Bug Jargal de Victor Hugo

Paisajes bucólicos, crueldad y exotismo

Bug_Jargan1Publicada en 1826, Bug Jargal es una de las primeras novelas de un joven Victor Hugo, cuya primera narración que llegó a la imprenta en 1823 fue Han de Islandia. Bug Jargal se inscribe en la época plenamente romántica de este autor francés; recordemos que de 1827 es su obra dramática Cromwell, hito fundamental para el desarrollo del drama romántico francés.Retrato_Victor_Hugo.El periodo romántico conservador en el que se inscribe esta novela se hace evidente en un respeto manifiesto hacia unos principios aristocráticos, notorios en el protagonista, así como en la crítica feroz, casi esperpento, en el episodio en que se retrata a uno de aquellos revolucionarios que defendían los derechos de los mulatos y los negros, con un comportamiento rastrero y cobarde, este es el ciudadano general C…, ante la crueldad de uno de los dirigentes de la revuelta, Jean Biassou

La presencia de los elementos que caracterizan al Romanticismo se manifiesta desde un primer momento en esta novela. Su apertura sucede en un ambiente de campamento militar durante la guerra entre ingleses y la Francia republicana (nos situamos en torno Bug_Jargalal año 1791, agosto es la fecha marcada para el enlace de Leopoldo con María, el mismo día del levantamiento de los negros y los mulatos contra los criollos franceses). Aparecen, prácticamente sin ninguna introducción, un grupo de personajes que conversan; no conocemos a ninguno de ellos, aunque paulatinamente se van descubriendo los protagonistas; todo desde la importancia que se le da a un diálogo muy cercano a la presentación dramática que se hará propia del teatro romántico. Ese desconocimiento de las circunstancias exactas que acompañan a los personajes y el misterio de un perro cojo, aunque acompañado también de un cierto sarcasmo por parte de aquellos que desconocen la historia exacta del sargento Tadeo, el perro Rask y el capitán Leopoldo d’Auverney. Todo ello contribuye a crear ese ambiente romántico al que estoy haciendo referencia.

El sarcasmo del lenguaje militar entre camaradas envidiosos unos de otros es un perfecto contrapunto a las palabras con las que Victor Hugo presenta al héroe romántico de esta novela: el capitán Leopoldo d’Auverney, valiente, de sentimientos puros en el amor y capaz de guardar la palabra dada, aunque ello le conduzca a la muerte.

El capitán Leopoldo d’Auverney es descrito, en un primer momento, en los siguientes Bug_Jargal_parejatérminos:

“era uno de aquellos hombres que, en cualquier rango en que los coloquen el capricho de la naturaleza o el movimiento de la sociedad, inspiran siempre cierto respeto mezclado de interés. Nada en él, sin embargo, llamaba la atención a primera vista; su continente era frío, su mirada indiferente. El sol de los trópicos al tostar su rostro, no le había dado aquella vivacidad de acción y de palabra que va unida en los criollos a una indolencia muchas veces agradable; d’Auverney hablaba poco, y era lo que se llama un hombre de acción y movimiento. Siempre el primero a caballo y el último para retirarse a la tienda de campaña, parecía buscar en las fatigas del cuerpo alguna distracción a sus amargos pensamientos”.

Aquí ya se dibujan algunos rasgos que nos muestran el ser del personaje que se irá mostrando con más detalle a lo largo del desarrollo de la historia. Aunque d’Auverney esté luchando en las filas republicanas, no comparte la ideología de la revolución. Es un aristócrata que, en realidad, está buscando la muerte sin perder el norte de sus principios, por ello le da igual que ésta llegue en el campo de batalla o en el cadalso o bajo el filo de la guillotina. Por ello “cuando empezaba una batalle, su frente parecía serena; mostrábase intrépido en la acción, como si quisiera llegar a ser general, y modesto después de la victoria, como si no quisiera ser más que simple soldado. Sus compañeros, viéndole tan desdeñoso de grados y de honores, no comprendían por qué, antes del combate, esperaba, al parecer… alguna cosa… y no adivinaban que d’Auverney, de todos los azares de la guerra, sólo deseaba la muerte”.Bug_Jargal_muerteEn el Romanticismo, y en especial en las creaciones de Victor Hugo, lo elevado se mezcla con lo que puede llegar a ser esperpéntico. Así sucederá en su drama El rey se divierte (1832) con la figura de Triboulet, o en el Cuasimodo de Nuestra Señora de París (1831). En Bug Jargal, la presentación del antihéroe es esperpéntica sin ningún atisbo de salvación moral; Habribah es un mulato deforme que sirve de bufón al hacendado de Saint-Domingue, tío del capitán d’Auverney; es un charlatán, lleno de odio hacia los blancos, envidioso por cualquier manifestación de bondad, belleza o felicidad. Victor Hugo describe a este personaje en los siguientes términos: “era uno de aquellos seres cuya conformación física es bien singular, que parecerían unos verdaderos monstruos si no hicieran reír; aquel hediondo enano era gordo, chiquito, panzudo, y se movía con extraña rapidez sobre dos piernas curvas y sutiles que, cuando se sentaba, se replegaban debajo de su vientre como las patas de una araña. Su enorme cabeza, ridículamente hundida entre los hombros, erizada de una lana roja y crespa, estaba flanqueada de dos orejas tan descomunales, que sus compañeros tenían costumbre de decir que Habribah se limpiaba con ellas los ojos cuando lloraba. Su rostro era un perpetuo visaje, siempre variado, singular movilidad de facciones, que a lo menos daba a su ridiculez la ventaja de la variedad”.

Contrapunto evidente ante la estima con la que se trata la figura heroica de Bug Jargal, el personaje que da título a la novela, luchador por los principios de igualdad y libertad; heredero de un monarca del Congo que sufrió las desgracias de la esclavitud con toda su familia después de que su padre fuese engañado por los blancos tratantes de esclavos.Masacre_levantamiento_negros_Saint_DomingueEn Bug Jargal el idealismo del héroe romántico –tanto Bug Jargal como Leopoldo d’Auverney- se une a la expresión del exotismo en la descripción de los rebeldes negros, así en la de las griotas: “los numerosos brazaletes de vidrio azul, rojo y morado que brillaban en sus piernas y brazos, en los anillos que lucían en sus orejas, en las sortijas que adornaban todos los dedos de sus manos y pies, en los amuletos que llevaban pendientes del cuello, en el delantal de plumas de varios colores, único vestido que cubría su desnudez y, sobre todo, en sus acompasados clamores y en su vagas delirantes miradas conocí que eran griotas”, personajes equivalentes a los juglares en África; “poseídas de un demonio insensato, acompañaban las bárbaras canciones de sus maridos con danzas lúbricas presentando una parodia grotesca de las bailarinas de la India y de Egipto”. O en la mezcla de la crueldad y sortilegio burlesco con las que el brujo-obi Habribah comienza su culto, mezcla de lo ancestral con un esoterismo aprendido de los blancos y carente de todo sentido: “Yo os saludo, Salomón, Zorobabel, Eleazar Thaleb, Cardan, Judas Bowtharicht, Averroes, Alberto el Grande, Boabdil, Juan de Hagen, Ana Baratro, Daniel Ogrumof, Raquel Flintz, Altornino”. Un abigarramiento que, como las interpretaciones quirománticas posteriores, nos acercan a un temprano interés de Victor Hugo por el ocultismo (mucho antes de que llegue su iniciación al espiritismo durante su destierro en las islas de Jersey y Guernesey).Mapa_Isla_Santo_Domingo_1722El ambiente de la isla de Santo Domingo es presentado en un primer momento como idílico, desde el bucolismo de las relaciones entre niños de Leopoldo y María. Sin embargo se trata de un territorio salvaje en el que acabará estallando la tragedia, anunciada tanto en la crueldad de los colonos con los negros y mulatos como en una naturaleza salvaje ejemplificada en el caimán que está a punto de causar la muerte de María o en esta descripción de la selva hecha mientras Leopoldo d’Auverney se dirige hacia una muerte grotesca a manos de los negros que le han capturado

“bajamos a un pequeño valle que me hubiera encantado en cualquier otra ocasión. Cruzábale de parte a parte un torrente que comunicaba al suelo una fecunda humedad. Aquel torrente, al llegar al extremo del valle, se precipitaba en uno de los lagos azules en que abundaban las llanuras de Santo Domingo. ¡Cuántas veces, en tiempos más felices, me senté a meditar en las orillas de estos hermosos lagos, a la hora del crepúsculo, cuando su azul se convierte en una sábana argentada que el reflejo de las primeras estrellas de la tarde cubre de lentejuelas de oro!… Veíanse allí plátanos y palmeras de extraordinaria altura y fortaleza; espesos ramilletes de <mauricias>, especie de palma que excluye cualquier otra vegetación bajo su sombra; dátiles, magnolias con sus anchos cálices; enormes catalpas ostentando sus hojas lisas y recortadas entre los racimos de oro de los abenuces. Allí, el manzano del Canadá mezclaba sus flores, de un amarillo pálido, a las azules aureolas con que se cubre aquella especie de madreselva silvestre que llaman los negros coali. Verdes cortinas de enredaderas ocultaban a la vista el adusto color de las cercanas rocas. Elevábase de todos los puntos de aquel suelo virgen un perfume primitivo como el que debió respirar el primer hombre sobre las primeras rosas del Edén”.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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