ÁLVARO MUTIS Y VICTOR HUGO (4)

DOS POETAS ANTE LA EXPERIENCIA DE SER ABUELO: VICTOR HUGO Y ÁLVARO MUTIS

También hay algunos momentos así en la obra de Álvaro Mutis cuando toma la decisión de “pasar el desierto cantando” en “Los trabajos perdidos”. En esa misma línea de interpretación de la vida pueden leerse estos versos (XVIII, III, p. 617) que pertenecen a Victor Hugo; su espíritu es el mismo de altanería que encontramos en el de Álvaro Mutis, insertado en una metáfora, la marina, que es fundamental en la producción artística de ambos: “Hombre, atraviesa los mares y sacude en su espuma todo el pasado; en la proa de tu buque enciende como estopa el cáñamo de las cuerdas del patíbulo. Estrella todos los antiguos monstruos en el légamo del mar; aseméjate a los antiguos Apolos; camina, que cuando la espada es justa, es pura, y engrandece al hombre ver a su pies derramada la sangre de las hidras”.

Victor Hugo. Guernesey

Victor Hugo. Guernesey

Pero la aristocracia estética y espiritual de Victor Hugo hace que, aunque su alma hierva de furor, ante la visión de una rosa se apacigüe, como al recorrer, en compañía de los niños el espacio del bosque, o del parque, o del zoológico, todos ellos convertidos en una especie de idilio de Teócrito, en el que todavía se intuye la presencia de las bacantes y en el que la única ocupación es la de amar. En sus andaduras, durante sus empresas que solo le producen tribulaciones, Maqroll acabará encontrándose con leves asideros que son Loci ameni, como estos (recordemos la tierra caliente de Un bel morir). En estos sitios agradables, las desgracias del mundo exterior quedan lejos, hasta puede llegar a perdonar a los reyes en su poder absoluto, es evidente que en el pensamiento de Victor Hugo se encuentra Napoleón III. Álvaro Mutis no consentirá que su personaje encuentre un paraíso que pueda perdurar, pues su visión existencial del mundo es la de la desesperanza, siempre la violencia ajena acabará invadiendo el paisaje idílico, así hasta “Jamil”, cuando un lugar degradado como es un astillero casi desmantelado se transforme en una especie de hogar.
La clarividencia que supone entrar en contacto con el mundo feliz de un sentimiento pleno se hace evidente en uno de los poemas más conocidos de El arte de ser abuelo, se titula “Ventanas abiertas”; en él, la realidad exterior invade como una beatitud el espacio interno que habita el poeta:
“Oigo voces. Distinguen claridades mis pupilas. Una campana toca a vuelo en la iglesia de San Pedro. Se oye la algarabía de los que toman el baño. ¡Más cerca! ¡Más lejos! ¡No! ¡Por aquí! ¡No! ¡Por allá! Los pájaros gorjean, Juana también. Jorge la llama. Cantan los gallos. Una llana raspa un techo. Dos caballos pasan por una callejuela. Se oye rechinar una hoz que recorta el césped. Choques. Pizarreros se dirigen hacia la casa. Suenan rumores en el puerto. Silban las máquinas calientes. Se oye a lo lejos una música militar. Se oye alboroto en el muelle y voces francesas que dicen: <Gracias. Buenos días. Adiós>. Debe de ser ya tarde, porque viene hasta cerca de mí cantando un petirrojo. Se oyen golpes lejanos de martillos cayendo sobre una fragua. El agua del mar salta. Se oye jadear un steamer. Sopla el viento furioso en el mar” (p. 585).
Es la vida en su plenitud que invade el territorio solitario del creador cuando contempla el mundo desde la felicidad. Por mucho que esta nunca pueda llegar a ser completa, pues el abuelo recuerda a un tercer nieto muerto.

Victor Hugo y su nieta

Victor Hugo y su nieta

Ya en París, después del segundo exilio en Guernesey, durante un paseo por el Jardín, creación del Conde de Buffon, y mientras contempla a los niños, el poeta se reconcilia con el mundo, aunque todavía permanece en él el rescoldo de la rebeldía (IV, I, p. 589): “Termino por no ser allí más que un buen hombre enternecido por la infancia y por la naturaleza, y adoro a ambas, y soy menos indulgente con Dios que con el niño”. En relación con ello, un tema que se repite a lo largo de El arte de ser abuelo es el de la contemplación de Jeanne mientras duerme; en una ocasión agarrando un dedo de su abuelo que está leyendo periódicos ultracatólicos en los que es criticado e insultado por su supuesta impiedad, pero al viejo luchador nada puede afectarle mientras se encuentre al refugio de su nieta, porque el sueño del inocente es como una prolongación de los cielos
“Juana duerme y deja el pobre ángel desterrado vagar su alma inocente por el infinito, sin mirar hacia el mundo, probando antes de beber las copas de hiel de la tierra, a ver si puede conversar otra vez con el cielo. Duerme con sagrada tranquilidad; su apacible respiración, sus gestos incomprensibles, su calma, son exquisitos. Su abuelo, feliz esclavo, país conquistado, la contempla” (p. 605).

¿Qué tipo de taxonomía podían utilizar los autoconsiderados creyentes de esa época para calificar a este autor como impío, después de leer palabras como estas, que no son las únicas? El arte de ser abuelo, llevado por esa exaltación del sentimiento que produce el contacto con la inocencia acabará convirtiéndose en una reflexión que indaga en torno a lo más profundo del ser, en una religión de luz que, en realidad, es la que nace desde la contemplación de lo puro; de ello son una metáfora los niños; ellos son el motivo que engendra una visión luminosa de la existencia más escondida, aunque en ningún momento, y por ello, el autor abandone su espíritu combativo. Así concluye el libro: “Que es preciso que al fin se encuentre la indestructible verdad y que se nos aparezca la faz esplendorosa que densas nubes nos ocultan. La envidiosa noche trata de ahogar el germen de la vida, del poder eterno y de la luz; pero yo, que soy sincero creyente, a fuerza de cariño y de entusiasmo conseguiré ver la faz de Dios” (p. 620). No estaría de más que estos versos fuesen tenidos en cuenta cuando se intente interpretar la obra de Victor Hugo.

Victor Hugo y sus nietos

Victor Hugo y sus nietos

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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