Iluminismo y revolución en el Caribe del siglo XVIII

El siglo de la luces (Alejo Carpentier)

El_siglo_de_las_luces_Alejo_CarpentierEl título de la novela de Alejo Carpentier El siglo de las luces (escrito entre 1956-1958 y publicado en 1962) se refiere a las tres luminarias que acotan el territorio de la oscuridad durante el siglo XVIII: la Libertad, la Razón y la Espiritualidad. Las tres van claramente unidas en el proceso de conocimiento que viven los tres personajes más importantes: Carlos, Sofía y Esteban, sin olvidar a los otros que aparecen en esta historia, algunos de ellos con un carácter bien definido, aunque en ellos también se produzcan algunos cambios significativos: el doctor Ogé, Caleb Dexter y, especialmente, el revolucionario jacobino Victor Hugues, el más claro representante de una revolución de luces y también de sombras como se hace evidente en la llegada al Caribe de la primera guillotina.

El cometido del presente artículo es hacer un recorrido, siquiera sea sucinto, por las menciones que, a lo largo de la novela, se hacen acerca de diversos movimientos espiritualistas, ocultistas, secretos e iluministas, como se prefiera; tomando, además, muy en cuenta la influencia que tales ideas pudieron tener en el desarrollo de los principios revolucionarios.

Desde un primer momento, la voluntad hermética del iluminismo dieciochesco en El siglo de las luces se hace evidente cuando Alejo Carpentier inicia su obra con un pórtico en el que se lee una frase del Zohar: “las palabras no caen en el vacío”.Masonería

El mito de la influencia de la Masonería en la revolución francesa es tan antiguo como la Revolución misma. La tesis fue planteada en 1791. La Masonería es un movimiento secreto (en el sentido de discreto), esotérico y filosófico cuyos fundamentos pueden contenerse en palabras como Tolerancia, Progreso, Igualdad, Libertad y Fraternidad, siendo estas tres últimas de la divisa de la Gran Logia de Francia. No puede confirmarse documentalmente un compromiso directo de la Masonería como institución con el desarrollo de los hechos que minaron los cimientos del Antiguo Régimen. Por otra parte, se hace difícil de entender el atroz baño de sangre y la crueldad que acompañaron a los acontecimientos revolucionarios, inexplicables desde los fundamentos en los que se asienta la Masonería. Sin embargo, esos mismos fundamentos son la semilla que plantada por distintos masones produciría esa nueva forma de contemplar el mundo. Y aquí es donde esas palabras que encabezan El siglo de las luces cobran un sentido especial. Ideas que nacen en las luces y penumbras de los Logias y siguiendo su eje se dispersan más allá de la puerta de los Templos.

La importancia de las sociedades secretas en el mundo de El siglo de las Luces se anuncia tempranamente, al poco de la aparición en La Habana de Victor Hugues, acompañado de palabras como Filántropo y acusado posteriormente de francmasón. También en ciertas menciones hechas a la profesión de Victor Hugues como contrabandista de telas; justifica este oficio como un modo de luchar contra la tiranía; telas llegadas desde Francia, compradas en las fábricas de sedas de Lyon de Jean Batiste Willermoz. Y este es uno de los nombres que debemos retener, pues fue mucho más que un comerciante.

La segunda mención importantísima que debemos retener es la de un tal Martínez Retrato_supuesto_Martínez_de_Pasqually_Isabel_González_Torrentsde Pasqually, “muerto en Saint Domingue algunos años antes, cuyas enseñanzas habían dejado huellas profundas en algunas mentes”, aunque para Victor Hugues este personaje era un farsante, descrito en los siguientes términos: “Quien pretendía establecer comunicaciones espirituales, por encima de las tierras y los mares, con sus discípulos, igualmente arrodillados, en ocasión de solsticios y equinoccios, sobre círculos mágicos trazados con tiza blanca, entre velas encendidas, signos de la kábala, humos aromáticos y otras escenografías asiáticas”. Aunque, inmediatamente, la respuesta a ello de Ogé explica que el cometido de todo ello era “desarrollar las fuerzas trascendentales dormidas en el hombre” ya que “Martínez de Pasqually explicaba que la evolución de la Humanidad era un acto colectivo y que, por lo tanto, la acción iniciada individual implicaba forzosamente la existencia de una acción social colectiva: quien más sabe más hará por sus semejantes”. Ante esta postura espiritualista de Ogé, la que implica un mayor compromiso con la acción de Víctor Hugues: “Empiecen por romper la cadenas”. Esta conversación tiene lugar en un ambiente en el que se está planteando la cuestión de la revolución.

Martínez de Pasqually es una de las figuras más importantes de la filosofía iluminista del siglo XVIII. De orígenes poco claros, por falta de una documentación fidedigna –tendremos oportunidad de tratar sobre estas cuestiones en artículos posteriores-, su carrera de taumaturgo y teúrgo se hace evidente hacia 1754. Su obra más importante, la única conocida, más allá de algunas de sus cartas conservadas, es el Traité de la Réintégration des étres dans leurs premières propiétés, vertus et puissance spirituelle et divine (Tratado de la Reintegración de los Seres en sus primeras propiedades, virtudes y poderes espirituales y divinos), que no sería impresa hasta 1899.

A partir de 1754, Martínez de Pasqually desarrolla una orden hermética, la de los Elus Cohen que se mantendría viva hasta 1781 cuando el Gran Maestre, sucesor del fundador, Sebastián Las Casas, cerrase oficialmente los Templos Elus Cohen, lo cual no significó, por otra parte, que su teurgia no perviviese.

En 1772, Martínez de Pasqually parte hacia la Isla de Santo Domingo. La razón: la necesidad de hacerse cargo de una herencia en las posesiones ultramarinas de Francia; así, al menos, ha sido explicado. Lo cierto es que durante dos años –su muerte sucede en 1774-, Martínez de Pasqually, además de seguir en contacto, por una correspondencia conservada con sus seguidores en Francia, organiza la Sociedad de los Elus Cohen en lo que actualmente es Haití.

Un magnífico resumen de la teoría sobre la que se fundamenta el pensamiento de Martínez de Pasqually lo podemos leer en estas palabras que pertenecen al Tratado de la Reintegración: “El hombre tenía las mismas virtudes y poderes que los primeros espíritus y, aunque fue emanado después que ellos, se convirtió en su superior y mayor gracias a su estado de gloria y a la fuerza del mandato recibido del Creador. Conocía perfectamente la necesidad de la creación universal, conocía también la utilidad y santidad de su propia emanación espiritual, así como la forma gloriosa de la que había sido revestido para actuar según la voluntad sobre formas corporales activas y pasivas. En este estado debía manifestar todos sus poderes frente a la creación universal, general y particular para mayor gloria del Creador”.

Desde las enseñanzas transmitidas por Martínez de Pasqually surgen, por un lado, el movimiento esotérico del Martinismo, debido a Louis Claude de Saint Martin y, por otro, una revolución en la organización del sistema de la Masonería, debido a Willermoz, el mismo que proveía de sedas a Víctor Hugues.

Todo ello es explicado en el momento en que Esteban llega a dilucidar cómo Víctor Hugues, que llegaría a ser uno de los más fervientes partidarios de Robespierre, entró en contacto con la Masonería

Logia“Juan Bautista Willermoz, su proveedor en sederías, Gran Canciller del Covent de las Galias, muy estimado por los Príncipes de Hesse, era el dirigente de una orden que había ido derivando hacia la mística y el orfismo por influencia de Martínez de Pasqually, el iluminado muerto en Saint-Domingue. El misterioso judío portugués había fundado capítulos en Port-au-Prince y en Leogane, ganándose las mentes de hombres como Ogé, llevados a las especulaciones esotéricas, pero defraudado, en sus disciplinas herméticas, a los que, como el exnegociante, eran más solicitados por un ideal de subversión política. Victor, respetuoso del inmenso prestigio de Willermoz como filántropo y como industrial –millares de obreros trabajaban en sus fábricas de Lyon- había aceptado los fundamentos de la doctrina, hincándose según el rito del Gran Oriente, pero negando (de ahí venían sus discusiones con Ogé) a aceptar las prácticas espiritualistas preconizadas por Martínez de Pasqually, aquel que se jactaba de establecer comunicaciones mentales a distancia, con sus discípulos de Europa”.

El ambiente de sociedades esotéricas, secretas, herméticas o iluministas, como se prefiera, está claramente expresado en las palabras con las que Ogé resume todo un mundo que enmarca el surgimiento del pensamiento revolucionario durante la travesía en el barco del capitán Caleb Dexter: “los portentos del magnetismo, de la quiebra de la psicología tradicional, o bien de las órdenes secretas que florecían en todas partes, bajo los nombres de Hermanos del Asia, Caballeros del Águila Negra, Electos Cohen, Filaletas, Iluminados de Aviñón, Hermanos de la Luz Verdadera, Filadelfos, Caballeros Rosa-Cruces y Caballeros del Templo, persiguiendo un ideal de igualdad y armonía, a la par que laboraban por el perfeccionamiento del Individuo, destinado a ascender con el auxilio de la Razón y de las Luces, hacia las esferas donde el ser humano veríase por siempre librado de temores y de dudas”.

Y así, después de todo un adoctrinamiento en el Caribe, Esteban llega a Francia, en el momento álgido de la revolución y allí es iniciado en la Logia de los Extranjeros. Ceremonia que es descrita por Alejo Carpentier en este fragmento

“Para él habían encendido el Templo, resplandeciente y arcano, donde, al fulgor de las espadas, le tocara andar, trémulo y deslumbrado, hacia las Columnas Jachim y Boaz, el Delta y el Tetragrama, el Sello de Salomón y la Estrella del Número de Oro. Allí estaban, envueltos en sus aureolas y emblemas, los Caballeros Kadosh y los Caballeros de la Rosacruz y los Caballeros de la Serpiente de Bronce y los Caballeros del Arca Real y los Príncipes del Tabernáculo y los Príncipes del Líbano y los Príncipes de Jerusalén, y el Gran Maestre Arquitecto y el Sublime príncipe del Real Secreto, hacia cuyos grados comenzaría la ascensión de quien, demudado por la emoción, sintiéndose indigno de tanto honor, avanzaba hacia los misterios del Grial, de la transformación de la Piedra Bruta en Piedra Cúbica, de la Resurrección del sol en la Acacia, en el seno de una Mapa_del_CaribeTradición conservada, recobrada que, retrocediendo vertiginosamente en el tiempo, alcanzaba las grandes ceremonias iniciáticas del Egipto, a través de Jacobo Boehme, las Bodas Químicas de Christian Rosencreutz y el Secreto de los Templarios. Esteban se había sentido Uno con el Todo, alumbrado, iluminado, ante el Arca que ahora había de edificar en su propio ser, a semejanza del Templo construido por el maestro Hiram-Abi. Estaba en el Centro del Cosmos; sobre su cabeza se abría el Firmamento, sus pies hollaban el camino que conduce del Occidente al Oriente. Salido de las sombras del Gabinete de Reflexión, desnudo el pecho en el lugar del corazón, desnuda la pierna derecha, descalzo el pie izquierdo, el Aprendiz había respondido a las tres preguntas rituales sobre lo que el Hombre debía a Dios, a Sí mismo y a los Demás, al cabo de las cuales se habían agrandado las luces, las altas luces de un Siglo hacia cuyo prodigioso acontecer había ido ciegamente, vendado, como arrastrado por una voluntad superior desde la tarde de los Grandes Incendios de Port-au-Prince”.

“Entendía ahora, el exacto sentido de la alucinada navegación –semejante a la de Perceval en busca de sí mismo- hacia la Ciudad Futura que, por una vez, no se había situado en América, como la de Tomás Moro o la de Campanella, sino en la propia cuna de la Filosofía”.

BarcosSin embargo, Esteban irá encontrándose en su camino con algunos hechos que le alejan poco a poco de aquellas ideas en las que, en un primer momento encontró la libertad y la explicación de la existencia. Ahí están los ejemplares de la Constitución encuadernados en piel humana o la sistemática utilización de la guillotina, primer símbolo de la libertad revolucionaria que llega a las posesiones ultramarinas de Francia, junto a la corrección del decreto por el cual se liberaba a todos los esclavos para poner nuevamente en cadenas a aquellos que había saboreado la libertad. Este desencanto no aleja a Esteban de la indagaciones espirituales, cada vez más simbólicas como muestra este pensamiento sobre Cristo que le alcanza en su regreso al Caribe: “era posible, sin embargo, que la crucifixión no hubiese sido el peor de los suplicios inventado por el hombre. Pero la Cruz era un Áncora y era un Árbol, y era necesario que el Hijo de Dios padeciera en su agonía sobre la forma que simbolizaba a la vez la Tierra y el Agua –la madera y el mar”.

Cuando Esteban ya ha renunciado interiormente a los principios de la revolución tal y como estos se están llevando a cabo, recuerda unas palabras que el doctor Ogé citaba de su maestro Martínez de Pasqually, “el ser humano sólo podría ser iluminado mediante el desarrollo de las facultades divinas dormidas en él por el predominio de la materia”. Para llegar a esta conclusión en cuyas palabras no puede definirse con más claridad esa relación que hay entre Revolución y Espíritu: “Esta vez la revolución ha fracasado. Acaso la próxima sea la buena. Pero, para agarrarme cuando estalle, tendrá que buscarme con linternas a mediodía. Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras. Nuestra época sucumbe por un exceso de palabras. No hay más Tierra Prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo”.El_Ermitaño_Tarot_Wirth

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El gourmet solitario (Jiro Taniguchi – Masayuki Kusumi)

El_gourmet_solitario_portadasMasayuki Kusumi (Tokio 1958) es el guionista de esta novela gráfica dibujada por Jiro Taniguchi (Tokio 1947), uno de los más importantes autores del panorama del cómic japonés, entre sus obras hay que señalar otras como La época de Botchan o El caminante.El_gourmet_solitario

En la guía para el viajero sobre Japón (El País-Aguilar) leemos:

“Teniendo en cuenta la actual profusión de restaurantes (sólo en Tokio hay unos 80.000) y la riqueza de cocinas regionales y extranjeras, cuesta creer que la dieta japonesa media consistiera durante siglos en poco más que arroz, sopa de miso y encurtidos. En una tierra de escasos recursos primaba una austeridad que enseñó a los japoneses a aprovechar al máximo los productos de temporada y a servirlos con arte para que parecieran apetitosos. Tokio, Osaka y Kyoto son los centros culinarios, pero cada ciudad se enorgullece de sus especialidades propias. Los restaurantes baratos y de categoría media suelen apiñarse alrededor de las estaciones de trenes y en los centros comerciales y en los grandes almacenes. Muchos establecimientos se identifican por los visillos (noren) que cuelgan sobre la puerta con el nombre del restaurante en japonés”.

Hakozen-soba_by_Yusuke_Kawasaki_in_Ginza,_Tokyo            Esta anotación nos sirve perfectamente para ubicar el paisaje en el que se desarrolla el texto gráfico que estamos comentando pues la vida de este gourmet solitario se desarrolla en ese mismo mundo que es el habitual en la restauración japonesa cotidiana –no hablemos de otras exquisiteces que en todo momento han acompañado la cultura culinaria japonesa. En esta obra nos encontramos representados algunos establecimientos frecuentados por trabajadores, cafeterías o restaurantes, tiendas de soba (tallarines), puestos callejeros de ramen (tallarines chinos), algunos de ellos abiertos hasta bien entrada la noche, pues dan acogida a los oficinistas cuando terminan tarde sus jornadas laborales; máquinas dispensadoras de bebidas y alimentos, supermercados abiertos las veinticuatro horas, establecimientos de comidas para llevar en las cajas bento, restaurantes de sushi, bares… Tal es la realidad que aparece dibujada en este libro de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi.

ramen_nakamura_shoyu2            Uno de los locales más representados en este libro es el de los izakaya, equivalentes a los bares de tapas tal y como son conocidos en España. En ellos se toma la consumición en la barra, aunque tal y como podemos leer en las imágenes del cómic, ello no implica una apertura a la socialización entre desconocidos –en realidad, en España hace tiempo que las cosas no son como antaño-.

Como buena parte de los elementos que definen la cultura japonesa, lo gastronómico también ha sufrido un proceso de exotización. Por un lado está bien leer este cómic de Jiro Taniguchi porque en él nos hacemos conscientes de que la alimentación japonesa no es solo la complicación de platos incomprensibles para el paladar occidental e inasequibles para un bolsillo medio. Por otro, también está bien porque en las viñetas que narran la historia de Masayuki Kusumi se hace evidente que, hasta en lo cotidiano, el japonés cuida los detalles desde lo visual hasta lo gustativo.

Más allá de todos estos elementos relacionados con la comida, centrémonos ahora en otros aspectos argumentales de una historia que nos lleva a unos principios simbólicos en los cuales la soledad y la realidad japonesa cobran una especial relevancia.El_gourmet_solitario

También para Haruki Murakami cocina y soledad son dos elementos que aparecen unidos continuamente; no puede ser de otra manera cuando el principio estructural que sirve para desarrollar las existencias de los personajes murakamianos es lo real; hasta cuando la comida se convierte en el trampolín necesario para lanzarse hacia la dimensión fantástica. Así sucede especialmente con los espaguetis, que en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo se transforman en la excusa perfecta para crear un ambiente de máxima realidad; o en el cuento “El año de los espaguetis” de Sauce ciego, mujer dormida, en el cual la pasta se define como una metáfora de la soledad.

¿Llegamos a conocer el nombre del protagonista de El gourmet solitario? Su recorrido por el mundo es un continuo monólogo que apenas se detiene cuando frena en su actividad laboral, se dedica a comerciar con artículos importación. Más tarde también sabremos que se ha forjado en la dura disciplina del prácticamente de artes marciales, su maestro fue su propio abuelo; detalle este último interesante porque en su bonhomía de abstemio, hay un momento en que no duda en responder con vehemencia a una agresión. Es conveniente en un cómic como este no perderse ni un detalle, porque en los pormenores se encuentra lo más importe del recorrido de este hombre solitario por diversos establecimientos de comida.

Retrato_de_Jiro_Taniguchi           El protagonista come y come y, aunque en algún momento roce la ansiedad, en realidad en su atracción por lo culinario encontramos más que nada una visión vitalista de la existencia. Se trata de un hombre que trabaja duro, que es fiel a sus principios, que respeta el mundo que recorre, aunque en algún momento no lo entienda, y que es en el acto de comer en el que encuentra su plena comunicación con el paisaje del que también forma parte.

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El vals Mefisto de Fred Mustard Stewart

Fred_Mustard_StewartDicen que al volver a acercarse a los clásicos es cuando el lector se percata de cómo ha pasado el tiempo y es capaz de encontrar sentidos nuevos tanto en la letra como en los espacios en blanco. No sólo sucede con la literatura reconocida en el canon de los especialistas. Todo lector tiene su propia lista y ésta no tiene que coincidir con las facilitadas ni por los gurús de la cultura, ni con la de los críticos especializados. También existe esa literatura, especialmente narrativa, que nace para ser consumida por el mismo placer de la lectura, sin mayores objetivos que el entregar al lector unas horas de apartamiento de las ocupaciones cotidianas.

El motivo de esta reflexión está en la relectura de El Vals Mefisto de Fred Mustad Stewart (The Mephisto Waltz, 1969) publicada en España en 1973.

¿Cuántos años han pasado desde que leí por primera vez esta novela? Más de treinta, seguro. Y, aunque ahora no ha quedado esa sensación ominosa que impregnaba la realidad, más allá del tiempo pasado ante las páginas abiertas, he de reconocer que la historia sigue atrapando y el tiempo pasa con rapidez ante el papel.

Se trata de una novela de satanismo, con todos los ingredientes que encontramos en otras ficciones de esos años, especialmente cinematográficas: La semilla del diablo de Roman Polansky (Rosemary’s Baby, 1968), en la cual el ambiente oscuro invade poco a poco desde lo social el espacio cotidiano de una pareja que ha vivido feliz hasta el momento. O La profecía de Richard Donner (The Omen, 1976) con esos perros negros como cancerberos de la maldad.

Más rasgos que definen este tipo de relato: la descripción de la ceremonia de magia negra aunque no sea detallada pretende fundamentarse en una serie de tratados, grimorios y ensayos históricos que son mencionados en una pincelada erudita con la cual esta literatura popular pretende poner el pie en la frontera que divide los géneros: aquí están Sadducismus Triunphatus de Joseph Clanvil; De la Démonomie des Sorciers de Jean Bodin; Discourse of the subtill practices of devilles de George Giffard; Satanism. Witchcratf de Jules Michelet, Lady Alice Kyteler; Illustria Miracula de Caesar von Heisterbach, Disquisiciones Magicae de Del Río; de Sprenger el Malleus Maleficarum. The Mannuals of the Monks Inquisitors of the Fifteenth and sixteenth Centuries; The books of Calls del inquisidor Matthew Hopkins, impreso en 1647.

El_vals_Mefisto            El elemento sexual desde lo distorsionado y lo morboso tampoco es ajeno a ese tipo de relatos; en este caso el incesto. Los instrumentos dotados de virtudes mágicas. Los sueños que mezclan desde el onirismo la realidad con la ceremonia nefasta. El erotismo busca un expresión desde la sensorialidad que pretende ser exquisita en la enumeración de marcas de prendas de vestir o en los perfumes, cuya mención, por otra parte, tiene un significado argumental muy especial. Esta es la descripción de Roxana, la hija del afamado pianista Duncan Ely: “Roxanne llevaba un traje negro de raso al estilo de los primeros años treinta, que realzaba su espectacular figura. El blanco cutis de sus desnudos hombros, brazos y seno parecía casi marmóreo bajo el raso de color ébano y el rojo de sangre del brazalete de rubíes que le tintineaba en la muñeca. Daba la impresión de una madurez superior a su edad, de un atractivo espontáneo y de una sensualidad subyugadora. Aun cuando sus labios se fruncían en una sonrisa cordial, los ojos violetas tenían una mirada fría, y Paula, pensó que la observación de Myles estaba plenamente justificada… Roxanne te hacía sentir escalofríos”.

No podría ser de otro modo, en una novela como ésta, ha de aparecer el diablo encarnado, en este caso en un hombre que viste de negro, y descrito fundamentalmente desde el uso de un sombrero, un Derby del mismo color.

Sombrero_Derby_negro            A lo largo de toda la obra, la música adquiere un protagonismo especial, desde el mismo título: el vals Mefisto (Franz Listz 1858-1862). El protagonista, además del famoso concertista Duncan Ely es Myles Clarkson, fracasado pianista en su juventud, pues abandonó su carrera ante las primeras críticas negativas, sin embargo posee unas manos descritas físicamente como privilegiadas. Esa fijación en una parte muy concreta del cuerpo es un elemento que caracteriza este tipo de relatos macabros. El interés por el cuerpo humano troceado marca las narraciones góticas en mayor o menor medida como instrumento muy apropiado para crear inquietud. Myles Clarkson sobrevive como periodista libre y espera poder escribir un día una novela que cambie su fortuna, en ello le apoya su esposa, Paula, la típica antiheroina de la narrativa popular que tendrá que enfrentarse a unas fuerzas malignas que la sobrepasan.

El_vals_mefisto_2          La música marca el desarrollo argumental desde la creación de un ambiente inquietante evidente en este fragmento en el que Paula contempla el piano de Duncan Ely: “Echó una mirada a las teclas de marfil, blancas y negras. En su mente danzaban las notas de apertura, los tresillos mordentes del Vals Mefisto. Dam dii dii, dam dii dii, dam dii dii. Recordaba la primera noche que oyó a Duncan tocarlo. En aquel piano, que entonces estaba en su casa. Con Roxanne sentada en su silla, y Robin a su lado, contemplando a su padre, mientras él extraía, hechizado, la música de cuerdas y macillos. Dam dii dii, dam dii dii, dam dii dii… Las brujas y los sátiros giraban en su demoníaca danza, mientras en alguna parte, Satanás, el príncipe de los ángeles rebeldes, mataba a Dios y se apoderaba del universo… Dam dii dii, dam dii dii, dam dii dii”.

No pretendo afirmar que Haruki Murakami leyese esta novela, pero es evidente que en El vals Mefisto nos encontramos con algunos elementos que aparecen en su narrativa; desde el personaje que ha fracasado en su carrera musical (Los años de peregrinación del chico sin color, Tokio Blues o Sputnik, mi amor) hasta esa presencia continua de una música dotada de una capacidad argumental anunciadora de lo terrible. No está de más, de todos modos, recordar la influencia, reconocida por el autor, de la literatura popular en la obra de Murakami, quizá en ello está la explicación de ciertos ambientes tan presente en su narrativa.Mephisto

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Aventuras maravillosas pero auténticas del Capitán Corcorán

Un aventurero francés contra el imperio británico

Capitán_Corcorán_portadasTres son los autores de novelas de aventuras que, ahora mismo, se me ocurre poner en relación con Alfred Assollant. El primeros de ellos, Julio Verne, porque comparte nacionalidad con el creador del capitán Corcorán. El Julio Verne (1828-1905) de Cinco semanas en globo (1862), Los quinientos millones de la begún (1879) o La vuelta al mundo en ochenta días (1879), por citar ejemplos significativos que pueden relacionarse con las Aventuras maravillosas pero auténticas del capitán Corcorán. El segundo, corcorán_041Rudyard Kipling (1865-1936), con él Alfred Assollant comparte un mundo, el del subcontinente indio, aunque contemplado desde una mirada radicalmente distinta, la del imperialismo británico que en la obra de Assollant está representado en todas sus bajezas, aunque sea, en algún momento desde el esperpento. De Kipling, bien podríamos mencionara aquí su poema Gunga Din (1892), El libro de la selva (1894-1895), Kim (1901) y una narración, que muy bien podría contarse como lo mejor de los escrito por el autor inglés –respetando, por supuesto, la maravillosa KimEl hombre que pudo reinar (1888), con la cual se comparte un rasgo argumental como es el del aventurero que alcanza un trono gracias a su valentía. Por último, hay que citar a Emilio Salgari (1862-1911) del cual habría que citar prácticamente todo como paradigma de lo que es un libro de aventuras, aunque ahora me basta con algunas de las novelas del ciclo de Los piratas de Malasia (A la conquista de un imperio, 1907, o El falso Brahmán, 1911), Los hijos del aire (1904-1907) y La cimitarra de Buda (1892).corcorán_151

¿Por qué este ir de uno a otro? Francia, Gran Bretaña e Italia. Con todas las novelas mencionadas podríamos plantear una estética bastante aproximada de lo que es el género de las aventuras. A estas habría que añadir la protagonizada por el Capitán Corcorán.

Jean Baptiste Alfred Assollant nació en 1829 y murió en 1886; de toda su producción, desde 1859 con Escenas de la vida en los Estados Unidos, hasta Los crímenes de Polichinela (1892), pasando por Los amores de Quaterquem (1860), la más reconocida es precisamente las Aventuras maravillosas pero auténticas del capitán Corcorán (1867).

corcorán_153            Ya desde el título podemos entrever una cierta voluntad por parte de Alfred Assollant de parodiar un género que, aunque había alcanzado cotas importantes, todavía no había llegado a su momento álgido.

Los fundamentos más cercanos de la literatura de aventuras pueden situarse en el Romanticismo; aunque las novelas de Walter Scott puedan ser calificadas perfectamente de narraciones históricas, es innegable que en ellas también hay mucha aventura; de la misma forma podríamos citar un texto de Victor Hugo, en pleno romanticismo, como Bug Jargal; sin olvidar los argumentos desarrollados en el tiempo en que el Romanticismo comienza a perder su esencia para dar paso a lo que con el tiempo, una vez cruzada la difusa frontera, será el Realismo, recordemos especialmente a Alejandro Dumas.

Así pues, para la época en la que Alfred Assollant escribe sus Aventuras del capitán Corcorán, el género ya está lo suficientemente perfilado como para dar lugar a esta parodia, evidente desde esa calificación de las hazañas del héroe como “maravillosas pero auténticas”.corcorán_161

Comienza esta novela con una reunión de los miembros de la Academia de Ciencias de Lyon; todos ellos dormidos mientras uno de ellos diserta sobre un tema tan erudito como puede ser “la huella que deja en el polvo la pata izquierda de una araña que no ha comido”. En ese ambiente tan vacuo y adormecido irrumpe el 26 de marzo de 1857 un marino, el capitán Corcorán que, desde un primer momento aparece retratado como una especie de pícaro. Sus conocimientos son inmensos, aunque su actitud parece desmentirlos. Ha llegado a la Academia de Lyon acompañado de una tigresa, Louison, la cual alcanzará un protagonismo especial en la obra. Normalmente los animales son una categoría secundaria y sobre todo antagónica para los héroes de libros de aventuras, sin embargo –y esto llegará a su culminación con Rudyard Kipling- en las Aventuras del capitán Corcorán, tanto Louison la tigresa como otros animales alcanzarán una categoría que los humaniza hasta extremos insospechados, mientras que animaliza a algunos personajes humanos por su falta de unos valores que están muy presentes en los tigres o en el elefante que aparecerá posteriormente en la historia.

corcorán_011           En fin, el capitán Corcorán, originario de Saint Malo –dato que no es baladí para retratarlo en su condición de marino bretón, acérrimo enemigo de los ingleses- ha acudido ante los académicos de Lyon para que estos valoren si es digno de aventurarse en la búsqueda del primer libro sagrado de los hindúes: el Gurakaramtá, considerado, incluso anterior a los Vedas.

El capitán Corcorán es descrito en los siguientes términos: “Era un joven alto, de apenas unos veinticinco años, que se presentó sencillamente, sin modestia y sin orgullo. Su rostro era blanco y sin barba. En sus ojos, de un verdemar, se reflejaban la franqueza y la audacia. Vestía una chaqueta de lana de alpaca, una camisa roja y un pantalón de dril blanco. Los dos extremos de su corbata, anudada a lo colm, pendían al descuido sobre su pecho”. Por otra parte, su carácter aventurero está expresado en estas palabras con las que él mismo se define: “Si soy o no astuto, lo ignoro. Pero sé que siendo mi cráneo el de un bretón de Saint Malo, y siendo los puños que cuelgan de mis dos brazos de un peso poco frecuente, y siendo mi revólver de buena fábrica y mi daga escocesa de un temple sin parangón, no he visto todavía a un ser viviente que me haya puesto impunemente la mano encima. Son los cobardes los que han de ser astutos. En la familia de los Corcorán, nos abrimos paso como las balas de un cañón”.

El capitán Corcorán se va a hacer cargo de la gesta que alcanza un cierto tono sagrado como toda gesta que se precie de originar un recorrido por las sendas de la aventura. Esta búsqueda le llevará a la India, prácticamente dominada por los ingleses. En vísperas del alzamiento de los cipayos, circunstancia que se une a una segunda línea en la trama, la cual conducirá al capitán Corcorán hasta un trono, el del país de los Maharajás, de una riqueza inmensa, la de su monarca, como corresponde al arquetipo orientalista de la época; hasta un amor en plenitud por la princesa Sita y hasta una vida de heroísmo extremo, compromiso con la libertad y lucha contra la injusticia.

Alphonse Marie Adolphe de Neuville (1835-1885) ilustró la edición original francesa, publicada por Hachette en 1867. Este pintor estudió con Eugéne Delacroix. Sus obras más conocidas están relacionadas con la guerra Franco-Prusiana, la de Crimea y la Zulú. Además fue ilustrador de libros como Veinte mil leguas de viaje submarino. Sus grabados manifiestan una gran calidad y la voluntad de representar el mundo de la aventura desde los parámetros del exotismo que caracteriza este tipo de textos.corcorán_298

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El Buda blanco de Hitonari Tsuji

El_Buda_blancoDesde la historia del maestro forjador de sables Minoru Eguchi, que podría ser una imagen de Yukata Imamura, abuelo del autor, Hitonari Tsuji (Tokio 1959) se propone realizar un viaje por la historia de Japón en el siglo XX, desde el momento crucial en el que una nación asiática como la japonesa demostraba al mundo no sólo que no era un país que se dejase convertir en un estado colonizado, sino que también manifestaba, con su victoria sobre Rusia en 1905, que se perfilaba como un país lo suficientemente fuerte como para marcar la historia de Oriente en el Pacífico.

A la victoria sobre Rusia seguiría la participación en la guerra contra los bolcheviques en Siberia, en ella participa el protagonista, la invasión de China y la guerra contra los Estados Unidos. Ante la derrota final en esta última, el caso de Minoru Eguchi se transforma en una manifestación más de esa ascensión de Japón a la categoría de uno de los países más desarrollados económicamente. La vida de Minoru Eguchi sirve para mostrar eso y, a la vez, se convierte en ejemplo para la situación económica de Japón en los años inmediatamente anteriores a 1997, fecha en la que se publica El Buda Blanco (Hakubotsu). Minoru Eguchi es un caso más del empresario que sabe levantarse después del desastre económico; pero es más que eso. No es circunstancial que Hitonari Tsuji escogiese a este personaje, inventor de ingenios mecánicos aplicables a la agricultura y a la pesca, diseñador de una ametralladora que podría haber llegado a ser un arma decisiva en la guerra del Pacífico, experto en el arreglo de los fusiles del ejército japonés y, fundamentalmente, forjador de espadas, oficio al que durante generaciones se había dedicado su familia. Es conocido el peso que en la cultura japonesa tienen los sables; también hay que recordar que más allá de esto, el herrero, y en su momento lo dejó muy claro Mircea Eliade en su obra Herreros y alquimistas, es una figura que posee la cualidad de traspasar el umbral del territorio mágico. Y así sucede con Minoru Eguchi, El_arpa_birmana_(1956)capaz de dejarse arrastrar por imágenes desde la abstracción y de ver a un Buda blanco cuyo mensaje de paz acabará por entender, encontrando en su última hazaña el sentido de la vida, de manera similar a como ocurre en uno de los más hermosos textos de la literatura japonesa del siglo XX, El arpa birmana (Biruma no tategoto 1947) de Michio Takeyama (1903-1984) cuyo protagonista renuncia a todo para realizar lo que considera su misión sagrada por la humanidad: dar sepultura a los cuerpos de tantos combatientes fallecidos durante la guerra del Pacífico.

Más allá de todo eso hay otra presencia que se deja notar a lo largo de la novela. De hecho, ésta comienza con un personaje moribundo en los últimos momentos de su agonía, tal y como lo encontramos en textos como El último día de Ivan Ilich de Lev Tolstoi o La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, por citar dos ejemplos que en su día me parecieron impresionantes. Esa presencia de la muerte, patente no solo en los estertores del anciano Minoru Eguchi sino también en todos aquellos que van marcando su camino de lápidas, que viene a ser el de todos aquellos para los cuales los años transcurren a partir de cierta edad; aunque en el caso del protagonista, la muerte hace acto de presencia muy pronto: un hermano, la mujer que fue su primer amor y continua acompañante en los sueños, los amigos y hasta un soldado ruso abatido durante la guerra en Siberia: “escuchaba a lo lejos los pasos de los soldados que recorrían las nieves de Siberia. En su mente aparecieron sucesivamente para borrarse en acto, los rasgos severos de los oficiales gritando órdenes con voz impostada, las llamas de las bombas que explotaban. ¿Era señal de la muerte que se acercaba?, la muerte tan temida y esperada a la vez, esta conciencia extraordinariamente clara que le permitía contemplar desde lo alto, a vista de pájaro, la carrera de las nubes cambiantes que cruzaban hasta perderse de vista en un cielo sin obstáculos”.

Con todo y con eso, la obra de Hitonari Tsuji no es una macabra exaltación de la omnipresencia de la muerte, sino un canto al compromiso del ser humano con la situación de sus semejantes y con el respeto a los que fueron.Cabeza_de_Buda

Más allá de la consideración de la existencia de la reencarnación, que en la obra aparece confirmada en la capacidad clarividente de alguno de los personajes, Rinko, la hija de Minoru, lo que realmente importa en el concepto que el protagonista aprende en las palabras de un monje budista, en ellas está la explicación de la enorme empresa del Buda blanco, en el concepto budista Ku-e-i-sho que “significa la igualdad originaria de todos los seres, ricos o pobres. Una vez superadas las reglas fastidiosas y el sentido de los valores propios de cada sociedad, los seres humanos son todos iguales”.

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Viviana y Merlín de Benjamín Jarnés

El episodio de Altisidora

Una de las características que define a la Vanguardia, sobre todo desde el paradigma del Futurismo, es la capacidad para jugar con el tiempo. Recordemos, por ejemplo, Metrópolis (1927) de Fritz Lang (¿futurista? ¿expresionista?), en ella se realiza una incursión en el tiempo del porvenir, aunque se hace desde una mirada que es la de una estatua trazada desde la matemática clásica.

            Ese mismo juego vanguardista con la temporalidad es el que quiero indagar para un fragmento de la obra Viviana y Merlín de Benjamín Jarnés. En concreto vamos a centrarnos en el capítulo titulado “Altisidora”, el futuro contemplado por dos personajes que tienen unas capacidades mánticas. Viviana es un hada y Merlín el mago profeta. Para ellos, el caballero de la Triste Figura es el futuro.Poster_Metropolis

            Para Benjamín Jarnés, la tradición clásica hispánica es importante a la hora de desarrollar su propio argumento literario; es por ello por lo que en Viviana y Merlín el mundo artúrico convive con el recuerdo de los epigramas de Marcial, con la presencia del Arcipreste que escribió un libro dedicado al amor, o de Rodrigo, modelo del ser huraño que marca lo español. Todas estas referencias puestas en la mirada de personajes míticos que contemplan tiempos pasados y comentan su actualidad desde una actitud moderna, muy moderna, son un juego; así, Viviana puede ser la Angélica de los poemas épicos renacentistas o la Carmen, altanera y seductora que sirvió para retratar el arquetipo exótico de la mujer española en el siglo XIX; carácter, el de Carmen, que, por otra parte, le va como anillo al dedo a Viviana, más la Carmen de Bizet que la de Mérimée. Uno de los capítulos finales de Viviana y Merlín es “Altisidora”. En este nombre vibran desde el primer momento los ecos cervantinos. Merlín ya ha caído bajo el hechizo de seducción de Viviana. En los roman del ciclo artúrico esto es considerado como una maldición. También en Viviana y Merlín este acontecimiento supone el principio del fin de la Mesa Redonda, sin embargo en la caída del mago está un renacimiento a la vida de los sentidos que siempre habían permanecido ajenos a este personaje calificado, en algún momento, como el cerebro del castillo de Tintagel. las_animas_del_purgatorio¿Por qué Altisidora? ¿Quién es Altisidora? Aparece este personaje fingido en El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha, Segunda Parte, Capítulo XLIV a XLVIII. Don Quijote se encuentra en la casa de los Duques; Sancho ha partido a su gobernación en la Ínsula Barataria; la Duquesa y algunas de sus doncellas traman una burla contra el caballero; una de ellas se nombrará como Altisidora y fingirá que se ha enamorado perdidamente del huésped. Martín de Riquer en Aproximación al Quijote compara a esta moza con Placerdemivida del Tirante el Blanco, por su desenvoltura y su decisión. Altisidora, para captar la atención del caballero le recita un romance, en él se describe desde la burla:

“Niña soy, pulcela tierna;
mi edad de quince no pasa:
catorce tengo y tres meses,
te juro en Dios y en mi ánima.
No soy renca, ni soy coja,
ni tengo nada de manca;
los cabellos, como lirios,
que, en pie, por el suelo arrastran;
y aunque es mi boca aguileña
y la nariz algo chata,
ser mis dientes de topacios
mi belleza al cielo ensalza.

Mi voz, ya ves, si me escuchas,
que a la que es más dulce iguala,
y soy de disposición
algo menos que mediana.
Estas y otras gracias mías
son despojos de tu aljaba;
desta casa soy doncella
y Altisidora me llaman”.

Desde luego nos encontramos con un retrato ambiguo que, para nada corresponde con la belleza de la que hace gala Viviana en distintos momentos del libro de Benjamín Jarnés. Comienza “Altisidora” cuando, al despertar, Merlín descubre que el hada encantadora no está a su lado en el lecho. Todos los habitantes del mundo artúrico han conocido la desaparición de Merlín y con ella se sabe, o se deduce –falsamente en el libro de Benjamín Jarnés-, la maldad del hada, convirtiendo al mago en una víctima de una de las muchas encarnaciones del mal, tan frecuentes en el mundo medieval. Merlín abandona el lecho y encuentra a Viviana, que está contemplando imágenes proyectadas en el agua clara. Allí ve “un hombre inmóvil” con una lanza en “el patio de un castillo”, así, al menos, es nombrado el lugar por Merlín, lo cual lleva a que nos planteemos si, Merlín no tendrá el mismo defecto de don Quijote cuando este mira la realidad y la transforma conforme a su imaginación, así se lo hace ver Viviana: “También tú te estás ofuscando. No es castillo, es una venta. Es un corral de una humilde hospedería del sur”. El_Hombre_de_la_Mancha_José_Sacristán Desde el título del capítulo, “Altisidora”, se nos hace evidente el ambiente cervantino en el que nos encontramos. Así que no es una muestra de extrema sagacidad, aunque sí de aceptación del juego que propone Benjamín Jarnés, el hecho de que recordemos inmediatamente los momentos que preceden a la ceremonia de investidura caballeresca del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en la Primera Parte, Capítulo III de la obra de Cervantes; allí se cuenta cómo, después de que el Ventero diese algunos consejos a su apadrinado “se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba y, embrazando su adarga, asió de su lanza y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche”. Es curioso que algunas reconstrucciones del mito, que lo es, de don Quijote presten una atención tan especial al momento previo de la ceremonia de investidura que ha de transformar al ingenioso hidalgo en falso caballero (pues el rito se realiza desde la burla). En Benjamín Jarnés nos encontramos con un caso. El otro, El hombre de la Mancha, obra de la cual espero escribir otro día. La descripción de la vela de armas en Viviana y Merlín está dotada de una mirada poética vanguardista evidente en este fragmento “De pronto, en el corral, brota una lanza, un retoño en medio de la paz aldeana. Es un puntero enfilado hacia los dos, hacia la enorme pizarra donde cada guarismo es un orbe maravilloso. Porque allá adentro abre la noche sus abanicos de estrellas. Que giran en torno a un pozo, a un caballero esquelético, a un bacín. Y esta lanza es la perpendicular trazada desde un astro al plano monótono de la tierra. Eje estremecido de todo un orbe espiritual nuevo. Delgado puente tendido entre dos mundos. Tallo enjuto que arranca de una tierra esquilmada y se hunde en la sombra, vibrante por la savia que recorre el brazo de un loco. Trémulo pararrayos que hace besarse dos fluidos, el sublime patetismo que rezuman las nubes y la carcajada risueña de la razón que se ríe de sí misma”.Don_Quijote_Dalí Viviana se ha propuesto que de esa imagen surja la fuerza que acabe con un mundo de caballeros petrificados y armaduras vacías en el que se ha transformado el universo artúrico; y lo dice con unas palabras tan modernas como las que sirven para describir la escena contemplada en el espejo de las aguas; “quiero –dice Viviana- provocar en la punta de esa lanza un ozono, una temperatura enrarecida que no pueden resistir todos nuestros guerreros petrificados. Yo arrancaré de esa punta de hierro chispas geniales”. Y concluye con esta aseveración tan concreta: “esta es la noche de tus tiempos, Merlín. La noche en que tus tiempos van a desvanecerse bajo la sal del genio”. ¿Qué, o mejor, quién es ese genio? Viviana, Cervantes, la capacidad de fabulador de un narrador encarnado ahora en el mismo Benjamín Jarnés. También Merlín fue el apócrifo profeta de unos textos impresos al final de El Baladro del sabio Merlín en los que auguraba la destrucción del mundo que él mismo había creado. Pero ahora, en Viviana y Merlín es ella quien tiene todo el protagonismo del arúspice. El hada Viviana sigue describiendo la escena desde la realidad, pues su capacidad de mirar no está tan trastornada como la de aquellos que conviven durante mucho tiempo con el mundo caballeresco, idealismo y locura a la vez. ¿Qué ve Viviana? Los ruidos de la venta, a los huéspedes, a los arrieros, a un mancebo, a las prostitutas que intentan sacarse algunos maravedíes; sonidos de catres mecidos por “cabriolas placenteras”. Y es muy interesante, todo son imágenes contempladas en un reflejo, sin embargo, la descripción se realiza fundamentalmente desde el sentido del oído como si de una mágica sinestesia se tratase. Don Quijote se abstrae en la contemplación de la profundidad de un pozo que en Cervantes sólo es mencionado y, sin embargo, en Jarnés adquiere un protagonismo especial, pues de la oscuridad del pozo que es el silencio creador ha de surgir la imagen profética. Don Quijote parece estar contando las estrellas reflejadas en lo hondo. Merlín se plantea si no estará buscando los incomprensibles mensajes que transmite la astrología; pero Viviana, nuevamente, lo saca de su error: “No. Es un loco. Sólo pretenderá lo que yo quiera, Merlín. Es Lanzarote, que sueña con la reina”. Qué más hubiese querido don Quijote que ser asimilado al espejo de caballeros, Lanzarote del Lago. Pero la escena continúa en su realidad, más allá de toda abstracción y así en la descripción de Viviana sabemos que al hidalgo se le acercan dos mozas, verdaderamente dos prostitutas; “vienen desgreñadas, húmedos los ojos, con restos de vino en el pecho, medio desnudas” –qué diferentes a los encantos eróticos que a lo largo de la novela ha ido brindando la misma Viviana; “quieren ofrecer al loco una virginidad ya muchas veces Henri_cartier_bressonrevendida”, ¿cabe mayor crueldad que estas palabras? La burla de estas meretrices, más merecedoras del nombre de putas sin más, pues para reírse de don Quijote se acercan, es también, tal y como lo interpreta Viviana, un desprestigio para Merlín y todo lo que él representa. El caballero abandona su ensimismada contemplación de las estrellas en el pozo. Las mozas sienten una cierta precaución, pues don Quijote acaba de descalabrar a un arriero. Aunque sufra las burlas del mundo, Don Quijote no deja de ser la representación del espíritu caballeresco que perdura más allá de su tiempo y por ello la realidad que le rodea en su fealdad no contamina su capacidad de imaginar. Su pensamiento, mientras mira la profundidad del pozo, que es su abstracción, está en Viviana, en Merlín, en Arturo, en la Mesa Redonda, pues “el brocal abre un sendero hacia el país de los fecundos silencios” y en él espera contemplar una figura femenina, pues sin una dama que inspire al caballero es imposible su existencia ideal. Tal pensamiento le provoca un suspiro del cual se burlan las furcias. Don Quijote es, en las imágenes descritas por Viviana, una especie de muñeco, como un holograma o una imagen cinematográfica, igual a la que proyectó el hada desde una caja de cristal en la corte de Arturo. Aunque, en las palabras del hada hay un cierto reconocimiento de su valor: “Este loco es un signo de admiración, es una firme antena, es, además una columna de escarnio. Bosqueja el gesto soberano de la fuerza –capaz de mantener enhiesto un símbolo-. Va a ingresar en una Orden nueva de Caballería, donde él será el gran maestre y el caballero único”. Es la Orden de Caballería que nace con la creación de la primera novela, la capacidad de un imaginar capaz de transformar la más necia realidad en el más alto idealismo. La vela de armas va a llegar a su fin y se celebrará la ceremonia de investidura; al ver la burla que hay en todo ello, Merlín se enfurece, pues este es uno de los momentos más solemnes en la vida de un caballero y aquí va a ser transformado en una farsa. “Brota de los establos una tímida luciérnaga. Es el ventero, con un cabo de vela en una mano y un libro en la otra. Les hace señas a las mozas y al chicuelo… Acuden todos. El muchacho sostiene el cabo de la vela y el ventero busca una fórmula entre las cuentas del pienso: la oración ritual por la que un hidalgo español loco ha de convertirse en genial caballero del mundo. De aquel librote, lleno de raterías, va a salir la palabra mágica. De allí, de allí mejor que de ningún tieso antifonario. Quien toma bacines por yelmos, pencos por alazanes, meretrices por vírgenes y truhanes por caballeros, bien puede tomar el libro de la cebada por la Biblia. Muchos ideales menesteres la han sido confiados a este loco. La ceremonia –esa momia rígida, helada, que queda de las religiones cuando de ellas se ha exprimido la médula- es esta noche puesta en la picota”.Grabado_Don_Quijote Y las fraudulentas cuentas del ventero se van transformando en la fórmula mágica que habrá de conducir al hidalgo loco hasta un mundo diferente. Mientras las meretrices se mofan; “Viviana y Merlín ¿no están contemplando, en plena noche de los tiempos, la transmutación de todos los valores? Todo se sumerge y se deshace en medio de una danza jovial. ¿Quién inventó el humorismo que nunca podrá ninguna Mesa Redonda comprender?”. Todo se desencaja en carnaval y hasta el mismo Merlín es convertido en un anciano esquelético.

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Otro poema (El tiempo en el rostro)

Otro-poema-el-tiempo-en-el-rostroMientras cae la noche
en la otra orilla del Guadalquivir,
apoyas tu hombro desnudo
en el alfeizar del balcón.

Y tu mirada
como la de Bendición, triste,
recorre las últimas luces.

La mezquita se oscurece;
destellos desde la ribera,
entreveo tus pechos perfilados
en el incomparable telón
de un cielo que se vuelve gris.

Antonio Joaquín González
(El tiempo en el rostro)

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Los cuerpos extraños de Lorenzo Silva

El desencanto del resistente

Portada_libroLos cuerpos extraños es la séptima novela protagonizada por el brigada de la Guardia Civil Rubén Bevilacqua y su compañera de investigaciones, la sargento Virginia Chamorro. Las anteriores han sido El lejano país de los estanques (1998), El alquimista impaciente (2000), La niebla y la doncella (2002), Nadie vale más que otro (2004) esta formada por cuatro relatos, La reina sin espejo (2005), La estrategia del agua (2010), La marca del meridiano (2012) y Los cuerpos extraños (2014).

Esta serie muestra el magnífico estado en el que se encuentra la novela policíaca en español, por mucho que relumbren tanto esos títulos que llegan desde el norte de Europa. Ahí están también Alicia Jiménez Bartlett con sus libros protagonizados por la inspectora Petra delicado y el subinspector Garzón, aunque en las dos últimas entregas sus historias están menos conseguidas que las anteriores; o el caso del escritor cubano Leonardo Padura con todos los relatos basados en la experiencia investigadora del exteniente de la policía cubana Mario Conde.

la-estrategia-del-agua            ¿Cuál es el cometido del género policiaco? Pues, como el de toda literatura, básicamente entretener y, a la vez, en este ser caso, ser el retrato de la sociedad en la que las novelas que lo forman han sido escritas, desde unos valores y un contenido crítico que se hacen evidentes en los relatos de Lorenzo Silva. Su base, la del género policiaco, está en la descripción de un proceso que lleva a desentrañar un crimen para llevar a los culpables ante los representantes de la ley, lo cual no es lo mismo que hacer justicia. Algunas veces, esto estaba más cercano a las acciones de esos detectives privados que trabajan para intereses particulares en casos que, en un principio, les son ajenos, para terminar, frecuentemente, comprometiéndose con la justicia. Quizá uno de los ejemplos más claro de ello lo encontramos en uno de los máximos representantes del género de la novela negra, Dashiell Hammett.

Los personajes de Lorenzo Silva, aunque funcionarios de un estado que les paga mal y miembros de uno de los principales cuerpos de seguridad, la Guardia Civil, intentan unir las sendas de la ley y la justicia, por la primera se comprometen profesionalmente con las órdenes dadas, por la segunda aplican toda su tenacidad a un compromiso adquirido, no tanto con el sistema legal como con la víctima y consigo mismos.

Ese mismo compromiso es el que se hace evidente en el autor a la hora de elegir la realidad en la que se enmarcan sus tramas. Lejos están aquellos primeros detectives retirados en torres de marfil o entre las nieblas producidas por el opio, como los creados por Edgar Allan Poe o Arthur Conan Doyle. La novela policíaca exige un compromiso con la sociedad en la que nace. Existe un contemplar el mundo desde la mirada del protagonista cuya propia existencia también resulta importante, más todavía cuando nos encontramos ante uno como el brigada Bevilacqua, al cual bien cabría definir como un resistente desencantado y, cuidado, desencantado significa lucidez a la hora de enfrentarse a la vida con sus miserias y con sus breves atisbos de gloria.

Ese desencanto del personaje que era característica común al brigada Bevilacqua desde el principio de la serie, se contagia ahora también a la sargento Chamorro, ¿el motivo? Es una de las líneas personales que se dibujan en Los cuerpos extraños.

la-marca-del-meridianoEl brigada Bevilacqua, en su humildad y su relativo cinismo, que más bien, como he dicho, es desencanto hacia el mundo, a la vez que lucidez a la hora de imaginar lo que uno puede esperar de la existencia, contamina la descripción del mundo presentado en la novela, con todo ello, y algo más que es la melancolía, uno de los rasgos más marcados de las novelas de la serie, sobre todo desde La reina sin espejo. Hay melancolía en los paisajes descritos; Los cuerpos extraños sucede en buena parte en un pueblo levantino en el mes de febrero: tranquilidad, silencio, puestas de sol ante el Mediterráneo y una muerte a cuyos culpables hay que descubrir. Melancolía en las relaciones interpersonales, en los recuerdos y vivencias de los personajes tan alejados del arquetipo de los investigadores a los que nos tienen acostumbrados los relatos policíacos estadounidenses (cierto que en ellos el cada día de los investigadores también está ahí, pero no tiene la inmediatez ni el calado que encontramos tanto en las novelas de Lorenzo Silva como en las de Leonardo Padura y un poco menos en las de Alicia Jiménez Bartlett).

Más allá de la dignidad de los investigadores se presenta un mundo que es el de la España actual: especulación inmobiliaria de los ayuntamientos, corrupción política, blanqueo de dinero de las mafias, degradación de la persona que por beneficios económicos reniega de los propios sentimientos, violencia… es más, en Los cuerpos extraños, hasta la libertad de la persona va en su contra. Así es, aunque este mundo retratado en toda su crudeza sea real, ahí están esos resistentes que no cejarán en su empeño, aunque sea desde la clarividencia del desencanto, de hacer justicia, igual que en su momento la hiciera otra investigador como el Agente de La Continental en un mundo tan caótico y oscuro como el de ahora.

Lorenzo_Silva

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Bug Jargal de Victor Hugo

Paisajes bucólicos, crueldad y exotismo

Bug_Jargan1Publicada en 1826, Bug Jargal es una de las primeras novelas de un joven Victor Hugo, cuya primera narración que llegó a la imprenta en 1823 fue Han de Islandia. Bug Jargal se inscribe en la época plenamente romántica de este autor francés; recordemos que de 1827 es su obra dramática Cromwell, hito fundamental para el desarrollo del drama romántico francés.Retrato_Victor_Hugo.El periodo romántico conservador en el que se inscribe esta novela se hace evidente en un respeto manifiesto hacia unos principios aristocráticos, notorios en el protagonista, así como en la crítica feroz, casi esperpento, en el episodio en que se retrata a uno de aquellos revolucionarios que defendían los derechos de los mulatos y los negros, con un comportamiento rastrero y cobarde, este es el ciudadano general C…, ante la crueldad de uno de los dirigentes de la revuelta, Jean Biassou

La presencia de los elementos que caracterizan al Romanticismo se manifiesta desde un primer momento en esta novela. Su apertura sucede en un ambiente de campamento militar durante la guerra entre ingleses y la Francia republicana (nos situamos en torno Bug_Jargalal año 1791, agosto es la fecha marcada para el enlace de Leopoldo con María, el mismo día del levantamiento de los negros y los mulatos contra los criollos franceses). Aparecen, prácticamente sin ninguna introducción, un grupo de personajes que conversan; no conocemos a ninguno de ellos, aunque paulatinamente se van descubriendo los protagonistas; todo desde la importancia que se le da a un diálogo muy cercano a la presentación dramática que se hará propia del teatro romántico. Ese desconocimiento de las circunstancias exactas que acompañan a los personajes y el misterio de un perro cojo, aunque acompañado también de un cierto sarcasmo por parte de aquellos que desconocen la historia exacta del sargento Tadeo, el perro Rask y el capitán Leopoldo d’Auverney. Todo ello contribuye a crear ese ambiente romántico al que estoy haciendo referencia.

El sarcasmo del lenguaje militar entre camaradas envidiosos unos de otros es un perfecto contrapunto a las palabras con las que Victor Hugo presenta al héroe romántico de esta novela: el capitán Leopoldo d’Auverney, valiente, de sentimientos puros en el amor y capaz de guardar la palabra dada, aunque ello le conduzca a la muerte.

El capitán Leopoldo d’Auverney es descrito, en un primer momento, en los siguientes Bug_Jargal_parejatérminos:

“era uno de aquellos hombres que, en cualquier rango en que los coloquen el capricho de la naturaleza o el movimiento de la sociedad, inspiran siempre cierto respeto mezclado de interés. Nada en él, sin embargo, llamaba la atención a primera vista; su continente era frío, su mirada indiferente. El sol de los trópicos al tostar su rostro, no le había dado aquella vivacidad de acción y de palabra que va unida en los criollos a una indolencia muchas veces agradable; d’Auverney hablaba poco, y era lo que se llama un hombre de acción y movimiento. Siempre el primero a caballo y el último para retirarse a la tienda de campaña, parecía buscar en las fatigas del cuerpo alguna distracción a sus amargos pensamientos”.

Aquí ya se dibujan algunos rasgos que nos muestran el ser del personaje que se irá mostrando con más detalle a lo largo del desarrollo de la historia. Aunque d’Auverney esté luchando en las filas republicanas, no comparte la ideología de la revolución. Es un aristócrata que, en realidad, está buscando la muerte sin perder el norte de sus principios, por ello le da igual que ésta llegue en el campo de batalla o en el cadalso o bajo el filo de la guillotina. Por ello “cuando empezaba una batalle, su frente parecía serena; mostrábase intrépido en la acción, como si quisiera llegar a ser general, y modesto después de la victoria, como si no quisiera ser más que simple soldado. Sus compañeros, viéndole tan desdeñoso de grados y de honores, no comprendían por qué, antes del combate, esperaba, al parecer… alguna cosa… y no adivinaban que d’Auverney, de todos los azares de la guerra, sólo deseaba la muerte”.Bug_Jargal_muerteEn el Romanticismo, y en especial en las creaciones de Victor Hugo, lo elevado se mezcla con lo que puede llegar a ser esperpéntico. Así sucederá en su drama El rey se divierte (1832) con la figura de Triboulet, o en el Cuasimodo de Nuestra Señora de París (1831). En Bug Jargal, la presentación del antihéroe es esperpéntica sin ningún atisbo de salvación moral; Habribah es un mulato deforme que sirve de bufón al hacendado de Saint-Domingue, tío del capitán d’Auverney; es un charlatán, lleno de odio hacia los blancos, envidioso por cualquier manifestación de bondad, belleza o felicidad. Victor Hugo describe a este personaje en los siguientes términos: “era uno de aquellos seres cuya conformación física es bien singular, que parecerían unos verdaderos monstruos si no hicieran reír; aquel hediondo enano era gordo, chiquito, panzudo, y se movía con extraña rapidez sobre dos piernas curvas y sutiles que, cuando se sentaba, se replegaban debajo de su vientre como las patas de una araña. Su enorme cabeza, ridículamente hundida entre los hombros, erizada de una lana roja y crespa, estaba flanqueada de dos orejas tan descomunales, que sus compañeros tenían costumbre de decir que Habribah se limpiaba con ellas los ojos cuando lloraba. Su rostro era un perpetuo visaje, siempre variado, singular movilidad de facciones, que a lo menos daba a su ridiculez la ventaja de la variedad”.

Contrapunto evidente ante la estima con la que se trata la figura heroica de Bug Jargal, el personaje que da título a la novela, luchador por los principios de igualdad y libertad; heredero de un monarca del Congo que sufrió las desgracias de la esclavitud con toda su familia después de que su padre fuese engañado por los blancos tratantes de esclavos.Masacre_levantamiento_negros_Saint_DomingueEn Bug Jargal el idealismo del héroe romántico –tanto Bug Jargal como Leopoldo d’Auverney- se une a la expresión del exotismo en la descripción de los rebeldes negros, así en la de las griotas: “los numerosos brazaletes de vidrio azul, rojo y morado que brillaban en sus piernas y brazos, en los anillos que lucían en sus orejas, en las sortijas que adornaban todos los dedos de sus manos y pies, en los amuletos que llevaban pendientes del cuello, en el delantal de plumas de varios colores, único vestido que cubría su desnudez y, sobre todo, en sus acompasados clamores y en su vagas delirantes miradas conocí que eran griotas”, personajes equivalentes a los juglares en África; “poseídas de un demonio insensato, acompañaban las bárbaras canciones de sus maridos con danzas lúbricas presentando una parodia grotesca de las bailarinas de la India y de Egipto”. O en la mezcla de la crueldad y sortilegio burlesco con las que el brujo-obi Habribah comienza su culto, mezcla de lo ancestral con un esoterismo aprendido de los blancos y carente de todo sentido: “Yo os saludo, Salomón, Zorobabel, Eleazar Thaleb, Cardan, Judas Bowtharicht, Averroes, Alberto el Grande, Boabdil, Juan de Hagen, Ana Baratro, Daniel Ogrumof, Raquel Flintz, Altornino”. Un abigarramiento que, como las interpretaciones quirománticas posteriores, nos acercan a un temprano interés de Victor Hugo por el ocultismo (mucho antes de que llegue su iniciación al espiritismo durante su destierro en las islas de Jersey y Guernesey).Mapa_Isla_Santo_Domingo_1722El ambiente de la isla de Santo Domingo es presentado en un primer momento como idílico, desde el bucolismo de las relaciones entre niños de Leopoldo y María. Sin embargo se trata de un territorio salvaje en el que acabará estallando la tragedia, anunciada tanto en la crueldad de los colonos con los negros y mulatos como en una naturaleza salvaje ejemplificada en el caimán que está a punto de causar la muerte de María o en esta descripción de la selva hecha mientras Leopoldo d’Auverney se dirige hacia una muerte grotesca a manos de los negros que le han capturado

“bajamos a un pequeño valle que me hubiera encantado en cualquier otra ocasión. Cruzábale de parte a parte un torrente que comunicaba al suelo una fecunda humedad. Aquel torrente, al llegar al extremo del valle, se precipitaba en uno de los lagos azules en que abundaban las llanuras de Santo Domingo. ¡Cuántas veces, en tiempos más felices, me senté a meditar en las orillas de estos hermosos lagos, a la hora del crepúsculo, cuando su azul se convierte en una sábana argentada que el reflejo de las primeras estrellas de la tarde cubre de lentejuelas de oro!… Veíanse allí plátanos y palmeras de extraordinaria altura y fortaleza; espesos ramilletes de <mauricias>, especie de palma que excluye cualquier otra vegetación bajo su sombra; dátiles, magnolias con sus anchos cálices; enormes catalpas ostentando sus hojas lisas y recortadas entre los racimos de oro de los abenuces. Allí, el manzano del Canadá mezclaba sus flores, de un amarillo pálido, a las azules aureolas con que se cubre aquella especie de madreselva silvestre que llaman los negros coali. Verdes cortinas de enredaderas ocultaban a la vista el adusto color de las cercanas rocas. Elevábase de todos los puntos de aquel suelo virgen un perfume primitivo como el que debió respirar el primer hombre sobre las primeras rosas del Edén”.

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La muerte de santa Inés (Julio Romero de Torres)

Cordero, sabiduría y fortaleza de Cristo

(1920)

La_muerte_de_santa_Inés_Julio_Romero_de_TorresEsta es una de la obras en las que se hace evidente la temática religiosa en la pintura de Julio Romero de Torres. Hay otras, desde luego: Córdoba cristiana, tabla perteneciente a Poema de Córdoba, Salomé, que más bien corresponde a una interpretación decadentista de la historia de Juan Bautista, Magdalena, la Virgen de los Faroles o Samaritana.

De La muerte de santa Inés podemos extraer algunos rasgos de la visión del autor sobre lo espiritual.

Este cuadro fue creado en 1920 y se pintó para ser adaptado a un retablo barroco, aunque la interpretación que se hace de la vida de la mártir para nada lo sea, pues está más en consonancia con una visión espiritualista, cuando no ocultista, característica de la literatura y el pensamiento de finales del siglo XIX y principios del XX. Julio Romero de Torres tuvo un especial cariño a esta obra, por ella le fue ofrecida una considerable remuneración en Argentina durante la exposición que de su pintura se organizó en Buenos Aires en 1922. La composición, en la actualidad, puede ser vista en el Museo de Julio Romero de Torres en la ciudad de Córdoba. Experiencia, por otra parte, inapreciable para aquel que ame su arte.

¿Por qué pintura hagiográfica? En La muerte de Santa Inés, en tres escenas sucesivas conocemos la vida de la adolescente patricia Inés que padeció martirio en la época del emperador Diocleciano. Su biografía tempranamente es recogida en los versos de Prudencio (siglo V) y estará presente también en La Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine en el siglo XIII.

Recordemos la historia de Inés.Pintura_John_William_Waterhouse_Ondine

Hija de una familia patricia romana, Inés fue requerida de amores por un muchacho. Ella había decidido dedicar su vida a la fe en Cristo, así que rechazó al joven. El padre de este, valiéndose de su privilegiada situación, era prefecto, así como del derecho que le otorgaba la ley para perseguir a los cristianos, incluso a los patricios que eran prácticamente intocables por la ley, decidió imponer un castigo a Inés.

La joven fue desvestida en público, pero su cuerpo, inmediatamente es ocultado por la melena que, milagrosamente, crece hasta cubrirla como una túnica. De este modo, es conducida hasta un lupanar en el que va a ser sometida a los vicios de todos aquellos que quieran disfrutarla. Sin embargo, Inés es rodeada por una luz intensa, tanto más cuanto mayor es el peligro que sufre su pureza. Tanto así que el muchacho que la requirió de amores muere al ignorar ese brillo que rodea el cuerpo de la doncella. El prefecto, su padre, suplica a Inés que le devuelva la vida al mancebo y así se hace.

Sin embargo, Inés es acusada de hechicera por los sacerdotes paganos. El prefecto, asustado al ver cómo el populacho clama por la muerte de la joven, para evitar un levantamiento, entrega Inés a su lugarteniente, el cual ordena que sea quemada. Es salvada milagrosamente de las llamas; aunque acabará siendo degollada.Santa_inés_de_Alessandro_turchi¿Qué vemos en La muerte de santa Inés de Julio Romero de Torres?

Primera escena

Un paisaje natural en el horizonte, a la manera de otros muchos que sitúan especialmente algunos retratos de Julio Romero de Torres. Un horizonte llano que se extiende hacia un amanecer, con una columna romana que muy bien podría recordar las que en la actualidad se contemplan en el antiguo foro de la ciudad de Córdoba. En ese mismo fondo, tres figuras femeninas portando bien aquello que el pretendiente ofrece, bien las tres virtudes encarnadas en la doncella: belleza, fe y pureza. Santa Inés, digna figura de túnica blanca ignora el requerimiento del joven patricio, arrodillado ante ella.

Segunda escena

Las luces y las sombras de un espacio de mármol y orgía. Cuerpos yacentes, desnudos o cubiertos por transparentes telas. La luz cenital alumbra el terror de aquellos que, sobrecogidos ante la pureza, contemplan la muerte del mancebo, caído de bruces ante el cuerpo desnudo de santa Inés; ella en gesto de arrobamiento sosteniendo la túnica de la que ha sido despojada por los hombres.La_muerte_de_santa_InésTercera escena

Propia de Julio de Romero de Torres; es una lectura personal del momento de gloria de Inés. Lo mejor de este retablo. Aquí está el arte del pintor en estado puro por lo que a estilo se refiere, unido a unas intuiciones simbólicas que atrapan al espectador más allá de la historia contada en las dos tablas superiores. Un argumento que, por otra parte poco interesa, pues los elementos que priman en la representación de la tercera escena son otros. Así, la plasmación de la muerte, prácticamente como si de un sueño se tratase, la visión de un cuerpo en la plenitud de su belleza, estilizado como esas esculturas griegas o egipcias que sirvieron a otros miembros de la generación artística de Julio Romero de Torres para representar el arquetipo de la belleza tanto física como espiritual; recuérdese, al respecto la obra de Mateo Inurria (Panteón de Ángel Velaz).Panteón_de_Ángel_Velaz_Mateo_InurriaLa imagen de la santa muerta por martirio nada tiene que ver con la descripción de una realidad de tormentos previa a su muerte, lo cual, por otra parte es frecuente en la imaginería de Santa Inés, descrita, siempre desde la metáfora de la doncellez y la pureza, eso sí con la palma del martirio.

El modelo de belleza femenina que podemos ver en la Santa Inés de Julio Romero de Torres corresponde a otros de sus cuadros como podría ser La Gracia (1915) con un contenido metafórico similar, o bien con un significado de mayor carnalidad, deseo y erotismo, más frecuente: El pecado (1913) o Venus de la poesía (1913).

Dos_sendas_Julio_Romero_de_Torres            Además, dos figuras femeninas más acompañan a la yacente santa Inés. Han sido identificadas como ángeles; puede ser, pues Julio Romero de Torres, en la ambigüedad andrógina de la imaginería angélica opta por la figura de mujer (San Rafael es el ejemplo más evidente); no hay en estos seres ningún otro atributo que pueda identificarlos como tales, es más, están en la línea representativa que caracteriza a los modelos femeninos del pintor. Ambos personajes realizan una serie de gestos herméticos que llevan la escena más allá del contenido ortodoxo. La ángela de nuestra izquierda reclama un silencio en un gesto poco apropiado ante una imagen de la muerte tan equilibrada como esta, un gesto de silencio que más parece una llamada a que el espectador acalle todos aquellos pensamientos que pueden alejarle de la espiritualidad contenida en el cuadro, o bien guarde el silencio que tiene que acompañar a toda circunstancia mistérica. Y la escena contiene un misterio, el del alma, expresado en un rayo que no podemos llegar a averiguar si es recogido en la mano de la ángela de la izquierda, o bien es proyectado como una metáfora de la vida eterna que, en su martirio, ha logrado Santa Inés. Sea una explicación, otra o alguna más no definida porque reposa en el secreto, lo evidente es que el hermetismo acompaña a esta imagen de lo sacro.

Santa_Inés_Alonso_Cano

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