ESCRITORES ANTE EL MEDITERRÁNEO. GEOGRAFÍA, HISTORIA Y PAISAJE (3)

(ÁLVARO MUTIS, LAWRENCE DURRELL Y D.H. LAWRENCE)

Lawrence Durrell

Lawrence Durrell nacido en la India británica en 1912, prácticamente durante toda su vida un trotamundos, formó parte de ese grupo de intelectuales británicos que fueron reclutados por el Foreign Office para realizar misiones de propaganda y manipulación de información (Flores 2016); entre algunos de sus trabajos al servicio de Su Majestad se encuentra el de Consejero extraoficial de prensa en Atenas en 1939 y el de profesor de inglés para el Instituto del British Council, institución que se encarga de promover la anglofilia, creando un ambiente probritánico, útil en una situación de enfrentamiento más o menos velada como la que vivió Europa entre 1914 y 1989, con la caída del Muro de Berlín. El British Council forma parte de la estrategia de política exterior del Gobierno Británico –nada extraño, pues cada potencia imperialista tiene una institución u órganos similares-.
En 1935, Lawrence Durrell llega a Corfú, seguramente huyendo de la inestabilidad que se palpa en el continente, buscando un paraíso de cuya experiencia surgiría el primer texto de los que forman la trilogía de su pasión hacia el Mediterráneo, 1945, La celda de Próspero. Al final de la Segunda Guerra Mundial, desde Alejandría, es destinado a Rodas como agente de información (1945 y 1946). Desde lo experimentado y visto en la isla publica en 1953 Reflexiones sobre una Venus marina. En Chipre permanecerá entre 1952 y agosto de 1956, en una época de crisis que comenzó en 1953; desde aquí Limones amargos (1957). En ese mismo cronotopo, formado desde sus experiencias vitales, pero ahora desde la ficción, Lawrence llevará a cabo una de las obras más importantes de la literatura inglesa del siglo XX, el Cuarteto de Alejandría -Justine (1957), Balthazar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960)-; su acción que puede situarse temporalmente entre 1939 y 1945, con unos personajes ficticios (Trejo 2015) en una ciudad real que está marcada por la convivencia de culturas, aunque en algún momento aparecen los elementos mágicos, que marcan el devenir de los protagonistas. Flores (2016:10) define la visión de Lawrence Durrell en estos términos, que muestran la ambigüedad del autor hacia las islas mediterráneas en sus textos; hay que tomarlas en cuenta aunque en este artículo lo que me interesa especialmente es su mirada estética:
“Pienso que no existió jamás ningún cambio súbito en el comportamiento de Durrell. Es probable que amara Grecia, pero como en el caso de Chipre, siempre y cuando estuviera bajo influencia británica. Ambos países le resultaban soportables como colonias británicas oficiales o extraoficiales; sobre el destino de sus habitantes no parece haberse preocupado lo más mínimo, además existen distribuidas en su obra expresiones descalificativas para los lugareños. Le bastaba con que fueran lugares de residencia baratos y agradables, además de puntos de reunión, de manera que ofrecieran diversión y experiencias a los aspirantes a escritores, así como a sus amigos. De esta manera, sus simpatías en Chipre se volcaron sobre la población minoritaria de origen turco. Con el fin de favorecerlos trabajó intensivamente buscando la manera de resolver el problema de los porcentajes cinco a uno entre la población, ganando tiempo para poder crear las condiciones adecuadas para lograrlo, con el fin de que la argumentación de Turquía que <no sólo era políticamente conveniente> llegara a determinar el rumbo del problema de Chipre”.

Reflexiones sobre una Venus marina nace de las experiencias del autor en Rodas a partir de la primavera de 1945 cuando recibe la orden de trasladarse en misión oficial desde Alejandría a la recién liberada isla. Al llegar allí se encuentra con un lugar deshecho a consecuencia de la guerra; contemplando aquellas ruinas, rememora, desde la empatía, otros períodos de la historia que marcaron Rodas, hasta llegar a la ocupación por parte de los fascistas italianos y sus inverosímiles recreaciones de algunos monumentos, especialmente el Castello. Se hace así evidente la voluntad de asimilar territorio e historia en un paisaje que sólo en su naturaleza permanece inmutable
“La ciudad se extendía debajo de nosotros, salpicada de sol. Golondrinas y vencejos se precipitaban y giraban en los acogedores espacios de los jardines. Los árboles cuajados de mandarinas del primer plano mostraban el paisaje con bailoteantes puntos de fuego. El aire estaba cargado de todos los olores sulfurosos de la primavera. El mar estaba otra vez sereno y azul… más azul de lo que cualquier metáfora podría expresar” (Durrell 1998:29).

Y como siempre en este tipo de experiencias de lo ajeno, en lugares como el Mediterráneo, la luz, que alcanza una categoría muy especial:
“una de las fantásticas puestas de sol de Rodas que, desde los tiempos medievales contribuyeron con tanta justicia a la fama de la isla, según los relatos de los viajeros por el Egeo. Toda la calle de los Caballeros estaba encendida. Las casas habían comenzado a enroscarse en los bordes, como papel ardiente, y con cada partícula de descenso del sol detrás de la oscura colina que se erguía sobre nosotros, los tonos de rosa y amarillo se cuajaban y corrían de extremo a extremo, de alero en alero, hasta que por un momento los oscuros minaretes de las mezquitas brillaron ígneos, azules, como la luz que se refleja en una hoja de papel carbón. Inmunes ya a una belleza que les resultaba familiar, las oscuras sombras de los refugiados se movían dentro de sus casas bombardeadas” (Durrell 1998:30).

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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