(Pequeño poema narrativo en prosa)
Para Homero la oscuridad, el cesar del canto de cigarras y el frescor de la noche en la piel, tras el tormento del sol, eterno peregrino, rapsoda del camino.
Todavía era de día cuando el padre de Ilión y los héroes, aún en la niebla de su ceguera vagabunda de horizontes, entró en aquella gruta, paredes húmedas, sonido de agua, manantial dulce, musgo y rugir lejano de cascada.
Y, en aquel negror, fuera tórrida chicharra; en la penumbra amena, somnoliento del sendero, Homero imaginó a Ulises, despojado del bronce de las armas, entre los brazos de la ninfa, abandonado su deseo de volver a Ítaca.

























