Una épica de la luz

(El libro de los Reyes. Historias de Zal, Rostam y Sohrab. Hakim Abdul-Qâsim Firdusi
Traducción del persa de Clara Janés y Ahmad Mohammad Taheri
Alianza. Madrid. 2011)

Estatua_a_Firdusi

Shahnameh (Libro de los Reyes) puede ser considerada como la más importante epopeya persa. Fue escrita por Hakim Abdul-Qâsim Firdusi, entre finales del siglo X y principios del XI. Persia hacía siglos que formaba parte del Imperio Islámico, de hecho había pasado a ser una de sus provincias más importantes cuando Bagdad es elegida como capital del Califato Abasí en el año 762. La interpretación del mundo musulmán iranio hay que contemplarla de una manera muy especial, desde las influencias culturales que se amalgaman en una práctica religiosa que tienen tanto de zoroastrismo como de Corán. Recordemos que el Avesta es considerado como uno de los libros religiosos respetados por los musulmanes, junto al Antiguo Testamento y los Evangelios cristianos. Es por ello por lo que algunos fragmentos de esta obra de Firdusi se llenan de una luz que no encontramos en otros textos de la literatura compuesta en los dominios del Islam.

            En la edición que ahora comento se contiene la andadura épica de tres héroes persas, Zal, Rostam y Sohrab. Desde el principio de la historia de Zal se deja entrever ese poso de luminosidad que caracteriza la literatura iraní medieval –concepto extensible a los textos filosóficos del Oriente musulmán tal y como fueron estudiados en su momento por Henri Corbin-.

Rostam_Miniatura_persa

            Sam, el héroe iranio, tiene un hijo, Zal, que nace con el pelo blanco, por ello ordena que sea abandonado en las montañas donde reina el ave mística Simurg dotada de poderes mágicos. Desde un primer momento, Zal es descrito como un ser de luz “un ser resplandeciente como el sol que enciende el universo”. Sam, el rey, al ser criticado por sus súbditos, reconoce el error cometido, pues ni las criaturas más salvajes abandonan a sus hijos, así que va a buscar a Zal y encuentra a un joven en el cual las señales heroicas son evidentes: “el largo cabello de Zal caía hasta cubrirle el cuerpo. Su cuerpo era fuerte como el de un elefante y su rostro como la primavera”. Un ideal de belleza al que se suma la fuerza: “el pecho y los brazos de león, la cara de sol, el corazón de héroe, la mano dispuesta para la espada, las pestañas blancas, los ojos de azabache, los labios de coral y el rostro como la sangre”. Cuando Zal abandona las montañas, Simurg le entrega una de sus plumas con virtudes mágicas.

SimurgDesde un primer momento nos encontramos en la saga de estos héroes persas con ciertos elementos que posteriormente advertiremos en el arquetipo occidental épico. Veremos otros. Sam entrega el trono a su hijo Zal y éste organiza una hermandad caballeresca. Zal se enamora de oídas de la hija de Mehrab, descendiente de Zahak el Árabe, uno de los máximos representantes de los enemigos de los persas. La descripción de la hija de Mehrab tiene interés para conocer ese modelo de belleza en el que se aúna la luminosidad de lo blanco y lo negro que caracteriza la interpretación del universo persa

“¡Mehrab tiene en su morada una hija cuyo rostro es como el sol y todavía más luminoso! De pies a cabeza se diría de marfil, su cara de paraíso, y es esbelta como la teca. Por su plateado cuerpo discurren los lazos negros de sus cabellos que, al fin y al cabo, son como una argolla de pie. Su cara es como la flor del granado y de granate son sus labios. De ese blanco cuerpo emergen dos delicadas dunas. Sus dos ojos son como dos narcisos del jardín. El negro de sus pestañas, como la pluma de cuerpo. Sus dos cejas, como dos hermosos arcos que han cubierto la piel con aroma de almizcle. Toda ella es un cielo lleno de tal belleza y gracia que despierta los anhelos”.

Muchacha_persa_MiniaturaDe la unión de Zal y Rudabeh, la hija de Mehrab, nace uno de los más importantes héroes de la épica persa: Rostam, cuyo alumbramiento ya adquiere unos claros tintes míticos por intercesión del ave Simurg. Es en Rostam en quien nos vamos a encontrar con un paradigma caballeresco cuyos ecos van a llegar a los orígenes de la épica medieval occidental, tanto en su versión de cantar de gesta como en los inicios de la narrativa artúrica.

            Rostam va a recorrer el mundo guerreando, como un dragón cuyas armas son la maza y la espada, “para él es lo mismo enfrentarse con el mal o con un tigre. Es un león devorador o un elefante de inmensa mole. Cabalgaba [en la batalla] como si de un día de caza se tratara. Parecía tomar el combate como un juego”. El mismo Rostam es consciente de su condición y así lo expresa con orgullo en estas palabras:

“La tierra está a mi servicio, mi trono es Rajsh [su caballo maravilloso que lucha contra los tigres], mi sello real es la maza, mi corona es el casco. Soy capaz de iluminar la noche oscura con mi espada. En el campo de batalla disperso las cabezas. La punta de la lanza y la espada son mis compañeros. Mi rey es mi corazón y son mis brazos. Yo soy libre, no soy un esclavo. Sólo soy siervo del Creador”.

            Sam también explicó su trayectoria como guerrero, representando los tiempos antiguos, antes de dar paso a la caballería de su hijo Zal

“Yo sirvo al rey y, donde estoy, como caballero sigo en pie. Me he ceñido el cinturón de la servidumbre y así permaneceré eternamente en la lucha, empuñando el lazo, montado a caballo y con la maza en la mano. Nadie ha visto un jinete semejante en el mundo entero. Si no hubiera de mí alguna señal en el mundo, con violencia se sublevarían los rebeldes. Hace ya largos años que mi montura es mi cama y mi caballo la tierra. Nunca deseé otra tierra o morada para mí. Para vos deseé victorias, alegría y salud. Y sabed que de mi erizado cabello y de la gran maza que hiere apenas va a quedar nada. Pronto se doblarán mi cintura y mi cuerpo. El tiempo me ha echado su lazo y, derribándome, me ha atado”.

            En su andadura épica, al igual que algunos siglos después sucederá con los héroes de los libros de caballerías, Rostam se va a encontrar con las cortes acogedoras en las que hallar la paz; es lo que sucede cuando llega a los dominios del rey de Samangán. Después de una embriagadora cena servida por “escanciadoras de esbeltos cuerpos, negros ojos y cara de rosa”, Rostam se retira a su lecho, y allí va a recibir la visita de Tahmineh, la hija del rey:

“Suavemente se abrió la puerta del dormitorio y una muchacha, con una vela perfumada en la mano, fue a sentarse graciosamente en el lecho del que se hallaba embriagado. Su cara era como la luna, su color como el de la aurora. Sus cejas como arcos, sus bucles como lazos y su altura de ciprés. Rostam, el héroe de cuerpo poderoso como un elefante, quedó perplejo y la contemplaba alabando a Dios”.

            Allí será concebido Sohrab, el héroe llamado a continuar la saga heroica iniciada en Zal si no fuese por el trágico final que conduce al enfrentamiento del padre con el hijo, tal y como sucedía en la primitiva versión del Amadís de Gaula, aunque con un resultado bien diferente, pues el parricidio se transforma en filicidio. La épica se convierte en tragedia. El padre da muerte a su hijo reconociéndolo en el último momento.

Mausoleo_de_Firdusi            Porque Sohrab es descendiente de reyes guerreros y, llegado el tiempo, también abandonará los dominios maternos para hacerse merecedor del renombre de un padre que no sabe de su existencia. En esa búsqueda de fama, Sohrab se encontrará con numerosas aventuras. En una de ellas aparece el arquetipo de la doncella guerrera, Gordafarid, hija de Gajdaham, una valiente amazona a la cual se enfrenta el héroe, para descubrir, al poco de comenzado el combate, a una hermosa princesa oculta bajo el atuendo del guerrero

“Cuando desveló su cara ante Sohrab, mostrando las perlas de sus dientes y abriendo sus labios de granate, él pensó que era como una puerta que daba al paraíso, que no había jardinero que recordara un ciprés como ella: sus dos ojos de gacela, dos cejas como dos arcos, parecía un capullo de rosa a punto de abrirse”.

            A lo largo de El Libro de los Reyes aparece en diversas ocasiones la voz de un narrador que, llevado de un afán didáctico tan frecuente en toda épica, comentará alguno de los sucesos para extraer una enseñanza. Así, sobre qué es un caballero:

“Si anhelas el título de caballero, tienes que tener preparada la espada india, no debes esquivar los males que en la batalla y en el día del fracaso se presentan. Si el tiempo te oprime con dificultades, no por ignoradas desaparecen. Si llevas la guerra con precaución, ningún valiente te considerará un guerrero. El camino de la razón y de la fe es otro. En la guerra de nada sirven las bonitas palabras”.

Miniatura_persa            Aunque en otras ocasiones, estas glosas trascienden la aventura propiamente dicha para adentrarse en el territorio de la alegoría

“Cuando es muy veloz, el viento hace caer la naranja todavía verde, y ora dicen unos que es un tirano, ora que es justo; ora lo consideramos artista, ora inútil. Si la muerte es justa, ¿qué es lo injusto? Si ésta es la justicia, ¿por qué tanto gritar? Tu alma no conoce este misterio, tú no tienes acceso a lo oculto por este velo. Todos han cruzado la puerta de la codicia, de par en par abierta, mas para nadie se ha abierto la puerta del misterio. Quizá suceda al abandonar el mundo, cuando en la otra morada se halle la paz. No hay tiempo a la hora de partir, cuando la muerte te monta en el caballo del óbito, considéralo justo, no es injusto. Cuando llega la justicia, no cabe el grito. Para la muerte son iguales la juventud y la vejez. Si la luz de la fe llena tu corazón, mejor es guardar silencio, pues eres un siervo. En el mundo vive de tal modo que al marcharte todo lo que lleves sea el bien”.

            Y no puede ser de otra manera, pues la epopeya va mucho más allá de lo narrativo.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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