MUJERES HEIAN EN MURAKAMI

ARQUETIPOS FEMENINOS CLÁSICOS HEIAN EN LA NARRATIVA DE HARUKI MURAKAMI

Aunque mucho se ha tratado de la influencia de la literatura norteamericana en la obra de Haruki Murakami, acercarse a sus textos desde los principios clásicos de la cultura japonesa puede deparar algunas sorpresas. Dos son novelas en las que vamos a fijar nuestra atención de una manera especial. La primera, Kafka en la orilla, posiblemente en la que es más evidente la pervivencia de lo clásico; de hecho en ella se menciona el Genji Monogatari como uno de los paradigmas para la explicación de lo sobrenatural. Esta obra tiene su origen en la era Heian, una época marcada por principios estéticos como fûryû, que es la elegancia, transformada en miyabi cuando se cubre de una pátina de sensibilidad, ejemplificados tanto en el Genji Monogatari (1011) de Murasaki Shikibu como en el Libro de la almohada (996) de Sei Shonagon o en los otros diarios de mujeres de la corte de la época.

Retrato de Naniwaya Okita. Kitagawa Utamaro

Retrato de Naniwaya Okita. Kitagawa Utamaro

En Kafka en la orilla nos encontramos con un personaje concreto que encarna estos valores, se trata de la señora Saeki: “una mujer delgada que debe de tener unos cuarenta y cinco años. Alta para su generación. Lleva un vestido azul de manga corta y una chaqueta fina de color crema sobre los hombros. Muy elegante. El pelo largo y recogido en una cola floja. Cara refinada e inteligente. Ojos bonitos. Y una pálida sonrisa flotando en los labios como una sombra. No puedo expresarlo bien, pero su sonrisa raya en la perfección. Me recuerda un pequeño rincón soleado. Un rincón de especiales contornos que sólo pueden nacer en un lugar donde haya cierto tipo de recogimiento. […] La señora Saeki me produce una impresión fuerte y a la vez nostálgica” (pág. 56)

Rye Miyazawa para la campaña publicitaria de Shiseido Aqualabel

Rye Miyazawa para la campaña publicitaria de Shiseido Aqualabel

Con estas palabras describe Kafka Tamura a la señora Saeki. Y en ellas, además, flota, como un leve aroma, otro de los principios estéticos de la era Heian, se trata de mono-no-aware; la tristeza refinada, la nostalgia sentida al contemplar algo que es hermoso y perecedero. El mono-no-aware ha pervivido en la literatura japonesa más allá de cualquiera de las revoluciones extranjerizantes que han influido en esta cultura, hasta llegar a lo que ha dado en llamarse la corriente literaria del amor puro o romántico (ejemplificada en Un grito de amor desde el centro del mundo de Kyoichi Katayama y Tokio Blues del propio Haruki Murakami). De estas palabras de 1Q84 (libro 3) se desprende el concepto al que me refiero: “La tristeza inundaba el corazón de Aomame silenciosa, furtivamente, como un caudal de agua suave y oscura. En esos momentos, el circuito de su memoria cambiaba de dirección y pensaba con todas sus fuerzas en Tengo. Se concentraba y rememoraba el tacto de la mano de Tengo cuando, a los diez años, en aquella aula, acabadas las clases, sostuvo la mano de él unos minutos” (pág. 67).

El otro ejemplo de valores de la era Heian en Murakami está en la novela 1Q84, encarnado en el personaje de la anciana de la Villa de los Sauces en Azabu, la señora Shizue Ogata; se trata del mujôkan, un profundo sentimiento por la constatación de la impermanencia en el mundo. Es la expresión de melancolía por la fugacidad de la existencia, la contemplación de la belleza en lo frágil, como una gota de rocío, las flores de cerezo o las mariposas. Tal mirada es la fusión absoluta con lo contemplado. La señora de la villa de los sauces lo explica en los siguientes términos, mientras está con Aomame en el invernadero de mariposas: “las mariposas son criaturas de una elegancia, ante todo, efímera. Nacen en algún sitio, buscan tranquilamente un número reducido de cosas y, poco después, van desapareciendo a escondidas para irse a algún lugar. Tal vez a un mundo distinto de éste” (vol. 1, pág. 112).

Pintura de Tani Bunchô (siglo XIX)

Pintura de Tani Bunchô (siglo XIX)

Publicado en Haruki Murakami y Literatura Japonesa | Etiquetado , , | 4 comentarios

Un texto aljamiado

Origen: Un texto aljamiado

Publicado en Haruki Murakami y Literatura Japonesa, Sin categoría | Deja un comentario

YOJIMBO

Origen: YOJIMBO

Publicado en Haruki Murakami y Literatura Japonesa | 1 comentario

YOJIMBO

akira-kurosawa3-Antonio-Joaquín-González23 de abril de 1961.

Producida por Kurosawa films Production, Distribuida por Toho.

Producción. Tomoyuki Tanaka y Ryuzo Kikushima.

Fotografía. Kazuo Miyagawa.

Dirección artística. Yoshiro Muraki.

Música. Masaru Sato.

Reparto.

Toshiro Mifune, Eijiro Tono, Kamatari Fujiwara, Takashi Shimura, Seizaburo Kawazu, Isuzu Yamada, Hiroshi Tachikawa, Kyu Sanzaka, Tatsuya Nakadai, Daisuke Kato, Ikio Sawamura, Akira Nishimura, Yoshio Tsuchiya, Yoki Tsukasa, Susumo Fujita.3l-Antonio-Joaquín-González El azar es un elemento básico en la vida de un samurái que recorre los caminos sin un destino definido por él mismo. En un primer momento parece, incluso, que su vida no tiene un objetivo. Cuando el samurái errante – recibe el nombre de ronin- llega a una encrucijada, opta por arrojar una rama y dejar que sea uno de sus extremos el que marque el camino. Pronto se encontrará con dos hombres que discuten; son un padre y un hijo. Éste dirá que prefiere una existencia corta pero llena de aventuras a una vida larga comiendo gachas. A través de las palabras de los padres, el samurái se enterará de que el pueblo cercano está sumido en un enfrentamiento entre bandas que impide el comercio de la seda, con lo cual se está llegando a una situación insostenible.

Al llegar al pueblo, el samurái es recibido por un perro que corre con una mano humana entre sus fauces; un cómico oficial de policía le invita a unirse a una de las dos bandas que luchan por dominar la situación; un grupo de harapientos facinerosos lo rodean con sus grotescos gestos.

En la posada, el dueño le explicará en detalle la situación y el samurái, que es un mercenario –yojimbo- afirma que va a ser contratado por uno de los dos bandos. Este mercenario, que por no tener no tiene ni nombre, pues se inventa uno, Sanjuro –el que ronda los treinta años-, se propone terminar con esa guerra entre delincuentes que ha destruido la tranquilidad de los ciudadanos pacíficos que no aparecen en ningún momento del filme. Este último aspecto es bastante curioso, puesto que Akira Kurosawa cuidaba mucho la ambientación de sus películas. Puede recordarse al respecto la detallada recreación de la aldea de Los siete samuráis. Sin embargo, en Yojimbo, salvo los grotescos facinerosos, los degradados jefes y comerciantes (el de seda y el de sake), el posadero y el carpintero de ataúdes, no aparecen muchos más personajes. El pueblo parece uno de esos pueblos fantasmas que luego serán tan frecuentes en el western. Hay también una familia desgraciada. El marido perdió a su hermosa esposa en una apuesta. Sanjuro desprecia a las personas que se dejan arrastrar así por las miserias de la vida, igual que hacía Kikuchiyo en Los siete samuráis, el cual más allá de ese desprecio se acaba implicando en una guerra que no es la suya. Eso es lo mismo que hará Sanjuro, arriesgando su vida y volviendo a su soledad en los caminos con un lacónico Abayo (hasta la vista).Yojimbo1-Antonio-Joaquín-González

Yojimbo comienza con la soledad de un hombre ante las montañas y el frío. Toshiro Mifune da la espalda al espectador en una clara representación de su comportamiento asocial y solitario. Este personaje llega a una encrucijada de caminos señalada por una serie de lápidas religiosas que no le merecen mayor atención. Sopla el viento y se acentúa la sensación de soledad que perfectamente se transmite al que en ese momento ve las imágenes.

Los elementos naturales –la lluvia y el viento- siempre tienen un protagonismo especial en las películas de Akira Kurosawa. El ambiente en Yojimbo es muy seco, tanto que el viento levanta continuamente nubes de polvo. El viento siempre anuncia cambios. En Yojimbo hay tres momentos especialmente destacables al respecto. En el primero, justo al inicio de la película, como ya hemos dicho, agudiza la sensación de soledad, pero también anuncia unos cambios que están a punto de producirse. En este sentido el viento habla del posterior enfrentamiento entre dos modos distintos de contemplar la vida cuando aparezca un asesino que no duda en utilizar un revólver. Y, por último, durante el período en el cual Sanjuro se recupera de las heridas recibidas; el viento mueve una hoja seca que será acuchillada una y otra vez con mortal eficacia por el samurái que ya vuelve a ser fuerte y capaz de acabar con la situación de injusticia que está viviendo el pueblo.

Sanjuro es un ejemplo claro de la transformación que sufre la figura heroica del samurái en la cinematografía japonesa, a partir de la década de 1950 (Los siete samuráis es de 1954). Este arquetipo cultural japonés ha recibido a lo largo de la historia cinematográfica diversas connotaciones. En la segunda mitad de la década de los cincuenta y principios de los sesenta, el samurái pasa a ser un individuo solitario y asocial que, sin embargo, se compromete con los débiles, aunque en algunos momentos, como sucede en Yojimbo, llegue a afirmar: “Odio a la gente patética”. Ese compromiso, que no termina con su soledad sino que la agudiza, está muy cerca de la imagen final de Centauros del desierto de John Ford.

A diferencia de un seguidor fanático del código samurái del Bushido (como ocurre en La venganza de los cuarenta y siete samuráis de Kenji Mizoguchi o Los cuarenta y siete ronin de Hiroshi Inagaki) o, alejándose de una existencia de sangre y violencia (como lo representado en el personaje del asesino que aparece en Yojimbo, ejemplificado en muchos otros momentos de la cinematografía japonesa), el samurái de este período se convierte casi en un instrumento del destino. En Yojimbo, la destrucción es el karma. El fuego es el pago por la maldad, o la muerte. Pero, a la vez, es un instrumento de justicia totalmente desapegado, así se explican las últimas palabras que se pronuncian en la película. Primero en la muerte del asesino con revólver: “Te estaré esperando en la puerta del infierno”, a lo cual Sanjuro responde: “Idiota, murió como vivió”. Y, finalmente, el “Abayo” (Hasta la vista) con el cual Sanjuro da, otra vez, la espalda al espectador y a una realidad que ha cambiado pero que no le da nada, pues sigue prefiriendo la soledad del camino. Esta errancía, por otra parte, originará otra de las hermosas películas de Akira Kurosawa: Tsubaki Sanjuro (Sanjuro el de las Camelias).Yojimbo0-Antonio-Joaquín-González

“Las películas <de sable> (ken geki), subgénero del jidai-geki (cine histórico) recibieron los honores de un éxito masivo e internacional. Pronto se dejó de lado el noble término (ken-geki) para sustituirlo por otro más popular, chambara, derivado de la onomatopeya <chan-chan bara-bara>, que representa el ruido brutal del sable al cortar la carne humana. Tanto por el número de películas producidas como por su carácter <único>, el chambara es una de las piedras de toque del cine japonés.

De 1954 a 1968 se rodaron los más hermosos ejemplos de cine <de sable>. Se puede señalar, además, que es durante este periodo cuando más renombre adquirieron grandes cineastas como Ozu, Kinoshita o Kurosawa.

Precisamente Kurosawa, quien al rodar La fortaleza escondida (Kakushi Toride no san akunin, 1958), Mercenario (Yojimbo, 1961) y Tsubaki Sanjuro (Sanjuro Tsubaki, 1962) realizó obras maestras del cine japonés y del chambara. Kurosawa filmó los clásicos duelos de sable con un sorprendente virtuosismo, y los aprovechó para inyectarles una violencia gráfica que después sería retomada.”

“A propósito de las películas <de sable>”, Pascal Vincent, Nosferatu. Revista de cine. Monográfico de cine japonés.sable-Antonio-Joaquín-González

Publicado en Cine | Etiquetado , | 3 comentarios

Un texto aljamiado

Poema-deYuçuf-Antonio-Joaquín-GonzálezLa literatura aljamiada es aquella escrita en un castellano muy arabizado, utilizando las grafías del alifato árabe. Según algunos historiadores, nace en la época en que los musulmanes no hablan un árabe puro sino romanceado por influencia de las lenguas de los reconquistadores. La voluntad de estos textos podría ser la necesidad de ocultar su contenido, aunque tal explicación no parece muy adecuada –al fin y al cabo tan legibles son las letras del alifato como las del abecedario-. Más bien tendríamos que pensar en los valores talismánicos, simbólicos, o de identidad cultural si se prefiere, de la palabra escrita. Fundamentalmente, el origen de la literatura aljamiada se encuentra en los moriscos; los descendientes de los mudéjares a los cuales todavía les quedaba una cierta posibilidad de hacer gala de sus rasgos culturales con mayor libertad de que dispondrían sus descendientes, siempre en riesgo de ser perseguidos por un cristianismo intransigente ajeno a es visión idílica que tantas veces ha intentado alumbrar las oscuridades de la historia de España.

Cerámica-Mudéjar-Antonio-Joaquín-González            La casualidad y un cierto misterio han acompañado a buena parte de los hallazgos de textos aljamiados; misterio porque son libros que se encontraban escondidos tras las paredes. Así en 1795, se encuentra una miscelánea de textos aljamiados en una casa de Ágreda que se hunde. En 1884 en Almonacid de la Sierra, al ser derribada un edificio antiguo aparecen más de cien manuscritos aljamiados.

alcorán-aljamiado-Antonio-Joaquín-González          Entre los textos aljamiados que poco a poco han sido encontrados está el Corán, en una lengua romance tan arabizada que resulta de complicada comprensión para un castellano parlante; Corán que perfectamente serviría como texto de meditación para el creyente musulmán en un tiempo en el que se había perdido la enseñanza del árabe clásico en su pureza. En aljamiado está redactado, también, el Poema de Yuçuf, que contiene la historia del José bíblico. También hay textos aljamiados de narrativa ficticia como el Recontamiento de Alixandre o la Historia de los amores de Paris y Viana.

Uno de los textos aljamiados más importantes es El libro de las batallas. Uno de los ejemplos más claros de cómo hay lazos semánticos entre el mundo épico románico y el árabe, en una línea que llegaría hasta los libros de caballerías del siglo XVI.

Sirvan estas palabras como presentación del texto que sigue, perteneciente al Libro de las Batallas, editado en 1967 por Álvaro Galmés de Fuentes (en la edición puede leerse tanto el original como la transcripción, ahora presentamos una versión). Este texto es una magnífico ejemplo de una descripción maravillosa, en ella, Zaid, embajador del Profeta Muhammad, describe el palacio del rey de Yemen Al-Hâriz.

Llegué ante el alcázar y entré. Vi una plaza muy grande en la cual se levantaba otro palacio. En el patio había gentes sentadas; todos vestían sedas y sobre sus cabezas tocas del mismo tejido, con filigranas de oro. Entre los allí presentes había uno que sobresalía por su majestad. Pensé que aquel era el rey, así que me acerqué a él y me dispuse a rendirle pleitesía. Entonces me dijo mi guía:Medina-Azzahara-Antonio-Joaquín-González

-No, éste no es el rey; pues él es más alto y noble en su aspecto. Éste es uno de sus alguaciles.

            Cruzamos otra entrada y llegamos a otro patio. Salió un portero y me preguntó:

-¿Eres tú el mensajero de Muhammad? -. Le contesté que sí.

-Pues entra- respondió él.

            Así llegué a otro alcázar que no era menor que el primero. Había mucha gente en sus sitiales, todos ellos perfectamente engalanados, unos con más magnificencia que otros. Yo me dije: “no hay duda de que aquel es el rey”. Pero cuando mi guía vio que yo iba hacia él, me detuvo con estas palabras:

-No es este el rey, sino un cautivo de sus muchos cautivos.

            Después pidió licencia al que controlaba la entrada a otro alcázar. Así fui pasando de palacio en palacio; en cada uno de ellos yo pensaba que estaba el rey; así cruzamos más de treinta estancias. Salimos a una plaza enorme donde había mucha gente; desde ella se entraba en una sala con paredes de oro, su techumbre sembrada de rubíes y otras piedras preciosas. A la mano derecha cuarenta esclavos y a la izquierda otros tantos, todos ellos con espadas desenvainadas. Entre ambas filas, una silla de marfil, con pies de ébano, esmaltados en oro y con rubíes engastados. Allí estaba sentado el rey. Sobre su cabeza, una corona de oro y perlas. Se encontraba flanqueado por sus consejeros.Dionís Baixeras 1885. Universidad de Barcelona

            En el ambiente flotaba un noble aroma. Allí había también un trono de oro, sobre él una imagen de hierro, con cabeza de latón y ojos de rubíes bermejos; a su izquierda, una doncella, y sobre su cabeza un ave, en su mano derecha una copa de oro rebosante de almizcle y en su izquierda, una taza de agua de rosas. La doncella hablaba al ave con el lenguaje de los pájaros; y el ave volaba desde la corona a la copa de almizcle y a la del agua de rosas; en ellas mojaba sus alas y regresaba a la corona donde, al sacudirse, asperjaba aquellos aromas sobre todos los presentes. Cuando, después, regresaba sobre la cabeza de la doncella, ésta le hablaba otra vez y el ave repetía aquel gesto, rociando el patio de aroma de almizcle y rosas.

Publicado en Literatura universal | Etiquetado , , , | 1 comentario

Sanshiro Sugata

(La leyenda del gran Judo)

(Este artículo se ha publicado en la revista Kanku. Kyokushin-Kan, del Club Deportivo Karate Kan de Zaragoza. Si está interesado en verla completa o en descargarla gratuitamente:

http://issuu.com/antoniojoaquin/docs/revista_kyokushinkai_2015

https://www.dropbox.com/s/fwz6vvuosqwb3g5/Revista%20kyokushinkai%202015.pdf?dl=0)

Akira Kurosawa (1910-1998) es uno de los más importantes cineastas japoneses. Entre sus películas hay que mencionar obras maestras como Los siete samuráis, Perro rabioso, Barbarroja, Rashomon, Yojimbo, Ran, Kagemusha y tantas otras. El primer film dirigido por él fue Sanshiro Sugata, el año 1943. Cuenta la historia de un protagonista con ese mismo nombre. Se desarrolla a finales del siglo XIX, en plena época Meiji, alrededor de 1882. Sanshiro Sugata busca un maestro que le enseñe el arte del jiujitsu y se ve involucrado en el enfrentamiento de los seguidores de esta disciplina marcial antigua con los primeros representantes del desarrollo de una nueva visión de la lucha, el judo, ejemplificado en la figura del maestro Yano. A la vez, La leyenda del gran Judo, nombre con el que fue traducida esta película al español, es un melodrama que relata el idilio de su protagonista con la hija de un maestro rival, al cual Sugata Sanshiro habrá de desafiar.

Akira Kurosawa se hace eco en el filme de los problemas a los que hubieron de enfrentarse los pioneros del judo, con una interpretación radicalmente diferente de la vida respecto a los seguidores del jiujitsu. Basta comprobar el tan diferente enfoque entre el maestro Yano y los representantes de unas escuelas antiguas que sólo buscan mantener unos privilegios que habían conseguido como expertos en la lucha cuerpo a cuerpo.

collage-varios-Antonio-Joaquín-González Más allá de todo esto, Akira Kurosawa ya desde su primera película manifiesta con total claridad cuál va a ser una de las mayores preocupaciones en sus narraciones fílmicas: el desarrollo del ser humano, el aprendizaje que conlleva el recorrer un camino de perfeccionamiento interior.

Sugata Sanshiro comienza siendo un muchacho tan fuerte como agresivo y le gusta buscarse problemas. Un amanecer llegará a la casa de su maestro después de haber pasado la noche en el barrio de diversión y haberse enfrentado a numerosos adversarios en una pelea callejera, expresión de una fuerza interna que todavía no ha encontrado su cauce para manifestarse desde el respeto. El maestro Yano va a recibirle con la dureza del que no está dispuesto a admitir como seguidor del judo a aquel que no sea digno. El diálogo entre ambos personajes, el maestro Yano y el joven Sugata Sanshiro, es uno de los momentos más interesantes de la película

MAESTRO: Bien. Seguro que te sientes orgulloso de haber derribado a tanta gente.

SUGATA: Lo siento.

MAESTRO: Hubiese querido verte en acción. Eres fuerte, en realidad muy fuerte. Puede que seas el más fuerte que yo he conocido. Sin embargo tienes que saber que hay una gran distancia entre el judo que yo practico y tu clase de judo. ¿Sabes qué quiero decir? Tú no sabes usarlo. Tú no conoces qué es el camino de la vida. Y enseñar judo a alguien como tú es como poner un cuchillo en las manos de un loco.

SUGATA: Lo sé.

MAESTRO: Eso es mentira. Actuar como tú lo haces sin una causa y sin un propósito, simplemente por odio, ¿es ese el camino de la vida? No. El camino consiste en la lealtad y en el amor. Esta es la verdad natural del cielo y la tierra. Ésta es la más alta verdad y la única por la que un hombre puede afrontar a la muerte.

SUGATA: Yo puedo enfrentarme a la muerte. No temo morir, incluso ahora mismo si usted lo ordena.

MAESTRO: Cállate. Tú no eres más que un vulgar luchador callejero.

SUGATA: No temo a la muerte.

MAESTRO: Entonces, ve y muere.

             Sugata Sanshiro se arrojará a un lago que está situado en el patio de la casa de su maestro, con la completa determinación de esperar que le llegue la muerte. Y así sucede, pero no como él espera, sino en la visión de un loto que surge desde el lodo de las aguas, iluminado por la luna, imagen del tránsito que Sugata Sanshiro ha debido pasar para encontrarse con ese hombre nuevo que dé sentido real al arte que practica.

El resto de la película, ahí queda.flor-de-loto-Antonio-Joaquín-González

Publicado en Cine, Karate | Etiquetado , , | Deja un comentario

Juan en Patmos

Sueña su vida y que quema el manuscrito de su Evangelio

Águila-de-San-Juan-Evangelista-Antonio-Joaquín-GonzálezAquella noche que comenzó con cielo rojizo hacia poniente, como un presagio, Juan soñó una vida como legionario en Judea; allí despertaba cada amanecer, entre amargas sensaciones que no entendía, pues nacían de visiones ajenas a la vida en campaña.

Gracias brotan, Señor, de mi pecho,

al ver ascender este humo azul,

como aceptación del sacrificio

hecho en Tu Nombre.

Hecatombe nacida en las llamas

de legajos depositados por el tiempo.

Papel y letras sagrados en la purificación,

ardiendo en hermoso fuego,

en aroma de laurel

y vuelo de águila.

San-Juan-Evangelista-Antonio-Joaquín-González

Publicado en Espiritualidad | Etiquetado , , | Deja un comentario

EIJI YOSHIKAWA

(Este artículo se ha publicado en la revista Kanku. Kyokushin-Kan, del Club Deportivo Karate Kan de Zaragoza. Si está interesado en verla completa o en descargarla gratuitamente:

http://issuu.com/antoniojoaquin/docs/revista_kyokushinkai_2015

https://www.dropbox.com/s/fwz6vvuosqwb3g5/Revista%20kyokushinkai%202015.pdf?dl=0)

Cuando se trata sobre la redacción de los Dojo Kun de Sosai Oyama, se suele hacer referencia a la relación que se establece, en torno a la década de 1950, del fundador de Kyokushin con el escritor japonés Eiji Yoshikawa (1892-1962).El-Cantar-de-Heike-Antonio_joaquín-González

Puede ser interesante que conozcamos un poco más de este autor, pues en sus novelas se localizan ejemplos de una filosofía que orienta el Budo Karate del que hablaba Masutatsu Oyama.

La producción literaria de Eiji Yoshikawa se centra en la novela histórica. Su primer éxito, en 1921, es Shinran, sobre el fundador del Jôdo Shinshû, o Budismo de la Tierra Pura.

Aunque contemporáneo, Eiji Yoshikawa, por esa voluntad de acercarse a la historia japonesa, bien puede ser visto desde los paradigmas literarios clásicos, evidentes sobre todo en la modernización que realiza sobre el Heike Monogatari.

Su producción alcanza un momento álgido a partir de 1935 cuando comienza la publicación de una extensa novela por entregas, Musashi, sobre el célebre samurái, Miyamoto Musashi, autor del tratado de esgrima Libro de los cinco anillos (siglo XVII).

Taiko-Antonio-Joaquín-GonzálezEn 1950, realiza el autor su versión al japonés moderno de la obra clásica Heike Monogatari (siglo XII) en la cual se relata el enfrentamiento de los Taira y los Minamoto; se trata de un texto épico japonés, equivalente a los que podemos encontrar en toda cultura (el Mahabaratha o el Ramayana indios, El libro de los Reyes de Firdusi, la Iliada y la Odisea de Homero en Grecia, el Cantar de Mío Cid en Castilla, la Chanson de Roland en Francia o el Cantar de los Nibelungos en alemán), pues el origen de toda civilización narra su génesis en relatos épicos.

La última novela de Eiji Yoshikawa, que sería publicada póstuma en 1967, es Taiko. En ella se trata de una época crucial en la historia japonesa; el periodo final de la era Sengoku (1467-1615) durante el cual se produjo una guerra civil prácticamente continua entre estados combatientes dirigidos por diferentes clanes. En Taiko se relata el enfrentamiento entre los tres caudillos principales: Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Ieyasu Tokugawa el cual, tras las victorias de Sekigahara (1600) y de Osaka (1615) acabaría haciéndose el dueño absoluto de las islas del Sol Naciente, estableciendo una dinastía de gobernadores y un férreo control militar de la nación que perduraría hasta el siglo XIX.

Actualmente, en español, podemos leer tres obras de Eiji Yoshikawa: Musashi, Taiko y Heike que ha comenzado a ser publicada por la Editorial Satori, especializada en literatura japonesa.picture233-Antonio-Joaquín-González

Un fragmento de Musashi I. Libro del aire. Aquí, el monje Takuan (otro nombre que debería ser una referencia obligada para todo practicante de las Artes Marciales) le dice a un Takezô (futuro Miyamoto Musashi) que está a punto de dar un giro radical a su vida:

“Naciste con fuerza y valor físicos, pero te falta conocimiento y sabiduría. Si bien lograste dominar algunos de los aspectos más desafortunados del camino del samurái, no hiciste el menor esfuerzo por adquirir sabiduría ni virtud. La gente habla de combinar el camino del aprendizaje con el camino del samurái, pero cuando están adecuadamente combinados no son dos sino uno solo. Hay un único camino”.

Musashi-Antonio-Joaquín-González

Publicado en Haruki Murakami y Literatura Japonesa, Karate | Etiquetado , , , | 1 comentario

La práctica del mokusho

Todo ejercicio que deviene en Camino tiene que interpretarse como una ceremonia. En la práctica de las Artes Marciales el mantenimiento de unas normas de respeto y cortesía marca la frontera del territorio en el cual se practica, lo que en japonés se denomina dojo.

Toda sesión de entrenamiento marcial comienza con un saludo hacia la espacialidad, dirigido hacia todo: hacia los maestros, hacia los compañeros, hacia la tradición que se sigue, hacia el respeto a uno mismo, pues en el ejercicio realizado seriamente buscamos nuestra esencia. El final de la sesión es mokusho (aunque luego venga el saludo a todos los que han estado presentes allí).

¿En qué consiste mokusho?

En algo tan sencillo como sentarse en seiza, de rodillas, las nalgas apoyadas en los talones, en una situación de estabilidad plena; los puños en las caderas, o las palmas de las manos descansando sobre los muslos, o una mano acogida en la otra cuando se pretende dar a la posición un sentido de mayor meditación, es el caso del zen), de un modo u otro, hay que buscar la necesaria estabilidad del cuerpo para centrarse en la respiración.

Nada más y nada menos. Así de sencillo, sin embargo hay tanto alrededor del gesto tan simple de tomar asiento y cerrar los ojos para ser conscientes de la respiración.

Mokusho hace referencia a una acción tan simple como es cerrar los ojos y centrar la atención en la respiración para aquietar las sensaciones que abruman la vida cotidiana. Aplicado a la práctica religiosa de la meditación zen puede tener un sentido de acercamiento a lo espiritual; y en el desarrollo de una disciplina marcial se acerca tanto a la búsqueda de una calma necesaria después de una actividad plena como a la búsqueda de ese sentido superior que se le da a ciertos trabajos, especialmente físicos y marciales, en la cultura japonesa, pues como escribe Durckheim en su libro Meditar. Por qué y cómo, “cuando reina un espíritu iniciático, cualquier disciplina puede pasar de la aridez de una simple <materia> a una apertura a la profundidad de la vida que ella encierra”. También Eugen Herrigel supo explicarlo perfectamente en El zen en el arte del tiro con arco. Mediante la técnica se ejecuta el Ser, es decir, por el trabajo con lo corporal puede alcanzarse el espíritu y en esta transformación tiene una importancia básica la meditación, que bien puede relacionarse con mokusho, sin necesidad de darle a este un sentido religioso tradicional. Por la meditación mokusho se asienta el conocimiento para que así llegue a ser un formante natural del ser; en mokusho se deposita en nuestro inconsciente el trabajo realizado a lo largo de una sesión de práctica de la disciplina marcial.

Buda-de-Kamakura-Antonio-Joaquín-González            Después de un tiempo de duro entrenamiento, tomar el aire se transforma en una necesidad imperiosa que casi hace boquear. En mokusho, el ritmo respiratorio se tranquiliza, porque busca la calma absoluta después del torbellino de la tormenta.

La vida es respirar. Comenzamos nuestra andadura física con una primera inspiración, acompañada del llanto y ojala nuestra última expiración en el momento de la agonía vaya acompañada de una profunda sonrisa, así nuestra vida será algo que ha vencido al tiempo contando que es nuestra existencia.

Mokusho es el acercamiento a lo numinoso, a aquello que, de un modo u otro estremece, y lo que sobrecoge puede ser tanto la luz como la tiniebla, es necesario aceptar ambas posibilidades. En la oscuridad surge la necesidad de encontrar las energías que no han sido liberadas para llegar más allá de lo que marca lo cotidiano. Lo numinoso amenaza la realidad ordenada y vacía de espíritu en la que el hombre cree moverse con seguridad.

Aunque mediante mokusho se presta atención a los sentidos, más todavía cuando se realiza después de una práctica marcial que involucra a todo el cuerpo, hay que saber que en la meditación prestar atención no significa apegarse, ni apremiar la llegada del silencio mediante la crispación. Mokusho es un escalón más en el proceso del conocimiento, el necesario reposo de todo lo que se remueve en la práctica, para que en las aguas calmadas se deposite el fondo enriquecido, dejando, sin embargo, la mente transparente.

La meditación no consiste exclusivamente en un intento de abandonar el mundo dejando transcurrir el tiempo en un vacío desde el que nada puede ser generado. La meditación, más todavía cuando está relacionada con una práctica física y marcial, se transforma en un elemento más de esa misma disciplina. Y esto es un privilegio para los practicantes serios de un arte marcial. La meditación, cuando no es una excusa para abandonar el compromiso con el mundo, es una disciplina de adhesión a la vida, la búsqueda de una experiencia en el ser más profundo y de firmeza tanto en el valor como en la paciencia.

El tiempo de mokusho es la práctica del silencio, de la meditación, del sosiego después de la batalla, de la inmovilidad del cuerpo después de la acción. Es la consecución de una tranquilidad que acalla la agitación y aumenta el sentimiento vital. Es la alegría de haber sobrevivido a una batalla más. Ahora bien, todo ello no tiene que significar un aflojamiento, pues se trata de una calma activa que va más allá de los límites de nuestro cuerpo, agotado después de una sesión de entrenamiento. Para que en mokusho se consigan estas metas, se tiene que lograr una buena postura, una tensión sin agarrotamiento y una respiración centrada en ese centro vital que los japoneses denominan hara.

La buena posición de mokusho es aquella que nos lleva a sentirnos como una pirámide, bien asentada en el suelo, pero con una tensión ascendente hacia el cielo. Es necesario buscar en mokusho una postura que manifieste la confianza, una confianza que no requiere pruebas, pues está tanto en uno mismo como en la conciencia de saber que algo muy fuerte y esencial es nuestro apoyo y está en nuestro interior.

En la práctica del camino de la espada, esa seguridad que proviene del interior está expresada en la escuela de la no-espada, aquella que no necesita de desenvainar, ni necesita la espada, ni al guerrero pues es el camino el que se manifiesta sin necesidad de esfuerzo por parte del que sigue la senda interior. Mal asunto cuando un adepto a la práctica marcial tiene que usar directamente sus conocimientos, mal asunto porque siempre habrá dos perjudicados y porque en él habrá fallado ese sentido que se deposita en la brevedad del mokusho con el que concluye la sesión de práctica.

Kenzo-Awa-Antonio-Joaquín-GonzálezPara terminar, un motivo de meditación que bien podría servirnos para nuestro próximo encuentro con el uno mismo que debería ser mokusho

“El árbol empuja siempre sus raíces a una mayor profundidad y a una mayor extensión, mientras que su cima se alza siempre más libremente hacia el cielo” (Karlfried Graf Durckheim).

Publicado en Espiritualidad | Etiquetado , , , | 4 comentarios

Haiku

Almendro-Antonio-Joaquín-GonzálezLa primera flor.

En el invierno,

el almendro.

Publicado en Ficción y poesía | Etiquetado , | Deja un comentario