Samadhi. La supraconciencia del futuro

Samadhi. Mouni Sadhu

Mouni Sadhu.
Luis Cárcamo editor. Madrid. 2004

En la voluntad que tengo que convertir la Mansión del Gaviero en una biblioteca como la que cada día llena mi cerebro, mi corazón, mi espíritu, mi vida y experiencias todas, quiero volver hoy a un tema que quizá ha estado ausente muchos días en estas páginas –no en mí-, por eso ahora reseño este libro; porque esta, también, es una premisa de la Mansión del Gaviero, dar cabida a las lecturas que enriquecen el camino.

Mouni Sadhu

Mouni Sadhu

Mouni Sadhu (‘Silencio Santo’) es el seudónimo de Mieczyslaw Demetriusz Sudowski (1897-1971), nacido en Polonia; acabada la Segunda Guerra Mundial, después de un periodo en Francia, vivió entre 1946 y 1948 en Brasil. Permaneció varios meses en la India, en el Ashram de Ramana Maharshi, al que consideró como uno de sus más importantes maestros.

Finalmente se instaló en Australia donde recibió la nacionalidad.

Ramana Maharshi

Ramana Maharshi

Samadhi fue publicado en 1962. Es el tercer libro de una trilogía (En días de Gran Paz y Concentración) en la que desde los principios de un ocultismo de raíces cercanas a la Teosofía, con elementos rosacruces, hinduistas y cristianos, se explica el proceso que ha de concluir en el Samadhi, o supraconciencia, una experiencia de iluminación que implica el autorreconocimiento de una realidad que trasciende lo físico, lo sentimental y lo mental.

Aunque la tradición india es una de las bases sobre las que se cimienta la búsqueda espiritual de Mouni Sadhu, la cristiana también es importante; esta, unida al interés por el ocultismo –evidente cuando cita autores como Juan el Evangelista, Martines de Pasqually, Stanislas de Guaita o Sedir- son las que señalan al autor en el ámbito Rosacruz.
Desde lo cristiano, es interesante destacar esta oración al Espíritu Santo, cúspide la trinidad (p. 220)

“¡Oh, Regente del Cielo, Consuelo y Espíritu de la Verdad!
Que habitas en todas las partes y todo lo llenas,
Dador de vida.
Ven y habita en nosotros.
Límpianos de toda impureza y salva nuestras almas.
¡Oh, Señor de Misericordia!”

Memorial. Virginia TechEn estos tiempos de continuo enfrentamiento, de falta de reconocimiento del otro, de sospecha perpetua, no está de más recordar, otra vez, que este eclecticismo surge de una visión que ya estaba presente en la culminación del misticismo musulmán, Ibn Arabi, en cuyo corazón tenían cabida todas las creencias, pues no dejaban de ser distintas laderas de una misma montaña con una sola cúspide.
El reconocimiento de la Verdad supone una instrucción que “debe venir del interior de nosotros mismos, esto es, de nuestro propio Atmán, despertado por nuestros propios esfuerzos y dolor” (p. 24). Este es uno de los fundamentos que continuamente defiende Mouni Sadhu a la hora de explicar el proceso de iluminación en el que siempre es básica la fuerza interna del ser humano.
Este esfuerzo, por otra parte, nunca va a ser mayor que la fuerza que tenga quien desee llevarlo a cabo, porque (p. 267) “nadie recibe nada que esté más allá de sus posibilidades de resistencia”.
Aunque el objetivo sea el espíritu, la mente es un instrumento fundamental en el desarrollo del ser pero siempre contemplada según lo leído en este párrafo (p. 233):
“La principal diferencia que divide a un ocultista de un científico oficial está en su concepción del mismo poder: la mente. Mientras que el primero considera que la mente es su sirviente y la educa, amplía y desarrolla justo para un mejor servicio sin perder nunca su posición de amo, el segundo no conoce esta división y, usualmente se identifica con lo que debería ser su sirviente, pero no amo”.

El objetivo, al final va a ser el Samadhi, descrito en estas palabras (p. 280):
“El rayo blanco, roto en diferentes colores por el prisma del mundo, inserto en su camino, es reintegrado en su pureza primordial en la experiencia de este estado supremo. No hay más acción o reacción, pues no hay hacedor en la infinitud del Espíritu”.

Entre las distintas parábolas que utiliza el autor para explicar estos elementos de la vida espiritual hay dos que me impresionan de una manera especial.

PRIMERA PARÁBOLA. EL PESCADOR. (p. 32)

“El mundo astral está lleno de vórtices y corrientes de toda clase, igual que el océano está lleno de peces, animales, plantas y corrientes. Cuando estamos pescando, no sabemos usualmente con exactitud qué pez cogeremos en un momento dado. Pero hacemos un esfuerzo definido por cazar algo y este es el elemento correspondiente a nuestras emociones. Cuando el pescador coge del agua algo que no quiere arroja de vuelta al indeseado habitante del océano y no se preocupa más por él, transfiriendo su atención a otras cosas que prefiere. ¡En ambos casos actúa! Y esto quiere decir fuerza de voluntad en acción”.

SEGUNDA PARÁBOLA. LA COLMENA (p. 252)

“En una colmena, las abejas obreras dividen la miel entre panales separados, pero cuando llega el tiempo de recolectarla, es sacada afuera y los panales separadores quitados, hasta que está lista una masa uniforme de miel. Esta es la <cosecha> de la que Cristo habló a menudo como objetivo y fin último de la vida”.

TERCERA PARÁBOLA. NAVEGAR (p. 258)

“La clave para su realización es, como con toda meditación, empezar desde el punto de silencio en el cerebro. A partir de este, comenzar a <flotar> en el océano mental, no como un ocupante de una barca sin rumbo, sino como un marinero consciente, que sabe a dónde quiere viajar. Por ejemplo, pensad acerca de otros mundos en otras galaxias. Esto ha demostrado producir un considerable grado de liberación del estrecho pensamiento del cerebro del ego. Podéis meditar también acerca de algunas ideas elevadas, tomadas de las principales mentes de la humanidad, y así sucesivamente”.

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
Esta entrada fue publicada en Espiritualidad y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s