Emilio Salgari. Los cuentos marineros de mastro Catrame

El mar de la imaginación

(Los cuentos marineros de mastro Catrame.  Bruguera. Barcelona. 1982 

Los_cuentos_marineros_de_mastro_CatrameNunca me he sentido culpable por volver a acercarme a uno de esos libros publicados por Club Joven de Bruguera, allá por la adolescencia, cuando el mundo se dividía en dos colores diáfanos y uno estaba dispuesto a comprometerse a ultranza por uno o por otro; no existían los grises desvaídos que producen la vida tibia.

            Bueno, más allá de esta confesión, hoy quiero escribir sobre una de las obras de Emilio Salgari. No dejaré de recordar la injusticia de que un hombre como él, que tantos sueños ha movido en tantos lectores, fuese tan injustamente tratado en vida, llegase a una muerte dolorosa después de una existencia de trabajo y desgracia, y todavía no haya alcanzado el lugar que le pertenece entre los grandes fabuladores del género de aventuras.

Emilio_Salgari           Los cuentos marineros de mastro Catrame es una colección de relatos ensartados por una circunstancia: el anciano marino mastro Catrame (el maestro alquitrán) es emborrachado a traición y su capitán le castiga con que ha de contar diez relatos en diez noches sucesivas. Este es un escarmiento tremendo, pues mastro Catrame huye de todo contacto con sus semejantes, posiblemente porque a lo largo de su existencia no tuvo muchas posibilidades de ver el lado bueno de sus compañeros de travesía. La narración nace como una pena impuesta y por el milagro de la capacidad humana que es el hablar, las historias se van a ir apoderando de la realidad, por mucho que, en todo momento, el capitán, representante de lo racional, intente explicar mediante la lógica las maravillas relatadas por mastro Catrame. La fantasía llega a adueñarse en algún momento de la atmósfera que rodea el periplo por el océano Índico, hacia la India, por un territorio cercano al que vio nacer a otra de esas voces capaces de apropiarse del tiempo para transformarlo en escenario mágico; me refiero a la encantadora Sherezade de Las mil y una noches.

            Así es descrito mastro Catrame:

“Caminaba, es cierto, de lado, como los cangrejos; se balanceaba siempre, incluso cuando el buque estaba quieto y el mar totalmente en calma, como si tuviese el mal de san Vito, de tan habituado como estaba al cabeceo y al mecimiento; pero andaba derecho, y cuando pasaba ante el capitán o los oficiales, mantenía la cabeza alta como un jovencito, y de aquellos ojillos de un gris oscuro, que parecían estar a punto de cerrarse para siempre, emanaba un vivo resplandor. ¡Qué oso estaba hecho, aquel mastro Catrame! Tosco como un guante de hierro, bruto a veces, aunque en el fondo no era malo; supersticioso como todos los viejos marineros: creía en los buques fantasmas, en las sirenas, en los espíritus marinos, en los duendes, y era parco en palabras. Parecía que le costase un esfuerzo hacer oír su voz, se explicaba casi siempre con monosílabos y guiños, no le gustaba, por ello, la compañía y prefería vivir en el fondo de la tenebrosa bodega, de la que no salía más que a regañadientes. Se hubiera dicho que la luz del sol le dañaba y que no podía vivir lejos del olor acre del alquitrán, y quizá por eso le habían aplicado aquel apodo, que luego con el tiempo, habría de convertirse en su verdadero nombre. ¿Quién había visto a aquel hombre bajar a un puerto? Nadie, sin duda. Sentía un horror instintivo por la tierra, y cuando el barco se acercaba a la playa, se le veía ceñudo, se le oía refunfuñar y luego iba a esconderse en el fondo de la embarcación”.

Cuentos             El mar, además del espacio de la aventura, también puede ser el de la imaginación desbordada, la mirada que descubre fantasmas en las luces que emergen de las aguas fosforescentes, y también de los seres que, al salir de las profundidades quizá pretendan satisfacer los sentimientos mediante los cuales el hombre puede alejarse de su soledad, aunque en ese momento de ofrecimiento el sacrificio se transforme en tragedia. Uno de los cuentos más evidentes al respecto es el de “Las sirenas”:

“aunque no me creeréis, vi surgir en medio de la estela del barco, entre la cándida espuma, ¡una cabeza…! Estaba oscuro, es cierto, pero la espuma era blanca, casi fosforescente, ¡y aquella cabeza se distinguía nítidamente…! La vi emerger y desaparecer dos veces, y juraría haber oído también un sonido, una voz que me pareció humana. Si me preguntaseis si era hermosa o fea, si era rubia o morena, no os lo sabría decir, pues mi estupor era tanto, que me impidió ver con claridad; pero había visto una cabeza humana; de eso estoy seguro”.

Cuentos_emilio_salgari   Con sus palabras, mastro Catrame consigue el efecto de encandilar a sus oyentes, el objetivo de todo buen narrador: “nadie respiraba ni parpadeaba; estábamos todos, impresionados y los rostros de los grumetes y de los jóvenes marineros habían palidecido. Sólo el capitán se mantenía impasible, y en sus labios se dibujaba una sonrisa burlona”. Hasta llegar, en algún momento, a transmitir el horror: “un estremecimiento de terror recorría al auditorio ante aquella solemne afirmación del viejo marino. Los grumetes se apretaron contra los marineros, contra los oficiales. En aquel momento se habría oído volar una mosca, de lo profundo que era el silencio que reinaba en el barco, y se percibían los latidos de los corazones”.

            Mastro Catrame era un marino de los viejos tiempos, cuando el océano todavía estaba teñido del romanticismo de la navegación a vela; cuando viajar era una práctica que requería de ciertas ceremonias entre paganas y burlescas, como la del cruce de la línea ecuatorial, motivo de una de las historias contadas por el anciano Catrame donde cuenta que “se había embarcado en calidad de gaviero en una vieja corbeta cuyo nombre no recuerdo ahora, pues han pasado largos años desde entonces. Pero era un buen barco, un buen velero, algo viejo, sí, pero con las costillas aún robustas, destinado a los largos viajes por el océano Atlántico y el Índico”. Así conocemos que era de la misma hermandad que otro marino, gaviero y narrador, encantador con la palabra como es Maqroll el Gaviero.

            Otros rasgos hacen coincidir los retratos de este último con mastro Catrame.

            Así relata cómo quedó varado en una ocasión en Cantón, “una de las más ricas ciudades del Celeste Imperio”: “La tierra firme me era tan odiosa entonces como ahora y no sintiendo bajo los pies el balanceo de un buque, sufría, como un condenado; por lo tanto, precisaba embarcarme, si no quería caer enfermo y morir de aburrimiento. Añado, además que la cuestión pecuniaria se imponía seriamente ya que siempre he tenido la costumbre de no guardar un céntimo. Y de hecho, ¿de qué me servían a mí los ahorros? Dado que uno ha de morir en el charco, es mejor marcharse con los bolsillos vacíos, teniendo en cuenta que allá abajo, en el fondo de los abismos, no hay tabernas, y que los peces no venden botellas”.

            Entre los episodios marinos que relata mastro Catrame hay uno especialmente macabro; en él se recupera la tradición del buque maldito contada en los siguientes términos: “las leyendas de muchos pueblos, no sólo europeos sino también de otros continentes aseguran que ese buque fantasma contiene los despojos de marineros muertos durante las tempestades, o los de los más valientes guerreros que perecieron combatiendo en el mar por santas causas, o los cadáveres de aquellos audaces saqueadores del mar que fueron los escandinavos, restos, todos, de personas confiadas al océano hace siglos y más siglos y reunidos en el negro barco”.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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