La seducción del mago

Viviana y Merlín. Benjamín Jarnés

Cátedra.

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Por mucho que los autores cristianos, desde muy temprano, intentaran integrar a su mundo las maravillas de la paganidad, nacidas en un época cuya antigüedad se pierde en la bruma de los tiempos; por mucho que los mitos se transformasen en una manifestación del logos; aunque los arcaicos dioses fuesen convertidos en seres de las aguas o del fuego, bien como manifestaciones del mal, bien como ayudantes del héroe en su camino hacia la luz; pese a todo ello, aquellas maravillas, los mitos y los seres que los habitaban perduran para siempre. A esa vida, perpetuo moverse de una época a otra, corresponde el libro que hoy comento.

Se trata de Viviana y Merlín, novela del escritor vanguardista de origen aragonés, Benjamín Jarnés; publicada en 1930 en plena eclosión de esa otra búsqueda de la luminosidad de la existencia que fue la experimentación, tanto artística como literaria, del Surrealismo, del que en buena medida, somos herederos.

¿Quién fue Viviana? De ello nos informa Carlos Alvar en su diccionario El rey Arturo y su mundo, obra fundamental para aquel que quiera adentrarse con una mínima guía por los vericuetos de la literatura artúrica. Viviana, o Niniana, o la Dama del Lago, que con todos esos nombres era conocida, fue un hada que habitaba en las aguas, ¿una ninfa, pues?, la que proveyó a Arturo de su mágica Excalibur -es imposible olvidar esa escena mágica y wagneriana de la película de Boorman-, la que en su tiempo, después de raptar al niño acabaría convirtiéndolo en uno de los mejores caballeros que vieron los siglos, Lanzarote del Lago.

Excalibur. Boorman

¿De dónde procede Viviana? Carlos Alvar, desde el análisis del nombre, nos sugiere que Viviana puede ser Béfinn, o Bé-Binn, o Bebhiam, voz que podría traducirse como <mujer blanca>, ¿quizá, resplandeciente, quizá tan rubia, o albina? Su nombre también puede proceder, como Niniana o Nimué, de Niamh, cuyo significado es “nada haré”; aunque es mucho más convincente la referencia al río Ninian, en el bosque de Brocelianda, en la Bretaña continental, en él habitó una antigua divinidad acuática. El origen sobrenatural de Viviana es evidente, de hecho es considerada como nieta de la diosa Diana.

De Diana, en la obra castellana medieval (1498), el Baladro del sabio Merlín, primera parte de La Demanda del Santo Grial, nos informa el mismo mago Merlín, como fuente de esa evidente transubstanciación que se produce en los mitos antiguos: “Diana reinó en tiempo de Virgilio, un tiempo antes de que Jesucristo viniese a la tierra para salvar a los pecadores. Ella amó sobre todas las demás cosas, el gusto de la caza en el monte y fue cazando por todas las tierras y por las montañas de Francia y Bretaña y no halló ningún lugar que le gustase tanto como éste. Cuando aquí llegó, hizo construir sobre este lago algunas casas; y de día iba a cazar y de noche tornaba aquí” (versión modernizada).

Boucher. Diana saliendo del baño.  Esas capacidades metamórficas tanto del nombre como del ser se hacen evidentes, también, en la obra de Benjamín Jarnés. Viviana es la Dama del Lago, y la juglaresa Angélica, que en una primera versión de la novela será Carmen, acercando así en una nueva e inesperada trasformación al hada y al arquetipo de la seducción que yace en este nombre; como tal causará estragos de pasión en el castillo de Arturo, tanto así que hasta el espacio frío de la roca se verán transfigurado en una especie de cuerpo cuya mente es Merlín. Y también será Altisidora, como tal contemplará la gesta del caballero ingenioso de La Mancha.

Uno de los grandes logros del Surrealismo, y Benjamín Jarnés se encuentra con su Viviana y Merlín en esta línea, es la transcendentalización del erotismo, sin obviar el cuerpo, la seducción y la pasión. El sentimiento del amor cortés, como una erotología prácticamente espiritual, alejada de toda carnalidad, recorre buena parte de la literatura medieval; por ello los libros de caballerías han perdido cierto encanto que exige la mirada del hombre contemporáneo. Una gracia que, por otra parte, encontramos en una obra medieval como es el Libro de Buen Amor, el de Arcipreste de Hita, nombrado por Viviana como ejemplo de que en las tierras de España no todo es hurañía. Por todo ello, la narración de Benjamín Jarnés acabará encontrándose con esta joya de la literatura española, igual que están ahí los epigramas del poeta bilbilitano Marcial.Diana y Cupido. Pompeo Batoni. Detalle

Desde un primer momento, Viviana aparece descrita en la plenitud erótica de la carne; “Aquí está Viviana, de piel color de pan tostado, tejida en el bosque con hebras de sol, a merced del viento. No quiere ser blanca, de ojos azules, para no imitar a Ginebra. Quiere ser negra, como la esposa del Cantar, aunque no quiere imprimir a sus vehementes madrigales un ritmo de triste melopea. Ni puro espíritu, ni sola carne quejumbrosa. Colores intermedios, elaborados, cautelosos, de serpiente, son los que forman hoy su máscara. Su cuerpo, diestramente insinuado bajo un tenue brial, se ajusta a cánones eternos, pero hay en toda su estructura esas menudas elipsis por donde suelen asomarse los diablillos de la provocación. No quiere ahilarse, ni destacar demasiado sus tersas convexidades. Viviana distribuye sus encantos con la precisa maestría para, delicadamente, ofrecerlos al hirsuto Merlín”; y así va al encuentro de mago, el cual se encuentra en su biblioteca, enfrascado en la lectura de Plotino, buscando las sombras de un mundo de las ideas cuyos reflejos no están tan alejados de la vida, pues basta contemplar la existencia, y no alejarse de ella como hace el nigromante, para vislumbrarlas.
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A partir de la llegada de Viviana a la biblioteca de Merlín, las cosas ya no pueden seguir igual; hasta el objeto, el libro, parece cobrar las virtudes de la carne; y aunque Merlín todavía no se deje caer en sus brazos, la seducción ha comenzado, “Merlín, Merlín… Quiero ser entre tus manos uno de esos librotes que acaricias con tanto mimo, uno de esos librotes que abres tembloroso, como se desnuda a una virgen”. La magia seductora de Viviana no está sólo en su cuerpo, también en la utilización de la palabra, para ello se disfraza de juglaresa, Angélica o Carmen, la de Mérimée o Bizet; como tal enciende la pasión del paje Bernardino. Su capacidad de seducción por la palabra está en el cuento que relata sobre las pastoras Blanca, Marcela y Luscinda, “tres pastoras de España que una noche fueron a bañarse al Jalón”.

En la misma acción de narrar hay una metamorfosis física de la juglaresa, “chispean sus ojos de color tabaco, y sus labios húmedos moldean las palabras, tiñéndolas de roja voluptuosidad; tiembla su pulso de alegría, y por las puntas de nácar de sus dedos fluye la savia eléctrica de sus nervios”. Y su efecto en Merlín, el cual “se retuerce dentro de su disfraz. Querría lanzarse contra Viviana y apagar en aquellos labios encendidos el satánico relato. Cuantas veces evoca Viviana una forma desnuda, una escena voluptuosa, sus dedos como sierpes rosadas, trazan líneas ardientes en el aire, llenándolo de curvas superficies, de perversas geometrías”. Aunque las palabras no consiguen el efecto final del proceso de seducción, la entrega total. Por ello, Viviana siembra la palabra y acabará regalando la visión de su cuerpo a Merlín, para que éste se le entregue: “Muy temprano, Viviana sale como de costumbre a retozar por la pradera. Quiere situarse entre Merlín y el sol, porque sabe que desde su torre el hechicero saludará también al nuevo día. Viviana sube a un montículo, dejando que el viento le ciña el traje a sus delgados miembros. Desde su torre, Merlín podrá ver claramente aquella fina escultura que parece desdeñar. La verá apenas velada, porque el tejido, aquella mañana, es transparente. Ariel fue quien lo trajo, como quien trae una ráfaga, Merlín, si quiere ver el sol, tendrá que verlo a través del ágil cuerpo estremecido, hecho dorada y pura llama”.Mengins_Sappho

No desvelo nada de la historia si digo, pues todos lo sabemos, que Merlín en la “Apoteosis”, acabará en los brazos de Viviana. Es entonces cuando comienza a pronunciar el conjuro que ha de transformar la vida en piedra. Nuevamente se funden eróticamente cuerpo y palabra: “con un dulce salmo, como un versillo insinuante del Cantar, Viviana repite rítmicamente su conjuro. Y todo en torno se va transfigurando. Los cobijaba una densa glorieta, los defendían del sol ramas entremezcladas, los aislaban del mundo enormes troncos; pero todo va rectificando sus perfiles, su color, su pompa inútil. De pronto, la glorieta va adquiriendo una clara expresión de eternidad”. Y la naturaleza comienza a convertirse en una catedral de piedra. En ello nos encontramos con otra de esas metamorfosis de los dioses de la paganidad que, filtrados por el mito artúrico, llegan y siguen vivos hasta nuestros días.

Merlín, en el Baladro del sabio Merlín, antes de pronunciar el terrible alarido que casi termina con el mundo, explica a Bandemagus, el más anciano de los caballeros de la Mesa Redonda, cuando este consigue visitar el monumento de piedra en el que Viviana ha encerrado al mago:  “Yo sIdilios del Rey. Grabado. Merlín y Vivina.oy Merlín, el que tú muchas veces viste en casa del rey Artur, y todos los que me veían me tenían por el más sesudo hombre del mundo; mas cierto yo fui, por lo más, el más loco y el hombre más perdido de seso del mundo, pues yo mismo me maté por el mayor cuidado mío. Yo mostraba a los otros cómo se guardasen y mi mal no supe entender, ni guardarme de él”. Y así comienza el principio del fin del mundo artúrico.

Sin embargo, la transformación en piedra de la naturaleza, en Viviana y Merlín no es tanto una maldición como una sacralización, pues el bosque se metamorfosea en catedral

“La luz está gozando de una voluptuosa transfiguración, porque de pronto se rasgan los muros, comienzan a penetrar en el recinto paisajes enteros luminosos, todas las leyendas de Viviana se van escribiendo en imágenes centelleantes, verdes y rojas, violetas y malvas, amarillas y azules… El lecho de Merlín se alarga, se cubre de un tapiz de alabastro como el de un devoto fundador, como el de un sabio fundador de un arte peregrino. Viviana se tiende junto a él, con un dedo en los labios, inclinada hacia el corazón inmóvil”.

Y esto viene a ser una metáfora de la eternidad del amor, si lo cotejamos con esa visión que del erotismo tiene el Surrealismo; una culminación de lo trascendental del ser humano como muy bien supo explicar Octavio Paz en La llama doble: “El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo: estira los minutos y los alarga como siglos. El tiempo, que es medida isócrona, se vuelve discontinuo e inconmensurable. Pero después de cada uno de esos instantes sin medida, volvemos al tiempo y a su horario: no podemos escapar de la sucesión. El amor comienza con la mirada: miramos a la persona que queremos y ella nos mira. ¿Qué vemos? Todo y nada. No por mucho tiempo; al cabo de un momento, desviamos los ojos. De otro modo, ya lo dije, nos petrificaríamos”.

Así la atracción erótica de Viviana y Merlín es tal que todo el mundo que los rodea se transforma en piedra.Notre-Dame Cathedral, North Rose Window, Paris, France

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El Greco de Nicos Casandsakis

Una mirada mística.

Informe al Greco. Nicos Casandsakis. Cátedra. Madrid. 2014.
Traducción de Carmen Vilela Gallego

El_Greco_El_Martirio_de_San_Mauricio_y_la_legión_TebanaInforme al Greco es un rendir cuentas de Nicos Casandsakis (1883-1957) ante el pintor cretense; como un militar, al finalizar la campaña tiene que poner en palabras lo sucedido para sus superiores; en este caso, desde el orgullo del que se sabe victorioso, no tanto por lo conseguido como por no haber sido derrotado en una guerra en la que el alma se enfrenta a la contemplación del abismo.

Esta obra encuentra su hilo argumental en el recorrer un sendero que cada vez se adentra más y más en el sí mismo. Un abuelo paterno pirata en lucha contra el mundo, el padre combatiente por la libertad de Creta contra los turcos, sin darse ninguna concesión en esa guerra; otro abuelo aferrado al terruño, representación de las raíces que se hunden en lo más profundo; la madre, expresión de la dulzura, contrapunto a una severidad paterna que, en realidad, es la base de la libertad absoluta del hijo. Creta, Cristo, Buda, Jerusalén, el Monte Atos, el Sinaí y el desierto que arrasa a todo aquel que no ha nacido para ser un profeta. Buda, Nietzsche, Bergson, Lenin o el minero Sorbas, modelo para una de las más reconocidas novelas de Casandsakis. Un recorrido circular, una memoria mística que termina en la misma tierra bajo la cual yacía el laberinto de Minos. Un viaje que concluye en la casa de Odiseo, en un Egeo que también fue la tierra de Domenikos Theotokopoulos, el Greco, figura omnipresente desde el silencio del que escucha el rendir cuentas. Tal es la intimidad de las palabras pronunciadas que el autor se dirige a su interlocutor llamándole abuelo.

Nicos Casandsakis se reencuentra con el Greco en Toledo. El escritor cretense anduvo por tierras de España en 1926 y en 1931. De sus experiencias aquí surgiría una obra, Viajando: España, publicada en 1937. En ella se hace evidente la importancia que para él tiene el pintor, no tanto por la sangre, por sus cuadros o por el recuerdo de su esencia nacional, sino por su mirada mística que va a marcar de principio a fin Informe al Greco. Leemos en Viajando: España

El_Greco._Detalle_de_Las_lágrimas_de_San_Pedro“El Greco concebía el cuerpo como un obstáculo pero, al mismo tiempo, como el único medio de que el alma dispone para expresarse a sí misma. Es por lo que nunca rechazó el cuerpo. Lo que para El Greco hacía cristalizar el cuerpo no era el juego de la carne y la luz; era el alma, el alma invisible que ha de hacerse visible. Esta es la razón por la que cuando miramos los retratos del Greco nos sentimos poseídos por un estremecimiento metafísico”.

Es curioso que en el anterior fragmento, Casandsakis se centre en la figura humana y cómo ésta es un reflejo de la luz mística que produce esas distorsiones que no son sino expresión de un alargamiento hacia la experiencia trascendental. Curioso porque en los paisajes del Greco también está esa misma contemplación que hace sublime el acto de mirar, así en Vista de Toledo (1600). Curioso porque el Informe al Greco es un recorrido por distintos horizontes.

El_Greco._Vista_de_ToledoEl sentir místico del autor se hace acorde a un paisaje asombroso que acabará siendo una metáfora del peregrinaje espiritual. La primera sensación del mundo como territorio de lo maravilloso se encuentra en el miedo a perder a la madre si ésta decide regresar a sus dominios acuáticos de los que, nereida como es, fue secuestrada por el feroz guerrero que fuera el padre. Desde este principio lo maravilloso se irá introduciendo en el terreno de lo espiritual.

Según consta en la cronología con la que Carmen Vilela acompaña su edición de Informe al Greco, Nicos Casandsakis entró en la Masonería en 1907. ¿Cuánto de búsqueda espiritual había en ello? No podría decirlo; aunque en la obra hay imágenes que corresponden plenamente al operativo que trabaja en un taller para la Mayor Gloria del Gran Arquitecto del Universo, para mejorar el mundo creado

Nicos_Kazantzakis“cada ser vivo es un taller donde Dios, oculto, modela el barro y lo transmuta. Por esto los árboles florecen y dan fruto, los animales se reproducen y el mono ha podido superar su destino y mantenerse erguido sobre dos patas. Y ahora, por primera vez desde que existe el mundo, le ha sido dado al hombre entrar en el taller de Dios y trabajar con él. Y cuanto más transmuta la carne en amor, en valor y en libertad, más se convierte en Hijo de Dios”.

Sus acercamientos a lo espiritual, en realidad, están ya en su niñez, en la misma contemplación del paisaje de Creta tanto como en la lectura de las vidas de santos que tanto le gustaban. El ingreso en la Masonería, seguramente, marca su visión de la experiencia espiritual desde el eclecticismo y el análisis continuo de cada uno de los pasos que le acercan a lo Absoluto en un sendero que siempre es ascensional. Ni siquiera cuando afirme su comunismo, Casandsakis dejará de ser ese buscador infatigable de la verdad. ¿Hace falta recordar la muy probable responsabilidad de los masones en esa otra revolución que fue la de Francia?

En todo su caminar encontramos la disciplina del buscador sincero, y ahí está también la sangre de su abuelo el corsario; de su padre, luchador en las guerras contra los turcos y la del abuelo materno, aferrado a la tierra, entendida como vida.

Informe al Greco es, desde luego, un rendir cuentas desde la memoria, pero también es una narración de las moradas recorridas en busca de una verdad. Y esta verdad alcanza tal multitud de facetas que el recuerdo de cada sendero transitado, simplemente viene a mostrar que la diversidad de creencias sólo significa que el camino ascendente es como un prisma que, al final, concluye en una cúspide.

La literatura de Casandsakis, especialmente en Informe al Greco es la expresión de un tono profético, no en el sentido de anunciador de lo porvenir, sino como un grito que mana de lo más profundo para mostrar un camino al resto de los hombres.

Tal grito del profeta, que coincide con el del poeta, se hace posible en un paisaje como es el desierto

Fotograma_de_La_última_tentación_de_Cristo“Sin duda, sólo hay dos clases de hombres que soportan vivir en un desierto así; los locos y los profetas. Aquí el cerebro se enajena, no por miedo sino por terror sagrado y entonces o se derrumba por debajo del equilibrio humano o da un salto y entra en el Cielo, ve a Dios cara a cara, toca el borde de su túnica de fuego sin quemarse, escucha lo que dice, recoge sus palabras y las lanza a los hombres. Sólo en el desierto nacen las almas salvajes e indómitas que se rebelan contra Dios, se plantan ante él sin miedo y su mente resplandece, consustancial con el borde de la túnica de Dios. Y Dios los ve y los admira porque en ellos no se ha perdido su hálito. Dios no se ha rebajado en ellos hasta convertirse en hombre”.

Almendro_en_florLucha, acercamiento al abismo, soledad, pero también la dulzura de un Mediterráneo que no solo ha sido un crisol a sangre y fuego para que se forjasen las culturas que en este mar nacieron. En sus orillas también vio la luz el Cristianismo, que en Casandsakis se expresa en esos versos escuchados en el Monte Atos, a la manera de un hermoso haiku

“Hermano almendro, háblame de Dios. Y el almendro se cubrió de flores”.

Aunque hasta en Cristo se manifiesta el espíritu combativo, no contra los hombres, sino como una superación, que marca esta confesión de un soldado curtido a otro

“Nos adentramos en un mar bravío y proceloso y durante toda nuestra vida nos esforzamos en echar el ancla en Dios. Cristo no es el fin, es el comienzo; no es la bienvenida, es el <¡Buen viaje!>. No está sentado sobre mullidas nubes, reposando, lucha contra las olas junto con nosotros, con los ojos fijos en el cielo, en la estrella polar, y sostiene el timón. Por eso me gusta, por eso iré con Él”.Delfines_Mosaico_en_Knossos

Profeta, soñador, cristiano, budista, comunista, superhombre que se atreve a mirar al abismo, luchador infatigable con las palabras hasta el último aliento, en Nicos Casandsakis encontramos la luz del Mediterráneo; una luz que sirve como guía al adentrarse en el intricado laberinto que encierra al Minotauro.

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Fotografía de la lápida del escritor. Gentileza de C. Hermosilla

 

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El Conde de Montecristo

(Una novela de Televisión)

Pepe_Martín_El_Conde_de_MontecristoPues sí, he de confesar que, aunque haya visto distintas versiones de esta novela de Alejandro Dumas, mi preferida sigue siendo la realizada en 1969 por Televisión Española. Dirigida por Pedro Amalio López e interpretada por Pepe Martín, Emma Cohen, Pablo Sanz, José María Escuer, Fiorella Faltoyano, Angels Moll…

            Otros actores han encarnado a Edmundo Dantes; entre ellos Gerard Depardieu, Richard Chamberlain o Jim Caviezel; sin embargo sigo creyendo que quien mejor ha captado la esencia del personaje es Pepe Martín, tanto es así que durante muchos años, la identificación entre ambos fue tal que el actor era más conocido con el falso título del condenado al penal de If. Y así aparecería mencionado en la novela El Club Dumas de Arturo Pérez-Reverte.

            Resulta meritoria la labor de Televisión Española en esta recuperación de antiguas “Novelas”, como se decía en la época en la página de Archivo, http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-conde-de-montecristo.

            Esta versión de El Conde de Montecristo fue realizada a finales de la década de 1960 (se repuso diez años después) y, la verdad, no sé por qué recuerdo desde lo más profundo algunos detalles, la memoria no deja de ser un curioso órgano en la vida del ser humano.

Alejandro_Dumas            Desde luego, deja atrás esta adaptación muchos elementos de los que nos atrapan en el texto de Alejandro Dumas, uno de los más brillantes narradores franceses del siglo XIX. Son muchos los fragmentos que se pierden. Se echa en falta una mayor atención a la relación que se establece entre el Abate Faria y Edmundo Dantes, pues en esas horas, días, años que ambos comparten durante su condena es donde se forja el carácter del que posteriormente será el conde vengador.

            En aquellos años llamábamos a este tipo de producciones Novelas (otras fueron Los tres mosqueteros o Crimen y castigo) para distinguirlas de unas series que, con acento latinoamericano, llegaban desde Estados Unidos (Los intocables, Bonanza, El Gran Chaparral) y, a la vez, distinguíamos el método interpretativo que acercaba estas versiones españolas de clásicos de la literatura a la puesta en escena teatral. Y así era. Como un punto a favor de esta adaptación, así lo veo. Los actores masculinos representan roles perfectamente asentados en su materialidad; los femeninos se aproximan mucho más a la ensoñación, en este sentido habría que destacar ese como alejamiento que esta presente desde un primer momento en Emma Cohen, Mercedes, la prometida de Edmundo Dantes. Perfecto reparto de caracteres que cuadra al espíritu de esta novela romántica.

            Cierto que se pierden algunos detalles (la cueva en la isla de Montecristo, la brillantez de los carnavales, las fastuosas fiestas de alta sociedad francesa, ninguna de ellas alcanza a la descripción debida a la escritura de Alejandro Dumas), sin embargo, otros se muestran muy cercanos a esa estética romántica que tan pronto viajaba a los dorados orientales (Fiorella Faltoyano interpretando a la princesa turca, Haydèe, es la única concesión al exotismo en la versión) como se adentraba en lo macabro; así nos encontramos con un Conde de Montecristo visitando de noche el panteón familiar de los Villefort, ¿para qué? Lease la novela de Dumas y vease su adaptación, en ella se reconoce esa costumbre, que fue tan española, de representar el Don Juan Tenorio de José Zorrilla en la noche de Todos los Santos. Es una de las secuencias en las que Pepe Martín es más Conde de Montecristo.

Grabado_El_Conde_de_Montecristo_Alejandro_DumasLa pasión predominante en esta obra es la búsqueda de la venganza, uno de los temas frecuentes en la narrativa del Romanticismo. Acompañamos a Edmundo Dantes, convertido en el Conde de Montecristo en su venganza organizada como si de un mecanismo de relojería se tratase. Sin embargo, hay algo con lo que no cuenta, y es la soledad con la que un coche de caballos se aleja hacia el mar, hacia la isla de Monte Cristo, hacia cualquier lugar apartado de un París de diputados, jueces y generales corruptos.

            ¿Hasta donde la nostalgia? No lo sé, pero no dudo en recomendar la experiencia de volver a ver esta novela de Televisión Española; es otra manera de acercarse a esa España que se miraba en blanco y negro.

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León Tolstoi

Dos húsares

León_Tolstoi_jovenEl 11 de abril de 1856, el conde Lev Tolsoi firmaba un relato titulado Dos húsares. Escrito en ese periodo cercano a sus experiencias militares tanto en la guerra del Cáucaso como en la de Crimea (1853-1856), presenta algunas características similares a las que también encontramos en otros textos como podrían ser sus Relatos de Sebastopol (1855).

            En Dos húsares está retratado perfectamente un modo de vida conocido por el autor, el de los jóvenes militares pertenecientes a la aristocracia que dedican sus vidas al juego y a las diversiones sin respetar ningún principio moral, salvo el honor propio. Las recreaciones que de tales ambientes hace Tolstoi nos indican bien a las claras que no son unas invenciones alejadas de la realidad sino desarrolladas desde las experiencias propias.

            Dos húsares narra la historia de dos protagonistas, padre e hijo, con una diferencia de veinte años. La del padre, fechada en 1828 y la hijo en 1848.

            Con estas palabras es descrito el ambiente ruso de 1828; en ellas ya se encuentra reflejada levemente la maestría que posteriormente alcanzará el autor en sus novelas largas, especialmente en Guerra y Paz (1865-1869)

“A principios del siglo XIX, cuando no había ferrocarriles, carreteras, alumbrado de gas, velas de estearina, divanes de muelles, ni más muebles que los pintados a la laca; cuando no existían los jóvenes desengañados con monóculo, las mujeres filosófico-liberales ni las damas de las camelias que tanto abundan en nuestros días; en esa época ingenua en que, para ir de Moscú a San Petersburgo se utilizaba un carro o un coche de caballos […]. En esa época en que nuestros padres no sólo eran jóvenes por no tener arrugas ni cabellos grises, sino porque estaban dispuestas a suicidarse por una mujer y se precipitaban al extremo opuesto del salón para recoger pañuelitos, que no siempre caían por casualidad; cuando nuestras madres llevaban el talle alto y mangas enormes, y resolvían los problemas familiares echándolos a suerte, y las encantadoras damas de las camelias se ocultaban de la luz del día; en esa ingenua época de las logias masónicas y de los martinistas”.

            En esa época que, en parte, es también la que mostrará con mucho más detalle Tolstoi en Guerra y paz comienza a desarrollarse la historia del Conde Turbin, un húsar descrito desde la generosidad, el afán por el juego, el ansia de diversión, la libertad absoluta, la amistad y el honor.

Retrato_del_coronel_Yevgraf_DavydovLa contrapartida de ese mundo es el de veinte años después, cuando es el tiempo de la siguiente generación, también protagonizado por un conde Turbin, aunque en él ya no vamos a encontrar esos valores que hacen quedar en un segundo término las inmoralidades del padre. El segundo conde Turbin, el de 1848, también es un húsar, pero su vida se rige por la avaricia y un comportamiento irrespetuoso hacia los demás y hacia sí mismo.

            Este es el panorama que acabó asqueando al propio Tolstoi y que le llevaría progresivamente al aislamiento desde el que escribió, en Yásnaya Poliana, lo más importante de su producción literaria.

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El Conde de Monte Cristo en la tierra caliente

(Necrópolis. Santiago Gamboa. La Otra Orilla. Barcelona. 2009)

Necrópolis

La literatura como metáfora de la vida, como expresión de la realidad, como metaliteratura. La realidad fundamentada en el propio desarrollo de la ficción. Santiago Gamboa cuenta en Necrópolis las historias de muchos personajes, sus vidas, incluso en sus exageraciones, que más bien son parodias –y en la parodia siempre hay un respeto o un reconocimiento del primer término en el cual todo comienza-, son relatos contados en el fondo de una ciudad sitiada. Jerusalén, la expresión del paso trascendental de la vida humana hacia lo eterno que aquí se transforma en una necrópolis. Una ciudad de los muertos, como la idílica isla posmoderna de Lost (al fin y al cabo esta novela de Santiago Gamboa bien puede entenderse desde los paradigmas de la posmodernidad). Hay un momento en esta obra en el que Jerusalén es descrita como un espacio místico en el que vibran las oraciones pronunciadas en susurros o gritos en las lenguas mediterráneas. Esas voces que vibran en Necrópolis son las de los invitados a un congreso sobre biografías, organizado por un misterioso CIBM (Congreso Internacional de Biógrafos y de la Memoria). Biografía, memoria y ficción se funden en las narraciones de las voces corales que constituyen el discurrir de la novela. En el mismo narrador cuyo protagonismo cede la voz a otros muchos.

            Especialmente, Sabina Vedovelli, una actriz porno italiana cuya visión del mundo nace desde lo más oscuro de una sociedad dominada por la droga hasta llegar a una sublimación artística de la pornografía a la manera de otros textos que, a lo largo de los últimos años se han ido publicando con las confesiones de estrellas porno como Ai Iijima (Platonic Sex), Asa Akira (Solo para adultos) o Nacho Vidal (Confesiones de una estrella porno de David Barba), por citar algunos ejemplos. El ambiente de la pornografía es uno de los rasgos que conforman la descripción del mundo posmoderno, tal y como aparece reflejado en algunos textos de Haruki Murakami, paradigma de la narrativa de la posmodernidad, como en algún otro momento he mencionado a lo largo de estas páginas.

            Especialmente, también, el caso de José Maturana, un pastor de almas en el que lo más degradado de la sociedad se une a la exaltación del espíritu en el amor al prójimo. No puedo dejar de contemplar la visión que de Jesucristo se da en esta novela con la que encontramos en algunos otros textos de la narrativa hispanoamericana, alguno de ellos muy cercano al realismo mágico, sobre todo, Siete lunas, siete serpientes (1970) del ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta.

            Y, así, al igual que sucede en Necrópolis, no podemos dejar de ir de una referencia literaria a otra, porque esta novela es intertextualidad en toda su pureza. El protagonista es como el de La montaña mágica de Thomas Mann desde el inicio de la narración; desde él nace un estilo marcado, en algunos momentos, por la visión distorsionada de la realidad desde la debilidad provocada por la enfermedad.

            Ahora bien, el fragmento que más me interesa, ahora mismo, de Necrópolis es la historia que cuenta en el Congreso Internacional de Biógrafos y de la Memoria, Moisés Kaplan, colombiano. En sus palabras se deja ver bien a las claras cómo esa memoria y esa biografía del congreso no dejan de ser una ficción más:

Le_Comte_de_Monte_Cristo“Ah, todas las vainas bien contadas son verdaderas, ese es mi lema, pero no vaya a creer que soy arrogante; para serle sincero no sé si estuvo bien y tampoco es que me interese saberlo, a mí me gusta esa historia y por eso la cuento. No lo olvide y, si puede, cuéntela algún día. Me dará gusto encontrarla en uno de sus libros. Intentaré hacerlo, le dice, aunque creo que ya está contada, ¿no es El Conde de Monte Cristo? Ah, veo que usted es buen lector, a lo mejor el único en notarlo, sí, es mi versión de Edmond Dantès, pero hecha con la realidad”.

El Conde de Monte Cristo (1845-1846) de Alejandro Dumas, desde luego que es una novela de venganza escrita en una época tan exacerbada como es el Romanticismo francés tardío, pero también es el sueño hecho realidad porque, para su desgracia, los anhelos de muchos hombres se cumplen en la vida de Edmundo Dantès, para su desgracia, repito. Aquí está lo inquietante de una ficción como esta. Algo parecido le sucede al protagonista de “El Sobreviviente”, Ramón Melo García en cuya vida se mezcla el Romanticismo de las aventuras de Dantès con la visión, entre real y ficticia de la contemporaneidad de la violencia colombiana, a la manera de El Cártel de los Sapos (Andrés López, 2008).

            Un fragmento de esta historia de Ramón Melo García, capturado por los paramilitares, ejemplo de las injusticias de la existencia, sobreviviente a la tortura y a una muerte anunciada gracias a la intervención de un sacerdote: “Con la cuchara empezó a limar alrededor de una de las piedras del muro y vio que la tierrita caía y que era más o menos fácil abrir. Al golpear le sonó hueco y le pareció raro, porque era un sótano, así que después de la comida se la pasó dándole con la cucharita a la piedra hasta que sintió que se movía. ¿Estaré soñando?”… Y así comienza ese recorrido del nuevo Montecristo.

El_Conde_de_Montecristo

No acaban aquí las similitudes, desde luego; no las voy a enumerar, pero sí quiero referirme a un elemento ajeno a la biografía de Ramón Melo García, que también se aproxima tanto a la novela de Alejandro Dumas como a ese poder evocador que la isla tiene para el pensamiento y la narrativa de la era posmoderna (de nuevo recordemos Lost): “Esa roca en medio de la nada representaba a la perfección lo que era su vida, o su situación en la vida: un pequeño barco en medio de la tempestad, azotado por el oleaje y las tormentas. Él era, como yo, un barco pequeño. Que hubiera encontrado en ese lugar un refugio para su alma fue una gran lección, y no dudé un segundo en irme”.

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El Noventa y tres de Victor Hugo

Miradas hacia la Revolución

Noventa_ y_tres_Victor_HugoIncluso en las peores épocas de la historia de la humanidad ha de quedar una puerta abierta a la lealtad, al amor, al honor y a la valentía. Así, desde esta perspectiva, Victor Hugo desarrolla su novela Noventa y tres cuyo argumento discurre durante el levantamiento de La Vendée contra el gobierno revolucionario de París.

            He de confesar que este libro me ha conmovido y mucho, hasta las lágrimas. En él he encontrado a ese Victor Hugo que es ensalzado en toda su humanidad por el escritor ecuatoriano decimonónico Juan Montalvo, el cual en su tiempo también se sobrecogió ante esta figura inmensa de las letras francesas.

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            Me sorprende la visión que Victor Hugo transmite de la Revolución; así lo pensé en un primer momento; pero no, no hay ningún elemento discordante entre lo narrado en Noventa y tres y el espíritu defensor de la Libertad que él representa.

            Así define Victor Hugo la Revolución

“Al mismo tiempo que desprendía revolución, esa asamblea producía civilización. Era horno, pero también forja. En esa cuba donde hervía el terror fermentaba el progreso. De ese caos de sombras y esa tumultuosa fuga de nubes salían inmensos rayos de luz paralelos a las leyes eternas. Esos rayos han quedado en el horizonte, visibles para siempre en el firmamento de los pueblos: son la justicia, la tolerancia, la bondad, la razón, la verdad, el amor” así sigue y de sus palabras se desprende esa ambivalencia que encontramos en Victor Hugo, cuyo aliento está representado tanto en este libro como en Los Miserables.

            Para Cimourdain, la revolución es un hecho religioso, así lo expresa cuando se presenta ante los realistas encabezados por el Marqués de Lantenac:

“Sí, sois mis hermanos. Sois pobres hombres descarriados. Soy vuestro amigo. Soy la luz y hablo a la ignorancia. La luz contiene siempre fraternidad. Por lo demás, ¿acaso no tenemos todos la misma madre, la patria? Pues bien, escuchadme. Sabréis más tarde, o lo sabrán vuestros hijos, o los hijos de vuestros hijos, que todo lo que se hace en este momento se hace para cumplir las leyes de arriba y que lo que hay en la revolución es Dios. Mientras llega el momento en que todas las conciencias, inclusive las vuestras, comprenderán, y en que todos los fanatismos, inclusive los nuestros, desaparecerán, hasta que se haga esa gran claridad, ¿nadie se compadecerá de vuestras tinieblas? Vengo a vosotros y os ofrezco mi cabeza; hago más: os tiendo la mano”.

Si algo aparece representado cuando no desde el desprecio, sí desde la frialdad del documento historiográfico, es el arribismo, la inhumanidad, los materialistas que aprovechan las circunstancias para ascender políticamente: Marat, Robespierre, Danton parecen figuras esperpénticas en su realidad, un esperpento más cercano a la deformación grotesca que a lo sentimental, porque también la descripción de Cimourdain lo es; sin embargo su contenido patético es mucho mayor y cala más hondo en el ánimo del lector. Lo siento; si no fuese una osadía por mi parte, pediría perdón a Bajtin, porque considero que el aristocratismo en la literatura también ha dado sus frutos y, en estos tiempos de gargantúas, pantagrueles y turistas borrachos, no está de más recordar que, algunas veces, cuando un mundo se está destrozando, quedan espíritus que en libertad plena y más allá del sacrificio propio, se mantienen fieles a sí mismos y hacen que la existencia no Grabado_de_Noventa_y_tres._Victor_Hugosea un mero estercolero que algunas veces aparenta. Aquí me refiero al retrato que de la nobleza hace Víctor Hugo en esta novela, aunque, por mucho que me hayan sobrecogido los retratos de Lantenac y de Gauvain, también recuerdo al mendigo, a la madre, a los niños, a los defensores realistas, a los voluntarios del Batallón del Gorro Frigio, tanto como al sacerdote, mártir de una visión del mundo que hoy calificaríamos como la de un enfermo de morbosidad, pero que se explica perfectamente en un paisaje como el retratado en Noventa y tres.

Desde el primer momento el paisaje descrito nos sitúa en un ambiente en la frontera de la belleza y de lo espantoso; así podemos leer este fragmento en el que la semántica del locus amoenus se funde con la del locus terribilis

“Era trágico el bosque de la Saudraie. Allí en el mes de Noviembre de 1792, había empezado la guerra civil sus grandes crímenes; de la espesura funesta de este bosque había salido Mousqueton, el cojo feroz; hacía erizar los cabellos de horror la cantidad de asesinatos que se habían cometido en él. No hay lugar que inspire más terror. Avanzaban los soldados con gran precaución. Todo estaba cubierto de flores; alrededor una pared temblorosa de ramas de donde se desprendía la encantadora frescura de las hojas; rayos de sol pasaban aquí y allá en medio de esas tinieblas verdes; en el suelo, el gladíolo, el lirio de los pantanos, el narciso de los prados, la retama, pequeña flor que anuncia el buen tiempo, el azafrán de primavera, bordaban y guarnecían una espesa alfombra de vegetación, en donde se encontraban todas las formas del musgo, desde el que se parece a la oruga, hasta el que se parece a la estrella. Seguían los soldados su marcha paso a paso, en silencio, apartando con cuidado los zarzales. Trinaban los pájaros encima de las bayonetas”.

            La misma fusión entre beatitud y crueldad que encontramos en este otro fragmento:

“Por encima del oscuro combate entre lo falso y lo relativo en las profundidades del alma, había aparecido de improviso la faz luminosa de la verdad.

       Súbitamente había intervenido la fuerza de los débiles.

       Se habían visto triunfantes tres pobres seres apenas nacidos, inconscientes, abandonados, huérfanos, solos, balbucientes, risueños, teniendo contra sí la guerra civil, el talión, la horrible lógica de las represalias, el asesinato, la matanza, el fratricidio, la rabia, el odio, todas las gorgonas en una palabra; se había visto abortar el plan de un infame incendio, encargado de cometer un crimen; se habían visto desconcertadas y burladas atroces meditaciones; se habían visto desvanecerse y disiparse la antigua ferocidad feudal, el añejo desprecio inexorable, lo pretendida experiencia de las necesidades de la guerra, la razón de Estado, todas las arrogantes preocupaciones de la vejez cruel, ante la mirada de los ojos azules e inocentes de los que todavía no han vivido: cosa natural, pues los que no han vivido no han hecho ningún mal, son la justicia, la verdad, el candor; y en los niños pequeños están como compendiados los inmensos ángeles del cielo.

Hugo_G_et_Jeanne_à_Villequiers       Espectáculo útil, y al mismo tiempo lección y consejo. Los combatientes frenéticos de una guerra sin cuartel habían visto levantarse en frente de todos los delitos, de todos los atentados, de todos los fanatismos, del asesinato, de la venganza que atiza las hogueras, de la muerte que llega con la tea en la mano, de la enorme legión de los crímenes, un poder omnipotente: el de la inocencia.

       Y la inocencia había vencido.”

            Aunque no siempre el idealismo triunfa

“Gauvain llegó al pie del cadalso y subió seguido del oficial que mandaba los granaderos. Allí se desciñó la espada y la dio al oficial; después se quitó la corbata y la entregó al verdugo.

       Parecía una visión celeste: jamás había estado más hermoso: sus cabellos castaños flotaban a merced del viento: no era costumbre entonces cortarse el pelo; su cuello blanco recordaba el de una mujer, y su mirada heroica y soberana hacía pensar en un arcángel. Estaba en el cadalso pensativo: aquel lugar es también una cima y sobre ella aparecía Gauvain en pie, magnífico y sereno, envuelto por los rayos del sol como en una aureola de gloria.

       Era preciso, sin embargo, atar al paciente, y al efecto acudió el verdugo con una cuerda en la mano.

       En aquel momento los soldados, al ver a su comandante próximo a ser puesto bajo la cuchilla, no pudieron contenerse. El corazón de aquellos guerreros estalló y oyose una cosa enorme; los sollozos de un ejército. Levantose un clamor general diciendo: ¡perdón, perdón! Algunos cayeron de rodillas; otros soltando los fusiles levantaron los brazos hacia la plataforma, donde estaba Cimourdain. Un granadero gritó, señalando la guillotina: -¿se reciben ahí sustitutos? Aquí estoy yo-. Todos repetían frenéticamente: ¡perdón, perdón! y aquel grito, oído por leones, les hubiera conmovido ó espantado, porque las lágrimas de los soldados son terribles.

       El verdugo se detuvo no sabiendo qué hacer”.

Ilustración_Pinkisevich_para_obras_de_Victor_HugoY aquí está ese Victor Hugo que, más allá de su espíritu de lucha sin cuartel contra la injusticia, consigue conmover en la inocencia.

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La segunda resurrección de Cristo

Mirada_de_Cristo(La segunda venida de Cristo. La resurrección del Cristo que mora en tu interior I. Paramahansa Yogananda. Self-Realization Fellowship. Los Angeles. 2011)

 La conciencia crística es un sentimiento que trasciende las manifestaciones culturales religiosas. Así queda puesto de manifiesto en La segunda venida de Cristo de Paramahansa Yogananda.

La espiritualidad oriental ha marcado profundamente la interpretación mística occidental; tal hecho se hace evidente en el siglo XIX, con la creación del movimiento teosófico desde la personalidad de Helena P. Blavatsky. Otro hito fundamental al respecto es el desarrollo del Martinismo contemporáneo desde el grupo de Lyon que, siguiendo las enseñanzas del Maestro Philippe de Lyon, se unió alrededor de la figura del Dr. Encausse, Papus.

            La meditación como acercamiento a la profundidad del ser humano desde el sumergirse en una primera oscuridad de la autoconciencia –no para buscar un vacío que el propio Paramahansa Yogananda señala como peligroso- es uno de esos frutos que llegan desde el Oriente, confirmando el adagio Ex Oriente Lux.

            Con todo, los sistemas asiáticos pueden resultar sumamente alejados para aquel que busca en las fuentes más puras del Cristianismo. Sin embargo, Paramahansa Yogananda realiza en esta obra un acercamiento a los textos evangélicos desde una interpretación oriental, que no orientalista –nadie busque en una obra como esta una estética de este tipo.

 Yogananda            Yogananda, por otra parte, entra en el análisis de los Evangelios cristianos desde el texto más espiritual, el más esotérico, el que más resuena en las profundidades del buscador sincero, el Evangelio de san Juan. Las palabras del apóstol son una interpretación de la Creación, señales en las que la esencia de la divinidad se sitúa en lo más hondo de lo humano. Por ello los conceptos, tanto hinduistas como cristianos, que Paramahansa Yogananda pone en contacto, no se oponen sino que se aclaran mutuamente: la reencarnación, que en sus principios era aceptada por el cristianismo; el karma como sistema de justicia que acabará por conducir lo creado hasta el Creador; o maya, la definición de nuestro mundo físico y psíquico como una mera ilusión.

 Prólogo del Evangelio según San Juan (traducción de la Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer)

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios.

Ella estaba en el principio junto a Dios.

Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. Lo que se hizo

en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres,

y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron”.

Cristo_en_el_DesiertoEl autor va analizando, desde esta afirmación de Juan, las palabras de los Evangelistas para conducirnos hacia la visión de la esencia divina que realmente es el ser humano.

            La segunda llegada de Cristo es “la resurrección del Cristo” que mora en el interior de cada elemento constituyente de la Creación. El ser humano, dotado de una inteligencia emanada desde el soplo de lo divino, es especialmente responsable de ese proceso de resurrección que, en definitiva, es el reconocimiento de la existencia de la mirada crística en nuestro Ser Verdadero.

            Desde la inteligencia dualista del ser humano se produce la disociación entre Espíritu y Dios, el cual viene a ser la creación cultural que origina divergencias en la interpretación del mundo. Ha de llegar el momento en que ese concepto verbal que es Dios se transforme en la cúspide de la pirámide que todo hombre espiritual verdadero asciende por sus diferentes caras para confluir, tal como dijo Ibn Arabi, en un punto en el que Om y Amén se fusionan en un sonido único que es el de la totalidad.

JESUS                                   En estos términos comenta Paramahansa Yogananda a Juan I: 50-51

“Cuando Jesús le dijo a Natanael [que también puede ser Bartolomé el Apóstol] que vería <el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre>, le hacía una promesa: que el hombre, por herencia divina, puede recuperar la omnisciencia de la percepción espiritual y, asimismo, experimentar el cielo y sus maravillas, aquí y ahora. El hijo del hombre –la conciencia y el cuerpo humanos- se ha disociado de su esencia celestial a causa de su identificación con el mundo físico. Sin embargo, Jesús dio a entender que todos aquellos que sintonicen su ser físico con su Ser espiritual percibirán el mundo astral y trascenderán la conciencia de las limitaciones físicas”.

Y esa trascendencia radica fundamentalmente esa técnica que, progresivamente a lo largo del siglo XX, Occidente ha ido recordando por sus contactos con Oriente; la meditación.

            Otro acercamiento sumamente interesante a este tipo de oración lo encontramos en otra de esas mentes que rompieron las fronteras entre Levante y Poniente, durante muchos siglos distorsionadas; se trata de Alice A. Bailey, en Cartas sobre meditación ocultista donde leemos

Desembocadura_río_Gállego“A su debido tiempo, el cuerpo causal palpitará, irradiando internamente una fulgurante llama interna, que gradualmente se abrirá camino del centro a la periferia. Luego horadará esa periferia, utilizando el cuerpo (el producto de millares de vidas de dolor y esfuerzo) como combustible para sus llamas. Consumirá todo; ascenderá hasta la Tríada y (convirtiéndose en uno con Ella) la llama será reabsorbida en la conciencia espiritual y llevará con ella -empleando el calor como símbolo- una intensidad de calor, cualidad de color o vibración que antes no poseía”.

Las aguas que un día fueron turbulentas
y lavaron de maleza la ribera
hoy son transparentes, como un espejo
sólo roto por el salto de la carpa dorada
que saluda al sol del amanecer.
Dos realidades, el bosque y su reflejo;
dos ojos que contemplan las ondas
extendiéndose por la superficie.
Círculos concéntricos que avanzan
desde un centro hasta desaparecer.
Dos ojos miran
el bosque, el espejo, la carpa,
las ondas, nada y todo.
 
                               Hugo de Rocanegra

Reflejos_Antonio_Joaquín_González

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Underground de Haruki Murakami

Apocalipsis en el subterráneo

El año 1995 marcó la historia contemporánea japonesa con dos acontecimientos terribles. Uno de ellos, el terremoto que asoló la provincia de Kantô, especialmente la ciudad de Kôbe. Desde este desastre natural surge un libro de cuentos de Haruki Murakami, Después del terremoto (2000).

            El otro hecho nefasto sucedió el 20 de marzo. Tokio sufrió un ataque terrorista. Un grupo de fanáticos atentó en el Metro utilizando gas Sarín.

Tokyo_subway           El gas Sarin es un veneno desarrollado por científicos alemanes en la década de 1930 fue utilizado en la guerra Iraq-Irán. Su apariencia, en estado líquido, es incolora, transparente e inodora. Afecta al sistema nervioso y produce la muerte por incapacidad para seguir respirando.

            El atentado causó daños a 1100 ciudadanos, a cincuenta de ellos graves, y 13 muertos. La secta Aum Shinrikyo, en la que recayó la responsabilidad del hecho, ya había actuado el 27 de junio de 1994 en Matsumoto ocasionando 7 muertos y quinientos heridos.

            El grupo religioso Aum Shinrikyo (Verdad Suprema) fue fundado por Shôkô Asahara en 1987 cuando, al regresar de un viaje a la India, afirmó que había conseguido la iluminación. Su megalomanía le llevó a considerarse una reencarnación del poder divino. En distintas publicaciones, que eran lectura obligada para los miembros de la secta, Shôkô Asahara mantiene unas teorías de carácter apocalíptico, mezcladas con diversos elementos de varias religiones. En sus palabras profetiza el fin del mundo.

            Este sincretismo seudo filosófico y religioso está expresado en las palabras de uno de los personajes de la novela de Haruki Murakami 1q84, el líder la secta Vanguardia: “La mayoría de la gente no busca una verdad demostrable. Como bien dices, la verdad, en la mayor parte de los casos, conlleva un fuerte dolor. Y la mayoría de los seres humanos no desea una verdad dolorosa. Lo que la gente necesita es una historia hermosa y amena que les haga sentir que su existencia es, al menos, un poco relevante. Precisamente por eso existe la religión. Si la teoría A les muestra que su existencia tiene un significado, para ellos va a ser verdadera; si la teoría B les muestra que su existencia es débil e insignificante, será falsa. Está muy claro.”

            Es posible que el ataque producido el 20 de marzo de 1995 fuese debido a un intento de acelerar la llegada del apocalipsis. Buena parte de los acólitos de Aum Shinrikyo eran universitarios, algunos de ellos con un buen estatus social y laboral. Shôkô Asahara sería condenado a muerte acusado de ser el responsable de los atentados.

            Las consecuencias inmediatas de la agresión terrorista al metro de Tokio ya se han mencionado. A ellas hay que sumar una secuela de miedo en una sociedad que parecía alejada de este tipo de terror.

            De la misma manera que, afectado por el desastre de Kôbe, Haruki Murakami escribió Después del terremoto, el asunto del atentado con gas Sarin le llevará a preparar otra obra. Entre 1996 y 1997, entrevista a algunos ciudadanos que vivieron la traumática situación y también a algunos miembros de la secta. De tales conversaciones resultarían dos libros. El primero de ellos Andâguraundo (1997) y el segundo Yakusoku sareta bashô de. Andâguraundo 2 (1998). Ambos fueron traducidos al inglés en el año 2000 por Alfred Birnbaum y Philip Gabriel.

Underground_Haruki_Murakami           Tanto la historia no oficial de los acontecimientos desde las palabras de algunas de las víctimas, como las de los miembros de la secta Aum Shinrikyo obtuvieron gran éxito entre el público japonés. Más allá de esto, Underground es la expresión de unos acontecimientos que marcan un giro en la interpretación del mundo en la sociedad japonesa, así como el surgimiento de algunos elementos que podremos encontrar en la narrativa posterior de Haruki Murakami, especialmente en su novela 1q84, un claro ejemplo de cómo lo maravilloso se imbrica perfectamente con la realidad, amalgama de nuevas religiones del siglo XX en Japón, el miedo a la amenaza terrorista junto a otros rasgos más característicos que definen, en general, la narrativa de Haruki Murakami como son la soledad y la insensibilidad como protección ante un mundo hostil.

            Fukaeri, una de las protagonistas de 1q84, la adolescente que escribe La crisálida de aire, es la encargada de llevar hasta el mundo de la ficción de Haruki Murakami la cuestión de las sectas que atentan contra la realidad aparentemente tranquila en la que vive la sociedad japonesa.

            Uno de los testimonios que más nos acercan a cómo las entrevistas realizadas por el autor marcaron, de algún modo, su ficción está en la entrevista a Harumi Iwakura, perteneciente a la segunda parte de Underground, es decir, aquella en la que hablan miembros de la secta. Es el capítulo titulado “Asahara quiso forzarme a mantener relaciones sexuales con él”. El retrato que de la secta se entreve en sus palabras corresponde plenamente con el ambiente del grupo Vanguardia de 1q84. Por otra parte, leamos la descripción que de su líder se hace en esa misma novela:

Portada_time“El hombre tenía el pelo largo. El cabello, liso y abundante, le colgaba casi hasta los hombros. En medio se mezclaban bastantes canas. Tendría probablemente entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años. La nariz, grande, ocupaba una gran parte de su rostro. Era una nariz perfilada y magníficamente recta. Le recordó las montañas de los Alpes que aparecen en las fotografías de los calendarios, de pie y cargadas de dignidad. Cuando se le miraba a la cara, lo primero en lo que se fijaba uno era en la nariz. En cambio, tenía los ojos hundidos. Resultaba difícil comprobar qué demonios miraban aquellas pupilas desde aquel fondo. Todo su rostro era ancho y grueso, en conjunto con el resto de su fisonomía”.

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Emilio Salgari. Los cuentos marineros de mastro Catrame

El mar de la imaginación

(Los cuentos marineros de mastro Catrame.  Bruguera. Barcelona. 1982 

Los_cuentos_marineros_de_mastro_CatrameNunca me he sentido culpable por volver a acercarme a uno de esos libros publicados por Club Joven de Bruguera, allá por la adolescencia, cuando el mundo se dividía en dos colores diáfanos y uno estaba dispuesto a comprometerse a ultranza por uno o por otro; no existían los grises desvaídos que producen la vida tibia.

            Bueno, más allá de esta confesión, hoy quiero escribir sobre una de las obras de Emilio Salgari. No dejaré de recordar la injusticia de que un hombre como él, que tantos sueños ha movido en tantos lectores, fuese tan injustamente tratado en vida, llegase a una muerte dolorosa después de una existencia de trabajo y desgracia, y todavía no haya alcanzado el lugar que le pertenece entre los grandes fabuladores del género de aventuras.

Emilio_Salgari           Los cuentos marineros de mastro Catrame es una colección de relatos ensartados por una circunstancia: el anciano marino mastro Catrame (el maestro alquitrán) es emborrachado a traición y su capitán le castiga con que ha de contar diez relatos en diez noches sucesivas. Este es un escarmiento tremendo, pues mastro Catrame huye de todo contacto con sus semejantes, posiblemente porque a lo largo de su existencia no tuvo muchas posibilidades de ver el lado bueno de sus compañeros de travesía. La narración nace como una pena impuesta y por el milagro de la capacidad humana que es el hablar, las historias se van a ir apoderando de la realidad, por mucho que, en todo momento, el capitán, representante de lo racional, intente explicar mediante la lógica las maravillas relatadas por mastro Catrame. La fantasía llega a adueñarse en algún momento de la atmósfera que rodea el periplo por el océano Índico, hacia la India, por un territorio cercano al que vio nacer a otra de esas voces capaces de apropiarse del tiempo para transformarlo en escenario mágico; me refiero a la encantadora Sherezade de Las mil y una noches.

            Así es descrito mastro Catrame:

“Caminaba, es cierto, de lado, como los cangrejos; se balanceaba siempre, incluso cuando el buque estaba quieto y el mar totalmente en calma, como si tuviese el mal de san Vito, de tan habituado como estaba al cabeceo y al mecimiento; pero andaba derecho, y cuando pasaba ante el capitán o los oficiales, mantenía la cabeza alta como un jovencito, y de aquellos ojillos de un gris oscuro, que parecían estar a punto de cerrarse para siempre, emanaba un vivo resplandor. ¡Qué oso estaba hecho, aquel mastro Catrame! Tosco como un guante de hierro, bruto a veces, aunque en el fondo no era malo; supersticioso como todos los viejos marineros: creía en los buques fantasmas, en las sirenas, en los espíritus marinos, en los duendes, y era parco en palabras. Parecía que le costase un esfuerzo hacer oír su voz, se explicaba casi siempre con monosílabos y guiños, no le gustaba, por ello, la compañía y prefería vivir en el fondo de la tenebrosa bodega, de la que no salía más que a regañadientes. Se hubiera dicho que la luz del sol le dañaba y que no podía vivir lejos del olor acre del alquitrán, y quizá por eso le habían aplicado aquel apodo, que luego con el tiempo, habría de convertirse en su verdadero nombre. ¿Quién había visto a aquel hombre bajar a un puerto? Nadie, sin duda. Sentía un horror instintivo por la tierra, y cuando el barco se acercaba a la playa, se le veía ceñudo, se le oía refunfuñar y luego iba a esconderse en el fondo de la embarcación”.

Cuentos             El mar, además del espacio de la aventura, también puede ser el de la imaginación desbordada, la mirada que descubre fantasmas en las luces que emergen de las aguas fosforescentes, y también de los seres que, al salir de las profundidades quizá pretendan satisfacer los sentimientos mediante los cuales el hombre puede alejarse de su soledad, aunque en ese momento de ofrecimiento el sacrificio se transforme en tragedia. Uno de los cuentos más evidentes al respecto es el de “Las sirenas”:

“aunque no me creeréis, vi surgir en medio de la estela del barco, entre la cándida espuma, ¡una cabeza…! Estaba oscuro, es cierto, pero la espuma era blanca, casi fosforescente, ¡y aquella cabeza se distinguía nítidamente…! La vi emerger y desaparecer dos veces, y juraría haber oído también un sonido, una voz que me pareció humana. Si me preguntaseis si era hermosa o fea, si era rubia o morena, no os lo sabría decir, pues mi estupor era tanto, que me impidió ver con claridad; pero había visto una cabeza humana; de eso estoy seguro”.

Cuentos_emilio_salgari   Con sus palabras, mastro Catrame consigue el efecto de encandilar a sus oyentes, el objetivo de todo buen narrador: “nadie respiraba ni parpadeaba; estábamos todos, impresionados y los rostros de los grumetes y de los jóvenes marineros habían palidecido. Sólo el capitán se mantenía impasible, y en sus labios se dibujaba una sonrisa burlona”. Hasta llegar, en algún momento, a transmitir el horror: “un estremecimiento de terror recorría al auditorio ante aquella solemne afirmación del viejo marino. Los grumetes se apretaron contra los marineros, contra los oficiales. En aquel momento se habría oído volar una mosca, de lo profundo que era el silencio que reinaba en el barco, y se percibían los latidos de los corazones”.

            Mastro Catrame era un marino de los viejos tiempos, cuando el océano todavía estaba teñido del romanticismo de la navegación a vela; cuando viajar era una práctica que requería de ciertas ceremonias entre paganas y burlescas, como la del cruce de la línea ecuatorial, motivo de una de las historias contadas por el anciano Catrame donde cuenta que “se había embarcado en calidad de gaviero en una vieja corbeta cuyo nombre no recuerdo ahora, pues han pasado largos años desde entonces. Pero era un buen barco, un buen velero, algo viejo, sí, pero con las costillas aún robustas, destinado a los largos viajes por el océano Atlántico y el Índico”. Así conocemos que era de la misma hermandad que otro marino, gaviero y narrador, encantador con la palabra como es Maqroll el Gaviero.

            Otros rasgos hacen coincidir los retratos de este último con mastro Catrame.

            Así relata cómo quedó varado en una ocasión en Cantón, “una de las más ricas ciudades del Celeste Imperio”: “La tierra firme me era tan odiosa entonces como ahora y no sintiendo bajo los pies el balanceo de un buque, sufría, como un condenado; por lo tanto, precisaba embarcarme, si no quería caer enfermo y morir de aburrimiento. Añado, además que la cuestión pecuniaria se imponía seriamente ya que siempre he tenido la costumbre de no guardar un céntimo. Y de hecho, ¿de qué me servían a mí los ahorros? Dado que uno ha de morir en el charco, es mejor marcharse con los bolsillos vacíos, teniendo en cuenta que allá abajo, en el fondo de los abismos, no hay tabernas, y que los peces no venden botellas”.

            Entre los episodios marinos que relata mastro Catrame hay uno especialmente macabro; en él se recupera la tradición del buque maldito contada en los siguientes términos: “las leyendas de muchos pueblos, no sólo europeos sino también de otros continentes aseguran que ese buque fantasma contiene los despojos de marineros muertos durante las tempestades, o los de los más valientes guerreros que perecieron combatiendo en el mar por santas causas, o los cadáveres de aquellos audaces saqueadores del mar que fueron los escandinavos, restos, todos, de personas confiadas al océano hace siglos y más siglos y reunidos en el negro barco”.

Los cuentos_marineros_de_mastro_Catrame

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Los Chuanes

Honoré de Balzac

Honoré_de_Balzac Debo a Álvaro Mutis saber de una novela como esta; ahora el tiempo, en otros momentos tan lleno de apatía, me ha permitido leerla con la debida calma, y he de decir que hacía muchos años (quizá desde Guerra y Paz de Tolstoi, o de algunos fragmentos de la obra de Juan Montalvo) que no encontraba un texto que me conmoviese de la manera como esta novela de Balzac lo ha hecho.

            Tradicionalmente se ha considerado a Honoré de Balzac como un escritor realista, así, al menos, lo tengo que explicar en mis clases de Literatura Universal; sin embargo, en muchos momentos de esta lectura he sentido un escalofrío similar al provocado por El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. También en esta novela, como es característico del Romanticismo, los momentos de la luz cegadora de las ilusiones se funden con la oscuridad surgida de lo más tenebroso de las pasiones humanas. El candor de la virginal cortesana y espía del gobierno revolucionario, María, Mademoiselle de Verneuil, se une a la ferocidad de una guerra en la que la política se mezcla con una religiosidad intransigente, alejada de toda piedad. El idealismo monárquico de Alfonso, El Gars, opuesto a otro idealismo, el de los sinceros republicanos expresado en estas palabras de Gérard

“¡Ah, no estamos encargados sólo de defender el territorio de Francia, tenemos una doble misión! ¿No debemos acaso defender el alma del país, estos principios generosos de libertad, de independencia, esta razón humana, despertada en nuestras asambleas, y que se propagará, espero, de día en día? Francia es como un viajero encargado de llevar una luz, y si con una mano la sostiene, con la otra la defiende”.

Chouans_Charles_Fortin

            Ese mismo orgullo está representado en la figura de Alfonso, visto durante la acción guerrera de La Pelerine, con la cual comienza la novela:

“Apenas pudo ver los ojos relumbrantes, cuyo color no retuvo, los cabellos rubios y los delicados rasgos tostados por el sol. Sin embargo, le llamó la atención el resplandor del cuello desnudo, cuya blancura se alzaba con la corbata negra, floja y anudada con negligencia. La actitud fogosa y animada del joven jefe era marcadamente militar, al modo de los que desean en un combate cierta poesía convencional. Su mano enguantada agitaba en el aire una espada que flameaba bajo el sol y su continencia delataba al mismo tiempo fuerza y elegancia”.

            Si hermosa es esta descripción, mucho más es la de María, la protagonista inolvidable de esta novela; igual que la Constance de Los tres mosqueteros entre las uñas de Lady de Winter

“Madame del Gua se abalanzó sobre su rival con la velocidad del rayo; rompió, con su ciego arrebato, los débiles cordones del corsé de la joven sorprendida por esta súbita agresión, violó con mano brutal el asilo sagrado donde la carta estaba escondida, rasgó la tela, los bordados, el corsé, la camisa; luego aprovechó esta búsqueda para calmar su envidia y supo maltratar con tanta habilidad la garganta palpitante de su rival, que dejó en ella las huellas sangrientas de sus uñas, experimentando un sombrío placer en someterla a tan odiosa vejación. Durante la débil resistencia que María puso a la furiosa mujer, su capote desabrochado cayó al suelo, sus cabellos rompieron los lazos y se desparramaron en rizos ondulantes; su rostro resplandeció de furor y después dos lágrimas trazaron un camino húmedo y ardiente a lo largo de sus mejillas, intensificando el fuego de sus ojos; por último, el estremecimiento de la vergüenza la entregó temblorosa a las miradas de los comensales. Incluso los jueces más endurecidos hubieran creído en su inocencia al ver su dolor”.

Jacques-Louis_David Madame_de_Recamier

            Aunque triunfó la Revolución, haciendo que cambiase radicalmente la visión del mundo a finales del siglo XVIII, muchas fueron las voces que proclamaron la crueldad de aquellos años, entre todas destaca la de Chateaubriand, y muchas las manos que ensangrentaron la tierra francesa, especialmente La Vendée y Bretaña. Sangre tanto monárquica como republicana. Honoré de Balzac, y aquí sí que es realista, muestra en todos sus extremos las crueldades tanto de unos como de otros; quizá una de las escenas más escalofriantes de esta novela sea el ajusticiamiento sumarísimo de uno de los chuanes que, en realidad, jugaba tanto en un bando como en otro.

            ¿Quiénes eran los chuanes? A su partida se sumó en algún momento el marino sin tierra Maqroll el Gaviero. Los chuanes fueron los insurgentes que se alzaron contra la República Francesa al norte del Loira, dirigidos por un espíritu monárquico y católico en extremo. Según Balzac, este nombre de chuanes les viene del grito que utilizaban para advertirse en las emboscadas pues Chouins significa lechuza o búho en el dialecto del país.

Grabado_para_los_Chuanes           Novela realista en sus descripciones y romántica en los sentimientos que expresa, Los chuanes pasa a engrosar esa biblioteca que acompaña a una vida, en este caso la propia.

Défense_Rochefort_en_terre             Así era el país de los chuanes

 “Su vida guarda profundos vestigios de las creencias y prácticas supersticiosas de los tiempos antiguos. Allí se respetan aún las costumbres feudales y allí los arqueólogos encuentran en pie los monumentos de los druidas y el genio de la civilización moderna se asusta ante la perspectiva de penetrar los inmensos bosques primordiales. Una increíble ferocidad, una cabezonería brutal, pero también la fe al juramento prestado; la completa ausencia de nuestras leyes, de nuestras costumbres, de nuestros trajes, de nuestras modernas monedas, de nuestra lengua, pero también la simplicidad patriarcal y las virtudes heroicas convergen para hacer de los habitantes de nuestros campos gentes más pobres en aptitudes intelectuales que los mohicanos y los pieles rojas de América septentrional, pero tan grandes, astutos y duros como ellos”.

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