Cartas Marruecas

Carta XLIV. “De Nuño a Gazel”. José Cadalso
(Comentario de texto)

El siglo pasado no nos ofrece cosa que pueda lisonjearnos. Se me figura España desde fin de 1500 como una casa grande que ha sido magnífica y sólida, pero que por el discurso de los siglos se va cayendo y cogiendo debajo a los habitantes. Aquí se desploma un pedazo del techo, allí se hunden dos paredes, más allá se rompen dos columnas, por esta parte faltó un cimiento, por aquella se entró el agua de las fuentes, por la otra se abre el piso; los moradores gimen, no saben dónde acudir; aquí se ahoga en la cuna el dulce fruto del matrimonio fiel; allí muere de golpes de las ruinas, y aún más del dolor de ver a este espectáculo, el anciano padre de la familia; más allá entran ladrones a aprovecharse de la desgracia, no lejos roban los mismos criados, por estar mejor instruidos, lo que no pueden los ladrones que lo ignoran.
Si esta pintura te parece más poética que verdadera, registra la historia, y verás cuán justa es la comparación. Al empezar aquel siglo, toda la monarquía española, comprendidas las dos Américas, media Italia y Flandes, apenas podía mantener veinte mil hombres, y esos mal pagados y peor disciplinados. Seis navíos de pésima construcción, llamados galeones, y que traían de Indias el dinero que escapase de los piratas y corsarios; seis galeras ociosas en Cartagena, y algunos navíos que se alquilaban según las urgencias para transporte de España a Italia, y de Italia a España, formaban toda la armada real. Las rentas reales, sin bastar para mantener la corona, sobraban para aniquilar al vasallo por las confusiones introducidas en su cobro y distribución. La agricultura, totalmente arruinada, el comercio, meramente pasivo, y las fábricas, destruidas, eran inútiles a la monarquía […] ¿Quién, pues, aplaudirá tal siglo?

José Cadalso (1741-1782) es uno de los prosistas más destacados del siglo XVIII español. Autor de Noches lúgubres (1790) -una narración en la que comienzan a anunciarse ciertos rasgos de lo que será el Romanticismo- y Cartas marruecas, a la que pertenece este texto, publicado póstumo, como el anterior, en 1789. El escritor, militar de profesión, buen conocedor de la literatura francesa contemporánea, sigue el ejemplo de Montesquieu -uno de los autores más importantes de la Ilustración-, que en 1721 publicó Cartas persas, obra en la que un viajero ficticio, llegado desde el Oriente exótico, critica algunas costumbres de la sociedad francesa. Este será el esquema seguido por Cadalso para sus Cartas marruecas. La forma, por lo tanto, es la del género epistolar, que tuvo gran éxito en la narrativa europea del siglo XVIII.


Cartas marruecas, aunque mantenga la presentación epistolar (los personajes se relacionan por medio de cartas), no pertenece al género de la ficción, sino al ensayo, o lo didáctico, pues su cometido no es relatar unos sucesos protagonizados por unos personajes, sino desarrollar desde la estructura del ensayo la crítica de la realidad, aspecto que define buena parte de la literatura del siglo XVIII; recordemos a Benito Jerónimo Feijoo con su Teatro crítico universal, o a Leandro Fernández de Moratín, cuyo teatro muestra tanto el espíritu crítico como la intención didáctica que persiguen mostrar ciertos aspectos de la sociedad y de la cultura susceptibles de cambios.
En Cartas marruecas, José Cadalso va a manifestar sus opiniones reformistas e ilustradas a través de la mirada de tres personajes que intercambian cartas. Gazel, el joven norteafricano que viaja a España; Ben Beley, el preceptor de Gacel, que le escribe desde Marruecos y representa la voz de la experiencia y el conocimiento; y Nuño, amigo español de Gacel, conocedor directo de la realidad española y representación del sentimiento ilustrado del propio Cadalso.
El texto está organizado en dos párrafos. En el primero, Nuño, dirigiéndose a Gazel, en definitiva, el propio Cadalso, plantea una tesis: la evidente decadencia de España desde el siglo XVII; en el segundo, justifica con ejemplos la realidad de tal situación.
José Cadalso está escribiendo en la segunda mitad del siglo XVIII, así que, cuando al principio del texto menciona “el siglo pasado”, debemos pensar en el XVII, y es extraño que considere esta época como decadente, un tiempo en que no hay nada que enorgullezca a España. Cadalso, Nuño en la ficción, parece olvidar toda la literatura y el arte producidos a lo largo del siglo XVII: Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Góngora…, todas las manifestaciones del arte barroco; pero esto tiene un sentido y es que Cadalso pertenece a un movimiento cultural nuevo, característico del siglo XVIII, el Neoclasicismo, una de cuyas bases es el rechazo hacia un Barroco que había degenerado a lo largo del tiempo.

Cadalso está influido por lo francés, que tan importante va a ser a partir del cambio de dinastía monárquica de los Austrias (el último rey de esta casa fue Carlos II) a lo borbónico, de origen francés, que llega al trono hispánico con Felipe V (reinado de 1700 a 1746). A partir de la llegada de los Borbones a España, se produce un cambio cultural que implica una cierta subordinación de lo hispánico, una entrada en la esfera cultural francesa, que supone la negación de lo propio y la aceptación de la leyenda negra, según la cual se describe la cultura española como retrasada, retrógrada y negada a cualquier avance cultural o científico. Esta exageración en la interpretación de lo español como decadente, no es totalmente cierta y llama la atención que José Cadalso no sea consciente de que también en España se producen adelantos científicos expresados en expediciones de exploración como las de, a modo de ejemplo, Alejandro Malaspina (1754-1810) o los estudios de José Celestino Mutis (1732-1808). Indudablemente, para alguien interesado en la cultura francesa como es José Cadalso, el ambiente intelectual español resultaba empobrecedor en su comparación con el Siglo de las Luces, La Enciclopedia, la Ilustración y sus planteamientos filosóficos que conducirían a la Revolución de 1789.
Cadalso utiliza la imagen de una casa que se va desmoronando y, efectivamente es así, aunque la ruina absoluta todavía no se había producido en el siglo XVIII, esta se verá acelerada a partir del regreso de Fernando VII al trono, después de la guerra contra la invasión napoleónica y la primera Constitución española, la de Cádiz en 1812; hasta llegar a su punto culminante en 1898.
A través de Nuño, que es un alter ego de José Cadalso, como lo son Gazel y Ben Beley, el autor critica ciertos aspectos de la historia española del siglo XVII, como también hizo en su momento Quevedo. Una crítica que muestra su incomprensión de cómo el imperio más poderoso que vieron los tiempos acabó en una ruina total por efecto de una economía mal administrada en la que primaba la corrupción, el robo y unas guerras inexplicables, todo ello causa del empobrecimiento que, no podía ser de otro modo, también afecta a lo cultural; aquí es donde se encuentra la tristeza y el dolor por España. Aquí está la pervivencia actual de unos planteamientos como son los de José Cadalso.

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera", "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera", La gran conquista de ultramar, versión modernizada en cuatro volúmenes.
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