KISEKI

MILAGROS DE REALIDAD

Hirokazu Koreeda

Kiseki

Literatura del realismo mágico o esperpentización de la realidad, a ambas interpretaciones del mundo japonés nos hemos referido en estas páginas al acercarnos a las figuras de Haruki Murakami, Ryu Murakami o Natsuo Kirino. Japón también es lo cotidiano, aunque se denomine Milagro (Kiseki).

            Kiseki es una película de Hirokazu Koreeda, estrenada el año 2011. En ella se relata la historia de dos hermanos cuyos padres se han separado. El mayor (Koichi) ha ido con su madre a Kagoshima, allí vive en la casa de los abuelos; el menor (Ryunosuke) con el padre en Fukuoka. El hermano mayor, más que el otro, desea el reencuentro familiar. Su gesto preocupado es la manifestación de esa necesidad, tan apremiante que decide recurrir a un milagro.

          La realidad cotidiana es un rasgo que define el arte japonés en cualquiera de sus makis11nifestaciones, hasta cuando se acerca a lo fantástico. Un claro ejemplo de ello está en las películas de terror, especialmente en Llamada perdida (Chakushin ari, Takashi Miike, 2003) o El pozo (Chakushin ari 2, Renpei Tsukamoto, 2005), en las cuales la normalidad de un aparato como es un teléfono móvil se tiñe de los más tenebrosos presagios. Hasta los cuentos de fantasmas, Kwaidan, están teñidos de la vida de cada día de la época correspondiente.

            Otra característica reiterativa de la estética japonesa es la naturaleza; el paisaje japonés parece manifestar una luz especial. Este matiz está perfectamente conseguido en la película de Hirokazu Koreeda. En Kiseki el ambiente urbano es importante; sin embargo ahí está la presencia de ese volcán cuyas cenizas se depositan con tanta suavidad que sólo se hacen patentes al cubrir los objetos, pues el aire se mantiene con una limpidez que permite el celeste del cielo de la isla de Kyushu.

i-wish-nos-voeux-secrets-kiseki-i-wish-11-04-2012-11-g             Niños que corren, apresurados en sus actividades, responsables en cada acción, a la vez con una sonrisa casi continua en sus rostros, aunque cada uno de ellos arrastre lo que considera una tragedia; el tiempo habrá de mostrarles cómo las cosas siempre pueden ir peor, y esa tragedia, en realidad no lo es tanto. Ahí está el milagro al que se refiere el título de la película. La vida más allá del sufrimiento por la muerte de una mascota, la vida más allá de saber que una no es la más hermosa de su clase, la vida más allá de la imposibilidad de ser amado por la bibliotecaria del colegio. Las esperanzas del milagro no se centran exclusivamente en el mundo infantil; también están en el de los ancianos. En realidad, en muchos relatos japoneses ambas edades convergen (recordemos, por ejemplo, Rapsodia en agosto de Akira Kurosawa). El sueño del abuelo, la consecución del mejor pastel karukan, no es sólo el planteamiento de un negocio, es también el querer recuperar el sabor perdido, mediante la utilización de ciertos ingredientes, y también por un discurrir comparable al de La búsqueda del tiempo pedido de Proust.

Kiseki3            Los gestos de los niños en Kiseki son alegres; también muestran la sombra de la preocupación, el casi rendirse en la ensoñación al anochecer, al final de un atareado día: arreglar su habitación, quitar la ceniza, llegar caminando al instituto, después de subir una cuesta impresionante, aguantar en clase los comentarios hirientes, aunque sean hechos sin mala intención –al fin y al cabo, el mundo está contemplado desde la mirada de unos niños- e ir a nadar. Esas preocupaciones o ese prácticamente quedarse dormido en el autobús de regreso, contagia al espectador de una sensación de dejadez que le permite adentrarse en la realidad como ellos la ven. Los gestos soñadores que en Haruki Murakami son síntoma de distanciamiento o de enajenación, en Kiseki buscan el encuentro, la simpatía en la transmisión del propio ser del personaje.

akira-kurosawa            El paisaje del milagro es una naturaleza retratada con la parsimonia que caracteriza buena parte de las descripciones de la geografía japonesa desde la estética. La desgracia sólo existe en la exacerbada imaginación de un muchacho que dibuja la erupción de un volcán cuya lava destruye el mundo que aparentemente le desagrada, más que nada porque significa una separación que odia. El dibujo que Koichi hace del volcán recuerda al que Akira Kurosawa realizó para representar uno de sus sueños (en la película con este título). En ese paisaje, incluso la noche pierde esa siniestra inquietud que tan presente está en tantos momentos de la narrativa japonesa (recordemos de un modo especial el caso de Haruki Murakami y Ryu Murakami). Se trata de una noche apacible, por unas calles silenciosas hasta que una puerta hospitalaria se abre para dar acogida a unos niños que, aunque hayan abandonado el hogar, no se enfrentan al mundo peligroso del folclore, porque el milagro se cumple, ¿es así? El milagro de saber que nada es la distancia, que mientras la vida siga ésta será algo extraordinario, por eso la suavidad tanto narrativa como descriptiva que encontramos en la película de Hirokazu Koreeda; esa suave melancolía que se desliza a lo largo del filme.

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Acerca de lamansiondelgaviero

Escritor y amante de la literatura. Obras publicadas en kindle: "Realismo mágico y soledad, la narrativa de Haruki Murakami", "Castillos entre niebla", "Amadís de Gaula, adaptación", "El tiempo en el rostro, un libro de poesía", Álvaro Mutis, poesía y aventura"; y, mi última publicación: "Edición y estudio de Visto y Soñado de Luis Valera".
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2 respuestas a KISEKI

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