Del libro: Álvaro Mutis, aventura y poesía.

LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL

Castillo de LoarreUna de las características que han marcado en todo momento la visión del Oriente es su sello como una tierra propicia para una experiencia espiritual, de iluminación, si se prefiere; en buena medida, la literatura de Álvaro Mutis persigue una mística a la que muy bien podría dársele el nombre de laica, una mística que tiene más que ver con el conocimiento de la propia esencia que con la unión a una divinidad que no está presente. Uno de esos momentos de iluminación es descrito por el escritor con las siguientes palabras, que desde un principio nos sitúan en el ámbito del Próximo Oriente, en un tiempo rememorado que, por otra parte, es muy del gusto de Mutis: “En el Crac de los Caballeros de Rodas, cuyas ruinas se levantan en un acantilado cerca de Trípoli, hay una tumba anónima que tiene la siguiente inscripción: <No era aquí>. No hay día en que no medite en estas palabras. Son tan claras y al mismo tiempo encierran todo el misterio que nos es dado soportar” (La Nieve del Almirante, p. 31). Palabras que, además, nos hablan del sentido tan especial que alcanzan las iluminaciones en su obra, como expresión de una filosofía del desencanto.Ventana. Castillo de Loarre

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Del libro: ÁLVARO MUTIS, aventura y poesía.

SUSANA

Susana. Demonio y Carne. Luis BuñuelSusana, la protagonista, interpretada, en una exuberancia bien aprovechada en los fotogramas, por Rosita Quintana, es una muchacha que milagrosamente consigue escapar del reformatorio –y lo de milagrosamente debe entenderse en su valor propio-. No sabemos nada de su pasado, en ningún momento se dice qué delito ha cometido, simplemente se afirma que es una mujer peligrosa. Y así se va a mostrar a lo largo de toda la película, pues Susana trastoca totalmente el orden de una hacienda a la que llega. Una finca que está descrita desde los principios que definen el espacio del melodrama ranchero, género característico del cine mexicano (Allá en el rancho grande con Jorge Negrete o Cuando lloran los valientes con Pedro Infante). El desorden que origina la aparición de Susana, en una noche con lluvia torrencial y tormenta terrible, es la consecuencia de una fingida inocencia y de la perversidad de Susana, desde las cuales nace el deseo que viene a ser la fuerza capaz de revolucionar el orden establecido. El mismo principio que teóricamente guía las escabrosas producciones literarias del Marqués de Sade. Esa fuerza del deseo va a transformar el comportamiento del fiel capataz, del marido íntegro y del inocente hijo; hasta de una comedida esposa que acabará fustigando con un tan desmesurado como esperpéntico gesto, a la mujer que hasta en el significado de su nombre miente.Susana. Demonio y Carne

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Ulises, sin sospecharlo, va a encontrarse con Circe

Aida-en-madera-Pastelería-Fantova-ZaragozaFue la guerra.

Cuando cayeron las murallas de Ilión,
cuando se apagaron las brasas de lo que fue Troya.

Fue entonces.

Ulises pensó en regresar a su hogar.

Pero, poco a poco, más lejana le parecía Ítaca.
Perdido, en la oscuridad de una carretera,
sin tráfico que le acompañase,
sólo silencio y rugir del motor,
solo al volante, como timón.

Y los vientos llevaron su nave
hacia unos ojos como de Atenea,
parpadeante neón de multicolor.

Y, allí, como una Epifanía
se encontró con la negra flor.

Circe, que había mudado de piel,
apenas cubierta de transparente seda.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)La-Odisea

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Guillermo de Poitiers

Guillermo de Poitiers se extasía escuchando una de sus canciones en boca de una juglaresa mora

Recién llegado de su tierra, el duque de Aquitania saborea las delicias de una ciudad recién conquistada, Saraqusta, la Medina al-Baida, la de los blancos muros.

patio-de-santa-isabel-la-aljaferia-zaragozaAlfonso el Batallador solicitó su ayuda. Los almorávides, fieros guerreros del sol del desierto, organizan la ofensiva, quieren recuperar aquellas tierras que fueron del Islam.

No falta mucho para la batalla; los ánimos están exaltados y la belleza del lugar satura los sentidos.

Guillermo de Poitiers entra en el Palacio de la Aljafería.

Estrechos corredores, mal iluminados, dejan paso a un gran patio.

Y se encuentra con el brillo de luz reflejada en un estanque de mármol y el recubrimiento de oro de las paredes.

Y cuando todos se han sentado, sobre mullidos cojines, aparece Warda, la poetisa y cantante.

Por ella pagarían un reino, un espejismo de realidad, los califas de Damasco.

Esbelta como palmera, morena de noche y cabello ensortijado de estrellas.

Brazos largos ceñidos por tres ajorcas de oro, como espigas mecidas por el viento.

Allí está, entre las columnas del patio de naranjos, cubierta de un vestido cuya trama es red.

Warda canta los poemas del guerrero y Guillermo descubre lo que él no había escrito. Cae atrapado entre los senos de Warda y él, que iba a conquistar, es vencido.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)

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Un poema en mi blog

Limpió de barro su rostro
y le pareció un ángel.

Calmó sus dolores con bálsamo
y miró su cuerpo.

No era amor lo que sentía
sino deseo.

Dejó caer su brial
y, desnuda, se tendió a su lado.

Fueron sus caricias la calma.

Nada, sino sus labios, había para él.

Se movían sus manos, con sabiduría de siglos.

Rozaban sus senos el herido pecho.

Y en la noche todo era silencio.

El ardor de las llagas,
el temblar por la fiebre como hielo
fueron fuego de pasión.

Desapareció el tiempo.

Nada importaba.

Cuando cicatrizasen sus heridas,
el caballero seguiría su camino.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro).Chartlon-Heston-El-Cid.

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Lamento de Liselda

Sofia-Loren-El-CidCruel y duro caballero,
como la armadura que tu cuerpo cubre,
ante ti abro mi corazón
y tú te niegas tal regalo,
niegas recorrer mis níveos pechos
que mano alguna ha hollado;
niegas tomar mi boca
que traiciona mis ocultos pensamientos,
mis sentidos y deseos;
niegas soltar mi brial
para descubrir mi cuerpo desnudo
sólo visto por la fuente en que me baño.

Cruel y duro caballero
sin sentimientos más allá del cabalgar.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)Sophia-Loren-Jimena-El Cid

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Pinceladas de “ALVARO MUTIS, aventura y poesía.

Álvaro Mutis, aventura y poesía.

Retrato de la infanta Catalina Micaela. Sánchez Coello.Reales como la tierra en la que marcan sus pasos, con el poderío del paisaje que las rodea; mujeres de sueño y arte, pero también mujeres en las cuales confluye la literatura y la pintura, es el caso de Arlette, la francesa arquetipo de la literatura galante, o la infanta Catalina Micaela, hija del rey Felipe II, vislumbrada en un cuadro de Sánchez Coello, en el Museo del Prado. Mujeres que nacen más que de la realidad, de una manifestación artística ajena a la literatura; pero que cobran su misma existencia.

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Tú volverás. (Poema sobre la experiencia uliseica)

 

 

Ahora recuerdas aquel inmenso campo de viñas,
el hogar, tranquilidad
y el llanto de un niño, honda ternura.

La brisa que llega del cercano río,
ahora tan lejos.

Ahora que estás inmerso en la tormenta,
tu nave juguete de los vientos
y tus brazos amarrados.

Algo te llamó y tú te fuiste.

Pero volverás a encontrar tu destino
con la experiencia colmada
por otras tierras.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)tu-volveras-el-tiempo-en-el-rostro

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Del libro: Álvaro Mutis, aventura y poesía.

TIERRA ESPAÑOLA

Vela de Armas de don Quijote

Sin duda, el cuarto pilar (Norte de Europa francés, Colombia y México serán los otros tres) sobre el que se asienta la biografía poética de Álvaro Mutis se sitúa en la tierra española. Será un tema recurrente en su poesía, fundamentalmente desde su libro Los emisarios, en el cual la experiencia de recorrer España supone la asimilación de un pasado muy lejano, anterior a que el primer Mutis, aquel que acompañó a José Celestino Mutis, el botánico, en Nueva Granada, se asentase en aquellas tierras de América que llegarían, a no tardar, a ser Colombia. Viajar por España y estar en algunos lugares especialmente marcados desde lo sentimental; El Escorial, el Museo del Prado con esa presencia subyugadora de la infanta Catalina Micaela en el retrato pintado por Sánchez Coello; Santiago de Compostela, las numerosas estancias de la Alhambra, con un mensaje de reconocimiento de la propia personalidad, integrando un pasado leído en los ojos del gorrión del Mexuar; la iluminación cotidiana que lleva a la asimilación de un lugar propio en el mundo, en una pequeña calle cercana a la Mezquita de Córdoba; o el espaldarazo recibido ante la visión de ese arquetipo de lo hispánico que es don Quijote, vislumbrado durante su vela de armas en una venta de La Mancha; o el Cádiz que guarda viva la memoria de los Mutis. Así es desde lo poético; otros paisajes españoles aparecen descritos en la narrativa del ciclo de Maqroll el Gaviero. En una librería de viejo en el barrio gótico de Barcelona encuentra el narrador, alter ego del propio Mutis, la Enquête du Prévôt de Paris sur l’assassinat de Louis Duc d’Orleans (1865), en cuyo interior están, manuscritas, las hojas que contienen La Nieve del Almirante; en Barcelona, también ese mismo narrador será el salvador, en una de sus muchas caídas al infierno, de Maqroll, gracias a que en el Bar de Boadas, “en donde mi amigo Luis Palomares me había introducido con recomendación de que me atendieran especialmente” (1993:189), conoce a un funcionario del Consulado Británico, el cual será el factor fundamental para sacar de la cárcel al Gaviero, en Abdul Bashur, soñador de navíos. También Mallorca, y ahí están los territorios que pertenecieron en su tiempo a la Corona de Aragón, en “Jamil”, el último de los relatos que forman Tríptico de mar y tierra; en Pollensa se recluye el Gaviero para cuidar de unos astilleros prácticamente abandonados en un paisaje mediterráneo que está presente de continuo en su obra, en especial en la construcción del personaje de Abdul Bashur.El león de la Alhambra

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Cayo Aelio Galo en la Arabia Feliz (Año 25 a.C.)

Este calor sofocante.

Mis soldados han muerto. Dos legiones
perdidas en la inmensidad del desierto;
sus bruñidas armaduras,
las que lucían al salir de Egipto,
marcaron, como mojones, un camino.

La misma vía que lleva a la destrucción.

Yo quedo, solo.

Un oasis parece mi salvación,
pero simplemente prolonga mi agonía.

Augusto deseaba desde Roma
el incienso, el oro y la belleza
de Balkis, la reina de Saba,
cantada por Salomón, rey de judíos.

Tomamos al asalto Asca, Athrula;
fuimos derrotados por el sol
ante las murallas de Ma’rib.

Nómada, si encuentras mis palabras de sangre,
llévalas junto con mi espada,
ante Roma, ella te dará recompensa.

Era imposible.

Ciudadano romano soy,
muero en la arena.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)cesar-augusto-museo-del-teatro-romano-zaragoza

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