ÁLVARO MUTIS Y VICTOR HUGO (5)

DOS POETAS ANTE LA EXPERIENCIA DE SER ABUELO: VICTOR HUGO Y ÁLVARO MUTIS

Maqroll el Gaviero en su condición de abuelo adoptivo

ÁLVARO MUTIS

ÁLVARO MUTIS

En la creación literaria de Álvaro Mutis hay que destacar su ciclo narrativo Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, cuya primera edición se fecha en Colombia en 1993. Está compuesto por los relatos La Nieve del Almirante (1986), Ilona llega con la lluvia (1987), La última escala del tramp steamer (1988), Un bel morir (1989), Amirbar (1990), Abdul Bashur soñador de navíos (1991) y Tríptico de mar y tierra (1993); a este último pertenece “Jamil”, que se vería completado años después con “Un rey mago en Pollensa”, texto que se publicaría por primera vez en libro en Relatos de mar y tierra (2008). Es indudable que con Tríptico de mar y tierra se inició en la producción del autor un cambio en la interpretación del mundo, equivalente a la que podemos leer en las iluminaciones poéticas de Los emisarios (1984). Tanto en uno como en otras se expresa una mirada existencial en la que la desesperanza deja un cierto espacio a la contemplación del mundo donde el instante de plenitud es posible, donde la vida no es exclusivamente un avanzar pausado pero seguro hacia la nada. “Un rey mago en Pollensa” vio la luz el 24 de diciembre de 1995 en la publicación periódica colombiana El Tiempo; en la presentación del relato se hace evidente ese espíritu navideño relacionado con la visión del mundo infantil. Leemos en “Un rey mago en Pollensa” estas palabras de Maqroll: “le confieso que ahora es una época [la de Navidad] que tiene la curiosa condición de comunicarme una mezcla de nostalgia y agradable bienestar que antes no conocía” (Mutis 2008:231), y ello es gracias a la experiencia vivida en compañía de Jamil, de la que en el relato se destaca un episodio en el que el niño participó en un belén viviente organizado en la parroquia de Pollensa regida por Mosén Ferrán. En la presentación del cuento para El Tiempo, en consonancia, aflora esta afirmación que busca el patetismo incitado por la conmemoración en el calendario cristiano del nacimiento de Jesús: “demuestra cómo hasta los corazones más fuertes pueden rendirse ante el encanto de los niños en tiempos de Navidad. En este caso, el corazón de Maqroll, acostumbrado a vivir entre los tiempos y el azar de la aventura, es el que cede a la euforia decembrina”.

Familia Álvaro Mutis

Familia Álvaro Mutis

Maqroll el Gaviero es un personaje de carácter melancólico, tanto que, después de sugerir su relación con Saturno, Fernández Ariza (2015) considera que es uno de los rasgos que definen su personalidad; hasta tal punto es así que cuando se encuentra en su continuo vagabundear (“alegoría del éxodo errante y sin destino del hombre de nuestro tiempo”, Gimferrer 1981:705) con una vivencia que puede ser positiva o gratificante, también la experimenta desde la tristeza que lo efímero proyecta hacia el futuro; es una nostalgia que se va gestando desde el nacimiento de lo vivido; así en “Jamil”, antes de conocer la plenitud feliz, una de las pocas para el personaje, el lector sabe de su malestar que le tiene postrado en Pollensa. Esta puede ser una de las posibles explicaciones para esa incapacidad del Gaviero de permanecer en un solo lugar. El nostálgico o el melancólico, por naturaleza siempre piensan que la felicidad se encuentra en la otra orilla y si, además, es lúcido se percata de que la cosa es así y no va a hallar esa dicha que persigue, llega a la conclusión de que es necesario seguir moviéndose, pues mientras permanezca en el camino todavía se mantiene la ilusión del futuro, engañándose ante algo que interiormente sabe de una manera indudable: esta en su estado absoluto es imposible. En el periplo de Maqroll, “Jamil” es un hito más que demuestra tal aseveración.
La melancolía es una de las más tremendas tragedias que experimenta el ser humano, tanto así que, incluso, puede llegar a regodearse en ella; es un eco de la expulsión del paraíso (Fernández Ariza 2015:59); es como un castigo autoasumido de ese mito, convertido en una metáfora, que impide toda posible redención; la gran mancha que está presente en todo momento en el ser humano, sea cual sea la religión que practique, sea agnóstico o ateo; es más, parece consustancial a todo ser vivo, pues, ¿no sufren los animales de melancolía? ¿No se agostan las plantas? ¿No mueren los verderones cuando son enjaulados? Es como el buitre que devora las entrañas de Miguel de Unamuno, o el animal que llevamos dentro según la canción de Franco Battiato. La oscuridad anunciada que nos hace perder los momento de dicha, y estos solo pueden darse en el aquí y el ahora.

Empresas y tribulaciones

Empresas y tribulaciones

Hasta el tiempo de “Jamil”, la vida del Gaviero era un transcurrir en el que cada día es un acercamiento a la muerte, cuestión que se hace evidente en diversos momentos de La Nieve del Almirante, e incluso en el desesperanzado vivir de Alar el Ilirio, protagonista de La muerte del estratega, cuya existencia es un mero mantenerse en una prolongación que desea la llegada de la Muerte. Sin embargo, el contacto con el niño Jamil, la experiencia de ser abuelo, el contemplar lo cotidiano de un modo distinto, sin tanta desesperanza (¿hasta qué punto esta es medible?), pues, ante la explosión de la vitalidad de un niño, de un hijo, de un nieto, se borra la visión de la tumba; se puede desear, aguardar o ser consciente de la propia muerte, pero la genética del ser humano no puede, ni está preparada, para admitir, ni siquiera vislumbrar, la desaparición del que es futuro. Tanto es así que, uno de los momentos más dramáticos de “Jamil” es cuando se mantiene la tensión de qué ha sucedido con el niño; por ello, durante una de las conversaciones que definen este relato, aunque sea adelantar su final, el narrador-Maqroll, se apresura a decir que el niño está donde debiera, con su madre.
Mosén Ferrán sabe que Maqroll es una profundidad insondable, de la que la superficie solo muestra melancolía y nihilismo; los lectores de todo el ciclo de Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero lo saben, con todo, en palabras de Fernández Ariza (2015:267)
“Nos sorprende la aproximación del viejo gaviero a un niño de menos de cinco años; nos sorprende la delicada tarea que emprende Maqroll en testimonio de la amistad profesada al compañero de aventuras; nos sorprende la ternura que despierta Jamil y su curiosa mirada sobre las cosas que le rodean; y nos deslumbra la capacidad de alentar en el experimentado maestro una reconciliación con el mundo y una extraña letargia de su nihilismo”.

Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura", "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera" y mis últimas publicaciones "Tratado de la Reintegración. Martines de Pasqually. Traducción de Hugo de Roccanera" y "El Tarot de los Iluminadores de la Edad Media. Traducción de Hugo de Roccanera".
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