Sobre la narrativa de Raymond Carver

Transformaciones en la realidad.

Antonio Joaquín González collageEl relato es una de las formas narrativas más importantes de la literatura norteamericana y Raymond Carver es un maestro en su técnica. Sus ficciones parten de una realidad evidente, aunque en la inmensa mayoría de las ocasiones permiten dar un salto cualitativo desde la sugerencia de un estado anímico del personaje que la habita, cuando no invaden el territorio sentimental que interpreta la del lector. Esta afirmación de partida es la que puede explicar la importancia que cobran algunos instrumentos de la cotidianeidad. El teléfono se transforma en algunos momentos en un objeto ominoso que alcanza tanto el mundo ficticio como el del receptor, cuya vida puede, incluso ser totalmente ajena a la del personaje.

6a00d8341bfb1653ef0192aa3c6e59970d            El teléfono adquiere una categoría especial en dos de los relatos contenidos en Catedral. El primero de ellos “Fiebre”. La situación no puede ser más verosímil –el autor se encarga de que así lo parezca-; el protagonista es abandonado por su esposa, que lo ha dejado por un amigo; sin embargo, ella le sigue llamando amigablemente. La soledad y la fiebre serán los instrumentos que den una apariencia especial a la realidad.         La soledad es una sensación que de una forma reiterativa Raymond Carver retrata en sus escritos. La expresión de la soledad también la podemos localizar en algunos de sus poemas; así en “Galletas de Soda”, publicado en 1986 (Sin heroísmos, por favor)

“Tus galletas de soda. Recuerdo

cuando llegué aquí bajo la lluvia,

solo y abatido.

Cómo compartimos la soledad

y la tranquilidad de esta casa.

Las dudas me atenazaban

desde los dedos a la punta de los pies

cuando te saqué

de tu envoltura de celofán”

            El utensilio usual que es un mero teléfono, alcanzará una presencia más evidente en un cuento, el más sobrecogedor de cuanto he leído de este autor, “Parece una tontería”. Después de sufrir un accidente vial, justo el día de su cumpleaños un niño tiene que ser ingresado en estado de coma. Lo siniestro, junto a una desgarradora sensación de desasosiego, acompaña al timbre de las llamadas que se repiten cada vez que alguno de los progenitores del chico está en la casa. Este ejemplo es ideal para explicar la teoría de la contaminación que sufre lo real en contacto con el sentimiento generado en un hecho que puede suceder.

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            En estos relatos hay un continuo aire de amenaza que mantiene al lector en una atmósfera de tensión, la cual nunca llegará a producir un terror puro, dado que no es este el género de la literatura de Carver. Esto no es siempre tan evidente; así en “Un hombre afuera”, poema publicado en 1968 (Sin heroísmos, por favor), se sugiere un espanto interno que se inicia en el panorama cotidiano del hombre visto desde su interioridad

“Siempre hubo un interior y

un exterior. En el interior, mi mujer,

mi hijo e hijas, ríos

de conversación, libros, dulzura y afecto”

y una noche llega la presencia ominosa, el horror que le obliga a refugiarse en los brazos de la esposa

“Pero entonces, una noche tras

la ventana de la habitación, alguien,

algo, respira, se arrastra”

Todo sucede más allá del espacio habitado, en el exterior de una casa, el espacio aparentemente seguro.

 El terror se repite noche tras noche hasta que

“desnudos, con las luces encendidas nos sentamos

en el tocador y clavamos ansiosamente la mirada

en el cristal detrás nuestro, dos labios,

el reflejo del ascua de un cigarrillo”

Desde luego, al encontrarnos ante un poema, la condensación del sentimiento es mucho mayor que la que hallamos en la prosa

  gasTal desasosiego puede llevar a una expectativa que no llega a aparecer; así el lector permanece en un estado que el mismo autor definía con estas palabras cuando dio las pautas para reconocer un buen relato; “cuando alguien termina de leer algo que le parece hermoso y cierra el libro, espera unos minutos y se recoge en sí mismo”, así se expresa la conjunción de lo intelectual y la emoción, prolongado en esa sensación que permanece cuando las circunstancias anecdóticas del argumento se van borrando por la inexcusable acción del tiempo en la memoria de los hombres.

            Carver se sitúa en la estela literaria de Hemingway; para este, la literatura tenía que basarse en experiencias propias para indagar en busca de la verdad. Esta no es solo un objeto contemplado sino todas aquellas experiencias y sensaciones que sugiera la realidad descrita. Esta búsqueda no se expresa desde un simbolismo de carácter hermético, sino en la consecución de un sentimiento; por ello, es necesario que el lector se conmueva ante el personaje y sus circunstancias aunque este no tenga, en muchos casos, ni siquiera nombre. Dicho por el mismo Carver, en el autor hay “una absoluta falta de interés por los personajes arrojados con la mayor ironía posible a situaciones absurdas” (Sin heroísmos, por favor), pues lo que realmente importa es el sentimiento que se genera en el lector.

            En otros momentos, la fusión de elementos según los principios que fueron elaborados por los autores del surrealismo, va a describir una cotidianeidad desquiciada retratada en los mismos objetos que ocupan sus paisajes. Así sucede con el ambiente que se encuentran los personajes de “Plumas” (Catedral): un pavorreal, un molde de escayola de una dentadura deforme y la afirmación de que los anfitriones quieren tener un hijo; ahí leemos: “Junto al florero, sobre el tapete, estaba expuesta una de las dentaduras más melladas y retorcidas del mundo. Aquella cosa horrible no tenía labios ni mandíbulas tampoco, eran sólo los viejos dientes de yeso metidos en algo semejante a gruesas encías de color amarillo”. ¿Una experiencia que puede ponerse en palabras o una realidad desde la que dar el salto hacia una interpretación personal?

edward-hopper-room-in-brooklyn-1932-1367969563_org            Para el desarrollo del mecanismo alegórico que nace desde la realidad, es totalmente necesario describir esta con todo lujo de detalles. Es en la morosa descripción de la situación, por otra parte, donde puede localizarse el anuncio de algo que va a ocurrir. En “Tiempo revueltos” (Sin heroísmos, por favor) leemos:

“Se está afeitando y al mover la cara puede ver la habitación. Iris de perfil, sentada en el taburete ante la vieja cómoda. Pasa la navaja y se lava la cara, luego coge la navaja otra vez. En ese momento escucha las primeras gotas de lluvia en el techo. Un rato después apaga la luz de la cómoda y se sienta de nuevo en el sillón de cuero a escuchar la lluvia. Llega a ráfagas, golpeando a intervalos la ventana. Como el suave revoloteo de un pájaro blanco”.

            El primer paso hacia la metaforización del espacio se encuentra en ese segundo término comparativo del “suave revoloteo de un pájaro blanco”. Este relato, “Tiempos revueltos” es uno de los que manifiesta, de un modo evidente, esa presencia de la realidad: “Sacó una taza del armario, la llenó y se sentó cerca de la ventana para ver la calle. Encendió un cigarrillo y se puso a fumar mientras tomaba café y escuchaba el chasquido del reloj del horno. Se derramó un poco de café, miró las gotas caer por la taza y frotó con los dedos el círculo que dejó la taza sobre la rugosa superficie de la mesa”. Aunque en algún momento las circunstancias pueden llegar a una cierta deformación a consecuencia del juego con la temporalidad, “sintió una extraña sensación entonces, como si resbalara en un baño caliente y le anegaran los recuerdos sintiéndose niño otra vez”. Y todo, al fin y al cabo se transforma en una rememoración, paralela a la que puede producirse en el lector.

            En realidad, lo que prima en la lectura de los relatos de Carver es el poso de unas sensaciones más allá del argumento de unas historias que progresivamente se pierden en esa labor, similar a la de Sísifo, del lector; el olvido es la consecuencia lógica de la lectura, aunque la pérdida de los detalles no implica el que se borren unas impresiones que hunden sus raíces en lo metafórico de estos relatos.

 tumblr_lj5bp4X0rk1qhdcgyo1_1280El ambiente, para hacerse todavía más cierto, porque de su uso se automatiza y pierde su esencia, puede llegar a ser mitologizado. En “Tiempos revueltos” (Sin heroísmos, por favor), hay una caja que contiene un pájaro blanco; empieza a oler mal, así que el protagonista la tira a un río y desde allí se genera todo el proceso de ficción que la transforma en algo muy diferente, a esto es a lo que me refiero y aquí podemos ver un ejemplo: “Corre en paralelo a la caja por el lado de la orilla. Es una barca fúnebre y el río fangoso es el Nilo. Pronto la barca entrará en el océano, pero antes se incendiará y el pájaro blanco saldrá volando hacia las tierras del padre”. Algo similar sucede cuando el entorno se metamorfosea por efecto de la ceremonialización cruenta de los hechos. “Los aficionados” (Sin heroísmos, por favor) se basa en la vida de los toreros, con un final de rito salvaje: “La gente lo oye y se echa exhausta hacia atrás en sus asientos cuando ella le saca el corazón y lo brinda al sol radiante”.

            Un relato como “Poseidón y compañía”, publicado en 1963 (Sin heroísmos, por favor), resulta interesante a la hora de observar cómo lo concreto se transforma en algo trascendente. Esta es una historia en la que predomina la sugerencia desde el ambiente mitológico de Grecia, contexto que actúa como catalizador

“Sin ver nada, sintió de repente en la cara el viento que levantaba la niebla del mar. Había estado soñando otra vez. Apoyándose en los codos se acercó aún más al borde para ver la playa. Alzó el rostro hacia el mar. Sentía la sacudida del viento en los ojos, brotar las lágrimas. Abajo, los otros chicos jugaban a la guerra pero sus voces sonaban acuosas y lejanas. Intentó no escuchar el chillido de las gaviotas desde las rocas, debajo del templo, se impuso a las voces. El templo de Poseidón. Se tumbó otra vez de espaldas y volvió la cara hacia un lado, esperando”.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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