ESCRITORES ANTE EL MEDITERRÁNEO. GEOGRAFÍA, HISTORIA Y PAISAJE (5)

(ÁLVARO MUTIS, LAWRENCE DURRELL Y D.H. LAWRENCE)

Junto a esa afirmación integrada del Islam, la pervivencia de lo mitológico: Afrodita y las Nereidas cuya manifestación sigue causando una cierta prevención en los campesinos en las horas de la siesta. A la vez, por supuesto, las tradiciones cristianas como en el momento en el que se da la explicación popular al porqué es tan amargo el jugo de la adelfa: “La Virgen, dice la leyenda, caminaba hacia el Gólgota sumida en su pena, cuando el ruedo de la falda se le enganchó en una adelfa; impaciente maldijo al árbol, diciendo: <Que albergues para siempre la amargura que siento hoy>. Inmediatamente el zumo de la planta se volvió ácido” (Durrell 1998:114). También la mención de abundantes reliquias del mundo cristiano que se custodian en la isla, como la mano derecha de Juan Bautista, una cruz de bronce resultado de fundir la jofaina utilizada por Cristo en el Lavatorio, un crucifijo con astillas de la Vera Cruz, un fragmento de la corona de espinas milagroso pues florece en Viernes Santo, o una de las piezas de plata con las que fue pagada la traición de Judas; también la excursión hasta el monasterio de Patmos, donde San Juan escribió el Apocalipsis, paisaje dotado de tal simbolismo que Durrell (1998:77) lo define con estas palabras: “Patmos, pensé, era más una idea que un lugar, más un símbolo que una isla”, porque eso son las islas en la obras que estamos mencionando: un símbolo. Ejemplo del eclecticismo religioso que marca todas las tierras mestizas, y el Mediterráneo lo es, se encuentra en la romería que sirve casi como colofón a Reflexiones sobre una Venus marina. Al tratar de Nuestra Señora de Fileremo, la mezcla de creencias, que por otra parte promovió desde sus inicios el cristianismo oficial, produce el sincretismo entre mitologías “¿Desciende de Ártemis o de Atenea Lindia, que otrora fue la diosa más venerada de la isla? Difícil decirlo. Ártemis surge con frecuencia, en la actualidad, en el folklore del campesinado” (Durrell 1998:194). De la contemplación de las ruinas emanan tantos pensamientos; uno de ellos es el que llega al narrador acerca de cómo el tiempo amalgama las distintas culturas: “se pregunta uno si esa derruida reunión de piedras es de Micenas o de los francos, bizantina o sarracena. Y a menudo la respuesta es: de todos. Pero solo el ojo de un especialista puede leer en ellas como en un palimpsesto, texto sobre texto, cada uno dedicado a su manía o poesía particulares” (Durrell 1998:176).
En los vagabundeos que caracterizan a un personaje como es Maqroll el Gaviero, es fácil encontrarse con personajes peculiares que parecen sacados de una narración aventurera aunque perfectamente podrían tener existencia real. En el caso de Reflexiones sobre una Venus marina hay uno, presencia muy puntual, aunque es de esos secundarios que acaban dando a toda narración un carácter tan particular como sugerente; en este caso se trata del Comandante France:
“Un delicioso excéntrico, un excomando que ha pasado muchos años de su vida, en la paz y en la guerra, viajando entre estas islas; en la época de preguerra transportaba cargamentos en un vaporcito de su propiedad, en tanto que durante la guerra cambió ese papel por el de agente secreto. Calzado con botas de goma, con una suela de un palmo de grueso, y armado con el más temible surtido de cuchillería que la mente humana puede idear, viajó de un lado a otro, cortando gargantas, pilotando uno de los pequeños caiques pertenecientes a las fuerzas de Incursión Marítima. Ahora se sienta a la cabecera de una mesa de hospital, cubierto de medallas de guerra tan densas como el confeti, y añora los rigores de la campaña de Birmania” (Durrell 1998:73).

En este comandante France hay un eco de la necesaria presencia de la aventura en todo texto que supone un encuentro con el mundo ajeno.Otro de esos personajes que forja el mar y que el vagabundo puede encontrar en su peregrinaje es “Un capitán rodio”, descrito en los poemas seleccionados por Lawrence en 1964; se trata de otra de esa figuras humanas que configuran a la perfección un ambiente más allá de lo ficcional (Durrell 1972:73)
“Tomás no habla, los nudillos descansan
sobre una rodilla, entre las venas,
deformadas por los viajes que hizo este anciano capitán.
La vida ahora se ha contraído como la pupila de un ojo
y es una hendidura de imágenes en el espacio y el tiempo:
toda la salvia y madroño que ha visto:
bayas palpadas donde se estrella el águila dorada
desde su carroza de aire y muda trampa:
islas afortunadas como lo fue la Atlántida…
Sin embargo, cuando le pensábamos viajando por la vida,
realmente estaba aquí, de lleno, fuera del quicio de la puerta,
a la sombra de su esposa la vida eterna,
con el mismo plato de hojalata lleno de olivas en el regazo”.

Son importantes estas imágenes poéticas porque en ellas se mezclan imaginación, abstracción, aventura y realidad cotidiana, representada en la metáfora de ese “plato de hojalata lleno de olivas”.
Quizá estamos acostumbrados a recordar mundos de aventuras trepidantes como los retratados por Emilio Salgari, que también era mediterráneo; sin embargo, la aventura es la vida misma, aun cuando se trate de personajes cuya existencia es bregar con el mar, lo expresó perfectamente Pío Baroja en su trilogía El Mar; lo ejemplifica Maqroll el Gaviero en su diario contacto con los días demoledores.
En ese choque con el otro que es el exotismo no puede faltar otra forma de alteridad que es el contacto con el otro sexo; así relata uno de los personajes de Reflexiones sobre una Venus marina su encuentro con una mujer a la que la necesidad obliga a prostituirse; aparece en la noche y es contemplada a la luz de un fósforo, “dos ojos negros: un rostro mucho más viejo que el rostro mismo… serio, seductor y sumamente sabio”. Podríamos, desde luego, rechazar este episodio llevados por la moral actual que repugna, desde la hipocresía social, de este tipo de sucesos, ahora, vemos que en este encuentro entre un hombre y una mujer, aunque con transacción económica, no deja de haber un cierto asombro, especialmente de él:
“Ella era delgada y estaba medio muerta de hambre, y sus ropas sabían a sal marina. Su pobreza resultaba conmovedora en una forma que no podrá entender nadie que no haya conocido el Mediterráneo. En ella tuve todo el sabor de Grecia, y sus aires requemados por el sol, sus enceguecedoras islas óseas y la casta y honorable pobreza que el pueblo ha convertido en una dorada generosidad” (Durrell 1998:93).

Más parece que el personaje está ante una figura arquetípica que con una mujer propiamente dicha; además, ella se llama Afrodita y “caminaba todo el día junto al mar, recogiendo leña y carbón marino. Su esposo había sido un pescador próspero, pero ahora se encontraba en las últimas etapas de la tisis”. Se podría decir –y los ejemplos en contra son más numerosos- que esta Afrodita de carne, además de asombro, le produce respeto, acompañado de una enseñanza, como si el idilio fuese un apólogo, “la vida había sido demasiado grande para ella; al aceptarla, la dominaba”. Cierto, se trata de la sublimación de una realidad de dominación colonial, pero es un ejemplo más de cómo se experimenta el exotismo y al individuo que habita su territorio.
En una las travesías que realiza el narrador en Reflexiones sobre una Venus marina, se produce la imbricación entre paisaje y sentimiento estético del que nace la poesía: “se llega a Lindos a través de una estrecha hondonada de roca. Es como si uno hubiese estado apoyado contra una puerta que condujera a un poema; y que, de pronto se abriese y lo hiciera trastabillar directamente en el corazón de la poesía” (Durrell 1998:158).

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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