EL TÍTULO DE MAESTRO

El camino del guerrero

es una senda que ha de recorrerse en soledad

Muchas veces, para aclarar un término que se utiliza de manera ambigua, basta con recurrir a los documentos más simples, aquellos que en la niñez contenían el misterio de las palabras. Es por ello por lo que vamos a definir Maestro desde la fundamentada opinión de la Real Academia Española, quizá así nos podamos aclarar un poco antes de entrar en los vericuetos de una terminología que procede de un ámbito que, lo queramos o no, es extraña para nuestra forma de pensar y actuar occidental.

Entre las definiciones que leemos en el Diccionario de la Real Academia Española para las palabras “Maestro” vamos a quedarnos con las siguientes: ‘Una persona relevante entre las de su clase. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio o tiene título para hacerlo. Persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura. Título que en algunas órdenes regulares se da a los religiosos encargados de enseñar, y que otras veces sirve para condecorar a los beneméritos’.

Respeto, reconocimiento, conocimiento, enseñanza, trascendencia; todo ello está en esa hermosa palabra del Español que es Maestro.

Veamos, a continuación, cómo es en japonés, pues, al fin y al cabo es una terminología que utilizamos en nuestra práctica marcial.

En la escuela de karate kyokushinkai se reglamentan tres grados de instructores: SEMPAI, especialmente destinado a los cinturones negros de primer y segundo dan, aunque también puede designarse así a aquel que enseña a un compañero de un grado anterior. SENSEI, es un instructor que está en el tercer o cuarto dan; y SHIHAN que corresponde a todo aquel que haya alcanzado el quinto dan. En el caso de la Federación oficial de Judô, el Shihan corresponde a un sexto dan.

La palabra SHIHAN es un título honorífico que contiene dos conceptos: Shi (profesor, experto, maestro) y Han (ejemplo o modelo a seguir); ambos proceden del chino Shî (Maestro que enseña bajo techo) y Fan (ejemplo modélico por su integridad moral).

Tres características reglamentarias fundamentales distinguen a la persona que ha alcanzado el grado de Shihan (nivel al que puede llegarse mediante un examen –como a los anteriores- pero que también puede ser de reconocimiento honorífico). El Shihan es un practicante de la Escuela con una implicación directa en su desarrollo; está autorizado para utilizar tanto las enseñanzas como sus símbolos y debe haber tenido una larga trayectoria en ella, por eso forma parte de linaje de su historia.

Otro concepto japonés equivalente a Maestro es SENSEI. Termino que predominó durante bastantes años en Occidente como fórmula de tratamiento para aquellos que impartían clases de Artes Marciales, especialmente si eran responsables de un Dojo. Recordemos ese famoso “Sí, Sensei” de la película Karate Kid en los años ochenta.

SENSEI está compuesto por dos términos: Sen (antes) y Sei (nacido), de manera que podría traducirse como: Aquel que ha nacido antes y que, por lo tanto, ha recorrido el camino. La palabra O-SENSEI, precedida por el vocablo “O” -grande o superior-, sirve para designar a Morihei Ueshiba, el creador del Aikido; así vemos cómo este término también está dotado de la fórmula de máximo respeto, como Shihan.

En algunas otras Artes Marciales tradicionales existe otra jerarquía que sirve para designar a los maestros que educan en un estilo concreto. RENSHI, para maestros con sexto dan, equivalente a ‘Instructor’, formado de Ren, que es forjar o cultivar, y Shi, hombre. El segundo grado es el de KYÔSHI, para séptimo dan, es un instructor de alto nivel; la palabra también sirve para calificar a los profesores de Instituto; Kyô significa enseñar; y Hanshi, que contiene Han (ejemplo o modelo) para los grados más elevados del sistema Marcial (octavo, noveno y décimo dan), implica haber dedicado un periodo mínimo de treinta años a la enseñanza; dado el significado de Han (que también está en Shihan), el instructor ya es un verdadero maestro y un modelo, no sólo por lo que se refiere a la técnica, sino como un ejemplo humano integral.

La vida de los grandes maestros de las Artes Marciales nos da un ejemplo que en nuestra civilización occidental debería ser muy tenido en cuenta. Desde la Antigüedad, el desarrollo del aprendizaje de una disciplina laboral o guerrera, como de la vida misma, implicaba un tiempo junto a un experto que enseñaba las técnicas básicas, las cuales podrían ayudar al joven a realizar un trabajo bien hecho. Después, una vez adquiridos los rudimentos con una mayor o menor habilidad, la persona, y eso era un rasgo de madurez, seguía después su propio camino, igual que un hijo llegado cierto punto ha de abandonar el hogar paterno para cumplir con la ley de la vida, que también es la Libertad del ser humano.

Sólo en una sociedad enferma de inmadurez como la nuestra, el individuo decide alienarse y mantenerse a perpetuidad baja las alas protectoras de quién la dio la vida, aunque no tenga derecho a negar su deseo de partir para convertirse en sí mismo. De igual manera, un maestro ha de saber cuándo su tarea acaba y no cortar el desarrollo de su discípulo, pues flaco favor le hace si intenta convertirlo en una mera copia de él mismo. ¿Hasta qué punto por interés, hasta qué punto por egocentrismo? Hoy en día prolongamos la adolescencia en la dependencia total ante alguien a quien se le llama maestro y no es más que el resguardo ante el miedo de desarrollarse en libertad. Es en esto en lo que se amparan tantos auto-considerados maestros, convertidos en un gurú por la ignorancia, la vagancia o el miedo de tantos.

No pretendo, ni de lejos, arremeter contra una de las Instituciones más importantes para el desarrollo de las Artes Marciales tradicionales a lo largo de la historia. Va mi crítica encaminada más bien hacia aquellos que se consideran dueños absolutos de una técnica que va cambiando a su propia conveniencia, arrastrando a aquellos que lo siguen hacia un desarrollo que quizá no sea el suyo y encaminando la práctica hacia la matemática del movimiento y no hacia el sentimiento que, al fin y al cabo, es un actor fundamental en el desarrollo del guerrero que sigue el camino de las Artes Marciales.

Si mal discípulo es aquel que no respeta su camino, mal maestro es también aquel que no libera de su cadena a aquellos que por cariño y por respeto, no por negación de su ser, siguen a su lado. Llegados a cierto punto, y si el discípulo se ha sometido a un auténtico maestro, el aprendiz debe regirse exclusivamente por ese maestro interior que se llama intuición, lo demás es miedo a volar o deseo, simplemente, de ascender en la falsa escala de exámenes con los que en Occidente se organiza esa escala administrativa que es el paso de grados.

¿Cómo puede valorarse la evolución de un desconocido en un examen realizado por varias personas a la vez, en cinco minutos?; cierto que, en otras épocas, hubiese bastado un duelo de segundos; pero ésas no son las nuestras. No es éste el caso de la escuela de karate Kyokushin, cuyos exámenes son pruebas que responden plenamente a su filosofía marcial.

Hay un texto en el que se desarrolla lo que podría ser una relación perfecta y contemporánea entre un maestro de verdad y un discípulo igualmente auténtico; es la que leemos en una obra que recomiendo fervientemente: El zen en el arte del tiro con arco, en el cual Eugen Herrigel trata de sus experiencias en Kyudo bajo la atenta mirada del maestro Kenzo Awa. Un proceso largo y, de pronto, una flecha que se dispara y muestra que se ha alcanzado aquello que se buscaba, nada más y nada menos, salvo el arco regalado por el Sensei que, tal y como él afirma, llegará un momento en que ya no podrá cumplir las expectativas de la evolución interior del que tira con él, será entonces cuando hay que quemarlo, porque así es el camino del guerrero, tal y como muy bien supo expresarlo Miyamoto Musashi. De él me propongo escribir a continuación.

Precisamente, fue Miyamoto Musashi el que escribió un texto en el que ese camino de soledad y negación que caracteriza la vida del guerrero se hace evidente, como esa célebre frase que tantas veces se menciona: “la soledad del samurái es como la de un tigre en la jungla”. La obra que Musashi escribió pocos días antes de morir es Dokkôdô (el camino que se sigue en soledad) en el que se contienen veintiún preceptos de autodisciplina. Presento aquí una versión de este texto

ACEPTO TODO TAL Y COMO ES, SIN REBELARME CONTRA EL DISCURRIR DEL MUNDO.
NO SOY PARCIAL, ANTE NADIE NI CON NADA. NUNCA APROVECHARÉ LAS FACILIDADES QUE ME OFREZCA LA VIDA.
MIS REFLEXIONES SOBRE MÍ MISMO SON LIGERAS Y PROFUNDAS CUANDO EL MUNDO OCUPA MI PENSAMIENTO.
SIENTO MI VIDA LIBRE DE CODICIA.
NO ME DETENGO A LAMENTAR LO QUE YA HE HECHO.
NUNCA ENVIDIO A MI PRÓJIMO POR SU BUENA SUERTE; TAMPOCO ME QUEJO DE LA MÍA SI ES MALA.
AQUELLO QUE SE HA IDO NO ES RAZÓN PARA MI LAMENTO.
NO ACEPTO NI EL RESENTIMIENTO NI LAS QUEJAS, NI HACIA MÍ MISMO NI HACIA LOS DEMÁS.
SUCUMBIR AL JUEGO AMOROSO VACÍO ESTÁ LEJOS DE MIS SUEÑOS.
NO TENGO NI GUSTOS NI AVERSIONES.
NO PONGO OBJECIONES AL LUGAR EN QUE VIVO, SEA COMO SEA.
NO DESEO LOS PLATOS MÁS REFINADOS PARA CONTENTAR EL GUSTO DE MI CUERPO.
NO ME AFERRO A LAS NECESIDADES DE AQUELLO QUE YA NO NECESITO.
NI COSTUMBRE, NI SUPERSTICIÓN GUÍAN MIS PASOS.
DESPRECIO LA SOFISTICACIÓN EN LAS ARMAS DEL GUERRERO.
NO TEMO EL MOMENTO EN QUE LA MUERTE SE CRUCE EN MI CAMINO.
MI INTENCIÓN AL TRABAJAR NO ES ACUMULAR RIQUEZAS PARA MÍ VEJEZ.
RESPETO TANTO A LOS DIOSES COMO A BUDA, PERO NUNCA DEPENDERÉ DE ELLOS.
ANTES QUE DESHONRAR MI BUEN NOMBRE, PREFIERO DAR LA VIDA.
NUNCA, NI EN UN INSTANTE; NI EN CUERPO, NI EN ALMA, ABANDONARÉ EL CAMINO.

Hay otro texto, no puedo asegurar que sea apócrifo o no, pues no consigo localizarlo en ninguno de los libros que utilizó para acercarme a las cuestiones relacionadas con la cultura samurái; fechado en torno al siglo XIV, y anónimo. En él nos encontramos con esa misma filosofía de la negación que manifiesta Miyamoto Musashi en el siglo XVII; negación que, en realidad, puede entenderse como una defensa en positivo del yo más profundo. Se trata de uno más de esos breves tratados que pretenden reglamentar la vida del guerrero, no tanto en el devenir social y exterior como en la reflexión de lo interior.

NO TENGO PADRES, SEAN MIS PADRES EL CIELO Y LA TIERRA.
SIN HOGAR, LA CONSCIENCIA SERÁ MI CASA.
SIN VIDA, SIN MUERTE; EL RITMO DE LA RESPIRACIÓN ES LA VIDA Y LA MUERTE.
NO DISPONGO DE LA FUERZA DEL CIELO, EN LA HONESTIDAD ESTÁ MI FORTALEZA.
SIN RIQUEZAS, SERÁ LA COMPRENSIÓN MI MAYOR VALOR.
NO CONOZCO LOS SECRETOS, MI CARÁCTER ES MI MAGIA.
SIN CUERPO, LA RESISTENCIA OCUPA SU LUGAR.
SIN OJOS, VERÉ POR EL DESTELLO DEL RAYO.
SIN OÍDOS, ESCUCHARÉ CON TODOS MIS SENTIDOS.
SIN MIEMBROS, TENDRÉ LA PRESTEZA DE MIS BRAZOS Y MIS PIERNAS.
NO TENGO ESTRATEGIA, ASÍ QUE AQUELLO QUE NO ESTÁ OSCURECIDO POR EL PENSAMIENTO MARCARÁ MI CAMINO EN EL COMBATE.
SIN PROYECTOS, SIGO LAS OCASIONES QUE SE PRESENTAN.
SIN MILAGROS, MI ACCIÓN CORRECTA SERÁ COMO ELLOS.
SIN PRINCIPIOS, ME ADAPTARÉ A LA VIDA.
SIN TÁCTICA, ME LLEVARÁ EL VACÍO DE LA PLENITUD.
NO TENGO TALENTO, ATENDERÉ A LA AGUDEZA.
SIN AMIGOS, LOS ENCONTRARÉ EN MI ESPÍRITU.
SIN ENEMIGOS, LOS BUSCARÉ EN MIS DESCUIDOS.
SIN ARMADURA, ME PROTEGERÉ EN LA BENEVOLENCIA Y LA VIRTUD.
NO TENGO CASTILLO, ME REFUGIARÉ EN MI ESPÍRITU INDOMABLE.
SIN ESPADA, LA NO-MENTE (MUSHIN) LO SERÁ.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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