MAHÂBHÂRATA

COMENTARIO A UN FRAGMENTO DEL MAHÂBHÂRATA
ENFRENTAMIENTO DE BHÎMA CON KSEMADHÛRTI

En medio de este gran ejército cabalgaba el fuerte Bhîma
sobre su elefante, avanzando para atacar con los suyos,
adornado con una diadema, la afilada lanza en su mano,
quemó al enemigo con el calor del brillo del sol de mediodía.
Cuando Ksemadhûrti lo vio de lejos, desde su elefante
llamó a los que ansiaban la batalla y se lanzó alegre al combate.
Los dos elefantes, de igual fuerza y terriblemente violentos,
chocaron como dos enormes montañas el uno con el otro.
Y Ksemadhûrti rugió, cogió con fuerza el asta y lanzó
con su mano siete lanzas, que impactaron en el pecho de Bhîma.
También Bhîma cogió el asta de la lanza, de hierro resplandeciente
Igual que el sol, y la arrojó a su enemigo con todas sus fuerzas.
Entonces ya había tensado el príncipe de Karûsa el fuerte arco,
diez flechas impactaron en la lanza de Bhîma y seis veces diez en el hijo de Pându.
Bhîma también tensó el arco, que retumbó como los rayos de las nubes tormentosas,
su flecha impactó en el elefante, mientras él entonaba su grito de guerra.
Herido por un enjambre de flechas, el elefante de Ksemadhûrti
huyó de la batalla, igual que una nube perseguida por el viento.
Pero al instante lo siguió el elefante real de Bhîma en su huida
como una nube azotada por la tormenta en la borrasca, sigue al otra.
Ksemadhûrti detuvo con fuerza al elefante en su huida
y cubrió con una oleada de flechas al animal de Bhîma.
Poseído de la salvaje ira del combate, hirió al Pândava
y alcanzó a su elefante en el lugar preciso.
El elefante real de Bhîma o Bhârata, cayó a tierra,
pero el héroe Bhîma saltó a tierra al desplomarse aquél.
Derribó el elefante de su enemigo con un golpe de maza
Y Ksemadhûrti saltó del animal, que cayó muerto a tierra.
Cargó contra Bhîma con su afilada espada,
pero Bhîma lo derribó con un golpe de su maza.
Allí quedó tendido, con la espada en la mano y su animal muerto sobre el campo de batalla,
como un león golpeado por un rayo en un bosque, hendido por el rayo.

Este fragmento del Mahâbhârata pertenece al libro octavo, titulado “Karnaparvan”, que traducido es el Libro de Karna. Karna es un rey de los Anga que dirige el ejército de los Kuravas durante la batalla que enfrenta a estos con los Pandavas en Kuruksetra. Este combate comienza a ser descrito en el libro sexto; ahora se encuentra en la jornada diecisiete. Bhîma, uno de los héroes de los Pandavas, está causando una gran mortandad en el ejército enemigo, y Arjuna se enfrenta al rey Karna y le da muerte de un flechazo en la espalda, mientras el Anga intenta sacar su carro de las aguas cenagosas de un pantano.

El protagonista de estos versos que vamos a comentar es Bhîma. Cabalga sobre su elefante y se dirige hacia los Kuravas sus enemigos. Como en el mundo épico es necesaria la existencia de un antagonista que sirva como contrapunto de las virtudes heroicas del héroe, pronto se destaca en este momento la presencia del príncipe de Karûsa, Ksemadhûrti el cual en ningún momento es calificado negativamente, ya que la grandeza de un enemigo derrotado aumenta la gloria del vencedor en una lid y aquí se describe directamente a los guerreros en el campo de batalla; de manera muy diferente es descrito a lo largo del poema la figura del traidor Dyushandir.

Formalmente, el fragmento contiene dieciséis slokas de las cien mil que forman el Mahâbhârata. En la traducción de Otto V. Glasenapp se mantiene con muy buen criterio, para transmitir un cierto paralelismo con respecto al original, la división de la sloka en dos partes.

Bhîma, uno de los príncipes de los Pandavas más destacados a lo largo del Mahâbhârata, ahora se enfrenta a Ksemadhûrti, también denominado como “príncipe de Karûsa”; este tipo de calificativo -perífrasis o circunlocución- cercano al gentilicio es muy frecuente en la épica, tanto que en algunos casos, no es este, la denominación sustituye al nombre del personaje, lo cual hace necesario un buen conocimiento por parte del receptor del mundo en el que se desarrollan los hechos, cosa perfectamente lógica dado que los poemas épicos, y las epopeyas en concreto todavía más, nacen en una sociedad determinada para alimentar un sentimiento de nacionalidad y la creación de una visión del mundo común a todos los que la forman.

Otro de los rasgos que caracterizan la épica -y son casi todos lo que aquí aparecen- es la utilización de epítetos con una finalidad ornamental y de creación de ambiente heroico y bélico: el “fuerte Bhîma”, “la lanza de hierro resplandeciente igual que el sol”, “la salvaje ira del combate” que posee a los luchadores. En algunos casos esta descripción se hace desde la frecuencia de la hipérbole: la hoja de la lanza de Bhîma, al reflejar el sol del mediodía quema al enemigo, los elefantes chocan como “dos enormes montañas”, siete son las lanzas que impactan en el pecho de Bhîma, el arco retumba como “los rayos de las nubes tormentosas”. Nos estamos moviendo en una realidad épica muy cercana al mundo de las divinidades, recordemos que Krisna tiene un protagonismo muy especial en la obra, así que estas desmesuras son perfectamente verosímiles.

Si tuviésemos en cuenta la realidad de la épica occidental -especialmente la medieval española- hay elementos que, sin duda, han de llamarnos la atención: las armas utilizadas por los héroes, salvo la espada, no son muy frecuentes en personajes como el Cid o Roland: la maza, el arco, la lanza. Mucho más llamativo es el hecho de que los héroes se encaminen a la batalla montados en elefantes de guerra, lo cual, por otra parte no es desconocido en las narraciones épicas de la tradición grecorromana o en la romance medieval europea. Recordemos los textos occidentales que tratan de la formación del imperio de Alejandro Magno, cuyas fronteras se extendieron hasta la India: ahí están La vida de Alejandro Magno de Pseudo-Calístenes, la de Quinto Curcio, la Anábasis de Flavio Arriano y las versiones que, ya en lenguas vernáculas, se transmitieron en versos, el Libro de Alexandre, perteneciente al Mester de Clerecía, en Cuaderna vía y durante el siglo XII en Castilla, es un magnífico ejemplo.

A lo largo del Mahâbhârata encontramos dos visiones contrapuestas respecto a la guerra. Por un lado, la de Arjuna cuyas dudas antes de entrar en combate son la excusa perfecta para que se entable el diálogo del Pandava con su auriga-Krisna, dando lugar a uno de los fragmentos más conocidos de la obra por su valor esotérico, la Bhagavad-gita. El otro es el que manifiestan los guerreros que participan en el fragmento que estamos comentando, poseídos de “la salvaje ira del combate” se lanzan alegres a la lucha, como leones. Sin embargo, hay una imagen que trastoca un tanto el sentido que posteriormente encontraremos en textos más tardíos: el héroe es descrito como un león y como tal se hace acreedor de ese símbolo tanto del poder y de fiereza, pero en este fragmento la comparación con el león corresponde al momento en que Ksemadhûrti yace yerto después de la acometida de Bhîma, “como un león golpeado por un rayo en un bosque”; hasta en el trance final de sus vida estos héroes son como leones, quizá esta sea la lectura que tenemos que hacer de una imagen como ésta.

No deja de ser interesante el comprobar cómo pese a lo alejado tanto del tiempo como del espacio de este texto respecto a la tradición occidental, son muy numerosos los puntos en común entre la épica india antigua y la occidental, más moderna desde el punto de vista de su génesis, ahí nos encontramos con ese sustrato común de lo indoeuropeo, que tanto atrajo a los autores del siglo XIX en Europa, empeñados en encontrar unas raíces culturales comunes.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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