El despertar de la sensualidad

Fermina Márquez

Valery Larbaud

Larbaud

Antonio Joaquín González

Valery Larbaud (1881-1957) es uno de los más destacados autores en la narrativa francesa de la primera mitad del siglo XX. Su obra es la plasmación de una visión aristocrática del mundo, aprendida en un peregrinaje de lujo por toda Europa durante su juventud, acompañando a su madre. A este conocimiento de lo selecto hay que unir una significativa erudición y la consideración de la literatura desde unos paradigmas cercanos a lo religioso, tanto es así que habría que plantearse si Valery Larbaud se convirtió al catolicismo, desde el protestantismo hugonote de la madre, más por la búsqueda de una espiritualidad estética. Los títulos que hay que mencionar de este autor son Fermina Márquez (1911), Las obras completas de A.O. Barnabooth (1913), Enfantines (1918) y Beauté, mon beau souci… (1921). A consecuencia de un ataque cerebral, en 1935 concluyó la posible dedicación de Valery Larbaud a la literatura. Es necesario recordar también su labor como traductor al francés: Walt Whitman, James Joyce, William Faulkner y Las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna.

Fontenay-aux-Roses_ancien_collège_Sainte-Barbe-des-ChampsEntre 1881 y 1899, Valery Larbaud permaneció en el colegio católico y de ambiente cosmopolita (muchos de sus condiscípulos eran hijos de las clases más pudientes de Hispanoamérica) cercano a la ciudad de París, Sainte-Barbe-des Champs. En buena parte, Fermina Márquez va a surgir de sus experiencias en esta institución educativa. En esta novela breve serán varios los ojos que sirvan para contemplar y describir el mundo: Santos Iturria (el aventurero de Monterrey), Demoisel (el negro haitiano que define a su madre como una pura parisiense de París), Joanny Lênoit (el alumno más brillante, aquel para el cual la perfección del mundo está en las fases finales del Imperio Romano, de la misma manera que sólo existe una posible salvación de la humanidad pasando por la asimilación de Religión e Imperio); también está ahí Camilo Moûtir (el más tímido de todos, para él la gesta máxima que logra la culminación de un curso escolar es llegar a pasear con un banderín representando los colores de la enseña colombiana ante Fermina Márquez).

betsabePorque Fermina Márquez, en definitiva es el detonante que hace surgir un mundo de experiencias, y más una visión del mundo desde la sensorialidad exacerbada de estos adolescentes que viven en el Colegio de San Agustín. Así es la primera descripción de esta musa del sentimiento encarnada en una jovencita colombiana recién llegada a París:

“¡Pero la mayor! No dábamos con palabras que pudieran expresar su hermosura, o, por mejor decir, sólo encontrábamos palabras insulsas que no querían decir nada; versos de madrigal: ojos de terciopelo, ramo de flores, etc. ¡Su talle de dieciséis años tenía al mismo tiempo tanta esbeltez, tal firmeza!, y las caderas en que se asentaba aquel talle, ¿no podían ser comparadas a una guirnalda triunfal? Y el andar seguro, cadencioso, indicaba, en aquella criatura deslumbradora, conciencia de dar ornato al mundo por donde caminaba… En verdad, traía al pensamiento las venturas todas de la vida”.

            Fermina Márquez es mucho más que una novela de educación sentimental, a la manera de Flaubert, o una bildungsroman, a la de la poética alemana. Esta novela es una perpetua exaltación de los sentidos, una prolongación de los rasgos que caracterizan la literatura finisecular –en el más puro estilo del Modernismo Hispanoamericano-. Ahí está, al respecto, la tensión que se produce mientras Joanny Lêniot enseña a Fermina las distintas estancias del internado, incluida la gran habitación en la que duermen los escolares. Ahí se une el pensamiento del calor que el cuerpo de Fermina podría dejar entre las sábanas de Joanny, como lo había dejado al tomar asiento en el pupitre donde él estudia tanto tiempo, embebeciéndose en sus libros, como el joven teniente Napoleón Bonaparte mientras se preparaba para ser el sol de una generación. El camastro frío y un crucifijo que custodia la entrada a la habitación; el deseo y el recuerdo de un libro que en su candidez –y no podemos afirmar hasta dónde llega ésta- Fermina Márquez va a recomendar al joven aprendiz de latinista, La vida de Santa Rosa de Lima

“En tanta confusión, tuvo que oír un panegírico de Santa Rosa de Lima, a quien según ella decía, se esforzaba por parecerse; y le dijo que hubiera querido sufrir todos los tormentos de la Cruz. Un día que tenía mucha sed entró con su tía y con su hermana en un café del bulevar. Pidieron bebidas heladas. Y en el momento de llevarse la copa a los labios pensó ella que Él había padecido sed en su agonía; y tan terrible era aquel pensamiento, que la propia sed le pareció llena de delicias”.

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            Literatura modernista unida a los nuevos principios de la estética narrativa defendidos desde la Nouvelle Revue Française, dirigida por Andre Gide. Este grupo, en cuyo órgano editorial se publicó por primera vez Fermina Márquez (1910), es la unión de los principios más puros del Realismo francés a las novedades que se estaban produciendo en la narrativa tanto inglesa (James Joyce) como francesa (Marcel Proust). De la fusión de estos dos extremos, realismo tradicional e innovación, surge uno de los momentos más especiales de Fermina Márquez. La exacerbación de los sentidos en el erotismo es una técnica que dominaron los grandes autores realistas (desde Madame Bovary hasta La Regenta); aquí en Fermina Márquez sucederá cuando la protagonista se sienta atraída apasionadamente por uno de los alumnos del Colegio de San Agustín, Santos Iturria, el mexicano de Monterrey para el cual las normas solo existen para ser vulneradas. Igual que sucedió con Emma Bovary, cuando leía las novelas sentimentales que distorsionan su visión del mundo; o con Ana Ozores con las lecturas piadosas que acaban creando en ella un deseo satisfecho en su soledad; los libros que marcarán el enamoramiento de Fermina Márquez son Pequeñeces del Padre Luis de Coloma y María de Jorge Isaacs; y sus efectos están en este párrafo que es una de las joyas que van surgiendo a lo largo de la lectura de esta obra de Valery Larbaud

9-Alphonse-Mucha-Autumn-1280x1024“Una noche, al entrar en su habitación, se dejó ella caer en la alfombra, sollozante. Quiso humillarse, aniquilar todo el pecado que sentía en sí, que iba a vencerla. Resolvió quedarse tendida cara al techo, juntos los pies y los brazos en cruz, durante una hora. Mas pronto se le hizo intolerable; oprimida, descoyuntada, hinchadas y a punto de estallar las venas de la cabeza, no pudo resistirlo. Levantándose, volvió los ojos a la esfera del despertador; apenas había perseverado diez minutos. Entonces se hundió ardientemente en lo que llamaba el pecado. No trataba de encontrar excusa: quería a un hombre, y aquello significaba la perdición de su alma. Quería. Y tan hermosa fue para la ella la noche, que la vivió entera, que apuró con delicia todos sus negros minutos y no se durmió hasta que fue de día”.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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