Una batalla en el Cantar del mío Cid


(Acercamiento a la técnica del comentario de textos para alumnos de secundaria)

Página manuscrito Cantar del Mío Cid

Todos caen sobre aquel grupo donde Bermúdez se entró.
Éranse trescientas lanzas, cada cual con su pendón.
Cada guerrero del Cid a un enemigo mató,
al revolver para atrás otros tantos muertos son.
Allí vierais tantas lanzas, todas subir y bajar;
allí vierais tanta adarga romper y agujerear,
las mallas de las lorigas allí vierais quebrantar
y tantos pendones blancos que rojos de sangre están
y tantos buenos caballos que sin sus jinetes van.
A Santiago y a Mahoma todo se vuelve invocar.

Poema de mío Cid. Versión de Pedro Salinas

El fragmento que se va a comentar a continuación pertenece al Cantar de mío Cid, en su versión modernizada por Pedro Salinas (uno de los poetas más importantes de la literatura española del siglo XX). La obra, de origen oral, de ahí que se titule como Cantar, comenzó a elaborarse, posiblemente, en vida su protagonista, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (qué vivió en el siglo XI). Este libro está organizado en tres cantares (del destierro, de las bodas y de la afrenta de Corpes), los versos que estamos comentando pertenecen al primero, donde se narra cómo Rodrigo Díaz es desterrado por el rey Alfonso VI de Castilla y, a partir de ese momento, se ve obligado a luchar contra distintos enemigos -en este caso musulmanes- para poder sobrevivir en un ambiente hostil, como es el de la época de la Reconquista en la Península Ibérica.
La obra es anónima, como es característico en las que forman el género de los cantares de gesta castellanos. La causa es que estos textos nacen desde un proceso oral; los juglares recorrían los caminos y, en los pueblos, recitaban, acompañados por música, sus versos; para ellos estos era una forma de ganarse la vida y, para los demás, uno de los pocos instrumentos que permitían a las gentes saber qué sucedía en el mundo o entretenerse escuchando aventuras de héroes.
El Cantar de mío Cid es una de las primeras fuentes escritas del castellano, posiblemente el ejemplar manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, sea uno de los más antiguos escritos de la literatura en español, un idioma que en el siglo XII, cuando puede fecharse, todavía estaba comenzando su andadura. Esto no puede verse en el fragmento que estamos comentando, pues, como ya se ha dicho, se trata de la versión modernizada por Pedro Salinas.

El Cid Campeador

¿Qué sucede en este fragmento? Los versos describen una batalla entre los guerreros que acompañan al Cid y los musulmanes. Esto se hace evidente en el verso final cuando se dice “A Santiago y a Mahoma todo se vuelve invocar”. Santiago, el apóstol, que según la tradición cristiana anduvo por la Península Ibérica, en misiones de conversión de paganos; Mahoma es el profeta desde el que nace el Islam.
Por lo que se refiere a la forma, los versos son de arte mayor compuesto, divididos en dos hemistiquios de ocho más ocho. Riman en asonante en distintos periodos (versos 1 a 4 en ó; versos restantes en á). El original Cantar de mío Cid presenta numerosas irregularidades que aquí han desaparecido en la versión modernizada. Hay un detalle al que ahora hay que prestar atención. Según la teoría de la historia de la Literatura, algunos romances son fragmentos destacados de cantares de gesta, convertidos en versos octosílabos, con rima asonante en los pares (-a-a).

Dirham. Siglo XIV. Museo Arqueológico Nacional de España

El cantar de gesta es una forma épica narrativa, pues cuenta una serie de sucesos ocurridos a unos personajes, puestos en voz de un narrador, en un tiempo y espacio. Básicamente los hechos relatados en estos versos son de carácter bélico.
Son dos las modalidades textuales que se ven en el fragmento, por un lado lo narrativo (evidente en la utilización de verbos “caen, mató, subir, bajar…”) y lo descriptivo (de ahí la abundancia de adjetivos calificativos “blancos, rojos, buenos…”).
Es interesante destacar que en la definición de cantar épico se funde la naturaleza de lo narrativo con lo lírico. Todo poema, por el hecho de serlo, va más allá de contar una historia, en la musicalidad va expresado el valor del sentimiento. Conviene recordar aquí que los cantares de gesta se recitaban ante un público al que intentaban conmover los juglares (y esto es lírica).

El Cid es el protagonista indiscutible de esta obra, sin embargo no aparece en el fragmento, solo es mencionado, pues lo principal aquí es la colectividad, dos grupos de guerreros que se enfrentan, los musulmanes y los cristianos castellanos, entre los cuales destaca uno de los principales caballeros que acompañaron a Rodrigo Díaz de Vivar, Bermúdez. Los antagonistas son los musulmanes, cosa que sabemos porque en el último verso se hace referencia a que unos invocan (clamar hacia lo divino para recibir su ayuda) a Santiago (estos son los cristianos), los otros a Mahoma. Sería conveniente aquí recordar las circunstancias políticas y religiosas que se vivieron en la Península Ibérica durante la Edad Media, en un periodo que históricamente recibe el nombre de Reconquista, la lucha de los reinos cristianos del norte contra los musulmanes de Al-Andalus.

El Cid Campeador. El hombre y la guerra. Enciclopedia en colores. Timún Más. 1972 2

El fragmento, como digo, es la descripción de una batalla. En el campo semántico se ve con claridad. Fijémonos, por ejemplo, en los verbos: “caen, entró (en el sentido de penetrar entre un grupo de enemigos con intención ofensiva), mató, revolver (como una técnica de guerra que consiste en volver a arrostrar al enemigo después de haber realizado una primera carga)”. Hay un momento en que los verbos se acumulan en enumeración, a la vez que se repite un enunciado, “allí vierais” (esto es un rasgo característico de la oralidad); “subir, bajar, romper, agujerear, quebrantar”. Mediante esta yuxtaposición de acciones se le da realismo a la descripción de la batalla, como acción continua y rápida en ritmo trepidante.
Por lo que se refiere a los sustantivos, nos encontramos con un campo semántico de lo bélico, de la guerra medieval: “lanzas, pendón, guerreros, muertos, caballos sin jinete, adarga, mallas de las lorigas, sangre”. Hemos de prestar atención a las armas que aquí se mencionan, pues son las que nos sitúan en el panorama bélico medieval. Hay tres conceptos que requieren explicación. Una loriga es un arma defensiva con la que el guerrero cubre su cuerpo, tiene la estructura de una malla, con aros imbricados. El pendón es una bandera pequeña, más larga que ancha, normalmente unida a la parte de la lanza donde nace el acero, servía para identificar a su portador. La adarga es un escudo de cuero de forma ovalada, en ocasiones similar a un corazón.

El Cid Campeador. El hombre y la guerra. Enciclopedia en colores. Timún Más. 1972

Desde luego, la violencia de la guerra se hace evidente en un fragmento como este, por los muertos a causa de las armas ofensivas (como la lanza), por los caballos sin jinete que galopan despavoridos por el campo de batalla y por la sangre que tiñe los pendones.
En el momento del encuentro entre los luchadores, se muestra que estos invocan a lo sagrado para guardarse del peligro, consiguiendo la protección que pueden brindarles Santiago o Mahoma. Respecto a esta cuestión, no debemos olvidar que la Reconquista supone una lucha, más o menos continua, entre dos visiones, aparentemente, diferentes del mundo, la de los cristianos que avanzan desde sus reinos al norte de la Península Ibérica, y la de los creyentes del Islam, cuyos dominios recibían el nombre de Al-Andalus.
Para terminar con este comentario, creo conveniente reflexionar acerca del significado que puede tener en la actualidad un fragmento como este del Cantar de mío Cid. Cuando estos versos eran recitados por juglares en la Castilla de los siglos XII o XIII, tenían un sentido que necesariamente no ser· el mismo en nuestra época (por fortuna); eran escuchados en una situación de guerra; así, estas victorias del Cid Campeador eran una llamada a participar en el enfrentamiento contra los musulmanes (su derrota es el enriquecimiento de los cristianos). Hoy, este texto muestra la guerra como la aventura de un héroe, en este caso Rodrigo Díaz de Vivar, que sigue vivo en la narrativa española, en novelas como El Cid de José Luis Corral o Sidi de Arturo Pérez Reverte.

Loriga medieval de malla.

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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