Comentario del Eclesiastés

VANIDAD DE VANIDADES, TODO ES VANIDAD.

“¡Vanidad de vanidades! –dice Qohelet-,
¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todas la fatigas
que lo agotan bajo el sol?
Generación va, generación viene,
la tierra siempre está quieta.
Sale el sol, se pone el sol,
jadea hacia su puesto; de allí vuelve a salir.
Camina al sur, gira al norte,
gira y gira y camina al viento.
Todos los ríos caminan al mar,
y el mar no se llena.
Del sitio adonde llegan los ríos
de allí vuelven a caminar.
Lo que fue, eso será; lo que pasó, pasará;
nada hay nuevo bajo el sol.
Si de algo se dice: “mira, esto es nuevo”,
ya sucedió antes de nosotros.
nadie se acuerda de los pasados,
y lo mismo pasará con los futuros:
no los recordarán sus sucesores”.

Antología de la poesía hebrea. Fundación Teresa de Jesús.

menorahEstos versos del Eclesiastés ejemplifican el género sapiencial o didáctico que encontramos en el Antiguo Testamento. La enseñanza que transmiten bien podría resumirse como la necesidad de no aferrarse a nada que tenga que ver con la existencia terrenal, pues todo pasa y de nada ha de quedar memoria. El transcurrir del tiempo hace que todas las preocupaciones de la vida, ni la riqueza ni el conocimiento, sirvan para nada, pues todo es vanidad, todo se encamina a la muerte, la cual desdibuja los senderos que han podido ser trazados por sea quien sea que los haya recorrido. A la vez, también es vanidad considerarse como un individuo claramente perfilado, con unas experiencias que son propias puesto que la eternidad está marcada por la repetición, por los ciclos que hacen que todo que es, ya haya sido o pueda volver a ser. Así que, el ser humano concreto no es importante; su historia se borrará y, además, vendrán otros que consigan los mismos logros.

toledo-santa-maria-la-blancaEstos dos principios son característicos de la literatura hebrea antigua, marcada por el fatalismo que supone la aceptación de un Dios omnipotente y omnipresente en cada uno de los pasos de la Creación. Tal cosa se hace evidente desde el primer momento del Génesis, cuando Todo es una manifestación de la voluntad divina y se concretará cuando, llamando a Abraham, éste seguido por el que pasa a ser el “Pueblo Elegido”, abandona su país para ir a buscar una tierra prometida a la que los hebreos todavía tardarán siglos en llegar. Del mismo modo, también es característica del mundo judío –y por lo tanto del Antiguo Testamento-, la visión cíclica de la eternidad. Aunque este rasgo es compartido por numerosas tradiciones (casi cabría decir que el ser humano contempla la existencia desde lo cíclico). En el caso de la literatura hebrea esa repetición de los tiempos ya se hace evidente desde el primer libro que forma la Tora. En el Génesis asistimos a la Creación y al Diluvio, que es destrucción, después de la cual vuelve a suceder el desarrollarse de un mundo nuevo; la salida de Abraham hacia la Tierra Prometida será como el Éxodo del pueblo judío, encabezado por Moisés hasta llegar a Canaán; y la huida de Egipto como el retorno a Jerusalén después del cautiverio en Babilonia. Nacimiento, muerte; noche, día; oscuridad, claridad; tristeza, alegría; ciclos que se repiten una y otra vez; el eterno retorno, del que habló el gran historiador de las religiones que fue Mircea Eliade, es lo que marca este fragmento del Eclesiastés, teñido, además, por la negación, la nada, el nihilismo que cae como una losa sobre la existencia humana y sobre toda la creación.expulsion-del-paraisoEl texto aparece marcado en su principio por exclamaciones y una interrogación retórica que son expresión de sentimientos para captar la atención de un receptor al cual la verdad que se va a transmitir interesa de una manera especial. Todo es vanidad, es ese mensaje, una enseñanza para la vida, rasgo que define la literatura sapiencial.

Desde el punto de vista del ser humano, la consideración de la vida como vanidad, supone una negación de la realidad que pasa a ser algo relativo ante la omnipotencia de un Dios que marca el principio, el final y el destino posterior a la muerte.

sinagoga-de-cordobaAunque el Eclesiastés pertenezca a la tradición literaria hebrea, ésta marca directamente la evolución de la cultura occidental, especialmente la monoteísta que se desarrolla en las orillas del Mediterráneo –sea esta la judía, la cristiana o la musulmana-. Habrá que esperar hasta el siglo XV para que toda esa visión negadora del valor de la vida humana –y de toda la creación- comience a cambiar, cuando el geocentrismo dé paso al antropocentrismo del Renacimiento, que en el caso de la Literatura Española comienza a vislumbrarse en la segunda mitad del siglo XV con las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique; en estos poemas ya se anuncia la posibilidad de una pervivencia más allá de la esencia que es el alma, un sobrevivir de las experiencias humanas, de lo que ha sido la persona, en la idea de la Fama, la cual deshace ese cataclismo que es la muerte como entrada en el olvido que es la nada, aunque ésta se interpreta como la repetición cíclica o como vanidad.

El Eclesiastés define la vida desde una serie de consideraciones que, desde luego, son judías, pero no hay que olvidar que también son aceptadas por los cristianos, cuyo libro canónico, la Biblia contiene el Antiguo Testamento (la Tanaj hebrea) y el Nuevo Testamento –este escrito en griego y en buena medida ajeno a la tradición judía, con una idea radicalmente distinta de la Divinidad-. Tales rasgos son la visión de la vida como una fatiga –la maldición del trabajo y el dolor del existir consecuencia de la maldición que acompañó a la expulsión de Adán y Eva del Paraíso-, el perpetuo movimiento, cíclico y eterno, ejemplificado en el del sol, porque en la concepción hebrea es el sol el que se mueve, con un discurrir que hace que todo haya sido y nada pueda ser nuevo, hasta desembocar en la aseveración absoluta de que la muerte es total pues “Nadie se acuerda de los pasados”.

danza-de-la-muerteEn el comentario de este poema requiere prestar atención, también, a la expresión de la temporalidad, que, desde un punto de vista técnico se ve reflejada en el uso de repeticiones y paralelismos, tanto como en las enumeraciones yuxtapuestas que se complementan en una serie de coordinadas. Tiempo hay también en la alusión a una naturaleza que parece que es eterna, aunque su continuo movimiento es ejemplificado por el sol, el viento y los ríos, que como en la copla manriqueña (III de la elegía a la muerte de su padre), también van a desembocar en el mar, que es el morir. La eternidad de la naturaleza es sólo aparente, pues los elementos están regidos por el movimiento; afirmación que corresponde plenamente con un ambiente de teocentrismo como es el judío, en el cual la inalterabilidad y lo absoluto toca, exclusivamente, a la figura de Dios, centro inmóvil del que procede todo, y en todo está, aunque no aparezca mencionado en estos versos.

separar-la-luz-de-las-tinieblasEstos versículos del Eclesiastés dejan huella en el poema compuesto en castellano, en el siglo XV, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique (1440-1479)

Coplas que hizo don Jorge Manrique a la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique su padre

I

 Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuánd presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

 II

 Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.

jorge-manriqueSin embargo, esta elegía, que es de las más importantes de la literatura española (la otra bien podría ser “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca) da un salto muy relevante, característico del mundo del siglo XV, una época en la que se producen cambios muy significativos en la interpretación del mundo. Esa variación es la posibilidad de que la persona perviva gracias al recuerdo de la fama; lo cual choca con los tres versos finales del fragmento del comentado del Eclesiastés:

“Nadie se acuerda de los pasados
y lo mismo pasará con los futuros:
no los recordarán sus sucesores”.

En contraste con ella, esta copla manriqueña

XXXV

 -No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan gloriosa
acá dexáis;
aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal,
pereçedera.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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