EL HERMANO DE LA COSTA

SOBRE EL PIRATA(O EL HERMANO DE LA COSTA) DE JOSEPH CONRAD

UNA FUENTE PARA LA NARRATIVA DE ÁLVARO MUTIS

El Hermano de la Costa está fechada en 1923 y es la última novela en vida de Joseph Conrad (1857-1924)

Retrato de Joseph Conrad

La narrativa de Joseph Conrad se parece mucho a esa persecución marina que leemos al final de la novela; el significado se cree al alcance de la mano, sin embargo, en algún momento, un golpe de timón o un viento afortunado hace que se pierda el sentido unitario de las palabras que forman el relato; y así nada concluye hasta que la última pieza del puzzle que forma la historia es puesta en su sitio.

Este tipo de novela es diferente a las aventuras que podemos apreciar en otros autores como Emilio Salgari o Rafael Sabatini. En Joseph Conrad se hace evidente que las técnicas narrativas han sufrido una depuración a lo largo del siglo XIX, aunque el antiguo marino polaco no rompe con algunos elementos que ya se localizan en el Romanticismo: los amores del Teniente Réal, de la armada, y la huérfana de la Revolución; la misma construcción de ésta, Arlette, nos aproxima a algunos rasgos que encontramos en las novelas de Victor Hugo, también es así con el amigo lisiado de Peyrol. De la misma manera, en el Realismo: la configuración del Hermano de la Costa, esa imagen de toda una nación, tal y como hace Balzac en Los Chuanes; o el amor crepuscular, pero igualmente hermoso, que se vislumbra entre Peyrol y Catherine.

Cuando pensamos en piratas, inmediatamente nos trasladamos al Caribe, a las Antillas, a Veracruz, Maracaibo, Cartagena de Indias o el Morro de San Juan en Puerto Rico; quizá el Océano Índico, allí donde sus costas se llaman Malasia…, con Peyrol en esta novela de Joseph Conrad vamos más hacia un hombre que ha vivido a sangre y fuego en Oriente –no tanto como su oficio sugiere-, pero que regresa a su patria, muy cerca de las convulsiones revolucionarias, para retirarse cerca de Tolón, donde al parecer está su incierto origen, después de un golpe de fortuna que ha puesto en sus manos una fortuna que le va a permitir vivir tranquilamente, cumpliendo el sueño de tantos piratas que pretenden alejarse del mar teñido en sangre, aunque jamás logran el retiro ansiado -así se retratan los filibusteros de La isla del tesoro de R.L. Stevenson.

Pero Peyrol es un personaje trágico, como lo es todo el ambiente que le rodea en la costa cercana a Tolón que ha escogido como residencia, y por ello el destino va a ir a buscarlo y, así, un desesperanzado lobo de mar solitario y ajeno al mundo se transforma en un ejemplo más de ese desencanto que define a Maqroll el Gaviero cuyas raíces se adentran profundamente en una novela como es El hermano de la Costa.

A todo ello hay que sumar espectaculares momentos poéticos en los que el mar cobra un protagonismo especial; en estos fragmentos se ve el marino que fue Joseph Conrad.

Aquí está el principio de la novela, en traducción de J.G. de Luaces (El hermano de la costa, Destino. Barcelona. 1984)

“Después de haber entrado al romper del día en aguas del puerto de Tolón, y tras ponerse a voz con uno de los prácticos de la flota que acudió para indicarle el sitio donde debía fondear, el cabo de cañón de la Armada, Peyrol, largó el ancla del maltratado buque que traía a su cargo, entre el arsenal y la ciudad, en frente del muelle principal. El curso de su vida, que cualquiera hubiese juzgado llena de maravillosos incidentes (de los que sólo él no se sentía maravillado), le había hecho impasible a tal extremo, que ni siquiera exhaló un suspiro de alivio al oír el chirrido de la cadena del áncora. Y, sin embargo, aquel día era el último de una travesía de seis meses, casi siempre a media ración, a bordo de una cáscara de nuez cargada de valiosas mercancías, averiada, siempre en constante afán de eludir la persecución de los corsarios ingleses, un par de veces en riesgo de naufragio y más de una en peligro de captura. Pero el veterano Peyrol no había hecho más caso de estos azares que del valor del cargamento, aceptándolo todo flemáticamente, porque así era su carácter, formado bajo el sol del mar de las Indias, entre disputas con gentes de su especie por pequeñas participaciones en ilícitos botines, casi tan pronto gastados como percibidos. Estaba habituado, pues a soportar igualmente altas y bajas, en el curso de una dura y precaria vida, que ahora lindaba en los cincuenta y ocho años”.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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