Planteamientos filosóficos

EL TAROT DE LOS ILUMINADORES DE LA EDAD MEDIA
OSWALD WIRTH
(Fragmento)

El Tarot de los Iluminadores e la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera¿Hasta qué punto hablar de Ocultismo implica tratar de Filosofía?

A lo largo de la Historia de la Filosofía una de las preocupaciones fundamentales del pensamiento es lo trascendental o la indagación en torno a qué es el alma, entendiendo que el ser humano, y la creación, son algo que van más allá de lo meramente físico. Desde el punto de vista del ocultismo, Guaita en La serpiente del Génesis explica este proceso de la creación desde el inicio del Evangelio de san Juan, con la presencia del Verbum divino que es trasunto del gran Adán, del Adán Kadmon de los cabalistas, del Zohar, el Verbo Absoluto o el Cristo Glorioso, así, escribe: “Dios no ha creado al hombre individual, sólo ha hecho esta individuación posible. El individuo se ha creado a sí mismo. El alma ha descendido pues del cielo, y se ha encarnado en la ciega materia. Desde ese momento muere como esencia espiritual, más aún, se duerme en un sueño más o menos profundo. En ella, la materia vela al espíritu, y Lamartine era profeta sin saberlo al decir: <el hombre es un dios caído que recuerda los cielos>”.

Culturalmente, la época histórica que le tocó vivir a Oswald Wirth es de confluencia de tres movimientos que marcarán el pensamiento occidental desde la segunda mitad del siglo XIX: la recuperación de un misticismo que hereda el saber hermético procedente de la Antigüedad; el racionalismo y el existencialismo cuyas primeras manifestaciones hay que situar a finales del siglo XIX, continuador del pensamiento de autores como Schopenhauer o Kierkegaard. A diferencia del ocultismo, los otros dos –Racionalismo y Existencialismo- se mueven en el territorio de la existencia contemplada como algo lógico y físico que se extiende en dos dimensiones: la espacial y la temporal. Ambos son fronteras que marcan un paisaje tan angosto para el ser humano que ha de buscar algo que va más allá; y es ahí donde nos encontramos con la fantasía, la imaginación y la intuición que, como señala Wirth en El tarot de los iluminadores de la Edad Media, es el primer acercamiento que el homínido tiene a la esencia que ha de separarle del resto de los seres vivos. Se hace necesario cruzar las fronteras de un espacio tan estrecho pues, de otra manera, el único resultado va a ser la angustia o el asco ante la nimiedad del ser humano, de la realidad toda, que es falsa.

tabla numericaPor lo que respecta al Racionalismo, que se arroga con el derecho a ser la plena expresión del hecho diferenciador de la especie humana, no deja de ser una construcción tan relativa como puede ser la creación de un mundo fantástico, por mucho que se cubra de la pátina de lo lógico. Los modelos cambiantes de la ciencia que se fundamentan en la racionalidad materialista son un claro ejemplo de cómo tales edificios lógicos no alcanzan la categoría de lo absoluto. Oswald Wirth compartió su tiempo con uno de los mayores revolucionarios en lo que respecta a la contemplación del mundo: la primera teoría de la Relatividad de Albert Einstein es de 1905; con ella se abre la puerta que ha de comunicar la existencia con la trascendencia.

Las diferentes fases del desarrollo de la racionalidad humana generan argumentos que, además de su mero interés histórico, no dejan de tener un valor que los aproxima a la ficción más fantástica. Recordemos al respecto las biografías medievales de Alejandro Magno (el Libro de Alexandre, por ejemplo, o el Pseudo-Calístenes si retrocedemos un poco más en el tiempo); el gran conquistador decidió cruzar las fronteras de un poder que se basa exclusivamente en la dominación de territorios; quiere alcanzar el poder supremo que es el saber y para ello va a viajar a unos dominios inexplorados mediante unos medios tan fantásticos como los que muchos siglos después utilizarían autores como Julio Verne o Emilio Salgari, adelantando procedimientos tecnológicos que serían desarrollados a principios del siglo XX. Esta es la ficción del desarrollo racional y cientifista. Su evolución, especialmente a partir del último cuarto del siglo XX se aproxima a cierta explicaciones que muy bien podrían ser comparadas a ciertas cosmogonías mitológicas o a ciertas explicaciones del universo desde lo geométrico (el punto vibracional que genera la totalidad es un paradigma muy del gusto de la filosofía ocultista y de la ciencia que establece el Génesis en la teoría de la explosión y expansión que habrá de concluir en una nueva condensación de la materia).

Desde el momento en que Oswald Wirth escoge el título de su obra, El tarot de los iluminadores de la Edad Media, acorde al objeto que se propone estudiar, se está situando en un panorama ajeno a los adelantos de la ciencia positiva y del racionalismo, aunque él mismo confiesa que va a utilizar los hallazgos de la Arqueología para asentar con más firmeza los valores del libro más antiguo de la humanidad. El tarot, tal y como lo presenta Wirth hunde sus raíces en una época anterior a lo racional según el paradigma definido en la Edad Moderna, y en un ámbito social alejado del averroísmo, del aristotelismo o del tomismo medievales –como se guste-, un ámbito en el que se prefiere la cábala, el hermetismo, la astrología, de la Gnosis, que es un conocimiento intuitivo, irracional y místico, desde el simbolismo que, en definitiva, pretende alcanzar un universo que no puede ser cuantificado ni cualificado desde una taxonomia plenamente lógica; esa misma lógica que, desde dentro, Einstein desmonta, recuperando el mundo libre –que no relativo- ejemplificado en El Loco y El Mago, principio y final del tarot; con esta afirmación situamos la baraja como más meditativa que adivinatoria –pues nada puede negar el libre albedrío del hombre- en el ámbito interior más puro que es el del símbolo.

La serpiente del génesis. El tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de RoccaneraA muy grandes rasgos, desde luego, hay que considerar que la base del pensamiento filosófico –lo anterior sería la religión y el mito- sobre la que se asienta el ocultismo es Platón, sobre todo desde las lecturas que de su obra realiza la corriente neoplatónica. Esta escuela llegará con fuerza al Renacimiento y originará un pensamiento trascendental que está representado en autores como Marsilio Ficino, Pico de la Mirandola, Giordano Bruno, Cornelius Agrippa. Este esquema del mundo, que admite un universo que no es físico, aunque, a la vez se aleja de la ortodoxia de las creencias establecidas, pervive hasta el siglo XVIII. La época de las luces pretende explicar la existencia desde la razón, cosa que no es óbice para que la postura deísta permita el desarrollo de movimientos que son tanto de ilustración como de iluminación mística y teúrgica. Ahí, en el siglo XVIII nos vamos a encontrar con figuras como Martines de Pasqually y su Tratado de la Reintegración, origen de una orden tan mistérica como la de los Elus Coens, los Sacerdotes Elegidos, para mantener el culto que respeta el valor de la creación como expresión desde la emanación del Uno. La influencia de Martines de Pasqually marca el desarrollo de la filosofía mística de Louis Claude de Saint-Martin, origen del Martinismo; y a Willermoz, uno de los principales reformadores de la Masonería. Tanto uno como otro van a marcar directamente el desarrollo de los movimientos ocultistas del siglo XIX, bien desde la prolongación del Martinismo de Papus, la Francmasonería y la orden de la RosaCruz Cabalística. En todos ellos nos encontramos con nombres que aparecen frecuentemente a lo largo de esta exposición. El estudio, así sea mínimamente, de las corrientes antiguas de pensamiento se hace necesario a la hora de interpretar el pensamiento de los ocultistas de la época contemporánea, lo explica perfectamente Lepage (1988) en estas palabras: “no hay soluciones nuevas en el dominio de la metafísica, sino el reconocimiento de las viejas ideas con las que, después de su encarnación en la materia, el espíritu del hombre apacigua sus angustias”.

Un momento sumamente significativo se produce en la época medieval, aparente ruptura con el pensamiento griego, aparente porque el mundo de lo trascendental sigue siendo lo que da sentido a la existencia humana y a la creación en general. Cambian los nombres y los cultos o la lógica pero pervive esa consideración de lo humano como algo que va más allá de lo puramente físico.

Portada Libro El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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