinada impresión, según use de su libre albedrío para rechazar o admitir el mal o el bien a su voluntad.

Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera. Edición de Antonio Joaquín González. Kindle-Amazon

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OSWALD WIRTH, vida y obra

EL TAROT DE LOS ILUMINADORES DE LA EDAD MEDIA
(fragmento)

Oswald Wirth-El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de RoccaneraJoseph Paul Oswald Wirth nació el 5 de agosto de 1860 en Brienz, ciudad perteneciente al cantón suizo de Berna. Su padre, de origen alsaciano, se vio obligado a abandonar su patria a causa de su compromiso político durante los acontecimientos revolucionarios de 1848. De los tres hermanos que le precedieron, dos murieron tempranamente, otro, Edward, en combate como oficial de Infantería. Su hermana Elisa, que nació en 1875, acompañaría a Oswald hasta el final de sus días. Los padres eran católicos y pretendieron educar al hijo en tal tradición, aunque desde muy joven, comenzó a interesarse por corrientes espirituales que, como mínimo, y en aquella época más, eran consideradas heterodoxas, cuando no directamente malditas. Así, él mismo cuenta, en su obra sobre el arte de sanar mediante el magnetismo, su primer acercamiento al mesmerismo, el movimiento seudocientífico y espiritualista iniciado por el médico e investigador Franz Anton Mesmer (1784-1815), que aplicó a los sistemas de curación la manipulación del fluido universal, la energía que rodea a todo lo existente. Wirth descubrió en él la posibilidad de disponer de las corrientes energéticas vitales que son inmensas y que surgen, tal y como se expresa en el símbolo del caduceo, de la confluencia de lo masculino y lo femenino, entendido esto más allá del género. Mediante la imposición de manos, y este es el principio de la medicina filosofal, esa energía puede ser utilizada para curaciones; se trata de la Filosofía hermética puesta al alcance de aquel que tenga una verdadera voluntad de emplearla, tal y como enseñaba uno de los grandes maestros del Martinismo, Philippe de Lyon. Según los principios de esta escuela iniciática que Wirth conoció perfectamente, en El ideal iniciático, afirma que el iniciado es un agente divino que no está limitado a sus propios recursos, siempre y cuando se ponga al servicio de una causa desinteresada; al actuar de esta manera se trabaja con un fuego que se agota, pero que se reanima con el calor externo que invade el ser, pues para el iniciado, el trabajo es la vida, esta es la gran diferencia entre él y el esclavo, a la vez que busca la belleza, desde la alegría con la felicidad que implica el vencer las dificultades.

El Tarot de los Iluminadores de la Edad MediaDebido, pues, a las creencias paternas, estudió en el colegio católico de Saint Michel de Freiburg, aunque no llegó a concluir, pues los clérigos de la institución escolar, cansados de las heterodoxas cuestiones que planteaba el muchacho, acabaron devolviéndolo a su casa. En La imposición de manos, Wirth describe cómo a los 14 años, en el Colegio de los Benedictinos, lee un relato “El doctor de los milagros” sobre curas que parecían milagrosas desde una energía que es emitida por el cuerpo. Marcado por esta lectura realizará su primera curación como si de un juego se tratase, a un compañero al que le había picado un mosquito. No era un buen momento en la vida para este tipo de experiencias pues son agotadoras, más en una período en la que el cuerpo todavía está en fase de crecimiento; sin embargo en esa época le nació a Wirth su pasión por el magnetismo. También leyó José Bálsamo de Alejandro Dumas, novela dedicada a Cagliostro, aquí las cuestiones relacionadas con el magnetismo y las curaciones se unen al misterio de pertenecer a una escuela esotérica. Todo ello fue marcando al adolescente que entonces era. En 1879 conoce en París la Sociedad Magneto-terapéutica dirigida por el Barón de Potet (1796-1881) y comienza a estudiar en ella, pero tuvo que abandonarla para marcharse a Inglaterra.

Permanecería durante tres años en Inglaterra; allí trabajó en una librería en Londres y entró en contacto con el magnetizador Adolphe Didier (en 1856 publicó Magnetismo animal y sonambulismo), con él se percató de que el magnetismo consiste en desarrollar la sensibilidad desde la cual la naturaleza guía al terapeuta. Por esta misma época, siguiendo con lo que nos cuenta en La imposición de manos, se planteó las ventajas del régimen vegetariano y el ayuno, se da cuenta de que con ello mengua la cólera, la tristeza y la ansiedad; todo ello demuestra una cierta preocupación por su régimen vital, de hecho también considera la importancia del bien dormir pues es necesario acumular energías para cuando éstas sean necesarias. Estudia a Pitágoras y la Psicurgia. Las fuerzas que entran en juego en la psicurgia son el pensamiento, la voluntad y la imaginación capaz de llevar a cabo visualizaciones de carácter curativo dirigidas hacia el enfermo; todo ello guiado por una cierta despreocupación de carácter estoico puesto que el resultado final no es responsabilidad del que lleva a cabo la operación (tanto es así que el propio Jesucristo en sus milagros recurría a la voluntad del Padre). Tal carácter de la psicurgia está presente en esta descripción que el autor realiza de las sensaciones físicas que siente el magnetizador mientras ejerce su labor (La imposición de manos): “He aquí a este respecto mi modo de proceder: mientras sostengo las manos del enfermo actúo en mí mismo y no en él; pero viene un momento en que mi energía psíquica alcanza un grado suficiente de tensión. Soy advertido de eso por sensaciones especiales: mis cabellos parecen levantarse, luego una suerte de escalofrío sale de la nuca y se propaga a lo largo de la columna vertebral. Pronto este influyo alcanza hasta la extremidad de los miembros, que ligeramente comienzan a trasudar; después el movimiento se vuelve sobre él mismo, hasta que el pecho se hincha y la respiración toma un ritmo anormal. Percibo en ello la invasión de un soplo misterioso; instintivamente me incorporo y abro los ojos”, una vez preparado para actuar, retiene su energía y después se transforma en activo, en el momento en que percibe qué debe hacer.

Wirth, El Tarot de los Iluminadores de la Edad MediaRegresó a Francia para cumplir el servicio militar en el Regimiento de Infantería 106, destinado en Châlons-sur-Marne. Durante este periodo sucedieron algunas de la anécdotas que él mismo relata en su obra la imposición de manos y el arte de sanar (L’Imposition des mains et la Medicine philosophale, 1895). En el cuartel tiene la oportunidad de practicar sus curaciones, aunque en un principio también sufrió las burlas de sus camaradas. Descubrió que tener la capacidad de curar implica aceptar una serie de obligaciones. En ese mismo lugar, el 26 de enero de 1884 fue iniciado en la logia “La Bienfaisance Châlonnaise”, dependiente del Gran Oriente de Francia; este sería uno de los acontecimientos cruciales que habrán de marcar su biografía intelectual, pues su obra gira especialmente en torno al deseo de transformar de una manera radical, desde un punto de vista simbólico, la Francmasonería. Su recepción en la orden impulsó un compromiso de trabajo incesante y la dedicación a crecer en sabiduría, en pos del conocimiento de ese Arquitecto desde el que se ha originado el Universo. Un año después, el 27 de junio de 1885, alcanzaría el grado de Maestro y, al poco, Secretario en su logia. Como tal formó parte de la Comisión encargada de elaborar una cuestión que habría de ser enviada al Gran Oriente de Francia: “¿Qué cambios deberían realizarse en los rituales?”. Nuevamente, la Masonería francesa, como sucediera a finales del siglo XVIII y principios del XIX, se encontraba sumida en un proceso de reflexión que provocaría, como en la época de Willermoz, profundos cambios en la Sociedad secreta. Se manifiesta, de esta manera, desde un principio, un rasgo evidente de la personalidad de Wirth: la preocupación por dar un sentido realmente iniciático a la participación en una Masonería que pretender hacer volver a una esencia que se había perdido, a la vez que la sencillez de unos rituales, enturbiados por la verborrea que contaminaba las ceremonias.

circulos El Tarot de los Iluminadores de la Edad MediaMazet (2000) define la francmasonería en estos términos: “una asociación filosófica y social, basada en unos pocos principios religiosos sencillos y presumiblemente universales que inculcan en sus miembros unas ideas de moral, amistad y caridad”, ahora bien, algunos masones, es el caso de Wirth, pueden tener mayores aspiraciones místicas que se hacen evidentes en la búsqueda de un contenido más esotérico, cosa que requiere un mayor esfuerzo por parte del adepto, pero es ahí donde se va enriqueciendo su pertenencia al grupo. El mismo autor afirma: “la masonería tuvo una vez un contenido esotérico propio, pero fue en gran medida olvidado. Esto sucedió cuando al abrir sus logias a los miembros de las clases ilustradas, la masonería se hizo consciente de su vocación de universalismo. El mundo occidental salía entonces de un periodo de autoafirmación, durante el que había estado firmemente convencido de la superioridad de su tradición y sus valores espirituales, a un nuevo periodo en el que se descubría la relatividad de estas cosas y se sentía un vivo interés por los valores y las tradiciones de culturas extrañas”, así sucede en el siglo XVIII y en la segunda mitad del XIX tal y como vemos reflejado en el ejemplo de Wirth.

En la primavera de 1887, Oswald Wirth conoce a Stanislas de Guaita (1861-1897). Este encuentro está narrado al principio de El tarot de los iluminadores de la Edad Media. Una paciente que estaba siendo tratada por Wirth mediante magnetismo e hipnosis, en una de las sesiones, anunció que su sanador recibiría una carta lacrada con un sello en rojo y armorial nobiliario, enviada por un hombre joven, rubio y de ojos azules. Así sucedió y Wirth fue invitado por Guaita. La reunión en París supuso el comienzo de la época en la que Wirth ejercería como secretario de Guaita.

Por esta misma época, Wirth se afilia a la logia Les Amis Triomphants del Gran Oriente, donde encontró muy poco apoyo en sus ideas de reforma de la estructura interna de la Masonería.

A consecuencia de sus relaciones con Guaita, entró a formar parte del Consejo de Gobierno de los Doce, de la Orden de la RosaCruz Cabalística- había sido fundada por Guaita en 1888 y funcionaba como una universidad libre que otorgaba títulos de Doctor en Cábala-, formado por seis iniciados: Stanislas de Guaita, Dr. Encausse-Papus (1865-1916), el propio Wirth, Joséphin Péladam (1858-1918), Paul Sedir, François Charles Barlet y otro seis hermanos desconocidos. Tal vínculo se haría público ante la necesidad de denunciar al falso abad Boullan, discípulo de Eugene Vintras, conocido mago negro desenmascarado por Eliphas Lévi. El mismo Stanislas de Guaita encargó a Wirth que investigase los hechos. Se averiguó que Boullan celebraba misas negras en las que también se recurría a la orgía sexual entre los miembros de la secta. Este suceso fue muy comentado en su época. Quedó un recuerdo de ello en El templo de Satán de Stanislas de Guaita. Joris K. Huysmans acusó a Guaita, tanto en alguno de sus textos narrativos como en artículos contemporáneos a los hechos, de haber asesinado al abad Boullan mediante un método no desvelado; sin embargo, cuando Stanislas de Guaita lo desafío a duelo, el escritor decadentista se retractó de lo dicho. Huysmans finalmente acabará volviendo al cristianismo, pero como no podía ser de otro modo, al haber estado en contacto con lo extraño, sigue el camino del misticismo. También hablaron de la cuestión periódicos como Le Figaro y Gil Blas en los cuales se acusaba a Guaita de realizar prácticas mágicas contra Boullan; tal denuncia procedía fundamentalmente del periodista Jules Blois, al cual acabarían enfrentándose en duelo tanto Guaita como Papus, sin que la sangre llegase al río. Este caso, en realidad, se enmarca a la perfección en una de las preocupaciones que guiaron a Stanislas de Guaita cuando se involucró en la orden RosaCruz mediante la cual pretendía reclutar a intelectuales capaces de adaptar los conocimientos esotéricos a su época, a la vez que combatir la hechicería que estaba rebrotando en esos momentos.

El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera

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El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media

OSWALD WIRTH
PRESENTACIÓN DE LA EDICIÓN (Fragmento)

El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media, traducción de Hugo de Roccanera

Portada Libro El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Oswald Wirth. Traducción de Hugo de Roccanera. Edición de Antonio Joaquín González.

Da lo mismo intentar buscar una explicación racional a efectos reales; muchas veces los resultados son la consecuencia de la creencia, de la intuición con la que optamos por un rumbo u otro cuando el camino llega a una bifurcación; de la razón, también, cuando trazamos un línea que nunca se sabe cuándo llegará a torcerse, pues son tantas las variables con las que es posible toparse… ¿Por qué entonces intentar racionalizar la adivinación? No puede ser. Y este tratado, aunque aparentemente se anuncia como un manual de reglas de uso del tarot, no se queda en eso; mejor dicho, no lo es. El tarot de los iluminadores de la Edad Media es un bosque de símbolos. Leerlo es adentrarse en una selva, repleta de símbolos; cierto que por un sendero trazado por el autor. Palabras, conceptos, signos, imágenes, esquemas, un mapa con tantos detalles que acaba siendo como el mismo territorio, con tantos hitos en los que es posible detenerse que, al cabo, da igual el punto de destino.

Estrella seis puntasEl juego de naipes, junto al de ajedrez y de otras manifestaciones similares de combinación de fichas y estrategia –el de la Oca es un caso muy especial, pues ha llegado a ser interpretado como una especie de portulano secreto en la ruta que ha de seguirse en el proceso iniciático-, han acompañado a lo largo de los siglos al ser humano y han trascendido la categoría de mero juego para llegar a transmitir verdades que en el caso del tarot se relacionan plenamente con técnicas adivinatorias. Pasó algo similar con el ajedrez, así, tal y como aparece en el Libro de Ajedrez de Alfonso X el Sabio, tiene un sentido que va más allá del entretenimiento, hasta el punto de llegar a formar parte del sistema educativo del caballero.

Si consultamos la bibliografía reseñada en el Diccionario de los símbolos dirigido por Jean Chevalier, comprobaremos que una de sus fuentes documentales es El libro de los imagineros de la Edad Media de Oswald Wirth, y es que esta obra perfectamente puede ser considerada como un epítome en el que se muestran las distintas rutas que pueden ser seguidas cuando nos adentramos en el terreno desconocido de los símbolos; y es terra incognita porque, aunque se haya cartografiado tantas y tantas veces (ahí está también el magistral Diccionario de los símbolos de Juan Eduardo Cirlot), el enfrentamiento, quizá mejor, el encuentro con el símbolo es una experiencia trascendental y radicalmente personal. Y es en este sentido en el que El tarot de los iluminadores de la Edad Media es un compendio de simbolismo desde la comunicación establecida con los veintidós arcanos. Oswald Wirth escribió otras obras en las que también arrostra la explicación de los signos trascendentales, pero es en esta sobre el tarot en la que alcanza su culminación hermenéutica, porque es en estas cartas en las que el buscador se encuentra un mundo completo y abierto a la mirada que indaga en el horizonte de la significación absoluta.Figura, El Tarot de los Iluminadores de la Edad MediaEstudiar El tarot de los iluminadores de la Edad Media como un libro de texto más sobre interpretación de la baraja, con la finalidad de aprender a adivinar, es una lectura tan interesante como parcial pues, realmente, lo que se muestra es una vereda hacia lo profundo del bosque donde no va a encontrarse lo terrible sino la vida en su plenitud ya que el símbolo es “la inmutable fuente oscura de donde surge toda luz y toda palabra” (Olives 2018); este es el mundo en el que va a adentrarse el lector de la obra de Wirth.

Lo dijo un contemporáneo de Oswald Wirth, el español Antonio Machado en “Caminante no hay camino”. Nos lo demuestran las experiencias inefables de tantos practicantes de zen “antes de meditar, una montaña era una montaña; después la montaña es la montaña”. Importa el camino, cada paso, el poso que lo recorrido va dejando en cada peregrino, los pensamientos que manan para enriquecer un paisaje que llega a ser trascendental. Todo fluye y nosotros que somos parte del todo fluimos.

En el prefacio a su obra, Wirth realiza una descripción a todo punto elocuente del poder del simbolismo medieval, perfectamente acorde al de una época primitiva en la que no existían unas fronteras racionales tan marcadas entre la realidad y el mundo espiritual; tanto es así que cruzar el pórtico de una iglesia medieval implicaba pasar bajo unas advertencias tan realistas de las penas del infierno que el más incrédulo de los asistentes al oficio religioso habría de sentirse llamado al arrepentimiento por sus actos censurables en el día a día. Desde el punto de vista de Wirth, el simbolismo del tarot es comparable al de las catedrales góticas o al de la alquimia filosofal, que también alcanza uno de sus más importantes momentos en esta época.

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