Javânmard; una historia de caballeros persas

(Luz del Oriente. Alberto Porlán. Mondadori. Madrid. 1991)

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El ejercicio de la caballería, más allá de una realidad histórica, es el desarrollo de un mundo imaginal, a la manera del descrito por Henri Corbin en sus estudios sobre misticismo iranio; el protagonista de este paisaje es el javânmard, el joven eterno cuya edad es la del alma, pues ésta no tiene tiempo, ni está constreñida al espacio.

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           Lo imaginal del mundo caballeresco medieval se evidencia en el ciclo del Grial en Occidente, en las aventuras místicas de los más elevados caballeros de la Tabla Redonda, Perceval y Galaad. Ya René Guenon supo ver la relación existente entre estos mitos cristianos (el Cáliz sagrado, la lanza de Longinos) y el Islam. Los inicios de la caballería europea arrancan, desde luego, de la tradición guerrera germana, igual que de los rituales romanos; sin embargo, no hay que olvidar que también en Oriente, entre los persas, se desarrolla el espíritu caballeresco encarnado en el faras, el paladín que entrega su existencia a un ideal que le supera y en el cual su alma se mantiene en la eterna juventud a la que antes hacía mención.

            En Occidente, casi me atrevería a decir que en toda cultura sea cual sea su lugar geográfico, uno de los mitos fundamentales es el del guerrero místico en el cual se aúna el arma y el espíritu, lo material enaltecido hacia lo más sutil, y esto es lo imaginal. Por esta razón, en la novela de Alberto Porlan, Luz del Oriente, la aventura de la imaginación hacia lo iniciático adquiere gran importancia.

            Hay algunos momentos en Luz del Oriente en los cuales el estilo, extremadamente cultista e irónico, me recuerda algunos de los fragmentos escritos por Juan Valera en su novela, también de aventuras de carácter iniciático, Morsamor. Y, por supuesto, la tradición del libro encontrado de raigambre cervantina, aunque nacida desde los libros de caballerías. El fingimiento está en la atribución de este libro a su protagonista (de ahí que las imágenes iniciáticas adquieran un sentido especial). Tal texto habríase encontrado en una versión aljamiada que posteriormente es arreglada para un lector contemporáneo a 1693, fecha en la que el licenciado Joseph Alguazas (lo cual significa gozne, bisagra) firma la dedicatoria del libro. Todo ello como añagaza para introducir al lector en la historia de Almás ibn Chúder al-Samani, caballero místico de Samarcanda, y sus hermanos de Orden, Yabir y Gasák. Las aventuras de estos caballeros, conforme a la frase de Farid Uddin Attar que actúa como pórtico de la obra, “el hombre no tiene más herencia que la imaginación”, se desarrollan, fundamentalmente en el territorio de lo metafórico, el símbolo y el onirismo.

            Guerreros_persas._Museo_de_BerlínOriente, además de ser el lugar de la verdad espiritual, es también el paisaje del exotismo, por ello, en el protagonista de esta novela, espiritualidad y sensaciones eróticas van de la mano. A diferencia de lo que ocurre en la mística cristiana, en la persa –sea musulmana, sea mazdeísta- no se niega lo sensual, siempre y cuando el yo superior del héroe no se deje arrastrar hacia la negación de cualquier otra realidad que vaya más allá de lo físico

“Cuando somos viejos, pensamos, a menudo en nuestra juventud de un modo insensato, porque olvidamos el peso que entonces tuvieron las pasiones. El recuerdo no apresa con exactitud cómo fue el tirón de los deseos, de modo que tenemos tendencia a condenarnos por acciones de las que en realidad fuimos inocentes. Por ese camino, muchos hombres olvidan la virtud de la piedad para consigo mismos, o la confunden con una indulgencia marchita, exangüe, que termina por allanar todos los relieves de su ser y por convertirlos en una masa muerta que oscila sobre unas babuchas”.

            Es por ello por lo que el camino hacia la búsqueda de su verdad, que es el alma, Almás va a encontrarse con el amor, Farasa. No hay que olvidar el simbolismo subyacente en el nombre de los personajes de esta novela.

            Por otra parte, el camino que ha de recorrer el caballero de la fotowwa cruza por tierras oscuras y otras de brillo de ágata, ambas están reflejadas en el recorrido iniciático de Almás.

Detalle_alfombra_persa            Perfectamente se le podrían aplicar a esta novela las palabras con las que Henri Corbin (El hombre y su ángel) define qué es el camino del javânmard

“El peregrino, tras haberse liberado progresivamente en el curso de su viaje interior, de los lazos y pasiones del alma carnal, llega a la estación del corazón, es decir, del hombre interior, del hombre verdadero. Accede entonces a la morada de la juventud, manzal-e javâni, de una juventud que no se desvanece con el paso del tiempo”.

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Una épica de la luz

(El libro de los Reyes. Historias de Zal, Rostam y Sohrab. Hakim Abdul-Qâsim Firdusi
Traducción del persa de Clara Janés y Ahmad Mohammad Taheri
Alianza. Madrid. 2011)

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Shahnameh (Libro de los Reyes) puede ser considerada como la más importante epopeya persa. Fue escrita por Hakim Abdul-Qâsim Firdusi, entre finales del siglo X y principios del XI. Persia hacía siglos que formaba parte del Imperio Islámico, de hecho había pasado a ser una de sus provincias más importantes cuando Bagdad es elegida como capital del Califato Abasí en el año 762. La interpretación del mundo musulmán iranio hay que contemplarla de una manera muy especial, desde las influencias culturales que se amalgaman en una práctica religiosa que tienen tanto de zoroastrismo como de Corán. Recordemos que el Avesta es considerado como uno de los libros religiosos respetados por los musulmanes, junto al Antiguo Testamento y los Evangelios cristianos. Es por ello por lo que algunos fragmentos de esta obra de Firdusi se llenan de una luz que no encontramos en otros textos de la literatura compuesta en los dominios del Islam.

            En la edición que ahora comento se contiene la andadura épica de tres héroes persas, Zal, Rostam y Sohrab. Desde el principio de la historia de Zal se deja entrever ese poso de luminosidad que caracteriza la literatura iraní medieval –concepto extensible a los textos filosóficos del Oriente musulmán tal y como fueron estudiados en su momento por Henri Corbin-.

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            Sam, el héroe iranio, tiene un hijo, Zal, que nace con el pelo blanco, por ello ordena que sea abandonado en las montañas donde reina el ave mística Simurg dotada de poderes mágicos. Desde un primer momento, Zal es descrito como un ser de luz “un ser resplandeciente como el sol que enciende el universo”. Sam, el rey, al ser criticado por sus súbditos, reconoce el error cometido, pues ni las criaturas más salvajes abandonan a sus hijos, así que va a buscar a Zal y encuentra a un joven en el cual las señales heroicas son evidentes: “el largo cabello de Zal caía hasta cubrirle el cuerpo. Su cuerpo era fuerte como el de un elefante y su rostro como la primavera”. Un ideal de belleza al que se suma la fuerza: “el pecho y los brazos de león, la cara de sol, el corazón de héroe, la mano dispuesta para la espada, las pestañas blancas, los ojos de azabache, los labios de coral y el rostro como la sangre”. Cuando Zal abandona las montañas, Simurg le entrega una de sus plumas con virtudes mágicas.

SimurgDesde un primer momento nos encontramos en la saga de estos héroes persas con ciertos elementos que posteriormente advertiremos en el arquetipo occidental épico. Veremos otros. Sam entrega el trono a su hijo Zal y éste organiza una hermandad caballeresca. Zal se enamora de oídas de la hija de Mehrab, descendiente de Zahak el Árabe, uno de los máximos representantes de los enemigos de los persas. La descripción de la hija de Mehrab tiene interés para conocer ese modelo de belleza en el que se aúna la luminosidad de lo blanco y lo negro que caracteriza la interpretación del universo persa

“¡Mehrab tiene en su morada una hija cuyo rostro es como el sol y todavía más luminoso! De pies a cabeza se diría de marfil, su cara de paraíso, y es esbelta como la teca. Por su plateado cuerpo discurren los lazos negros de sus cabellos que, al fin y al cabo, son como una argolla de pie. Su cara es como la flor del granado y de granate son sus labios. De ese blanco cuerpo emergen dos delicadas dunas. Sus dos ojos son como dos narcisos del jardín. El negro de sus pestañas, como la pluma de cuerpo. Sus dos cejas, como dos hermosos arcos que han cubierto la piel con aroma de almizcle. Toda ella es un cielo lleno de tal belleza y gracia que despierta los anhelos”.

Muchacha_persa_MiniaturaDe la unión de Zal y Rudabeh, la hija de Mehrab, nace uno de los más importantes héroes de la épica persa: Rostam, cuyo alumbramiento ya adquiere unos claros tintes míticos por intercesión del ave Simurg. Es en Rostam en quien nos vamos a encontrar con un paradigma caballeresco cuyos ecos van a llegar a los orígenes de la épica medieval occidental, tanto en su versión de cantar de gesta como en los inicios de la narrativa artúrica.

            Rostam va a recorrer el mundo guerreando, como un dragón cuyas armas son la maza y la espada, “para él es lo mismo enfrentarse con el mal o con un tigre. Es un león devorador o un elefante de inmensa mole. Cabalgaba [en la batalla] como si de un día de caza se tratara. Parecía tomar el combate como un juego”. El mismo Rostam es consciente de su condición y así lo expresa con orgullo en estas palabras:

“La tierra está a mi servicio, mi trono es Rajsh [su caballo maravilloso que lucha contra los tigres], mi sello real es la maza, mi corona es el casco. Soy capaz de iluminar la noche oscura con mi espada. En el campo de batalla disperso las cabezas. La punta de la lanza y la espada son mis compañeros. Mi rey es mi corazón y son mis brazos. Yo soy libre, no soy un esclavo. Sólo soy siervo del Creador”.

            Sam también explicó su trayectoria como guerrero, representando los tiempos antiguos, antes de dar paso a la caballería de su hijo Zal

“Yo sirvo al rey y, donde estoy, como caballero sigo en pie. Me he ceñido el cinturón de la servidumbre y así permaneceré eternamente en la lucha, empuñando el lazo, montado a caballo y con la maza en la mano. Nadie ha visto un jinete semejante en el mundo entero. Si no hubiera de mí alguna señal en el mundo, con violencia se sublevarían los rebeldes. Hace ya largos años que mi montura es mi cama y mi caballo la tierra. Nunca deseé otra tierra o morada para mí. Para vos deseé victorias, alegría y salud. Y sabed que de mi erizado cabello y de la gran maza que hiere apenas va a quedar nada. Pronto se doblarán mi cintura y mi cuerpo. El tiempo me ha echado su lazo y, derribándome, me ha atado”.

            En su andadura épica, al igual que algunos siglos después sucederá con los héroes de los libros de caballerías, Rostam se va a encontrar con las cortes acogedoras en las que hallar la paz; es lo que sucede cuando llega a los dominios del rey de Samangán. Después de una embriagadora cena servida por “escanciadoras de esbeltos cuerpos, negros ojos y cara de rosa”, Rostam se retira a su lecho, y allí va a recibir la visita de Tahmineh, la hija del rey:

“Suavemente se abrió la puerta del dormitorio y una muchacha, con una vela perfumada en la mano, fue a sentarse graciosamente en el lecho del que se hallaba embriagado. Su cara era como la luna, su color como el de la aurora. Sus cejas como arcos, sus bucles como lazos y su altura de ciprés. Rostam, el héroe de cuerpo poderoso como un elefante, quedó perplejo y la contemplaba alabando a Dios”.

            Allí será concebido Sohrab, el héroe llamado a continuar la saga heroica iniciada en Zal si no fuese por el trágico final que conduce al enfrentamiento del padre con el hijo, tal y como sucedía en la primitiva versión del Amadís de Gaula, aunque con un resultado bien diferente, pues el parricidio se transforma en filicidio. La épica se convierte en tragedia. El padre da muerte a su hijo reconociéndolo en el último momento.

Mausoleo_de_Firdusi            Porque Sohrab es descendiente de reyes guerreros y, llegado el tiempo, también abandonará los dominios maternos para hacerse merecedor del renombre de un padre que no sabe de su existencia. En esa búsqueda de fama, Sohrab se encontrará con numerosas aventuras. En una de ellas aparece el arquetipo de la doncella guerrera, Gordafarid, hija de Gajdaham, una valiente amazona a la cual se enfrenta el héroe, para descubrir, al poco de comenzado el combate, a una hermosa princesa oculta bajo el atuendo del guerrero

“Cuando desveló su cara ante Sohrab, mostrando las perlas de sus dientes y abriendo sus labios de granate, él pensó que era como una puerta que daba al paraíso, que no había jardinero que recordara un ciprés como ella: sus dos ojos de gacela, dos cejas como dos arcos, parecía un capullo de rosa a punto de abrirse”.

            A lo largo de El Libro de los Reyes aparece en diversas ocasiones la voz de un narrador que, llevado de un afán didáctico tan frecuente en toda épica, comentará alguno de los sucesos para extraer una enseñanza. Así, sobre qué es un caballero:

“Si anhelas el título de caballero, tienes que tener preparada la espada india, no debes esquivar los males que en la batalla y en el día del fracaso se presentan. Si el tiempo te oprime con dificultades, no por ignoradas desaparecen. Si llevas la guerra con precaución, ningún valiente te considerará un guerrero. El camino de la razón y de la fe es otro. En la guerra de nada sirven las bonitas palabras”.

Miniatura_persa            Aunque en otras ocasiones, estas glosas trascienden la aventura propiamente dicha para adentrarse en el territorio de la alegoría

“Cuando es muy veloz, el viento hace caer la naranja todavía verde, y ora dicen unos que es un tirano, ora que es justo; ora lo consideramos artista, ora inútil. Si la muerte es justa, ¿qué es lo injusto? Si ésta es la justicia, ¿por qué tanto gritar? Tu alma no conoce este misterio, tú no tienes acceso a lo oculto por este velo. Todos han cruzado la puerta de la codicia, de par en par abierta, mas para nadie se ha abierto la puerta del misterio. Quizá suceda al abandonar el mundo, cuando en la otra morada se halle la paz. No hay tiempo a la hora de partir, cuando la muerte te monta en el caballo del óbito, considéralo justo, no es injusto. Cuando llega la justicia, no cabe el grito. Para la muerte son iguales la juventud y la vejez. Si la luz de la fe llena tu corazón, mejor es guardar silencio, pues eres un siervo. En el mundo vive de tal modo que al marcharte todo lo que lleves sea el bien”.

            Y no puede ser de otra manera, pues la epopeya va mucho más allá de lo narrativo.

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La rebelión más allá del olvido: Espartaco

(La guerra de Espartaco. Barry Strauss. Edhasa. Barcelona. 2010)

Estatua_de_Espartaco_Siglo_XIXLa historia es más justa que los hombres y, aunque se hayan conservado los rostros de Pompeyo y los otros caudillos victoriosos en cuyas manos Espartaco y los suyos encontraron la muerte, cada ser que añora la libertad, más utópica que recuerdo, dibuja en su mente la figura de este jefe de guerrilleros cuyo cuerpo quedó deshecho en el campo de batalla del valle del Alto Silarus en abril del año 71 a.C.

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           ¿Quién fue Espartaco? Para mí tiene el rostro de Kirk Douglas en la magnífica película de Stanley Kubrick. Ya en este filme se sugería un detalle inquietante que acercaba la rebelión de los esclavos encabezados por gladiadores a un hecho religioso; de ahí esa muerte en la cruz, tal y como es presentada al final de esta película; casi como si el gladiador tracio fuese un protomártir de lo que cien años después sería el naciente cristianismo.

            Lo religioso también tiene gran importancia en el libro de Barry Strauss, La guerra de Espartaco. Quizá habría que preguntarse si hay algo más elevado que la lucha por la libertad y la dignidad. En ello radica la pervivencia de esta figura que los romanos quisieron borrar de la historia. Es por eso por lo que Barry Strauss ha tenido que recorrer numerosas fuentes latinas con referencias desperdigadas a este personaje, Espartaco, el cual se atrevió a dirigir un levantamiento contra Roma. Nada más degradante para los ejércitos de la República que tener que dedicar sus esfuerzos a combatir a un grupo de esclavos tracios, germanos y celtas fundamentalmente.Dionisos

            Una rebelión relacionada con lo religioso porque la libertad lo es. Las referencias que aparecen a lo largo del libro a Dionisos como modelo en la actuación de Espartaco y la importancia de su compañera como sacerdotisa de ese culto que llevaría a la derrota a las legiones romanas.

“Dioniso representaba poder, prosperidad, patriotismo, libertad e incluso renacimiento, dependiendo de quién lo reivindicara como símbolo. Al asociar a Espartaco con la serpiente y con un poder concedido por un dios, la mujer tracia [que fue la compañera de Espartaco] le dotaba de una nueva autoridad. Combinó viejos acordes de religión, nacionalismo y clase en un nuevo canto de rebelión. La serpiente transformaba a Espartaco en un héroe tracio y lo vinculaba con Dioniso, que en su patria era conocido como Zagreo o Sabacio. La cultura tracia glorificaba la imagen de un gran ancestro heroico, y el arte tracio solía representar al héroe a caballo, a menudo con la serpiente cerca. En Tracia, el culto a Dioniso era una fe guerrera”.

            ¿Sería una osadía comparar a Espartaco con Aníbal? No lo creo. Contra los cartagineses, la República Romana combatía contra unos iguales; contra los esclavos, era solamente eso, el intento de sofocar a aquellos que pugnaban por su libertad, aunque no eran considerados más que meros instrumentos.

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Historia de un bandolero

      Bandolero. Historia verdadera y real de la vida y hechos notables de Juan Caballero.
                                       Adaptada a la historieta por Carlos Giménez
                                                          (Glénat. Barcelona. 2002)

Bandolero_Carlos_GiménezEl bandolero es uno de esos antihéroes que caracterizan el mundo de los fuera de la ley, aquellos que siempre aparecen en un momento u otro en toda historia nacional. Tal figura es un arquetipo exótico que describía la peculiaridad española en el siglo XIX. Uno de los primeros en retratar desde la ficción a este personaje es Prosper Mérimée con el don José de Carmen.

Bandolero_blog              Casi siempre ha sido tratado con benevolencia; primero, porque su lucha estuvo muy unida a ese carácter indómito de lo español que produjo pesadillas en los soldados napoleónicos destacados en España. Ahí está una vida como la de El Empecinado, un guerrillero, como muchos otros, cuyas estrategias y modos de vida no se apartaban tanto del de unos bandoleros como El Tempranillo o Juan Caballero.

Bandolero_con_su_maja_Doré             Carlos Giménez parte de la Historia verdadera y real de la vida y hechos notables de Juan Caballero, escrita por él mismo. Su protagonista fue contemporáneo de otro bandolero andaluz, El Tempranillo, aunque su vida de no acabó en sangre regando la tierra, por ello en sus años más tranquilos pudo escribir tal autobiografía.

 Bandolero_Carlos_Giménez_principal            El autor, en Bandolero, sigue con el estilo naturalista que caracteriza buena parte de su producción. Tal y como señala Javier Coma en el prólogo al libro, tras esta narración hay un exhaustivo proceso de documentación, tanto en lo que se refiere a costumbres, como a vestuario, armas… En realidad, Carlos Giménez dibuja y escribe como es característico en sus obras realistas; aunque en Bandolero hay un elemento que adquiere un protagonismo especial, se trata del paisaje, la serranía del sur de Córdoba, en el límite con la provincia de Málaga y el triángulo que estas dos forman con la de Granada, territorio de tradición bandoleril en el siglo XIX. Un paisaje rocoso y seco en el que parece reverberar la luz y cantan las cigarras en la plenitud del ardor de la tarde.

Sierra_de_Cabra            Este paisaje puede ponerse en relación con un género como es el western, de hecho, en algún momento la figura del bandolero está cercana a la del pistolero que recorre en soledad el espacio inmenso por su condición de vagabundo que debe ir ocultándose. Carlos Giménez ya se había acercado a este estilo en Gringo.

            Por otra parte, en la creación tebeística del autor, continuamente está presente la preocupación social, la denuncia de la injusticia, el hombre que hace todo lo posible y lucha dignamente en un ambiente que le es hostil.Bandoleros_comic_Bandolero            El bandolero no es un mero ladrón, salteador de los caminos; puede ser alguien que ante un mundo que quiere hacerle vivir de rodillas se alza contra la injusticia. Recordemos otro de esos famosos bandoleros que ha dado la tradición española contemporánea, Curro Jiménez; con él comparte el Juan Caballero de Carlos Giménez un paisaje y una manera de ver el mundo.

Sancho_Gracia_Curro_Jiménez            Desde luego que, como sucede con todo aquel que se mueve más allá de la ley, el personaje de Juan Caballero tiene sus claroscuros y en este sentido la realización en blanco y negro del cómic es muy apropiada. En un mundo primario como este en que la vida vale tanto como la posibilidad de disparar un trabuco cargado de posta, la violencia está latente en todo momento.

            Bandolero se abre con un episodio en el que Juan Caballero se comporta con la dignidad del que es consciente de vivir emboscado, a causa de la injusticia de un sistema que permite la existencia de ricos hacendados y gentes que nada tienen más que su honor.

            Pero Bandolero se cierra con un episodio en el que la violencia se aplica en toda su crudeza para descubrir que se ha vertido sangre de inocentes. De ahí esa página final de la obra en cuyas viñetas la soledad del protagonista se hace tan evidente que su figura se desvanece prácticamente en el paisaje.

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AMADÍS DE GAULA DESDE LA ESTÉTICA DEL MANGA

Amadis_de_Gaula_comicVamos a tratar de una aventura editorial del Amadís de Gaula, ahora en versión gráfica de Emma Ríos con guión de Ricardo Gómez, publicada por la editorial SM en el año 2009.

            No deja de ser interesante constatar que sea la editorial SM la que haya llevado a cabo el proyecto de recuperar uno de los clásicos de la literatura española. En la voluntad de esta editorial se encuentra el acercar la literatura clásica a los jóvenes, y esta es una buena prueba de ello, tal y como se indica en la contraportada de este cómic: “¿Sigues pensando que los clásicos son cosa del pasado? Amores furtivos, peligrosas aventuras, gigantes, magos, encantadores, un secreto que cambiará el destino de un reino. ¡Disfruta con Amadís de Gaula de una aventura fantástica llena de peripecias y amor”. La fecha de publicación de este tebeo también es interesante, pues nos ubica en el año 2009, el siguiente a que se conmemorase el quinto centenario de la obra de Garci Rodríguez de Montalvo, un eco, quizá, de todos aquellos actos que se celebraron en su homenaje. Hay un tercer aspecto, relacionado con los datos puramente bibliográficos de la obra: los dibujos se deben a Emma Ríos. El mundo de los libros de caballerías durante el siglo XVI fue un coto casi privado para autores masculinos, pese a la importancia que la mujer tiene como personaje en las aventuras caballerescas, pese a que una de las lectoras confesas de libros de caballerías fuese Teresa de Jesús. También en la actualidad son numerosas las investigadoras que dirigen importantes estudios sobre este género, unas de las primeras fueron Isabel de Riquer, Victoria Cirlot y Mª Carmen Marín Pina; hay escritoras contemporáneas (Rosa Montero con Historia del rey transparente o Laura Gallego con sus novelas de fantasía heroica) que también se han aproximado al mundo de las aventuras caballerescas. Es Emma Ríos la primera en recrear el argumento del Amadís de Gaula y en acertar plenamente con sus dibujos en la descripción de un mundo que, aunque lejano estéticamente a los intereses del lector contemporáneo, mantiene una esencia antigua expresada en un lenguaje que es nuevo, relativamente nuevo. Los moldes góticos con los cuales se imprimió por primera vez el Amadís de Gaula en Zaragoza, se han transformado en trazos, como tendremos oportunidad de comprobar más adelante, que corresponden a la estética del cómic manga.

            El mundo en el que se desarrolla el argumento de Amadís de Gaula es el de laAmadís_de_Gaulcomic2 aventura, caracterizado por unos paisajes que en algún momento pueden acercarse a los arquetipos del sueño (castillos apartados de todo camino, claustros abiertos como jardines de columnas que sirven para que los amantes puedan sentirse apartados de un mundo que les resulta ajeno) y unos personajes que son una expresión arquetípica totalmente necesaria en un mundo heroico que no admite los tonos grises, en el que todo ha de ser de un color puro, no caben los matices entre el negro y el blanco; o se es un héroe o un antagonista, la confrontación de las dos fuerzas que rigen el universo. Estos dos aspectos son las bases sobre las que se fundamenta el trabajo de Ricardo Gómez y Emma Ríos.

            Como no podría ser de otro modo, la historia comienza con una primera ilustración a página completa en la que desde la pluma de Garci Rodríguez de Montalvo va surgiendo un mundo, en un mapa que señala tanto el territorio de la aventura amadisiana como el camino recorrido por el primitivo manuscrito encontrado bajo una tumba de piedra en la lejana Constantinopla, llegado hasta la villa castellana de Medina del Campo, el lugar de Rodríguez de Montalvo. La voluntad de acercamiento al mundo ficticio se encuentra en una decoración que imita, sencilla pero eficazmente, las grecas con las que se enmarcan los textos manuscritos y en la parte superior izquierda un dragón que surge del océano para recordar que, al fin y al cabo, más allá de unos lugares ciertos (el mapa de Europa, Constantinopla o Medina del Campo) se alza un espacio de la maravilla en el que los héroes caballerescos van a encontrar su razón de existir.

            Los principales personajes del Amadís de Gaula se encuentran representados en esta narración gráfica. Aquí están los amores de Perión de Gaula y la princesa Elisena, hija del rey Garínter; unos amores que se desarrollan a escondidas de los principios sociales y que dan lugar al nacimiento de un hijo que no puede vivir salvo que Dios le otorgue la vida que su propia madre le niega al arrojarlo al mar en un arca. Pero el destino guarda un importante futuro para Amadís Sin Tiempo, hijo de Rey; por ello es recogido por Gandales cuya esposa criará a este Doncel del Mar junto a su propio hijo Gandalín. Así la vida de Amadís se desarrolla durante sus primeros años en las posesiones de Gandales hasta que llega a su castillo el rey Lisuarte y le ofrece a Amadís la posibilidad de ser criado en su corte para aprender los principios de la caballería. Amadís acepta. Mientras esto sucede, Perión de Gaula ha contraído matrimonio con Elisena, fruto del cual son Galaor y Melicia. El niño Galaor será raptado por el gigante Gandalás al cual le fue profetizado que un día, el hijo de Perión de Gaula le hará recuperar las islas que le fueron arrebatadas.

Amadís_de_Gaula_7            Cuando Amadís cuenta con doce años, hasta la corte de Lisuarte llega el rey Falangriz con su hija Oriana. De ella se enamora Amadís, motivo por el cual tempranamente el doncel pide ser nombrado caballero, para ganar honra y hacerse merecedor del amor de la princesa. Justamente por ese tiempo, Perión de Gaula se presenta ante Lisuarte, necesita ayuda para enfrentarse a Abiés de Irlanda; es el momento oportuno para Amadís. Gracias a la intervención de Oriana, Perión accede a nombrar caballero a su desconocido hijo. El momento de la investidura es crucial en la biografía de todo héroe caballeresco, pues marca el comienzo de la aventura. Amadís de Gaula comienza su errar por los caminos en diversos episodios reflejados en los dibujos de Emma Ríos: salva a Perión y a una doncella de Oriana; derrota al rey Abiés, recupera su pasado gracias al anillo y a la espada que le acompañaron en su exilio al mar cuando fue echado a las aguas al poco de nacer. Sus victorias le llevan a la culminación de sus amores con Oriana; esta engendrará a un niño, Esplandián, que será amamantado por una leona. Pero la vida de Amadís también conocerá momentos terribles, y el peor de ellos será cuando Oriana, llevada por los celos, le rechace como enamorado. Amadís se retira de la vida aventurera, se refugia en las montañas hasta que decide regresar como Beltenebros para enfrentarse al mayor peligro con el que se va a encontrar: el Endriago. Los autores consiguen captar perfectamente este argumento en las treinta páginas que desarrollan las aventuras mencionadas, aunque evidentemente no las cuentan en detalle sino que se plasman en los dibujos unas impresiones generales que transmiten lo que fue un grueso volumen en 1508.

            La técnica de Emma Ríos se basa en la estética del manga, un género de narración que “existe en su forma presente desde apenas cincuenta años, puede parecer a simple vista una forma de expresión artística relativamente nueva. Sin embargo, las raíces de este arte <contemporáneo> se remontan en realidad al siglo XIX” (Scott-Baron 2008). El origen de la palabra manga como “dibujos fantasiosos” se puede localizar en un pintor de Ukiyo-e, Hokusai, aunque su primera manifestación como narración visual-secuencial hay que situarla en la década de 1940 con Tezuka Osamu, creador del manga moderno con Astroboy. Desde su origen a la actualidad, la temática del manga ha alcanzado los diversos subgéneros narrativos a la vez que ha ido extendiéndose más allá de las fronteras japonesas para convertirse en todo un fenónemo estético y social en Occidente.

            Los tres elementos principales en la creación de un manga son el tema, el argumento y el desarrollo de un héroe. Este último es casi el más importante pues “un trabajo bien logrado está formado por encima de todo por un protagonista fuerte, que vive la historia intensamente. Incluso cuando los lectores se olviden de la historia, el carácter del personaje permanecerá en su mente” (Matsuoka 2006). En el tebeo Amadís de Gaula, el tema es la recuperación de un clásico de la literatura española; el argumento tiene gran importancia en la primera mitad, sin embargo el aspecto más a tener en cuenta es el de la descripción de los personajes, sobre todo en una serie de páginas dobles.

Anime_Warrior_by_QueenieChanHay una serie de personajes fundamentales en el mundo mítico de los libros de caballerías. En primer lugar, los héroes que en el Amadís, tal y como es interpretado por Emma Ríos, son dos: Amadís de Gaula y su hermano Galaor. Ambos son representados a la manera tradicional, como corresponde a la categorización del héroe épico en el manga. No hay, prácticamente, voluntad de arqueologismo por parte de la autora a la hora de recrear a estos personajes; prima el interés por plantear la idiosincrasia propia del héroe caballeresco: valor, fuerza, ternura cuando está cerca de la amada, y una expresión terrible cuando las circunstancias lo exigen. Quizá el momento más destacado de todo esto lo podamos encontrar en la representación de Amadís como Beltenebros. Se ha convertido en un bello tenebroso, sus ropas oscuras, la melena tapándole prácticamente el rostro. El enfrentamiento salvaje de Beltenebros contra el Endriago, es la única posibilidad gráfica de representar las emociones que Amadís siente en ese instante tan cercano a la muerte.

Amadís_de_Gaula_4Otro de los personajes que cabe destacar en la historia de Amadís es Oriana. En los libros de caballerías, un héroe sin una amada se convierte en una fuerza ciega sin un objetivo. La amada es la feminidad que origina el valor de las acciones del caballero, el cual existe en su errar continuo para lograr el momento de la culminación amorosa. En este sentido hay que destacar lo apropiado de la última viñeta elegida por Emma Ríos para la historia de Amadís de Gaula: la prueba del arco de los leales amadores. Así como a la hora de retratar al héroe, la dibujante utiliza los rasgos característicos del manga épico, para describir a Oriana, lo hace desde la feminidad. En la configuración de la pareja Amadís-Oriana se descubre la existencia de dos géneros del manga: el shojo (considerado como un manga destinado a lectoras), en el que predomina la expresión de los sentimiento románticos, y el shonen (para lectores masculinos) marcado por la acción. Más adelante haré referencia a los rasgos técnicos de uno y otro tal y como aparecen en Amadís de Gaula. Ahora es interesante constatar que los trazos con los que se diseña el personaje de Oriana corresponden plenamente con el papel que a la amada se adjudica en los libros de caballerías: dulzura, ensoñación, físico característico del ideal femenino renacentista (cabellos rubios, figura estilizada, equilibrio en la expresión de los sentimientos).

Amadís_de_Gaula_2            En el mundo caballeresco, por otra parte, las fuerzas mágicas alcanzan una expresión fundamental en la configuración heroica de la existencia. Este mundo de fantasía está representado por varios personajes en la obra de Emma Ríos. Ahí están: el lobo onírico que arranca dos corazones a Perión de Gaula, el gigante Gandalás, para el cual la autora escoge unos trazos cercanos a la expresión de los seres torturados del más allá que aparecen en el teatro clásico japonés (mirada perdida, melena blanca mecida por el viento) y el terrorífico Endriago, un monstruo con el cual tiene que enfrentarse Amadís. Además hay que destacar otros dos que se convierten en las fuerzas del destino caballeresco: Urganda la Desconocida y Arcaláus el Encantador. Para este segundo, Emma Ríos escoge unos rasgos en los cuales se fusiona la simbolización del mal (el color cálido y frío a la vez, una expresión torturada, un cuerpo y vestido cubiertos de signos) con una fuerza mágica que se expresa en la descripción de un gesto meditativo y en la pronunciación de una lengua innombrable con la que lleva a cabo sus hechizos; gráficamente esta fórmula de encantamiento es transcrita mediante unas letras o ideogramas imaginados con la mezcla de distintos alfabetos que el lector puede llegar a reconocer perfectamente. Urganda es la maga auxiliadora del héroe. Una de las habilidades que la identifica es su poder para cambiar de aspecto, es por ello por lo que a lo largo del texto aparece retratada de varias formas. En el primer momento es una jovencita verde que se le aparece a Gandales en el bosque. Ese color verde es la expresión de la Naturaleza, de la selva en la que habita. En la misma página, Urganda se transforma en una anciana, tal y como hace en el Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo. También será una doncella guerrera a la cual se reconoce en un permanente color esmeralda que en la viñeta final coincide con el del dragón que surgía del océano al comienzo de la aventura.

Amadís_de_Gaula_3            Uno de los mayores especialistas en el arte secuencial -que es otro de los nombres que se les da a los tebeos- es Scott McCloud. En su libro Hacer cómics. Secretos narrativos del cómic, el manga y la novela gráfica enumera una serie de características que se cumplen en la versión del Amadís de Gaula hecha por Emma Ríos; me ha parecido interesante recorrerlas y presentar aquí un resumen de ellas. Pueden servir de guía para aquel lector que quiera acercarse a la recreación de esta obra. Scott McCloud señala que los personajes del manga son icónicos, es decir, muestran sencillez y emotividad, tanto en sus figuras como en sus rasgos faciales lo cual persigue –y esto es una característica general del manga- una identificación del lector con el personaje. Por otra parte, la variedad de subgéneros narrativos que admite el manga es lo que hace posible que sus técnicas expresen cualquier tipo de historia, incluso una extraída de un mundo tan alejado al contemporáneo como es el de la fantasía medieval. Para conseguir una fuerte sensación de lugar, el dibujante manga tiene que cuidar al detalle la configuración del entorno en el que se mueven sus personajes. Hubo otro ilustrador de la fantasía medieval que consiguió plasmar en toda su plenitud el mundo de las aventuras caballerescas, este fue Harold Foster con su personaje El Príncipe Valiente; en su historia, Foster consigue una recreación arqueológica aparentemente real. No es este el efecto que persigue Emma Ríos; en sus dibujos lo que encontramos es una arquitectura (más que un diseño de decoración y elementos de interior) mediante la cual se provoca en el lector una serie de sensaciones, principalmente en la descripción de los palacios, de un gótico no muy identificable con la realidad, puesto que lo que interesa, como afirma McCloud, es la expresión de una intuición, en el Amadís de Gaula siempre cercana a lo onírico o al mundo de la fantasía que, al fin y al cabo, es el de las aventuras caballerescas.

Amadís_de_Gaula_6            En el manga son muy frecuentes, como en el Amadís de Gaula de Emma Ríos, las viñetas sin palabras en las cuales se expresa movimiento con encuadres que también transmiten percepciones subjetivas y sentimientos. Es muy característico de esto la secuencia en la que Gandalés rapta a Galaor. Esta técnica lleva a una mayor participación por parte del lector, el cual tiene que ensamblar las escenas para conseguir la información narrativa pertinente. Muchas de las técnicas van encaminadas a conseguir amplificar “la sensación de la participación del lector en el manga, una sensación de formar parte de la historia, en lugar de estar simplemente observando la historia desde lejos” (McCloud). Entre estas hay que destacar la del movimiento subjetivo, conseguido mediante un fondo con rayas que representa la velocidad del movimiento del personaje. Esas rayas, como lo que sucede en el cine cuando se quiere expresar la velocidad de la luz, transmiten la idea de que el receptor se mueve con el personaje. La técnica se utiliza principalmente en las escenas de acción que son muy frecuentes a lo largo de todo el Amadís de Gaula.

Amadís_de_Gaula_5            McCloud analiza, por otra parte, la diferencia genérica entre los mangas que, en un principio, iban destinados a lectoras (shojo) y los que se creaban para lectores (shonen). En el shojo predominan las emociones que pueden ser expresadas básicamente de dos formas: mediante las posiciones físicas de los personajes en relación unos con otros o mediante la plasmación de los sentimientos interiores en la representación de caras expresivas con las cuales se invita al receptor a participar en la vida interior del personaje. Estos rasgos se presentan, sobre todo en el dibujo de Oriana. En el shonen también se muestran las emociones desatadas mediante el lenguaje corporal, la utilización del movimiento subjetivo y los encuadres muy forzados que llegan a producir vértigo o lo que McCloud denomina “emoción visceral”.

Amadís_de_Gaula_8            En definitiva, todos estos rasgos son los que caracterizan la recuperación de esa obra clásica que es el Amadís de Gaula desde una estética contemporánea.

 Bibliografía.

Matsuoka, Hideki; Tatsuhiro Ozaki y Takehiko Matsumoto (Sociedad para el Estudio de las Técnicas del Manga) (2006); Cómo dibujar manga 1. Personajes. Barcelona. Norma.

McCloud, Scott (2008); Hacer cómics. Secretos narrativos del cómic, el manga y la novela gráfica. Bilbao. Astiberri.

Scott-Baron, Hayden (2008); Clipart manga. Madrid. Blume.

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Amadís contra Arcaláus

Una aventura mágica.

lee-other_MerlinYa sabemos que en el mundo heroico de los libros de caballerías predomina el enfrentamiento del bien contra el mal, el cual en algunas ocasiones no duda en la utilización de la magia en su sentido nigromántico. También los auxiliares del héroe pueden usar de los encantamientos. En este sentido, tal género literario puede ser tomado como un reflejo de la importancia que adquiere la magia en la cultura cortesana de finales de la Edad Media.

            Richard Kieckhefer en su estudio La magia en la Edad Media explica este tipo de prácticas en relación al continuo choque de intereses que se producían en la corte, entre los avariciosos que querían conseguir el favor del rey, hasta los Los_trabajos_de_Hércules._Grabadoenvidiosos, para los cuales era necesario hacer caer a los encumbrados. En este panorama, la magia cobra una especial importancia, hasta tal punto que Kieckhefer afirma: “la sociedad cortesana estuvo dominada por la magia y por el miedo a esta”. El asesinato, el amor forzado, la adivinación, la curación, la protección, hasta el ilusionismo y la técnica como diversión estaban en manos de unos conocimientos que para la época resultaban oscuros; hoy los llamaríamos malas utilizaciones de la ciencia o entretenimiento, incluso superstición. Sin embargo, en los documentos de la corte francesa del siglo XIV se encuentran numerosas acusaciones de este tipo de prácticas; en el caso de la española, casi bastaría con citar el caso de Enrique de Villena.

             Este ambiente también lo encontramos en Amadís de Gaula (respecto a la magia amorosa es mucho más evidente en una obra como puede ser Clarián de Landanís, ya trataremos de esto en otra ocasión). En la corte de Lisuarte hay enfrentamientos; Arcaláus, además de nigromante es un caballero avaricioso que busca el poder, su contrapartida está en Urganda.

            Arcaláus es representado como un caballero mago que ha optado por la senda oscura pero que perfectamente puede ser definido desde los paradigmas cortesanos de finales del siglo XV: afán de poder y utilización de cualquier medio para lograrlo; también dignidad en la caída, aceptación del giro de la rueda de la fortuna, cuando es derrotado y durante unos meses vive enjaulado, más por consejo de Urganda que por decisión de Amadís, al fin y al cabo, su comportamiento con Arcaláus es un borrón en su inmaculada carrera. A no ser que el retrato que se traza de Arcaláus al final del libro IV de Amadís no sea más que una ironía, una burla de carácter antipatético; no es así como yo lo siento.

            Ese contraste entre luz y oscuridad está en el espíritu de la época, ejemplificado especialmente en el Neoplatonismo renacentista cuyas bases, en algún momento, borran las fronteras entre lo mágico y lo metafísico. Marsilio Ficino, en la segunda mitad del siglo XV traduce a Plotino y también el Corpus hermético griego atribuido a Hermes Trimegisto. Así explica Kieckhefer la magia que podemos encontrar en el Neoplatonismo renacentista

Marsilio_Ficino_grabado“Ficino y sus seguidores necesitaron defender este tipo de fascinaciones. Ficino argumentó que el propio Cristo curó a los enfermos y enseñó a <sus sacerdotes> a hacer lo mismo por medio de palabras, hierbas y piedras. ¿Debe, entonces, considerarse un escándalo que Ficino, también clérigo lo hiciera? En realidad, los magos de los Evangelios eran hombres sabios y clérigos, y fueron tenidos en alta estima. Igual que para su concepción básica de la magia, Ficino vincula sus teorías a la concepción neoplatónica de un cosmos vivo, y no siente más que desdén para quienes consideran las plantas y animales más humildes como poseedores de vida, pero niegan que el cosmos propiamente esté vivo”.

           A continuación, y en relación con todo ello, quiero hacer referencia a un episodio del Amadís de Gaula que me parece especialmente importante. Se trata del encuentro primero del héroe con el mago, en un principio un caballero felón más de los que aparecen en el recorrido por las florestas de la aventura.

            Todo comienza en el capítulo XVIII, después de que haya vencido a unos caballeros (Angriote y su hermano) que guardaban un paso, Amadís es conducido por el enano Ardián hasta el castillo de Valderín y allí la culminación de la aventura será en el capítulo XIX del Libro I presentado con el sugerente título de “Cómo Amadís fue encantado por Arcaláus el Encantador porque él quiso desencantar y sacar de prisión a la dueña Grindalaya y a otros, y cómo escapó de los encantamientos que Arcaláus le había hecho”.

           Arcano_del_tarot_el_ahorcado Amadís, guiado por Ardián entra en el castillo de Valderín y allí permanecen hasta que comienza a anochecer, sin que aparezca nadie. Es justamente cuando se acerca la oscuridad cuando Amadís encuentra unas tenebrosas escaleras que descienden a un lugar que para Ardián es espantoso; para el caballero, sin embargo, son un espacio más de su topografía aventurera; así que desciende. Escucha voces de dolor y se topa con unos crueles carceleros a los cuales vence. Es conducido hacia las mazmorras de las que provienen los quejidos donde ve a una dueña que una vez alumbrado el lugar es descrita así: “con una gruesa cadena a la garganta y los vestidos rotos por muchas partes, que las carnes se le parescían”. Amadís se tropieza, de esta manera, con uno de los destinatarios habituales de las aventuras caballerescas, las mujeres; aunque, a la vez, en este ambiente comienza a perfilarse un contenido alegórico –el encuentro del cuerpo con el alma- presente a lo largo de este episodio.

           Cuando Amadís sale de las celdas con la dueña ve a Arcaláus, acaba de llegar al castillo de Valderín, que es el suyo; y lo primero que ha hecho ha sido colgar al enano Ardián de esta guisa: “por la pierna, de una viga y debajo de él un fuego con cosas de malos olores”.

           Oscuridad, dolor, fuegos apestosos, tal es el ambiente que anuncia al caballero nigromante, aunque esto se hará evidente un poco después.

Edward_Burnes_Jones._Vidriera            Comienza el enfrentamiento entre Amadís y Arcaláus, y como éste lleva lo peor de la justa, va retrocediendo hasta una sala de su castillo y Amadís “poniendo el escudo ante sí entró con él, y alzando la espada para herirlo, perdió la fuerza de todos los miembros, y el sentido, y cayó en tierra tal como muerto”. Arcaláus despoja a Amadís de su armadura, pues quiere presentarse ante la corte como su vencedor, ya que así conseguirá la fama de haberle derrotado. Dispone, y de tal manera se lo ordena a su esposa, que Amadís sea dejado allí mismo hasta que su vida se consuma. Pero ella no es como su marido, por ello consiente en lo que va a suceder: “entraron por la puerta del palacio dos doncellas y traían en las manos muchas candelas encendidas y las pusieron a los cantos de la cámara donde Amadís yacía”. Una de ellas saca un libro de una arqueta que consigo llevaba, comienza a leer en voz alta, algunas voces le responden y poco a poco éstas van aumentando hasta parecer cientos y “entonces vieron cómo salía por el suelo de la cámara rodando un libro como que viento lo llevase, y paró a los pies de la doncella; y ella lo tomó y lo partió en cuatro partes, y fue a quemarlas en los cantos de la cámara donde las candelas ardían” y así Amadís tornó en sí.

            Dos libros. El que lee la doncella y el que surge del suelo. Uno beneficia al héroe, en el otro radica el poder maléfico de la sala. No serán estos los únicos libros con estas características que aparezcan en el Amadís de Gaula. Mucho después, en el capítulo LX del Libro Segundo, Urganda necesita hablar en secreto con Oriana, así que “sacó un libro tan pequeño que en la mano se encerraba” y al leer hizo que todas las gentes que allí cerca estaban quedasen dormidas tan profundamente que nada podían escuchar.

            Tres libros, evidentemente mágicos, como los grimorios que pueden tener virtudes o hechizos en su misma imagen, aunque requieren de la palabra leída o pronunciada para manifestar su poder –al menos en el caso de aquellos que son utilizados por Urganda y las doncellas que ella ha enviado a salvar a Amadís del encantamiento de Arcaláus.

            Imagen en el grimorio nigromántico, la palabra en la magia benéfica. El libro puede ser considerado como algo mágico per se (un breviario como los de las reinas Isabel o Juana, y otros tantos, bien podrían ser comparados al misterio contenido en una catedral gótica). El libro como objeto mágico es un rasgo más de la época en la que es redactado el Amadís de Gaula. ¿Por qué, sino, se quemaron los libros escritos en árabe sin llegar a saber qué contenían? ¿Por la ignorancia? También, un par de siglos después sufrirían las llamas de la incomprensión los ejemplares que enseñaron a don Quijote a ser caballero andante.

Santo_Domingo_y_los_albigenses-detalle           Libros malditos o libros sagrados, de un modo u otro, poderosos pues, al fin y al cabo, la cultura mediterránea, griega o monoteísta (sea musulmana, judía o cristiana) se mantiene viva desde la palabra escrita.

            La culminación del sentido alegórico de esta aventura llegará un poco después, cuando Amadís, restablecido, vuelve a descender a las mazmorras para conducir a los prisioneros de las tinieblas hasta la luz. Y así dicen los prisioneros que han sufrido la tortura de la oscuridad de Arcaláus: “¡Ay, caballero, bienaventurado, que así salió nuestro Salvador Jesucristo de los infiernos cuando sacó sus servidores; Él te dé gracias por la merced que nos haces”.

            Esta es la voz que clama entre los dolientes liberados.

Jesus_descendio_a_los_infiernos“Así salieron todos al corral, donde, viendo el sol y el cielo, se hincaron de rodillas, las manos altas, dando muchas gracias a Dios, que tal esfuerzo diera a aquel caballero para sacarlos de lugar tan cruel. Amadís los miraba teniendo muy gran duelo de verlos tan maltrechos, que más parecían en su semblantes muertos que vivos”.

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Amadís de Gaula en la Ínsula de la Torre Bermeja

Palacios Nazaríes Alhambra Sé que la Filología es una rama del conocimiento que ha de fundamentarse tanto en los conocimientos de unas fuentes como en la utilización de los documentos pertinentes; sin embargo, en algunas ocasiones no está de más dejarse llevar por la intuición para utilizar los textos un poco más allá, para leer lo que aparece entre líneas y para, en definitiva, situar la literatura en algo para lo que fue creada, el vuelo libre de la imaginación.

            Es por todo ello por lo que voy a comentar a continuación uno de los episodios que más me gustan –y son muchos- del Amadís de Gaula. Se trata de la aventura de la Ínsula de la Torre Bermeja (en el Libro IV, Capítulo CXXVII, “Cómo Amadís departió solo con la dueña que vino por el mar por vengar la muerte del caballero muerto que en el barco traía, y de lo que avino en aquella demanda”).

            Después de las victorias conseguidas y de la reconciliación con el rey Lisuarte, tras la cual es posible la boda pública de Oriana y Amadís, éste se encuentra en la Ínsula firme, “en el mayor vicio y placer que nunca caballero tuvo; alejadas las congojas amorosas y en paz”. Sin embargo, la inactividad del héroe no es posible, pues en ella está el germen de la infelicidad y la decadencia (Erec y Enide de Chrétien de Troyes es un claro ejemplo de ello).

Así que ha de surgir nuevamente la aventura:

Caballeros y heráldica            Amadís sale de caza y se encuentra, a orillas del mar, con una barca; ve cómo desembarcan a un caballero muerto. Una mujer va a dirigirse a Amadís, se trata de Darioleta, la que acompañó a Elisena, madre de Amadís, en el momento del parto, la que preparó el arca en la que el recién nacido fue depositado en el mar. El caballero muerto es el hijo de Darioleta; ha caído en justa contra Balán, el jayán señor de la Ínsula de la Torre Bermeja. Allí han quedado presos el marido y la hija de Darioleta; ella ha podido abandonar los dominios de Balán para salir en busca de Amadís. El jayán desama profundamente al caballero. Tal odio pertenece a un momento muy anterior de la obra, cuando Amadís era conocido como Beltenebros y el rey Lisuarte se enfrenta a uno de los momentos más peligrosos de su corte. En una batalla, y para rescatar a Lisuarte, Beltenebros-Amadís dio muerte a Madanfabul, el padre de Balán.

            Amadís, no podía ser de otro modo, acepta la aventura y parte hacia la Ínsula de la Torre Bermeja.

imagen manuscritoEn el capítulo CXXVIII, la Ínsula de la Torre Bermeja es descrita en los siguientes términos:

“Es la más fructífera de todas las cosas, así frutas de todas naturas, como de todas las más preciadas y estimadas especias del mundo, y por esta causa hay en ella muchos mercaderes y otros infinitos que seguros a ella vienen, de los cuales redundan al gigante muy grandes intereses”.

            Si no fuese porque el viaje de Amadís hacia la Ínsula de la Torre Bermeja ha sido corto, podría pensarse que nos encontramos en el mismo territorio oriental que buscaban en las Indias los conquistadores que, como Colón, iban hacia occidente para llegar a las tierras orientales de las especias.

            El carácter de Balán, a diferencia de lo que ocurre con otros muchos gigantes y hombres físicamente desmesurados, es el de un caballero de alto linaje que sabe mantener las reglas de la Orden de Caballería, aunque, en sus furias, su fuerza es terrible. Balán, precisamente, da un ejemplo de cómo ha de interpretarse el honor a la palabra dada cuando no duda en castigar a su hijo Bravor por incumplir un compromiso adquirido en la justa de su padre contra Amadís.

            En un claro ejemplo de focalización en la descripción del mundo ficticio, leemos cómo es el edificio que habita Balán, desde la mirada de Amadís: “Amadís la miraba y parecíale muy hermosa, así la tierra de espesas montañas a lo que divisarse podía, como el asiento del alcázar con sus muy hermosas y fuertes torres, especialmente aquella que llamaban Bermeja, que era la mayor, y de más extraña piedra hecha que en el mundo se podría hallar”.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Amadís de Gaula es una obra que se mueve en la órbita del mundo artúrico; por ello no tiene que sorprendernos la historia que se cuenta respecto a la Torre Bermeja, espacio que adquiere un sentido mítico caballeresco con unos ecos griálicos que para el lector u oyente del Amadís en el siglo XVI seguro que eran evidentes:

“en algunas historias se lee que en el comienzo de la población de aquella ínsula y el primer fundador de la Torre y de todo lo más de aquel gran alcázar, que fue Josefo, elJoseph_of_Arimathea_Among_the_Rocks_of_Albion hijo de Josef ab Aritmatia que en Santo Grial trajo a la Gran Bretaña, y porque a la sazón todo lo más de aquella tierra era de paganos, que viendo la disposición de aquella ínsula la pobló de cristianos e hizo aquella gran torre donde se reparaban él y todos los suyos cuando en alguna gran priesa se veían, pero después a tiempo fue señoreada de los gigantes”.

Desde luego, son muy numerosos los textos artúricos en los que se habla del castillo del Grial, leamos uno, perteneciente a El cuento del Grial de Chrétien de Troyes y sus continuaciones; en él el Rey del Castillo del Grial cuenta la historia de José de Arimatea

“Cuando Dios fue puesto en la Cruz, tal como os he dicho, José lo bajó de la Cruz y lo retiró de allí con Nicodemus, el mejor herrero que había entonces, y que fue conducido a la prisión. Por haberle desprendido de la cruz, José fue llevado a una cárcel horrible y mala. quisieron hacerle morir de hambre y que se pudriera allí dentro. Estuvo cuarenta días sin comer ni beber, pero Dios le envió el Santo Grial dos o tres veces cada día. vivió en la cárcel con la dulzura del Santo Grial y no padeció pena ni mal alguno. Pero aunque no eran cristianos, Tito y Vespasiano lo sacaron de la cárcel y lo llevaron a Roma. José se llevó la lanza y también el Grial. Dios quiso que así lo hiciera. José, que tanto confiaba en Dios, edificó en este país esta residencia y yo pertenezco a su linaje. Cuando José murió, el Grial permaneció en esta casa; cuando abandonó este mundo, de aquí no se movió, ni jamás, si Dios Padre quiere, tendrá en otro lugar su morada”.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA No podemos afirmar con rotundidad el que Garci Rodríguez de Montalvo se encontrase en la jornada de la toma de Granada, ni siquiera si llegó a ver cómo era el alcázar de los Nazaríes. Me gusta imaginar que sí entró en aquella fortaleza roja como la Torre Bermeja de la Ínsula de Balán. De un modo u otro, hasta Garci Rodríguez de Montalvo llegó la noticia de la caída de Granada; ¿alguien pudo no enterarse con tanto redoble de campanas?; y esa fecha marco el prólogo del Amadís de Gaula, tal y como se lee aquí: “Pues si en el tiempo de estos oradores, que más en las cosas de fama que de interés ocupaban sus juicios y fatigaban sus espíritus, acaesciera aquella santa conquista que el nuestro muy esforzado Rey hizo del Reino de Granada, ¡cuántas flores, cuántas rosas en ella por ellos fueran sembradas!, así en lo tocante al esfuerzo de los caballeros, en las revueltas, escaramuzas y peligrosos combates y en todas las otras cosas de afrentas y trabajos, que para tal guerra se aparejaron”.

            Hay, por otra parte, algo de la maravillosa tierra de la Vega granadina y de la Alhambra en la feracidad con la que es descrita la Ínsula de la Torre Bermeja, tal y como Granada o la Alhambra misma son descritas por aquellos que las construyeron; así podemos leer, por ejemplo, la descripción que hace Ibn Zamrak, a mediados del siglo XV:

“Quédate un momento en la terraza de la Alhambra y mira a tu alrededor.
Esta ciudad es una esposa unida en matrimonio a la sierra.
Rodeada está de agua y flores, como collar resplandeciente,
sus arroyos ensortijada cabellera.
Contempla los árboles de sus bosquecillos
como invitados cuya sed es saciada en las acequias.
La Alhambra como guirnalda en la frente de Granada, entretejida de estrellas.
La Alhambra, ¡Dios la guarde!, el rubí de su diadema.
Granada es la novia, la Alhambra su tocado de flores como joyas.”

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa aventura de la Ínsula de la Torre Bermeja es la última gran hazaña de Amadís de Gaula. Poco después de ella intentará culminar la que se le ofrece en la Ínsula de la Doncella Encantadora, pero la espada y el tesoro que allí se guardan, como la gloria, no son para él. El tiempo de la vieja caballería ha pasado, como se suceden las generaciones; por mucho que el espíritu antiguo perdure en la fama de conquistar la Ínsula Bermeja, la rueda de la fortuna sigue su giro. Quizá así lo vio, lo intuyó Garci Rodríguez de Montalvo. Quizá por ello describió con estas palabras un paisaje ruinoso por el abandono; se trata de lo que fue el palacio de la Doncella Encantadora, en el capítulo CXXX:

“Pasaron por aquel arco y entraron a un gran corral en que había unas fuentes de agua, cabe las cuales parecía que hubo grandes edificios que ya estaban derribados, y de las casas que alrededor hubo en otro tiempo, no aparecía de ellas sino tan solamente las paredes de canto que quedaban, que las aguas no habían podido gastarlas. Y así mismo hallaron entre aquellos casares cuevas muchas de las serpientes que allí se acogían”.

            Interesante imagen para anunciar la decadencia de un mundo viejo.

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Garci Rodríguez de Montalvo

AMADIS_DE_GAULA_1533_LOS_QUATROS_LIBROSConocer la biografía de un autor de libros de caballerías supone en muchos casos una indagación en legajos que guardan tan celosamente su información que horas y horas de trabajo se transforman en unos pocos datos que solo dan para desarrollar una biografía ficticia. En otros casos no sucede así, como con Gonzalo Fernández de Oviedo, historiador de Indias y autor del Libro del muy esforzado caballero de la Fortuna llamado don Claribalte. Garci Rodríguez de Montalvo tiene una suerte mediana en el hecho de que se pueda documentar su existencia. Partiremos de las palabras que lo presentan al comienzo de Amadís de Gaula: “corregido por el honrado y virtuoso caballero Garci Rodríguez de Montalvo, regidor de la noble villa de Medina del Campo”. La propia narración puede transmitirnos datos importantes acerca de su autor (un claro ejemplo, a falta de otra documentación más jugosa, es el de Gabriel Velázquez de Castillo en su Clarián de Landanís). Partamos de la afirmación mencionada. En primer lugar “caballero”. Según marca el código de las Siete Partidas recopiladas por orden de Alfonso X el Sabio, y así lo define Covarrubias en el Tesoro de la Lengua Castellana o española (1611), “no se dirá caballero absolutamente el que anda a caballo, sino por ser escogido para la orden de caballería, que consta de hombres escogidos cada uno entre mil”.

DetalleAsí pues nos encontramos con un hombre que conforme a los usos de la época para los miembros de la nobleza, ha pasado por el ritual de adquirir orden de caballería. Evidentemente, Garci Rodríguez de Montalvo es bien consciente de su condición y orgulloso de ser caballero como se observa en la visión que de este mundo transmite, tanto en los cuatro primeros libros de Amadís de Gaula como en su continuación las Sergas de Esplandián. Otra información importante: regidor, es decir en posesión de un cargo público de dirección de una villa, puesto que solían ocupar los hidalgos por orden, en la época de los Reyes Católicos, del mismo monarca. Además, en una de las más importantes villas del norte de Castilla, la de Medina del Campo, de especial afecto para la reina Isabel, la cual tuvo residencia de corte allí en varias ocasiones. En esta ciudad se celebraban anualmente dos ferias, lo cual la convertía en un centro vital de la corona castellana. Por otra parte, de sus palabras en el Amadís de Gaula y Las sergas de Esplandián, deducimos su formación humanística, por la mención que hace de ciertas fuentes librescas.

 Castillo de la Mota Medina del CampoHasta aquí los datos que podemos extraer de sus libros. Ahora, la biografía que han ido elaborando distintos especialistas en la materia, entre los cuales cabe mencionar a Juan Manuel Cacho Blecua, Martín de Riquer, Narciso Alonso Cortés y Juan Bautista Avalle-Arce.

Garci Rodríguez de Montalvo era hijo de Juan Gutiérrez de Medina, recaudador al servicio de Juan II de Navarra y Aragón, que había nacido en Medina del Campo, y miembro de uno de los más importantes linajes patricios de la ciudad. Posiblemente naciera el futuro autor del Amadís de Gaula en 1440. En 1462 heredó un juro, es decir, un derecho económico concedido sobre rentas públicas, que le fue otorgado a su padre por Juan II de Aragón y confirmado por Fernando de Aragón.

Castillo de la Mota Medina del Campo 1854Es evidente la pertenencia de Garci Rodríguez de Montalvo a esa clase, o estamento, como se prefiera, de los hijosdalgo, categoría que Covarrubias define en los siguientes términos

“equivale a noble, castizo y de antigüedad de linaje; y el ser hijo de algo significa haber heredado de sus padres y mayores lo que se llama algo, que es la nobleza y el que no la hereda de sus padres sino que la adquiere por sí mismo, por su virtud y valor, es hijo de sus obras y principio de su linaje, dejando a sus descendientes algo de que puedan preciarse, aprovechándose de las gracias y exenciones que a este hubieren hecho y concedido o su rey o su república”.

Fernando_el_catolico_Isabel_la_catolicaEn 1476 es nombrado regidor de Medina del Campo y también ejerció como escribano de los pueblos, encargado de repartir entre los pecheros las cargas económicas y materiales que suponían los transportes de la Casa Real, que, como es bien sabido, en la época de los Reyes Católicos era itinerante. Posiblemente, Garci Rodríguez de Montalvo refundió, corrigió y escribió el Amadís de Gaula entre 1495 y 1497. En esta obra hay ciertas reminiscencias, tanto de las circunstancias vividas con motivo de la guerra civil entre los partidarios de Juana la Beltraneja y el bando de Isabel; como de lo visto durante la última guerra de frontera mantenida con los musulmanes en Granada.

            Su muerte puede situarse hacia 1505.

Reyes Católicos. Serie TVE

 

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Amadís de Gaula

 

Amadís_de_Gaula_Adaptación_Antonio_Joaquín_GonzálezEl ejemplar más antiguo conservado del Amadís de Gaula, tal y como lo recogió y reelaboró Garci Rodríguez de Montalvo, salió de la imprenta zaragozana de Jorge Cocci el 30 de octubre de 1508, fecha memorable para la historia de la literatura porque, sin duda, es un primer paso hacia el desarrollo de la narrativa tal y como la entendemos en la actualidad. Quizá en nuestra época, esta obra no esté tan viva como desearíamos, pero sigue promoviendo investigaciones que muestran lo inagotable de su caudal. Quizá sea una ilusión pretender que ávidos lectores recorran los caminos de la aventura que Amadís de Gaula y los caballeros de la corte del rey Lisuarte abrieron hace más de quinientos años. Otros son ahora los intereses de aquellos que están más llamados por su edad al mundo de la maravilla y del peligro. Ahí están los volúmenes, tan gruesos como el Amadís, de las aventuras de Aragorn y los rohirrim en El Señor de los Anillos, y las recogidas en las Crónicas de Narnia. En sus páginas, algunos jóvenes del siglo XXI buscan las experiencias que en otras encontró, hace cuatrocientos años, el mejor lector que vieron los siglos: el hidalgo Alonso Quijano. Su amor por el mundo de la literatura le llevó a cambiar su nombre por el de don Quijote de La Mancha, para emular así a aquellos caballeros tan libres que cuando llegaban a la bifurcación de un camino no estaban obligados a elegir la dirección que iban a seguir, pues allá donde fuesen encontrarían lo que buscaban: la vida en plenitud.

amadis_de_gaula            Por cierto, y antes de entrar en las florestas caballerescas del Amadís de Gaula no estaría de más recordar la relación que existe entre la primitiva narrativa y el desarrollo de los mundos de fantasía que hoy tanto atraen a algunos jóvenes lectores. J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis no crearon sus mundos maravillosos de la nada, ambos fueron prestigiosos investigadores de la literatura medieval, y en esa fuente bebieron las aguas de las que nacerían la Tierra Media y Narnia. También una de las más importantes autoras del género en la literatura española actual, Laura Gallego, se ha interesado por el mundo medieval de las caballerías. Así pues, aunque el mundo parece que ha cambiado tanto en los más de quinientos años de vida de Amadís de Gaula, quizá sea todavía muy pronto para entonar un elogio fúnebre.

           En el prólogo a su refundición y recreación del Amadís de Gaula, Garci Rodríguez de Montalvo manifiesta ciertas informaciones que han de resultar interesantes para comprender la trayectoria de esta obra:

1.-Existieron unos originales antiguos.
2.-Garci Rodríguez de Montalvo los corrigió.
3.-Además los enriqueció con ciertas glosas de carácter moral.
4.-Adaptó el original a su momento histórico.
5.-Eliminó episodios y amplificó otros.
6.-Redactó una continuación que no estaba en el original; esta coincide con el cuarto libro de Amadís de Gaula y Las sergas de Esplandián.
 

AMADIS_DE_GAULA_imágenes_1533            ¿Hacia qué momento puede situarse en la historia de la Literatura española el primitivo Amadís de Gaula?

            La costumbre y obligación por parte del caballero de escuchar hazañas guerreras como parte integrante de su formación queda patente en las Partidas de Alfonso X el Sabio (Partida II, Título XXI, Ley XX) en el siglo XIII. Este es uno de los motivos (entre otros, que llegan al placer de la ficción) de la pervivencia de los cantares de gesta, primero, de los romances y de los libros de aventuras caballerescas, después. Pero López de Ayala (1332-1407), autor de Rimado de palacio (entre 1378-1403), miembro de la nobleza castellana, caballero y diplomático, escribió:

“Plógome otrosí oír muchas vegadas
libros de devaneos, de mentiras probadas,
Amadís y Lanzarote, y burlas escantadas,
en que perdí mi tiempo a muy malas jornadas”.

            [Me gustó, además, escuchar en muchas ocasiones, libros de devaneos y mentiras reconocidas; de Amadís y de Lanzarote, y de burlas encantadas con los que perdí muchas horas].

            El dato resulta interesante, pues ya nos habla de un personaje llamado Amadís a finales del siglo XIV, un caballero, por otra parte, situado en la misma línea literaria que Lanzarote del Lago. Hay otras menciones a Amadís en diversas fuentes contemporáneas, no vamos a entrar en ellas, pues están recopiladas en los estudios que se mencionan en la bibliografía.

AMADIS_DE_GAULA_1533

            De la versión antigua de Amadís de Gaula se conservan unas pocas hojas copiadas hacia 1420 y guardadas en la Biblioteca Bancroft de la Universidad de California, Berkeley. En esta, tal y como se deduce por diferentes afirmaciones de lectores y oyentes de la época, Amadís moría a consecuencia de una justa mantenida contra su propio hijo Esplandián; al saber esto, Oriana se suicida. Final digno de una tragedia o de un texto folclórico en el que el mito no cierra los ojos ante la crueldad simbólica. Fernando Gómez Redondo en su artículo “La literatura caballeresca castellana medieval: el Amadís de Gaula primitivo” (en J.M. Lucía Megías 2008) esquematiza y hace comprensible el camino seguido por esta obra. A sus datos me ciño.

 Cabe situar el Amadís primitivo hacia las primeras décadas del siglo XIII. La obra sería la respuesta a la divulgación de los héroes bretones, especialmente de Lanzarote del Lago y Tristán de Leonís, en el mundo hispánico. No hay ningún ejemplar del Amadís de Gaula previo a la intervención de Garci Rodríguez de Montalvo salvo unas pocas hojas de 1420. Gómez Redondo habla de un primer Amadís de Gaula en dos libros. Este responde al espíritu de la época de Alfonso XI (1312-1350), el cual intentó dominar a una nobleza, cuyo poder era superior al del monarca. El segundo Amadís es del tiempo de los Trastámara (1369-1474), marcado por la oposición de la nobleza a la monarquía y la internacionalización del reino de Castilla. Esta segunda redacción constaría de tres libros que concluyen con la muerte del héroe y, por tanto, la desaparición de la vieja caballería a manos de Esplandián. Bien podría considerarse la segunda versión de la obra como una imagen de la situación de desorden político de la primera mitad del siglo XV; podría ser del tercer cuarto del siglo XV. Finalmente, la versión definitiva del Amadís de Gaula debida a Garci Rodríguez de Montalvo responde a los principios que regulan la monarquía de los Reyes Católicos y sus ideales caballerescos de cruzada, ejemplificados en la guerra contra el reino de Granada.

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            Posiblemente Garci Rodríguez de Montalvo terminó su trabajo de refundición y creación hacia 1495 ó 1497; lo había comenzado antes del final de la guerra de Granada. La primera impresión de los Cuatro libros de Amadís de Gaula puede señalarse hacia 1496, aunque no hay ningún ejemplar conservado. En 1508 lo imprime el alemán Jorge Cocci en Zaragoza, de este hay un ejemplar que fue descubierto en 1872 y en la actualidad se encuentra en la British Library. De 1511 es una edición realizada en Sevilla por Jacobo Cromberger, mencionada en el Registro de Libros de Hernando Colón. La impresión romana de 1519 fue considerada durante mucho tiempo como la más antigua conservada hasta la aparición de la de 1508. A partir de esa fecha, el Amadís de Gaula se imprime en 1521, 1524, 1526, 1531, 1533, 1535, 1539, 1545, 1547, 1551, 1552, 1563, 1575, 1580 y 1586, cronología que bien a las claras muestra su vitalidad.

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Los libros de Caballerías. Antología de textos e imágenes

El mundo de la caballería

(Descargar cuadernillo)

Los libros de caballerías nacen en un mundo muy concreto, aunque su tiempo y su espacio sean los de la fantasía. Es por ello por lo que no deja de tener interés, para aquel que guste de este tipo de aventura, el cuaderno que aquí se presenta. En él llegaremos hasta el siglo XXI, porque el héroe de tales libros es uno de los mitos que conforman el mundo occidental, más allá de las fronteras medievales y renacentistas.

           Caballerías Desde luego, un arquetipo, también una realidad; por ello, algunas imágenes pertenecen al mundo, si no cotidiano, si fingido: armaduras de Carlos I, posiblemente el último rey de verdad atraído por el ideal de la Orden de Caballería; armaduras que llegaron hasta la isla de La Española acompañando a aquellos conquistadores que esperaban encontrar las maravillas descritas en las ficciones impresas, y las hallaron, lo malo es que fue para destruirlas después.

            Me hubiera gustado disponer de estas imágenes cuando leí por primera vez el Amadís de Gaula, en los caracteres tipográficos de la Biblioteca de Autores Españoles, que parecían clavarse con la emoción de las aventuras en el papel.

      Ahora, esto es prácticamente nada en comparación con lo que puede encontrar el navegante de los espacios virtuales; para mí, estas páginas provocan a la imaginación y me incitan a seguir acercándome a estos textos que hasta el mismo Miguel de Cervantes respetaba.

Vale

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